Un flujo constante de dinero hacia adentro del círculo
La estructura financiera del Sindicato de Camioneros ha funcionado durante décadas como un mecanismo de redistribución de recursos que, lejos de limitarse a coberturas sociales o inversiones gremiales tradicionales, ha derivado sistemáticamente fondos hacia un conjunto de empresas que orbitan alrededor de Liliana Esther Zulet, la tercera esposa de Hugo Moyano y quien administra de facto un holding que agrupa negocios diversos. Entre el 29 de abril y el 1° de junio de este año, circularon desde las arcas del gremio exactamente $2.579.853.035 hacia dos fideicomisos que funcionan como intermediarios, replicando un mecanismo similar implementado el año pasado pero por una suma menor: $900 millones. Lo relevante no radica solamente en la magnitud de estos movimientos, sino en la regularidad con que ocurren y en cómo han generado inquietud dentro de espacios administrativos del sindicato que Moyano comanda desde 1987.
El dato trasciende el mero registro contable. Mientras la obra social que depende del gremio atraviesa una crisis profunda caracterizada por el cierre parcial de sanatorios, la restricción de prestaciones básicas y la caída de afiliados, simultáneamente se produce un drenaje considerable de liquidez hacia empresas controladas por la familia política de la máxima autoridad. Esta contraposición entre la contracción de servicios para los afiliados y la expansión de pagos hacia estas firmas ha comenzado a generar cuestionamientos en despachos internos, aunque hasta el momento ningún directivo se ha atrevido a expresarlos públicamente con claridad.
La arquitectura de los fideicomisos: un mecanismo de intermediación
Hasta el año pasado, las transferencias desde el sindicato a las empresas del holding de Zulet se realizaban de manera directa. A partir de entonces, emergieron simultáneamente tres fideicomisos que funcionan como intermediarios: Thoth, Khasis y Dhanvantari. Los dos primeros fueron constituidos el 1° de noviembre de 2024, mientras que el tercero se registró un mes después, el 1° de diciembre. Más allá de la funcionalidad administrativa que pudieran ofrecer, los nombres seleccionados para estas entidades resultan simbólicamente significativos: Dhanvantari refiere al dios hindú de la medicina, disciplina que abrió a Zulet las puertas de grandes negocios hace décadas; Thoth alude al dios egipcio de la sabiduría; mientras que Khasis representa una tribu india caracterizada por su sistema de gobierno matriarcal.
Lo que llama particularmente la atención es que los tres fideicomisos poseen un mismo domicilio fiscal: avenida Belgrano 1255, la dirección donde funcionan las oficinas de las tres empresas receptoras de los giros. Thoth canaliza fondos hacia Dixey SA, la firma dedicada a la industria textil; Khasis opera como puente hacia Aconra SA, la constructora; mientras que Dhanvantari dirige recursos hacia Iarai SA, la empresa de salud y asistencia que administra Oschoca, la obra social del gremio. Entre el 29 de abril y el 29 de mayo pasados, se efectuaron siete transferencias hacia Dixey por un total de $879.407.771, más un pago directo de $41.160.000 realizado el 27 de mayo. Para Aconra, el período comprendido entre el 7 y el 29 de mayo registró seis envíos distintos por $544.285.264, algunos separados apenas por 24 horas.
Iarai, la prestadora de servicios médicos, recibió $1.115 millones en transferencias directas desde el gremio, distribuidas en tres depósitos entre el 22 de mayo y el 1° de junio. El flujo de dinero no se detiene allí: los registros muestran que entre el 4 y el 13 de febrero de este año ya se habían efectuado siete transferencias bancarias por $2.971 millones, lo que significa que solo en el primer semestre el monto transferido ya supera los $4.000 millones. Esta trayectoria se proyecta como un nuevo récord anual. La obra social ha recibido del sindicato $3.157.731.000 en 2023, $3.594.604.000 en 2024, y $4.611.672.225 en 2025, según los registros contables de la organización.
