La política peronista atraviesa una etapa paradójica. Los principales referentes mantienen conversaciones y espacios de encuentro, pero las conversaciones no generan compromisos vinculantes sobre el futuro. A casi treinta días del almuerzo que compartieron Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, el panorama de la oposición justicialista presenta un cuadro donde la cordialidad convive con la desconfianza estratégica. Todos dialogan, pero todos avanzan simultáneamente sobre sus propias líneas, acumulando fuerzas para lo que viene. Este escenario marca un cambio respecto de meses anteriores de confrontación abierta, aunque también deja entrever que las tensiones de fondo permanecen intactas bajo una superficie de aparente normalización.
En aquella reunión del 12 de agosto, cuando Kicillof, Massa, Kirchner y otros gobernadores se sentaron en la misma mesa junto a los jefes parlamentarios de Unión por la Patria, emergió un punto de coincidencia concreto: la defensa de las primarias nacionales. Ese acuerdo funcionaría como ancla común en un escenario donde no existe coincidencia sobre liderazgos, candidaturas o direcciones políticas de fondo. Las PASO se perfilan, entonces, no como mecanismo de selección en un esquema unificado, sino como herramienta que permitiría procesar la competencia interna sin provocar rupturas de facto. Sin ese instrumento, la fragmentación sería más evidente y potencialmente más destructiva. Con él, cada sector puede construir fuerza propia y plantarse ante el electorado con sus propias propuestas sin que la disputa derive en quiebre definitivo del espacio.
La expansión territorial del gobernador bonaerense
El movimiento más visible en estas últimas semanas proviene del gobernador de Buenos Aires. Kicillof ha intensificado su presencia fuera de la provincia con una lógica de construcción de volumen nacional. Su equipo impulsa el Movimiento Derecho al Futuro, que funciona como estructura propia dentro del peronismo, diferenciado del aparato provincial tradicional. Este miércoles tiene previsto viajar a Misiones, donde se reunirá con el gobernador Hugo Passalacqua, intendentes y dirigentes locales, además de participar en una actividad del MDF en Posadas. Antes de esa escala, Kicillof ya realizó actividades en Tierra del Fuego, Formosa, Córdoba, Corrientes, Chaco y La Pampa, mientras que su entorno mantiene contactos en otros territorios provinciales.
El próximo hito de esta estrategia territorial será el 19 de septiembre, cuando el Movimiento Derecho al Futuro convoque a su plenario federal en Avellaneda. La actividad incluirá diez mesas de discusión, participación de dirigentes de distintas provincias y un discurso de cierre del gobernador. El relato que impulsa Kicillof desde su espacio es explícito: este es "un año de construcción política", donde cada sector debe desarrollar una propuesta clara y respetar a los demás, pero sin apresurarse a sintetizar todo en una negociación prematura. En sus propias palabras, el acuerdo no es el punto de partida sino una "instancia posterior a la construcción de volumen propio". Esta definición marca una diferencia crucial respecto del enfoque que podrían tener otros sectores del peronismo: no se trata de ponerse de acuerdo primero y luego construir; se trata de construir primero y acordar después, si es que el resultado de esa construcción lo permite.
Massa se instala como candidato mientras el massismo expande municipios
El Frente Renovador, por su parte, también activó sus movimientos hacia 2027. Aunque Sergio Massa aún no confirma públicamente su candidatura presidencial, dirigentes de su entorno comenzaron a instalar esa posibilidad en el espacio público. En declaraciones recientes, referentes cercanos al exministro de Economía señalaron que "creemos en su figura, en su candidatura; después se verá si dan los números, pero creemos que puede competir y que si fuese a una PASO sería muy competitivo y eso lo fortalecería". El mensaje no es casual: pretende instalar a Massa como una opción viable y con capacidad de ganar una competencia interna, lo que a su vez lo posicionaría mejor en una eventual disputa presidencial posterior.
