Un nuevo cambio sacude la estructura del ministerio encargado de las relaciones laborales en el país. Claudia Testa, quien ocupaba la subsecretaría de Trabajo bajo la órbita de la ministra Sandra Pettovello, formalizó su alejamiento del Gobierno a través de una comunicación oficial. El movimiento revela fracturas internas en una cartera que desde hace meses enfrentaba tensiones entre sus principales responsables, aunque la salida se justificó públicamente apelando a razones de índole personal. Su reemplazo será Mariano Sartoris, un abogado que ya integraba el gabinete como subsecretario Legal del ministerio de Capital Humano. Este cambio se suma a una serie de rotaciones que han caracterizado la gestión de Trabajo durante el actual mandato, señalando un patrón de inestabilidad en una función crítica para el vínculo entre el Ejecutivo y los actores del mundo del trabajo.
Una salida anticipada por el deterioro de relaciones
Aunque Testa presentó su renuncia amparándose en circunstancias personales, la realidad de su alejamiento trasciende los términos formales. Su relación con Julio Cordero, secretario de Trabajo, se había deteriorado significativamente en los últimos meses, generando desacuerdos sobre la dirección de la gestión. Desde su incorporación en 2024, Testa había tenido un rol protagonista en negociaciones particularmente sensibles: después de la sanción de la ley de modernización laboral, fue ella quien asumió la responsabilidad de conducir las conversaciones salariales y los procesos de renovación de los convenios colectivos. Cordero, cuya trayectoria como asesor legal del Grupo Techint lo vinculaba con perspectivas empresariales, mantuvo un perfil más bajo en estas negociaciones, confiando en la capacidad de su número dos para manejar estos temas.
La funcionaria que se retira había demostrado una particular habilidad para transitar el espacio intermedio entre empresarios y dirigentes sindicales. Su llegada al Gobierno nacional representaba un paso en su carrera que incluía experiencias previas en la administración de la Ciudad de Buenos Aires, donde se desempeñó en funciones análogas. Antes de ingresar al sector público nacional, trabajó en Ternium, una de las principales empresas siderúrgicas del país, lo que le proporcionaba un conocimiento práctico de los desafíos y dinámicas del mundo empresarial. Este perfil la posicionaba como una interlocutora valiosa en momentos en que el Gobierno debía negociar cuestiones laborales complejas.
Reacciones desde el sector sindical y empresarial
La noticia de su partida generó manifestaciones de preocupación tanto en círculos sindicales como empresariales. Dirigentes de la CGT expresaron que consideraban a Testa como "la única solvente en esa área", reconociendo implícitamente que su salida dejaba un vacío en términos de capacidad de diálogo. Por su parte, representantes del mundo de los negocios externaron inquietud respecto de si el cambio podría significar una reducción en los espacios de interlocución con el ministerio. Estos comentarios reflejaban un temor compartido: que la restructuración anunciada respondiera menos a una decisión administrativa y más a movimientos políticos internos que pudieran alterar el balance de fuerzas dentro de la cartera.
Las fuentes oficiales justificaron el cambio aludiendo a una "reestructuración del ministerio" y sugiriendo que Testa había "cumplido una etapa". Sin embargo, simultáneamente circulaban interpretaciones alternativas en círculos políticos y empresariales. Varios analistas señalaban que el cambio podría vincularse con un avance de Federico Sturzenegger, funcionario cercano al Presidente, en las decisiones relacionadas con política laboral. Este tipo de movimientos suele reflejar realineamientos en la pugna por influencia dentro de una administración, donde distintos núcleos compiten por llevar adelante sus agendas sectoriales.
En cuanto a Mariano Sartoris, su trayectoria dentro del gabinete lo presentaba como una figura de confianza consolidada. Llegó a la administración desde el primer día junto con Pettovello, lo que le otorgaba una antigüedad relativa en comparación con Cordero, quien ingresó a la Secretaría de Trabajo recién en marzo de 2024. Su paso anterior como subsecretario administrativo de la Secretaría de Trabajo le proporcionaba familiaridad con la estructura organizacional. Su designación como subsecretario Legal de Capital Humano en los meses previos sugería que mantenía la confianza de la ministra. Ahora, su ascenso a la posición que Testa ocupaba indicaba una consolidación de su carrera dentro de una administración en la que ha permanecido desde los inicios.
Un puesto inestable dentro de una cartera convulsionada
El cargo de subsecretario de Trabajo ha mostrado una rotación notoria desde el inicio de la administración. Sartoris será el sexto funcionario en ocupar esta posición desde diciembre de 2023, cifra que ilustra claramente la inestabilidad institucional del área. Antes de Testa llegó Martín Huidobro, quien fue removido en octubre de 2024. Previo a él se sucedieron en el puesto Horacio Pitrau, Mariana Hortal Sueldo y Liliana Archimbal, todos ellos vinculados a la gestión anterior y provenientes de la estructura de PRO, con conexiones con Jorge Triaca, quien ocupó la cartera de Trabajo durante la administración Macri. Esta cadena de cambios refleja un área donde los equilibrios políticos son frágiles y donde las prioridades de la administración parecen haber estado sujetas a modificaciones recurrentes.
La situación contrasta de manera notable con la supuesta estabilidad que debería caracterizar a un ministerio responsable de cuestiones tan relevantes como las relaciones laborales, la negociación de convenios colectivos y el monitoreo de organizaciones sindicales. Las paritarias, en particular, representan un capítulo complejo en cualquier administración. Cordero, con su experiencia como asesor del Grupo Techint, chocó en diversas ocasiones con el Ministerio de Economía respecto de los márgenes que deberían permitirse en los acuerdos salariales. Testa había fungido como la cara visible en muchas de esas negociaciones, lo que probablemente le permitía gestionar las tensiones inherentes sin que todo recayera directamente sobre el secretario. Su partida, por lo tanto, plantea interrogantes sobre cómo se conducirán estas conversaciones en lo sucesivo.
Más allá de las cuestiones salariales, Testa también había asumido temporalmente funciones relacionadas con la Dirección de Asociaciones Sindicales durante el período en que Claudio Aquino fue apartado de la gestión. Este espacio ha sido ocupado posteriormente por Ramiro Cherñetz, un abogado con trayectoria en el sector empresarial, cuya responsabilidad incluye el monitoreo de la vida interna de los gremios y sus marcos estatutarios. La multiplicación de funciones y su rotación entre distintos titulares nuevamente ilustra la dinámica de cambios que ha caracterizado la cartera.
Perspectivas abiertas por el cambio de gestión
El desenlace de esta restructuración puede abrir varios caminos en los próximos meses. Por un lado, la entrada de Sartoris podría significar un énfasis distinto en la dimensión legal y administrativa de la Secretaría, dado su perfil profesional como abogado. Por otro, la eventual consolidación de una mayor influencia de Sturzenegger en asuntos laborales podría traducirse en orientaciones más cercanas a agendas de desregulación o modernización institucional. Igualmente, la permanencia de Cordero en su cargo, a pesar de la salida de su número dos, sugiere que la Secretaría de Trabajo mantiene un lugar en la estructura del poder, aunque posiblemente con márgenes de maniobra redefinidos. La capacidad de diálogo que diversos actores atribuían a Testa ahora recae en figuras distintas, lo que inevitablemente alterará los canales de comunicación y las dinámicas de negociación que se han desarrollado en el último año. La estabilidad de la cartera, en todo caso, seguirá siendo un tema central para evaluar la efectividad de la gestión laboral en los tiempos que vienen.



