La reforma electoral vuelve a ocupar un lugar central en la agenda política nacional, y esta vez con matices que complejizan el panorama legislativo. Carlos Sadir, gobernador de Jujuy, rechazó públicamente la propuesta del Ejecutivo para derogar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, aunque simultáneamente abrió un espacio para una alternativa intermedia: una nueva suspensión temporal del mecanismo. Esta postura introduce una grieta en la construcción de consensos que el Gobierno intenta tejerse entre los mandatarios provinciales, precisamente cuando busca impulsar cambios estructurales en el sistema electoral con urgencia legislativa.
Durante una intervención en Radio Rivadavia, el mandatario jujeño explicó su pensamiento con claridad: considera que "podríamos suspender otra vez, como ya ocurrió, pero no eliminarla", argumentando además que las PASO funcionan como "una buena herramienta" para el sistema político. Esta declaración ocurrió apenas horas después de que Sadir participara del acto conmemorativo por el Día de la Independencia en Tucumán, donde estuvo presente el presidente Javier Milei. El contexto no es menor: la Casa Rosada ha colocado nuevamente la reforma política entre sus prioridades legislativas y solicita explícitamente el apoyo de los gobernadores para cristalizar una batería de proyectos que enviará al Congreso en las próximas semanas. La posición de Sadir, entonces, refleja un posicionamiento que aunque acompaña al Gobierno en otras materias, se resiste a la modificación permanente de un instrumento electoral que lleva casi dos décadas en el sistema argentino.
La suspensión como antecedente y como salida política
Para entender la propuesta del gobernador jujeño es fundamental recordar que las PASO ya fueron suspendidas en el pasado. Entre 2020 y 2022, durante la gestión anterior, el mecanismo fue dejado sin efecto de manera temporal. Esta experiencia previa permite a Sadir sustentar su argumento: la suspensión funcionó una vez y podría volver a funcionar. De esta manera, plantea lo que podría considerarse una vía de consenso que evita la confrontación directa con el Gobierno pero tampoco acepta una eliminación permanente que generaría resistencias más amplias en el espectro político. Sin embargo, esta alternativa aún no ha sido formalizada ni ha ganado adhesiones visibles entre otros gobernadores, lo que sugiere que la discusión permanece abierta y sigue en búsqueda de articulación.
El mandatario manifestó que el asunto ha sido objeto de conversaciones tanto en el ámbito de los gobernadores radicales como en los diálogos bilaterales que mantiene con la administración nacional. Específicamente, señaló que Diego Santilli, el jefe de Gabinete recientemente designado, ha sido interlocutor en estas charlas. No obstante, Sadir fue explícito al aclarar que "obviamente no hay una definición" sobre cómo proceder. Según su lectura, la definición final dependerá del Congreso, pero requiere previamente un diálogo más profundo tanto entre los gobernadores como con los legisladores nacionales. Esta evaluación es realista: cualquier cambio en el sistema electoral argentino demanda no solo voluntad ejecutiva sino también construcción legislativa, un proceso que historically ha sido complejo en el país cuando se trata de reformas electorales.
Gobernadores, Casa Rosada y el arte de la negociación política
La postura de Sadir representa un matiz significativo dentro del grupo de mandatarios que mantienen diálogos fluidos con la Casa Rosada. A diferencia de otros gobernadores que han acompañado prácticamente todas las iniciativas del oficialismo en el Congreso, el jujeño ha decidido plantarse en este tema específico. Esto no implica una ruptura ni un enfrentamiento frontal, sino más bien un ejercicio de diferenciación estratégica. El mensaje que transmite es claro: hay espacio para la colaboración con el Gobierno, pero no a cualquier precio ni en cualquier condición. Esta actitud refleja la complejidad de las relaciones entre la administración nacional y los gobernadores en el contexto actual, donde coexisten tanto iniciativas conjuntas como desacuerdos sectorizados. Paralelamente, Sadir expresó su valoración respecto del vínculo general que mantiene con el Ejecutivo nacional, considerando que la llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete puede potenciar el diálogo institucional entre ambas partes.
Respecto de los encuentros más cercanos con el Presidente, Sadir aclaró que durante el acto en Tucumán no hubo una conversación de carácter privado. Explicó que Milei "saludó a todos y se fue" una vez finalizado el Himno Nacional. Sin embargo, el gobernador jujeño reconoció que el discurso presidencial incluyó referencias al Pacto de Mayo, a la agenda legislativa que el Gobierno pretende impulsar y expresó gratitud hacia los mandatarios que han acompañado iniciativas oficiales. Entre esas medidas, Sadir destacó la aprobación de la Ley de Modernización Laboral, evaluando que las modificaciones en materia laboral "favorecen las inversiones" y actualizan un marco normativo que demandaba ajustes desde hace tiempo. Esta mención permite observar que el gobernador no se posiciona en oposición al Gobierno sino en una lógica de selectividad, apoyando aquellas iniciativas que considera beneficiosas para su provincia mientras mantiene posiciones propias en temas donde sus criterios divergen.
La discusión sobre las PASO permanecerá ahora en el ámbito parlamentario, espacio donde el Gobierno deberá construir mayorías para avanzar con una reforma que ya ha generado posiciones variadas entre los actores políticos. El rechazo explícito a la eliminación permanente del mecanismo, aunado a la apertura hacia una suspensión temporal, genera un escenario donde múltiples opciones siguen siendo viables. Algunos analistas consideran que esta flexibilidad de Sadir podría facilitar acuerdos; otros ven en ella un obstáculo adicional para una definición clara. Desde la perspectiva del Ejecutivo nacional, la posición jujeña representa tanto una oportunidad como un desafío: muestra que los gobernadores no son actores monolíticos sino que poseen márgenes de autonomía y criterios propios, lo cual dificulta la construcción de consensos pero también abre espacios para negociaciones más matizadas. En cuanto a las fuerzas políticas sin representación en el Gobierno, la postura de Sadir podría interpretarse como una apertura a diálogos futuros o simplemente como una defensa del status quo electoral. Lo cierto es que ninguna reforma en este ámbito prosperará sin acuerdos que trasciendan las fronteras del oficialismo.


