En momentos en que el país se debate entre dos fuerzas políticas antagónicas y mientras el Congreso avanza en reformas que redefinen las reglas electorales, un grupo de mandatarios provinciales decidió protagonizar un encuentro que trasciende lo meramente ceremonial. Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe, convocó este jueves a sus pares de Córdoba, Chubut y Corrientes para recorrer las instalaciones de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, un evento que promete ser catalizador de una nueva articulación política en el mapa nacional. Lo que comenzó como una actividad vinculada a un megaevento deportivo adquirió dimensiones que van mucho más allá del ámbito del deporte, revelando intenciones que los propios gobernadores no ocultan: explorar la viabilidad de un bloque alternativo capaz de disputar espacios de poder en la arena presidencial de aquí a dos años.
La escena de este jueves en Rosario consolidó una imagen que funciona como declaración de principios en el lenguaje político contemporáneo. Martín Llaryora, de extracción peronista en Córdoba; Ignacio Torres, proveniente de la estructura de Pro en Chubut; y Juan Pablo Valdés, representante de la tradición radical en Corrientes, coincidieron en territorio santafesino para una caminata institucional que incluyó visitas a estadios, reconocimiento de obras de infraestructura y, naturalmente, una foto de grupo que será reproducida y analizada en cada despacho político relevante del país. Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos, también se sumó a esta convergencia durante la ceremonia inaugural del sábado anterior. La diversidad partidaria de quienes participaron del encuentro constituye un mensaje en sí mismo: la construcción política que se intuye detrás de estos movimientos no responde a lealtades históricas tradicionales, sino a afinidades de gestión y a la búsqueda de una propuesta alternativa a los modelos que actualmente dominan la escena nacional.
El contexto de una Argentina dividida entre dos polos
Para entender la relevancia de lo ocurrido en Rosario, resulta indispensable considerar el panorama político nacional en el que estos gobernadores operan. Desde hace años, la política argentina oscila entre dos grandes fuerzas: el peronismo y sus variantes, por un lado, y las propuestas de corte liberal que han ganado territorio electoral en los últimos ciclos electorales. Ambos espacios mantienen una conflictividad que se refleja en decisiones de política económica, social e institucional. En este escenario, emerge la figura de los gobernadores como actores con peso creciente, especialmente aquellos provenientes de provincias del interior que desarrollaron gestiones consideradas exitosas en términos de crecimiento económico y estabilidad institucional. Este fenómeno no es accidental: conforme el Estado nacional retrocede en sus capacidades de intervención y distribución, las provincias se posicionan como garantes de gobernabilidad y como espacios donde se ensayan políticas y modelos de gestión alternativos.
El grupo que converge alrededor de Pullaro proviene precisamente de esa lógica. Todos fueron o son integrantes de Provincias Unidas, un espacio que intentó funcionar como tercera vía durante ciclos anteriores, aunque sin haber logrado cristalizarse en una estructura electoral de envergadura nacional. Lo que diferencia el escenario actual es que estos mandatarios cuentan ahora con gobiernos provinciales consolidados, con gestiones que pueden mostrar resultados concretos en sus territorios y, fundamentalmente, con dos años de horizonte electoral que ofrecen una ventana temporal para construir algo más que una mera coalición de circunstancia. La postal de Rosario, con sus estadios repletos y sus tribunas llenas durante los Juegos Suramericanos, funciona como telón de fondo perfecto para esta narrativa: la de provincias que funcionan, que se organizan, que pueden ejecutar proyectos de envergadura internacional sin el caos que algunos asocian a la gestión nacional.
Las ambiciones presidenciales disfrazadas de solidaridad institucional
Aunque Pullaro se apresuró a desmentir que sus movimientos respondan a cálculos electorales personales, la realidad política enseña que los encuentros entre gobernadores raramente obedecen a causas meramente administrativas. En los pasillos de la política provincial y en las conversaciones de despachos capitalinos, crece con fuerza una hipótesis que los protagonistas no niegan abiertamente: la fotografía de Rosario podría funcionar como punto de partida para la articulación de una tercera candidatura presidencial en 2027, por fuera del kirchnerismo y del mileísmo. Esta posibilidad adquiere mayor relevancia cuando se considera que los gobernadores presentes poseen perfiles con cierta capacidad de convocatoria: Llaryora acumula en Córdoba una gestión que ha logrado mantener ciertos equilibrios tanto con el peronismo nacional como con sectores empresariales; Pullaro construyó en Santa Fe una imagen vinculada a la seguridad y al orden institucional; Torres en Chubut representa a la provincia donde el PRO mantiene sus bases más sólidas; y Valdés encarna la continuidad de la tradición radical, aunque modulada por realidades provinciales contemporáneas.