El colapso de la obra social y la paradoja del financiamiento
La crisis de Oschoca constituye el trasfondo más complejo de esta operatoria. La obra social que debería garantizar cobertura médica a los afiliados y sus familias atraviesa una situación crítica: acumula un pasivo aproximado de $30.000 millones, dos de los cuatro sanatorios funcionan a capacidad mínima, se han suspendido servicios de oftalmología, cirugía y diagnóstico por imágenes, y negocia deudas millonarias con empresas distribuidoras de medicamentos. Paradójicamente, mientras estas prestaciones se contraen, la cantidad de trabajadores aportantes ha descendido significativamente: de 90.000 hace años a apenas 72.719 en registros recientes. Esta merma en la cantidad de afiliados significa una reducción en la capacidad de recaudación, lo que agudiza la espiral de crisis financiera.
Los acuerdos para refinanciar deudas con empresarios como Marcos Hendler, Daniel Angelici y Raúl Olmos —figuras empresariales con vínculos históricos con Moyano— han impedido que estas disputas escalen hacia litigios judiciales. Sin embargo, la deuda sigue existiendo y los servicios siguen deteriorándose. En este contexto, el volumen de dinero que sale desde las cuentas gremiales hacia las empresas del holding de Zulet genera una ecuación que resulta insostenible: mientras menos ingresos tiene la obra social por afiliados que se retiran o que reducen sus aportes, mayores son los giros que se realizan hacia las firmas que supuestamente debería sustentar.
La red de negocios: más allá del holding visible
La configuración de los negocios vinculados a Zulet y sus descendientes excede las tres empresas principales. Hace años, Zulet junto con su hijo Juan Manuel Noriega Zulet y su hija Valeria Alejandra Salerno comenzaron a realizar operaciones comerciales con el gremio. El 21 de noviembre de 2016, tanto Noriega Zulet como Salerno ingresaron al programa de blanqueo de capitales del país declarando US$ 1.100.000 provenientes de actividades vinculadas al sindicato de camioneros y su obra social, según información de la Unidad de Información Financiera. Esa misma investigación reveló que las sociedades proveedoras del gremio administradas por los hijastros de Moyano compraron seis casas-quintas en Parque Leloir, un barrio de alto valor inmobiliario en la zona norte del conurbano bonaerense.
Más recientemente, incorporó al esquema a Manuel Facundo Doldán, un comerciante de joyas y vehículos de alta gama radicado en Puerto Madero que opera como socio de los hijos de Zulet en un call-center denominado Atención Telefónica SA, creado hace cuatro años y que cuenta con apenas cuatro empleados. Doldán ofrece sus productos —joyas, automóviles de lujo y muebles— a través de la mutual del Sindicato de Camioneros, cerrando así un circuito donde el dinero que entra desde las cuotas de los afiliados termina siendo canalizado hacia negocios controlados por el círculo íntimo de la cúpula sindical.
Las fracturas internas y la batalla por la sucesión
Dentro de la familia Moyano, la gestión de Zulet y sus empresas ha generado divisiones que van más allá de simples disputas administrativas. Pablo Moyano, el número dos del sindicato e hijo de Hugo con su segunda esposa, ha sido uno de los principales cuestionadores de la administración de Zulet sobre la obra social. Junto con su hermana Karina Eva, titular de la Secretaría de Género e influyente en la vida interna del gremio, han expresado en privado críticas sobre cómo se gestionan los recursos de Oschoca. En términos públicos, Pablo ha llegado a confirmar que no mantiene relación con su medio hermano Facundo, cuyo involucramiento en un episodio policial recientemente ha renovado las tensiones dentro del clan.
