Las fracturas dentro de la administración nacional volvieron a hacerse evidentes el sábado en Rosario, durante la ceremonia que conmemora el acto fundacional de nuestra insignia patria. Lejos de ser una jornada de unidad alrededor de los símbolos nacionales, la jornada terminó siendo un espejo de las disputas que atraviesan el poder ejecutivo. Los responsables de protocolo tuvieron que recurrir a estrategias específicas para evitar encuentros incómodos entre los máximos mandos: separar geográficamente a la titular del Senado del presidente y su comitiva. Esto no fue un detalle menor. Reveló, en cambio, cuán profundas son las grietas que fracturan la estructura de mando del país.
Con temperaturas cercanas a los siete grados bajo un cielo que apenas tibializaba el frío de la mañana, el acto se llevó a cabo frente al río Paraná, a metros del lugar donde en 1812 Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera celeste y blanca. La vicepresidenta fue invitada por el gobierno provincial, no por Casa Rosada. Esta distinción importa. De esta manera, Villarruel se sentó en otra hilera de asientos, aquella destinada a las autoridades de Santa Fe. Durante toda la ceremonia, incluyendo el momento en que el pabellón fue elevado en el mástil, ella permaneció de espaldas al Presidente, en posición especular a la de él pero desde los adoquines inferiores del monumento. Sus ojos estuvieron fijos en la bandera mientras se izaba frente a las aguas pardas del río. Milei, por su parte, junto a los gobernantes provinciales, se ubicó en el escenario. Ninguno de los dos dirigió la mirada hacia el otro.
El jefe de Gabinete en la mira: caída de perfil y murmullos de desaprobación
Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, llegó con una sonrisa pero optó por mantener un perfil discreto. La semana anterior, el Presidente le había retirado sus funciones de comunicación, delegándolas en un nuevo vocero. Este cambio fue una señal clara de los cuestionamientos internos que enfrenta. Durante el acto, Adorni se sentó en el lugar que le correspondía por su rango, intercambió saludos con otros miembros del Gabinete y conversó brevemente con la senadora Patricia Bullrich. Quienes presenciaron el diálogo sostienen que no hubo en él nada significativo. Sin embargo, entre el público comenzaron a escucharse críticas dirigidas hacia él. La palabra "corrupto" circuló en los murmullos. Después de que finalizó la ceremonia, Adorni se retiró de inmediato, acompañado por la ministra de Seguridad, sin permanecer para interactuar con los asistentes ni participar en momentos posteriores.
Tras el cierre del acto, Villarruel se refirió públicamente a Adorni de manera lapidaria. Según sus palabras, no hay persona "más alejada de los valores que Belgrano representa que él". Esta declaración no fue casual. Villarruel se quedó en el sitio durante más tiempo, posando para fotos con quienes se le acercaban y besando a varios asistentes. En esos momentos, fue acompañada por su asesor, Mario Russo. Incluso se fotografió empuñando una bandera de Malvinas, gesto que no pasó desapercibido. Mientras tanto, la comitiva presidencial se marchó apenas concluyó la ceremonia, sin acercarse al público ni mantener contacto extendido con los rosarinos.
Un escenario político heterogéneo donde conviven alianzas contradictorias
El público que asistió al evento en el Monumento a la Bandera reflejaba la complejidad del mapa político actual. Libertarios de la bancada oficial compartieron espacio con miembros del frente que respalda al gobernador Maximiliano Pullaro, una coalición de dieciséis partidos. Esta composición generó un panorama variopinto. El diputado nacional socialista Esteban Paulón, uno de los críticos más ácidos de la gestión presidencial, estuvo presente. También lo hizo Lilia Lemoine, quien desde sus orígenes ha sido una militante del proyecto mileísta. La acompañaban Virginia Gallardo y Andrea Vera. De la bancada de seguidores del estratega Santiago Caputo —quien no concurrió a Rosario— se vio a Santiago Santurio. Entre los notables del sector empresarial y mediático, el dueño de Telefé y de una porción significativa de los medios locales, Gustavo Scaglione, tuvo oportunidad de conversar con los hermanos Menem, Martín y Eduardo.