Entre los dirigentes que navegan la política nacional comienza a circular una idea que aún no tiene formato definido, pero que ya se menciona en reuniones reservadas: la posibilidad de que este espacio político resuelva internamente quién será su candidato presidencial a través de una competencia que podría adoptar distintos formatos. Pullaro y Llaryora emergen como los nombres más mencionados en este tipo de especulaciones, aunque la decisión dependerá de dinámicas que se desplegarán durante los próximos meses. El mecanismo de una eventual contienda interna en lugar de una imposición de candidatura desde arriba ofrecería, en teoría, la posibilidad de dotar de legitimidad a quienquiera resulte como figura presidencial, evitando fracturas prematuras y otorgando cierto dramatismo narrativo a una construcción política que, en su estado actual, es más una aspiración que una estructura institucionalizada.
Lo que da urgencia a esta articulación es el cronograma político que se despliega en paralelo. Mientras Pullaro y sus colegas se movilizaban en Rosario, la Casa Rosada avanzaba en rondas de negociación con distintos gobernadores alrededor de la presentación del presupuesto nacional 2027. En esas mismas semanas, el Congreso debate reformas políticas de envergadura, incluida la incorporación de la Ficha Limpia y la definición sobre el futuro de las elecciones primarias, conocidas como PASO. Para muchos de estos mandatarios provinciales, estas reglas de juego electoral no constituyen abstracciones teóricas: condicionarán directamente su capacidad de gestionar políticas en sus territorios, de asegurar su continuidad institucional mediante reelecciones y, especialmente, de proyectarse hacia escenarios nacionales. La derogación o suspensión de las PASO, por ejemplo, eliminaría espacios donde candidatos emergentes o alternativos pudieron históricamente generar visibilidad sin los recursos de las grandes maquinarias políticas tradicionales.
Las implicancias institucionales y el futuro de la gobernabilidad
Más allá de los cálculos electorales personales, lo que está en juego en este tipo de encuentros toca aspectos más profundos de la arquitectura política argentina. Las provincias, históricamente concentradas en torno a sus propias dinámicas regionales, comienzan a posicionarse como actores que demandan mayor voz en la definición de agendas nacionales. Este fenómeno es particularmente notable en la región Centro del país —integrada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos—, que viene reposicionándose como un núcleo de poder con capacidad de incidir en decisiones que trascienden sus límites territoriales. El hecho de que gobernadores de distintas extracciones partidarias converjan en torno a una agenda común sugiere que existen visiones compartidas sobre cómo deberían funcionar las relaciones entre el centro nacional y las provincias, así como sobre qué tipo de políticas económicas y sociales deberían priorizarse en contextos de restricción fiscal.
La escena de gobernadores caminando entre estadios llenos durante los Juegos Suramericanos funciona, en la interpretación de quienes la protagonizaron, como un ensayo de lo que imaginan para 2027 y más allá. Sin embargo, la viabilidad de una tercera vía presidencial dependerá de variables que no están completamente bajo control de estos actores. La estructura de poder que mantiene el peronismo en el territorio nacional, aunque fragmentado, sigue siendo considerable; el espacio libertario ha demostrado capacidad de captar voto aunque enfrenta desafíos de gobernabilidad; y la capacidad de estos gobernadores de traducir éxito provincial en convocatoria nacional permanece como una pregunta abierta. Históricamente, Argentina ha visto múltiples intentos de articular terceras vías que no lograron trascender el plano de coaliciones fragmentarias. La diferencia en este caso radica en que los protagonistas cuentan con gubernaturas activas, con resultados de gestión que pueden exhibir y con un horizonte temporal que permite construcción institucional menos apresurada que en ciclos anteriores.
La convergencia de gobernadores en Rosario, enmarcada en la ejecución de un evento internacional de gran envergadura, constituye un movimiento político que trasciende lo ceremonial aunque se disfraza de tal. El hecho de que dirigentes de distintos orígenes partidarios encuentren afinidad suficiente para fotografiarse juntos y articular agendas comunes habla de transformaciones más amplias en la política provincial argentina. Los próximos meses determinarán si esta convocatoria cristaliza en una estructura capaz de competir por la presidencia o si, como tantas iniciativas anteriores, quedan en el nivel de articulaciones de coyuntura. Lo cierto es que el espacio político nacional tiene ahora que considerar la existencia de actores que, aunque no cuentan con visibilidad mediática similar a la que concentran los polos tradicionales, poseen recursos institucionales reales y cierta capacidad de convocatoria en territorios que, acumulativamente, agrupan población significativa del país. Cualquiera sea el resultado de estas dinámicas, la sola existencia de este tipo de convergencias altera el mapa de posibilidades disponibles para la política nacional en el mediano plazo.



