Un movimiento político inusual agita el panorama municipal de Rosario. Gabriel Chumpitaz, exintegrante de la Cámara de Diputados de la Nación por Santa Fe, anunció una iniciativa destinada a transformar el rostro simbólico de varios espacios públicos rosarinos. Su objetivo es ambicioso: erradicar las referencias al revolucionario argentino Ernesto "Che" Guevara de plazas, monumentos, vías y dependencias estatales para instaurar en su lugar la figura del máximo exponente del fútbol contemporáneo, Lionel Messi. La propuesta, que será presentada formalmente en los próximos días ante el Concejo Municipal, abre un debate que trasciende lo meramente administrativo y toca fibras identitarias, históricas y económicas de la segunda ciudad más importante del país.
La génesis de esta iniciativa radica en una premisa que Chumpitaz considera fundamental: la necesidad de reemplazar un ícono que cataloga como generador de divisiones por otro que actúe como catalizador de consenso. En sus declaraciones, el exlegislador fue contundente al caracterizar ambas figuras desde perspectivas contrapuestas. Mientras que Messi encarna, conforme su interpretación, la excelencia deportiva y la capacidad de congregar voluntades alrededor de un proyecto común, Guevara representa para él una trayectoria histórica controversial. Chumpitaz no dudó en cuestionar aspectos específicos de la actuación del revolucionario, haciendo énfasis en lo que considera fueron políticas fallidas y decisiones autoritarias. De esta manera, la propuesta adquiere una dimensión que va más allá de un simple cambio nominal: implica un posicionamiento sobre quién merece ocupar el espacio público en una ciudad que, históricamente, ha sido tierra de revolucionarios, intelectuales y actores políticos de relevancia continental.
La economía como argumento complementario
Más allá de la cuestión simbólica, Chumpitaz incorporó una variable económica a su razonamiento. Según expresó durante sus apariciones públicas, la ciudad de Rosario enfrenta gastos significativos vinculados al mantenimiento de espacios que homenajean al Che Guevara. Mencionó específicamente una iniciativa denominada "circuito del Che", sobre cuyo financiamiento expresó inquietud. El exdiputado plantea una interrogante legítima: ¿cuántos recursos municipales se destinan a la preservación y promoción de estos sitios dedicados al revolucionario? Esta pregunta apunta a un horizonte diferente: la posibilidad de reconvertir esos espacios y recursos hacia una "industria" centrada en la figura de Messi, que según su perspectiva podría generar beneficios económicos tangibles para la localidad. La argumentación se estructura así en dos capas: una histórico-política y otra puramente económica, buscando demostrar que el cambio no es solo simbólico sino también pragmático.
La conexión emocional que propone Chumpitaz entre Messi y Rosario constituye un elemento central en su estrategia discursiva. El futbolista no es una figura ajena impuesta desde afuera, sino alguien profundamente enraizado en la ciudad: nació en Rosario, creció en sus barrios, asistió a sus escuelas y mantiene vínculos permanentes con la región incluso en medio de una carrera internacional de magnitud extraordinaria. El hecho de que Messi, contando con opciones residenciales de envergadura mundial, elija pasar tiempo en su ciudad natal, es interpretado por el exlegislador como un activo que debe ser capitalizado. Desde esta perspectiva, la propuesta no busca imponer un personaje fortuito, sino reconocer y potenciar un lazo auténtico que existe entre el deportista y su territorio de origen. Esta dimensión le confiere una particularidad: a diferencia de otros cambios urbanísticos que pueden resultar arbitrarios, este posee una raigambre local indiscutible.
El debate democrático como marco institucional
Ante cuestionamientos sobre si su propuesta implicaría una censura histórica o un borramiento de la memoria colectiva, Chumpitaz aclaró su posición enfatizando el procedimiento democrático. Insistió en que la decisión final no le corresponde a él como individuo sino al órgano legislativo municipal competente. El Concejo Municipal de Rosario será, según su argumentación, el ámbito donde se ventilen los argumentos, se evalúen las perspectivas y se adopte una determinación mediante el voto de sus integrantes. Esta apelación al mecanismo democrático es relevante porque transforma la iniciativa de una propuesta personal en un asunto de incumbencia colectiva. Chumpitaz se posiciona así no como quien decide, sino como quien abre un diálogo institucional. La plaza de la Cooperación, ubicada en la intersección de Mitre y Tucumán, donde actualmente exhibe una imagen del Che Guevara, emerge como uno de los espacios específicos mencionados que podrían experimentar esta transformación de no mediar objeciones legislativas.
La iniciativa toca un nervio sensible de la historia política y cultural argentina. Rosario, ciudad que ha sido cuna de presidentes, de movimientos revolucionarios y de pensadores, alberga múltiples capas de memoria urbana. La presencia de monumentos, placas y nombres de calles dedicados a figuras políticas representa, en cierto sentido, una cristalización de las decisiones que distintas gestiones municipales han tomado a lo largo de décadas. Cada una de esas decisiones respondió a un contexto, a una correlación de fuerzas, a un debate (o su ausencia). Modificarlas implica reabrir esos debates, replantear jerarquías y reconocer nuevas figuras como merecedoras de ocupar espacios públicos. En Argentina, estos cambios no son inéditos: diversas ciudades han modificado nomenclaturas callejeras, han removido monumentos o han reinterpretado su significado conforme evolucionaban sus propias dinámicas políticas y sociales. Sin embargo, cada caso mantiene particularidades que lo hacen específico y digno de atención particular.
Las implicancias de este proceso, de prosperar, serían múltiples y complejas. Por un lado, podría inaugurar una reconfiguración del paisaje urbano rosarino orientada hacia referentes contemporáneos que encarnan logros deportivos y culturales de alcance global. Por otro lado, generaría debates sobre cuál es el papel de la memoria histórica en el espacio público y cómo las comunidades equilibran la preservación de su pasado con la celebración de sus figuras presentes. Distintos sectores evaluarán esta propuesta desde ópticas diversas: historiadores cuestionarán si la eliminación de referencias históricas empobrece la memoria ciudadana; comerciantes y promotores turísticos podrían ver oportunidades económicas en una reorientación hacia la figura de Messi; activistas políticos de variadas tendencias expresarán sus posiciones según sus propios marcos ideológicos; y ciudadanos comunes se interrogarán sobre qué tipo de ciudad desean habitar y qué valores desean ver reflejados en su territorio. El resultado de este proceso dependerá no solo de argumentos lógicos sino de cómo los concejales interpreten la voluntad de sus representados y qué peso asignen a factores históricos, económicos, simbólicos y pragmáticos en sus deliberaciones.



