A poco más de dos años de la próxima contienda electoral que definirá el rumbo del país, dentro de las filas peronistas comienza a gestarse un movimiento de reordenamiento interno que busca anticiparse a los desafíos venideros. Lo notable no es simplemente que ciertos dirigentes decidan debatir el futuro del movimiento fundado hace ocho décadas, sino la particular arquitectura que adopta este esfuerzo: sin figuras de primera línea, sin alineamientos previos definidos, y con la convicción de que es necesario construir una salida alternativa tanto al modelo que encarna el gobernador bonaerense como a la influencia que mantiene la expresidenta. Este proceso, más incipiente que consolidado, revelará en los próximos meses si el peronismo puede recomponerse como fuerza política o si, por el contrario, sus fragmentaciones se profundizarán irreversiblemente.

El epicentro de este movimiento convergente tiene coordenadas precisas: el próximo viernes 1° de mayo, a las 9.30 de la mañana, en Parque Norte. La elección de la fecha no responde al azar. Se trata del Día Internacional del Trabajador, una jornada que encarna el vínculo histórico entre el peronismo y la clase trabajadora industrial argentina, eje fundacional del movimiento que entre los años cuarenta y setenta del siglo pasado redefinió el mapa político nacional. Quienes impulsan esta convocatoria −el apoderado nacional del Partido Justicialista Juan Manuel Olmos, quien además dirige la Auditoría General de la Nación; los legisladores nacionales Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Emir Félix; intendentes como Federico Achával de Pilar; y referentes sindicales del triunvirato de la Confederación General del Trabajo− parecen estar conscientes de que necesitan un símbolo que ancle su propuesta en las raíces del movimiento. Simultáneamente, esa misma elección busca señalar que se trata de una iniciativa que mira hacia adelante, no hacia atrás.

El mapa de ausencias como definición política

Quizás tan importante como quiénes participarán en el encuentro es quiénes deliberadamente no han sido convocados. La lista de ausentes lee como un mapeo de los liderazgos en disputa dentro del peronismo contemporáneo. No estarán presentes el gobernador de Buenos Aires, quien encabeza su propia estructura conocida como Movimiento Derecho al Futuro; tampoco asistirá el exministro de Economía que lidera el Frente Renovador; no concurrirán los referentes de La Cámpora ni los del Frente Patria Grande. Para los organizadores, estas ausencias no constituyen un acto de exclusión sino todo lo contrario: una afirmación de principios. "Todos ellos tienen sus propias agrupaciones dentro del PJ. Eso ya es una definición y para nosotros es un limitante. Muchos compañeros no quieren encasillarse", explicaron desde el entorno de los impulsores.

Sin embargo, la convocatoria sí incluirá a intendentes provinciales −en particular alrededor de treinta dirigentes de Córdoba alineados con el gobernador Martín Llaryora−, funcionarios de distintos niveles administrativos, y una treintena de referentes sindicales. Este equilibrio entre lo que se excluye y lo que se incluye dibuja un perfil particular: un espacio que rechaza los personalismos de líderes nacionales pero que busca articular poder territorial concreto, anclaje en las estructuras sindicales, y amplitud en la convocatoria. Los promotores del encuentro insisten en que mantienen diálogo permanente con todos los sectores del peronismo, independientemente de sus alineamientos actuales, y que no se trata de una operación contra nadie en particular.

Un diagnóstico compartido sobre la crisis de representación

El malestar que motor impulsa esta reunificación responde a un diagnóstico que comparten amplios sectores de la dirigencia peronista: el movimiento no está logrando ofrecer certidumbre a la sociedad. "Como conjunto necesitamos dar respuestas que hoy no estamos dando", plantean desde el espacio. Más profundamente, advierten que el peronismo ha quedado asociado públicamente con "miedo, zozobra o falta de previsibilidad" −una lectura que sugiere que el movimiento ha perdido la capacidad de proyectar confianza en su capacidad de gestión. Esta percepción se ancla en la experiencia reciente: los gobiernos peronistas de la última década enfrentaron inflación creciente, erosión del poder adquisitivo, y una sucesión de crisis económicas que minaron la credibilidad institucional.