El discurso de Pullaro, el gobernador radical, enfatizó avances en la lucha contra el narcotráfico y empleó la expresión "el miedo cambió de bando". Destacó la colaboración de la administración nacional en ese aspecto y mencionó específicamente a la ex ministra de Seguridad Bullrich y a su sucesora, Alejandra Monteoliva. Pidió unidad entre quienes tienen responsabilidades de gobierno y ponderó los logros de su gestión provincial, subrayando la obra pública. "Las obras se construyen reduciendo gastos, con transparencia y sin corrupción", señaló, en lo que pareció ser un reclamo implícito hacia el gobierno nacional. Pidió que regrese "la infraestructura productiva para que Argentina pueda reiniciarse". Al terminar su intervención, Milei lo abrazó públicamente. Un pequeño detalle que no será pasado por alto por los analistas de la política provincial y nacional.
El discurso del Presidente se concentró en la figura de Belgrano y en una lectura particular de su legado. Milei atribuyó al prócer los preceptos económicos que él defiende: libertad política y económica como pilares fundamentales. Describió a Belgrano como el "primer intelectual liberal" y citó sus críticas al "monopolio estatal". Incluso extrapoló conceptos económicos modernos, mencionando que Belgrano "hablaba de la naturaleza monetaria de la inflación". La bandera, según el Presidente, significa "libertad política y libertad económica". Cerró su alocución con un grito de "¡viva la patria!" cargado de énfasis. A lo largo de sus palabras, recibió tanto apoyo como rechazo. Algunos gritaban consignas en su favor, otros expresaban desaprobación con lenguaje crudo. El Presidente respondió a sus seguidores pidiéndoles que recordaran a Belgrano, más que concentrarse en consignas partidarias.
Los detalles que hablan: gestos, ausencias y reposicionamientos
Varios elementos del protocolo fueron determinados deliberadamente para evitar cruces. Que Villarruel no fuera invitada por Casa Rosada, sino por la provincia, permitió su presencia sin que ella estuviera en el mismo nivel jerárquico que el Presidente en el escenario. Su ubicación de espaldas durante el himno no fue casualidad: fue producto de disposiciones específicas de Presidencia. El hecho de que ni el Presidente ni Pullaro ni Javkin se acercaran a izar el pabellón, contrario a lo que sucede en otras ocasiones, respondió también a estas medidas preventivas. Todos estos detalles subrayan la profundidad de las tensiones internas que atraviesan la administración nacional.
La ausencia de ministros también fue significativa. Mario Lugones, titular de Salud, no asistió por una reunión del Mercosur en Brasil. Juan Mahiques, recién regresado de Francia donde participó de un encuentro del GAFI, tampoco estuvo presente. Sin embargo, la mayor parte del Gabinete concurrió al evento. Dentro de la ciudad de Leo Messi —referencia obligada dado el mural gigantesco visible desde el Monumento—, el gobernador Pullaro fue quien recibió al Presidente y a su hermana Karina Milei. Pullaro, aliado de la Casa Rosada en el Congreso pero con matices respecto del discurso libertario, fue acompañado por el intendente rosarino Pablo Javkin y por Leonel Chiarella, titular de la UCR nacional e intendente de Venado Tuerto. A Villarruel la escoltó Romina Diez, diputada nacional y dirigente partidaria local.
Las consecuencias de esta jornada pueden interpretarse desde múltiples ángulos. Para algunos analistas, los gestos de Villarruel —su permanencia en el sitio, sus fotos con la bandera de Malvinas, sus críticas directas a Adorni— constituyen un posicionamiento claro frente a quienes cuestionan su autoridad dentro del gobierno. Otros ven en la estrategia de protocolo un síntoma de que la administración intenta gestionar conflictos de alto nivel de manera que no trascienda públicamente. La permanencia de Adorni en el cargo, a pesar de la pérdida de funciones de comunicación y de las críticas públicas, sugiere que los ajustes internos se llevan adelante de forma gradual. Por otro lado, la presencia de figuras como Scaglione, vinculado a medios de comunicación, y su interacción con los Menem, recuerda que las dinámicas políticas también incluyen la participación de actores del sector empresarial y comunicacional. El apoyo del gobernador Pullaro, quien solicitó más inversión en infraestructura productiva, indica que las alianzas territoriales tienen demandas específicas que el ejecutivo nacional deberá atender. La acción de mantener a sectores libertarios y del frente opositor en el mismo espacio, sin que escalara la confrontación, refleja un esfuerzo por preservar la gobernabilidad, al menos en apariencia. Sin embargo, los murmullos de crítica, la distribución espacial deliberada de autoridades y las posiciones físicas adoptadas durante la ceremonia sugieren que bajo la superficie de la institucionalidad, existen tensiones que continuarán moldeando las dinámicas del poder en los próximos meses.