El massismo también despliega una estrategia territorial, pero con énfasis distinto al de Kicillof. Su construcción se concentra en ampliar la presencia municipal, considerando que los gobiernos locales serán plataformas clave para 2027. Alexis Guerrera, vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense y dirigente cercano a Massa, reforzó este posicionamiento al señalar que el exministro tiene una "vocación inclaudicable" de ser presidente y que las PASO representan el mecanismo apropiado para procesar esa competencia. El discurso del massismo enfatiza que las primarias no solo son garantía de unidad, sino que también fortalecerían a quien ganase en ellas, preparándolo mejor para enfrentar a Javier Milei en 2027.
Un dato que generó expectativa en el peronismo fue la victoria de Germán Font en Marcos Juárez, ciudad cordobesa, el pasado domingo. El resultado permite que el peronismo vuelva a gobernar esa localidad después de 53 años, dato que el justicialismo aprovechó como símbolo de recuperación electoral. Sin embargo, la elección tuvo características eminentemente locales: participó apenas el 62 por ciento del electorado y Martín Llaryora, gobernador de Córdoba y cercano a Milei, intentó capitalizarse como ganador. Aun así, el resultado permitió al PJ proyectar un mensaje de alternativa a la propuesta libertaria en un momento donde la oposición requiere desesperadamente de señales positivas.
Kirchnerismo: entre la unidad narrativa y la diferenciación estratégica
El tercer vértice de esta configuración lo mantiene el kirchnerismo. Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, volvió a defender públicamente la posibilidad de que Cristina Kirchner sea candidata y cuestionó a dirigentes peronistas que consideran agotado su liderazgo pero no acompañan el reclamo para habilitar una eventual candidatura. En su discurso más reciente en San José 1111, Kirchner transmitió dos mensajes simultáneamente. El primero fue dirigido al conjunto del movimiento: "Tenemos que hablar menos de algunos quilombos que tenemos y más de explicar a la gente lo que pasa con este tipo de modelos económicos". Era una invitación a reducir el ruido de las disputas internas y enfocarse en la crítica política de fondo.
Sin embargo, ese mismo discurso mostró una segunda cara cuando la militancia, arengada por el propio Máximo Kirchner, entonó consignas que reivindicaban a Cristina Kirchner como conducción del espacio, marcando así una clara distancia con Kicillof. El episodio expuso una tensión que persiste más allá del reencuentro de agosto: mientras en la mesa de coordinación existe acuerdo sobre las PASO, en la cancha política la disputa por el liderazgo y la orientación ideológica sigue vigente. El kirchnerismo insiste en mantener a Cristina en el centro de la escena política, no solo como opción electoral sino como referencia simbólica del movimiento. Esa reivindicación implica, de facto, un cuestionamiento a quienes pretenden construir espacios políticos propios o alternativos.
Los últimos meses de distanciamiento entre estos sectores dejaron marcas que las conversaciones recientes no han borrado completamente. La desconfianza persiste, aunque ahora opera bajo una máscara de diálogo permanente. El peronismo logró recuperar una mesa de coordinación y encontró en la defensa de las PASO un interés común —todos quieren garantizar que no habrá ruptura formal—, pero fuera de ese acuerdo específico, cada uno sigue su propia construcción de poder. Kicillof expande territorialmente su movimiento, Massa posiciona su candidatura mientras consolida presencia municipal, y el kirchnerismo sostiene a Cristina como referencia política. Son tres proyectos que coexisten pero no convergen.
Lo que suceda en los próximos meses dependerá de cómo estos tres proyectos paralelos interactúen entre sí. Una posibilidad es que el crecimiento de cada sector facilite posteriores negociaciones, donde cada uno llega con mayor poder de convocatoria y puede exigir más en la mesa de acuerdos. Otra posibilidad es que esa construcción simultánea de fuerzas termine trasladando toda la disputa directamente a una PASO, donde la competencia no sería meramente electoral sino existencial para cada proyecto. También existe un escenario intermedio donde se logre algún tipo de síntesis que incluya a varios sectores en una fórmula o en un esquema de gobierno compartido. Lo cierto es que Kicillof, Massa y el kirchnerismo trabajan actualmente bajo la premisa de que llegar a 2027 con estructuras más fuertes y propuestas más consolidadas es mejor que apresurarse a acuerdos débiles hoy. Ese cálculo puede resultar en una oposición más robusta o en una fragmentación más evidente. El tiempo dirá cuál de estos escenarios prevaleció.