Frente a ese diagnóstico, los organizadores proponen un método que suena novedoso dentro del peronismo: construir el debate "de abajo hacia arriba y de la periferia al centro", permitiendo que primero emerjan las ideas y luego los liderazgos. "No hay que poner el carro delante del caballo", sintetizan. Este enfoque busca invertir la lógica tradicional del peronismo, donde históricamente los líderes carismáticos definían la agenda y sus seguidores se alineaban detrás. La propuesta implica una reconfiguración no solo de contenidos sino también de procesos decisorios. Reconocen que necesitan aprender de los errores del pasado y están dispuestos a una discusión interna "sincera", basada en lecciones extraídas de fracasos anteriores.

La economía como eje articulador de una propuesta

En el plano de los contenidos, la discusión se organizará alrededor de un eje que los convocantes califican como crucial: la necesidad de un "orden macroeconómico" que permita dar previsibilidad a las decisiones de inversión, consumo y producción. Los impulsores del encuentro son cuidadosos al aclarar que esto no debe interpretarse como una posición ideológica sino como una herramienta de gestión. Sin embargo, la insistencia en este tema señala una ruptura importante respecto a ciertas narrativas peronistas recientes que priorizaron redistribución sobre producción, o que sostuvieron políticas monetarias heterodoxas sin correlato fiscal.

La generación de riqueza a partir de la producción industrial emerge como uno de los pilares de este sector del peronismo. Esto implica una defensa del modelo de industrialización, herencia de los gobiernos de Juan Domingo Perón de los años cuarenta y cincuenta que transformaron a Argentina de una economía agroexportadora a una economía industrial urbana. La apuesta es recrear condiciones que permitan que la inversión privada encuentre estabilidad suficiente para expandirse, sin renunciar a un rol activo del Estado en la definición de orientaciones estratégicas. La materialización de esta idea pasa por promover un peronismo menos dogmático, capaz de procesar sus diferencias internas sin fracturarse, y capaz también de dialogar con sectores económicos que históricamente han estado fuera del electorado peronista.

Paralelamente a este énfasis económico, los organizadores buscan reequilibrar el peso territorial dentro del partido. Reconocen que en etapas anteriores, los intereses de provincias como Córdoba, Mendoza, Entre Ríos o la Patagonia quedaron relegados frente a la centralidad que siempre ejerció el Área Metropolitana de Buenos Aires, histórico bastión del peronismo. Esta preocupación por la descentralización responde tanto a un análisis de errores pasados como a una realidad electoral concreta: el crecimiento demográfico y la importancia económica relativa de muchas provincias ha transformado el mapa político nacional, pero el peronismo no siempre ha adaptado sus estructuras de poder a esa realidad.

Los antecedentes legislativos y el punto de quiebre

Los promotores de este espacio no parten de cero. Durante los últimos dos años, en el Congreso Nacional, los legisladores peronistas lograron articular acuerdos en torno a temáticas como discapacidad, educación universitaria, jubilaciones y salud pública. Esos trabajos constituyen un antecedente que sugiere que es posible construir posiciones comunes sin necesidad de subordinación a un liderazgo único. Sin embargo, fue un acontecimiento reciente el que aceleró definitivamente la necesidad de este reordenamiento: el debate y votación sobre el tratado comercial entre Mercosur y la Unión Europea.

