El escenario político peronista atraviesa uno de sus momentos de mayor fragmentación desde el retorno a la democracia, y los últimos sucesos dan cuenta de una ruptura que ya no se oculta en los pasillos sino que sale a la luz pública con toda su crudeza. Berenice Iañez, diputada de la Ciudad de Buenos Aires, pronunció críticas sin precedentes contra Cristina Kirchner durante una jornada académica, cuestionando el rumbo que adoptó el movimiento durante los últimos años. Lo singular del acontecimiento radica no solo en la dureza del discurso sino en quién lo pronuncia: una dirigente que hace apenas unos años juraría lealtad absoluta a la exmandataria. Este giro marca un punto de inflexión en la política argentina actual y refleja las tensiones profundas que atraviesan la coalición peronista en su búsqueda por reinventarse tras la derrota electoral de 2023.
El espacio se redistribuye: de la fidelidad al cuestionamiento
La trayectoria de Iañez en los últimos tiempos ejemplifica la reconfiguración que experimenta la militancia peronista. Cuando asumió como legisladora porteña en diciembre de 2021, lo hizo bajo el paraguas de referentes como Mariano Recalde y Paula Penacca, con un discurso explícitamente subordinado a los lineamientos kirchneristas. Esa adhesión inicial no era meramente formal: implicaba una identificación con la estructura organizativa que el kirchnerismo había construido durante años. Sin embargo, en la actualidad, la misma legisladora integra La Patria es el Otro, un sector que pivota alrededor de Andrés Larroque, funcionario de la provincia de Buenos Aires, y que representa una alternativa política dentro del peronismo. Este desplazamiento no constituye un caso aislado sino que refleja un fenómeno más amplio de reorganización de fuerzas internas.
Durante su participación en la cátedra libre "Hebe de Bonafini", cuyo lema reza "La esperanza. Los pueblos tienen Derecho al Futuro" —denominación que también identifica el espacio político impulsado por Axel Kicillof—, Iañez desplegó un discurso que entrelazaba reconocimientos históricos con cuestionamientos puntuales. Su exposición no consistió en una refutación frontal y descarnada, sino en una crítica matizada que procuraba situar a la exmandataria dentro de una genealogía política que la precedía y la trascendía. Evocó figuras como San Martín, Rosas, Perón y Néstor Kirchner, estableciendo una continuidad histórica en la cual Cristina Kirchner ocupa un lugar, pero no el único ni el central. Simultáneamente, le atribuyó un desvío de curso: "por más que ahora esté bastante equivocada y jode bastante las pelotas", expresó con un tono que combinaba familiaridad y reproche.
Los nudos de la discordia: decisiones estratégicas bajo la lupa
Las objeciones que esgrimió Iañez no se limitaron a generalizaciones sino que apuntaron a decisiones concretas que jalonearon la política peronista en años recientes. En particular, cuestionó la estrategia electoral desplegada durante el ciclo que culminó con la llegada de Javier Milei a la presidencia en 2023. Uno de sus argumentos centrales fue el cuestionamiento sobre por qué Cristina Kirchner no participó directamente en la competencia electoral, optando en cambio por respaldar la candidatura de Sergio Massa. Esta crítica toca un punto neurálgico: la cuestión de quién lidera, cómo se define esa conducción y en qué medida las decisiones adoptadas respondieron a cálculos tácticos desvinculados de una estrategia política coherente.
Más allá de los nombres y las candidaturas específicas, la legisladora efectuó una autoimputación colectiva respecto del gobierno que había integrado el peronismo entre 2019 y 2023. Su reflexión fue brutal en su honestidad: cuestionó por qué la militancia se mantuvo dentro de una administración que caracterizó como profundamente disfuncional. "Todo estaba pensado para fracasar", argumentó, sugiriendo que existía una desconexión radical entre los objetivos declarados y la capacidad real de ejecución. Las interrogantes que planteó —"¿Nos quedamos por las cajas?"— aluden a una sospecha que circulaba en amplios sectores del movimiento: que la permanencia en el poder respondía a intereses materiales más que a una visión política estructurada. Esta clase de admisiones públicas resulta infrecuente en la política argentina, donde el silencio tácito sobre los fracasos colectivos suele prevalecer.
Enfrentamientos pretéritos y la necesidad de cerrar heridas
Iañez también rememoró episodios de confrontación interna que jalonaron la historia reciente del peronismo, episodios que ilustran cómo las disputas entre sectores llegaron a niveles de tensión que trascendieron lo meramente político. En particular, relató situaciones ocurridas durante congresos partidarios, espacios que supuestamente deberían estar dedicados a la deliberación pero que, según su relato, derivaron en enfrentamientos. Mencionó amenazas directas formuladas por dirigentes de alto rango, incluyendo alusiones al "incendio" de la provincia de Buenos Aires si ciertos cursos de acción se adoptaban. Estos recordatorios no perseguían el objetivo de reavivar antiguas querellas sino, paradójicamente, de cerrarlas. Iañez sostuvo que la discusión interna ya había quedado saldada y que la militancia debería concentrarse en la construcción política futura. Sin embargo, al exponer estos conflictos pretéritos, subrayaba cuánto daño habían provocado y cuán imperioso resultaba un cambio de dirección.