En el otro extremo está Jerónimo Moyano, de 26 años, el hijo menor que mantiene frecuente trato con Facundo. Jerónimo ostenta una posición singular: cobra cinco salarios simultáneamente en blanco (en las tres empresas del holding de su madre Zulet, en una distribuidora de cerveza vinculada a Quilmes y en la Federación Nacional de Camioneros) y funciona como secretario privado de su padre. A pesar de no haber operado nunca como camionero, Jerónimo es presentado en algunos espacios como un potencial heredero de la estructura del gremio. Hugo Moyano Jr., abogado y diputado nacional, intenta navegar equilibrio entre los distintos bandos familiares, mientras que Paola Moyano, exesposa del dirigente deportivo Claudio "Chiqui" Tapia, permanece al margen tanto de los negocios como de las internas.
La tensión fundamental gira en torno al control político y económico del sindicato más poderoso del país. Mientras Zulet ha consolidado una estructura de negocios con sus propios hijos que genera flujos monetarios considerable desde las arcas gremiales, los hijos de Moyano de anteriores matrimonios ven cómo se reducen sus márgenes de maniobra y poder dentro de la organización. Esta disputa no es únicamente familiar, sino que tiene implicancias sobre cómo se administran recursos que, en teoría, deberían destinarse al bienestar de los afiliados al gremio.
Auditorías internas y cambios en la administración
Consciente de las filtraciones de información sobre las transferencias, Zulet convenció a Moyano para que se activara una auditoría en el área contable del gremio. Como resultado de esa revisión, Claudio Balazic, quien se desempeñaba como secretario administrativo, fue expulsado de su cargo. Balazic estaba involucrado en una causa judicial que investiga un fraude de 10 millones de dólares en un hotel que el sindicato posee en Mar del Plata. Su salida abrió espacio para que Zulet designara como supervisora de las cuentas a Florencia Veliz, una mujer de menos de 30 años que es amiga de Jerónimo y que quedó responsable de la tesorería tanto del gremio como de la obra social. Este cambio en la estructura de control interno permite a Zulet ejercer una supervisión más directa sobre los movimientos de dinero.
Ni Zulet ni Hugo Moyano respondieron a consultas sobre estos movimientos de fondos, manteniéndose en silencio frente a cuestionamientos sobre cómo se están utilizando los recursos que ingresan desde las cuotas de los trabajadores afiliados.
Las implicancias y perspectivas futuras de esta operatoria
Los movimientos financieros documentados plantean interrogantes sobre la sustentabilidad de la obra social, la equidad en la distribución de recursos gremiales y la legitimidad de una estructura donde dinero que debería financiar servicios para afiliados se canaliza hacia empresas privadas del círculo íntimo de la dirigencia. Desde una perspectiva de gobernanza institucional, el sistema de fideicomisos intermediarios puede ser interpretado como un mecanismo legítimo de separación de operaciones financieras o como un instrumento destinado a aumentar la opacidad de los movimientos de dinero. La concentración de poder administrativo en Zulet a través del control de la tesorería mediante una persona de confianza personal también puede verse como una medida de eficiencia organizacional o como un potencial debilitamiento de los mecanismos de control interno que históricamente funcionaban en el gremio. La disminución de afiliados a la obra social y el deterioro de sus servicios pueden atribuirse a factores económicos y de mercado más amplios o a deficiencias en la gestión de recursos. Los beneficiarios de este esquema —incluyendo los hijos de Zulet y otros actores empresariales vinculados— obtienen ventajas de negociación que otros proveedores del gremio no poseen, lo que genera preguntas sobre competencia y eficiencia en la utilización de fondos. La falta de respuesta pública de Moyano y Zulet frente a estos cuestionamientos puede interpretarse como una estrategia de desestimación de críticas consideradas infundadas o como una confirmación de que prefieren mantener discreción sobre asuntos que consideran privados. En cualquier escenario, la continuidad de estos flujos de dinero hacia empresas cuya rentabilidad depende casi exclusivamente del sindicato genera una estructura de interdependencia económica que afecta cómo se toman decisiones sobre la asignación de recursos gremiales, independientemente de cuáles sean las intenciones de quienes conducen la organización.