Ese debate expuso de manera contundente las fracturas internas del peronismo. En la Cámara de Diputados, prácticamente la mitad del bloque de Unión por la Patria votó a favor del acuerdo, mientras que la otra mitad se pronunció en contra. En el Senado, donde hubo mayor tiempo para deliberación y donde existe una estructura más consolidada del bloque peronista, la posición terminó siendo mayoritariamente favorable al tratado: solo tres senadores rechazaron la iniciativa. Ese contraste fue revelador. Señalaba que el peronismo no había procesado internamente qué piensa sobre cuestiones de política económica internacional, cuál es su postura frente a la integración regional, y cómo compatibiliza esos objetivos con la protección de sectores productivos domésticos. De ese análisis surgió la conclusión entre estos dirigentes de que era imperativo ordenar las diferencias y discutir con profundidad qué ideas deberían estructurar una propuesta de gobierno alternativa.

Las herramientas para la confluencia: las PASO como mecanismo de resolución

Para procesar esa diversidad sin que se traduzca en ruptura, los organizadores confían en un mecanismo institucional específico: mantener las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias −las PASO−, que fueron suspendidas hace algunos años. En su criterio, estas primarias funcionan como una herramienta democrática para canalizar la pluralidad interna, permitir que los distintos sectores compitan, y luego converger en una candidatura única de cara a las elecciones generales. "En años pares el peronismo discute para ordenarse y gana", repiten los dirigentes involucrados como una suerte de mantra que apela a la memoria histórica del movimiento.

Este argumento histórico merece atención. Efectivamente, en 1973, después de dieciocho años de proscripción y de haber sido excluido del sistema político, el peronismo retornó a través de las urnas con masividad abrumadora. En 2003, tras la crisis de 2001-2002, el peronismo volvió al poder también con una narrativa de reconstrucción. La apuesta de estos dirigentes es que 2027 puede constituir un nuevo momento de reconfiguración, donde el movimiento, habiendo procesado sus diferencias y redefinido sus prioridades, pueda volver a ser competitivo electoralmente. Para ello, necesita primero ordenarse internamente, establecer prioridades claras en materia económica, y construir una propuesta que trascienda los personalismos.

La metodología del encuentro de Parque Norte refleja esta apuesta. Se organizará en comisiones temáticas donde se debatirán distintos aspectos de la propuesta, habrá exposiciones finales de cada comisión, y un cierre colectivo donde se busque identificar elementos de convergencia. Bajo el lema "el peronismo debate para ser alternativa nacional", la jornada aspira a ser un punto de inicio, no un punto de llegada. La idea es que de allí emerja un proceso de discusión más amplio que se proyecte hacia los próximos meses y años.

Las perspectivas abiertas: éxito, fragmentación o reconfiguración parcial

El resultado de estos esfuerzos por ordenar al peronismo puede tomar varios caminos en los próximos años. Una posibilidad es que este proceso de discusión efectivamente logre construir una alternativa coherente que convoque a amplios sectores del movimiento, generando una plataforma común de ideas sobre economía, territorio, y liderazgos que trascienda los personalismos actuales. En ese escenario, el peronismo podría retornar a 2027 con una propuesta renovada, capaz de competir con credibilidad en las urnas. Otra posibilidad es que, a pesar de estos esfuerzos iniciales, las fragmentaciones se profundicen: que los líderes con estructuras propias terminen traccionando a sus cuadros hacia direcciones divergentes, impidiendo la convergencia efectiva. En ese caso, el peronismo podría presentarse dividido en 2027, lo que histórica y electoralmente ha significado debilidad.

Una tercera opción, más probable acaso que las anteriores, es que se produzca una reconfiguración parcial: que algunos sectores logren consensos sobre determinadas temáticas mientras que en otras persistan desacuerdos; que emerjan nuevos liderazgos, o que los existentes se reposicionen; que el peronismo logre recalibrar su relación con la producción y con sectores empresariales sin renunciar a su identidad redistributiva. En cualquiera de estos escenarios, lo que está en juego es si el movimiento peronista, que ha sido protagonista de momentos cruciales en la historia política argentina, puede reinventarse nuevamente para mantenerse como fuerza política relevante en el siglo veintiuno. Los próximos meses ofrecerán pistas sobre la viabilidad de ese esfuerzo.