Un aspecto particularmente notable de su crítica fue el cuestionamiento a los mecanismos mediante los cuales se determinaban las candidaturas. Iañez aludió implícitamente al anuncio que Cristina Kirchner realizara por redes sociales de la candidatura de Alberto Fernández, fenómeno que simboliza un cambio radical en los modos de hacer política en Argentina. La idea de que "alguien va a venir con un video y nos va a decir quién es el candidato" refleja una preocupación más profunda: la concentración de poder decisorio en pocas manos y la transformación de los procesos políticos en actos de comunicación mediática, divorciados de instituciones y deliberación colectiva. Esta observación, aunque dirigida específicamente a un acontecimiento puntual, toca fibras sensibles respecto de cómo se ejerce el liderazgo político en la Argentina contemporánea.
Kicillof como síntesis y renovación
Paralelamente al desmantelamiento de decisiones kirchneristas, Iañez construyó una argumentación afirmativa que posicionaba a Axel Kicillof como la figura capaz de conducir una etapa diferente dentro del movimiento peronista. No se trató de un ataque frontal a Kirchner seguido de un elogio desmedido al gobernador bonaerense, sino de un planteo que presentaba al segundo como una "síntesis" política. La metáfora de la síntesis es relevante: sugiere que Kicillof incorporaría elementos del peronismo histórico sin reproducir los errores recientes, actualizaría la doctrina sin abandonar los principios fundantes y, en definitiva, representaría un "peronismo del siglo XXI". Este discurso de renovación no niega el pasado sino que busca trascenderlo mediante una reformulación doctrinaria y estratégica. Iañez señaló que Kicillof planteaba "nuevas canciones", una expresión que evoca cambio sin ruptura total, evolución sin renegación de orígenes.
En el plano electoral, Iañez sostuvo que esta renovación sería fundamental para enfrentar al gobierno de Milei en los próximos comicios presidenciales. Implícitamente, argumentaba que la persistencia en métodos y liderazgos del pasado solo conduciría a nuevas derrotas. La propuesta de Kicillof y su espacio "Derecho al Futuro" se presenta, en este marco, no como una alternancia dentro del peronismo sino como una posibilidad de competitividad real frente a un proyecto político que hasta el momento ha logrado imponerse electoralmente. Este enfoque sitúa el debate interno peronista en un contexto más amplio: la necesidad de reconstrucción política para una organización que se encuentra en una situación de debilidad relativa en el escenario nacional.
La metáfora shakespeareana como rechazo a la conducción desde la distancia
Quizás uno de los pasajes más incisivos de la intervención de Iañez fue aquel en el cual rechazó la idea de que "un proceso" pudiera "ordenarse desde un balcón shakesperiano", en alusión inequívoca al domicilio de Cristina Kirchner en el barrio de Constitución. La referencia literaria a Romeo y Julieta, cuya tragedia desemboca en muerte, no constituyó un floreo retórico sino una crítica estructural a un modelo de liderazgo. El rechazó que un solo individuo, por muy influyente que sea, pretenda conducir un movimiento político desde una posición de exterioridad institucional. Esta crítica toca aspectos profundos sobre cómo funciona el poder en el peronismo: la tensión entre la delegación en un liderazgo carismático y la necesidad de estructuras colegiadas y deliberativas. La imagen del "balcón shakesperiano" evoca el ejercicio del poder mediante proclamas públicas, desvinculadas de procesos internos de toma de decisión, fenómeno que Iañez rechaza explícitamente.
El uso de esta metáfora también sugiere una reflexión sobre la temporalidad política. Mientras que la conducción desde el balcón remite a un tipo de liderazgo que funcionó en determinados momentos históricos, la crítica de Iañez señala que esa modalidad genera consecuencias trágicas cuando se intenta perpetuarla. No es casualidad que evoque una obra de ficción cuyo desenlace resulta devastador: la implicación es que las estructuras de poder que reproducen ese modelo terminan generando crisis. Esta observación, aunque expresada de manera alegórica, contiene un diagnóstico político concreto sobre los problemas de funcionamiento interno del peronismo.
Perspectivas abiertas y bifurcaciones futuras
Las declaraciones de Iañez abren interrogantes acerca de los derroteros futuros del peronismo como fuerza política. Existen múltiples lecturas posibles de estos eventos. Desde una perspectiva, la fragmentación que expone puede interpretarse como síntoma de vitalidad democrática dentro de una organización que procesa sus contradicciones internas de manera más o menos abierta. La capacidad de un militante de cuestionar públicamente decisiones de un liderazgo tradicional, sin ser inmediatamente expulsado o silenciado, sugiere espacios de libertad política que no existirían en estructuras totalitarias. Desde otra óptica, la multiplicación de núcleos alternativos y la disputa abierta por la conducción podrían interpretarse como fragmentación debilitante, especialmente en un contexto en el cual una coalición política rival ocupa el gobierno nacional con mayoría parlamentaria. La pregunta sobre si el peronismo logra reconducir sus diferencias internas hacia una convergencia electoral competitiva o si, por el contrario, esas diferencias se profundizan hasta hacer inviable cualquier proyecto común, permanece abierta. Lo cierto es que los pronunciamientos de dirigentes como Iañez señalan que el proceso de redefinición está en curso y que sus resultados no están predeterminados.


