A menos de noventa días de asumir como jefe de Gabinete, Diego Santilli ejecutó su segundo movimiento estratégico en las estructuras que regulan el sector de comunicaciones, designando a Andrés Michelazzo como nuevo interventor del Ente Nacional de Comunicaciones. El cambio no es menor: representa la consolidación de una lógica de gestión que prioriza la experiencia técnica por sobre los alineamientos políticos tradicionales, aunque también evidencia las tensiones subterráneas que siguen atravesando la administración libertaria. El interrogante central que emerge de esta decisión trasciende la mera rotación de funcionarios: ¿quién realmente comanda los cambios en los organismos estratégicos, y qué significa esto para el equilibrio de poderes dentro de Casa Rosada?
El reemplazo de Juan Martín Ozores por Michelazzo cierra un capítulo que había permanecido abierto desde finales de julio, cuando Darío Genua —entonces secretario de Ciencia y Tecnología y hombre de confianza del asesor presidencial Santiago Caputo— fue desplazado de su cargo. Ozores, quien había logrado sobrevivir a aquella primera purga, finalmente no escapó a la lógica depuradora que caracteriza este primer trimestre de la gestión Santilli. Según voces de la administración, el interventor saliente carecía de respaldos políticos significativos y nunca logró articular una relación de peso con Caputo, lo que lo dejaba expuesto a cualquier reorganización. Alguien lo sintetizó con crudeza burocrática: "quedó medio colgado ahí", frase que resume la vulnerabilidad de quien no cuenta con un padrino político en la estructura de poder.
Las grietas de la lealtad en los pasillos del Gobierno
Lo que resulta particularmente relevante en este movimiento es el rol ambiguo que juega Caputo en el proceso. Dentro de la Casa Rosada circulan dos narrativas diferentes, aunque no necesariamente contradictorias. Una versión sostiene que el asesor presidencial fue quien propuso directamente el nombre de Michelazzo a Santilli; la otra afirma que simplemente otorgó su visto bueno cuando la propuesta ya estaba sobre la mesa. La diferencia parece semántica hasta que se analiza lo que subyace: ¿estamos ante una pérdida de capacidad decisoria de Caputo, o ante una estrategia deliberada de mantener la apariencia de neutralidad? Los funcionarios que trabajan en el segundo piso de la Casa Rosada no son ingenuos. Cuando necesitan enviar un mensaje de que una decisión no es suya, lo comunican de manera explícita. El hecho de que hayan permitido que circulen versiones sobre la "propuesta" de Caputo sugiere que alguien quería que eso se supiera, aunque fuese a través de canales de rumor.
El equipo más cercano a Santilli se apresuró a relativizar cualquier lectura que sugiriera una lucha de poder entre el jefe de Gabinete y el asesor presidencial. Insistieron en que se trata de una "designación de Santilli", un acto de gestión administrativa rutinaria, sin aristas políticas. Sin embargo, esa misma premura en aclarar genera la sospecha opuesta: cuando hay que explicar tanto que algo no es lo que parece, probablemente hay más capas en el asunto de las que se admite públicamente. Lo que sí parece confirmado es que las tensiones entre el sector de Caputo y el de Karina Milei —secretaria general de Presidencia— siguen siendo reales, aunque operan bajo un régimen de "convivencia vigilada". La relación entre Santilli y Caputo permanece en territorio amable, según las fuentes consultadas, pero eso no borra el hecho de que reportes, autoridades y recursos se distribuyen según códigos que van más allá de la eficiencia administrativa.
Perfiles técnicos como herramienta de gestión
Michelazzo llega al Enacom con un currículum que contrasta con los típicos nombramientos políticos. Ingeniero especialista en telecomunicaciones con más de tres décadas de trayectoria, posee formaciones en Ingeniería Electrónica, Telecomunicaciones y Gestión de Telecomunicaciones en distintas instituciones de prestigio: la Universidad Católica de Córdoba, la Universidad Nacional de Córdoba y el ITBA. Su experiencia incluye dieciséis años en Telecom Argentina, donde ocupó cargos de responsabilidad técnica y comercial, además de asesorías en organismos europeos relacionados con telecomunicaciones y en la industria regulatoria uruguaya. En términos de antecedentes académicos y laborales, estamos ante un perfil que contrasta marcadamente con la lógica que dominó gobiernos anteriores, donde los organismos reguladores solían ser espacios de retribución política o refugio burocrático.
La incorporación de perfiles técnicos no constituye en sí misma una novedad en la administración pública argentina, pero sí marca un giro notable respecto a cómo se manejaba la regulación de comunicaciones en las últimas décadas. El Enacom, organismo creado en 2015 para reemplazar a la Secretaría de Comunicaciones, ha sido objeto de múltiples cuestionamientos sobre su independencia y su capacidad regulatoria real. Las decisiones sobre espectro radioeléctrico, telecomunicaciones convergentes y servicios de internet son de enorme importancia estratégica; entregarlas a personas con experiencia sectorial genuina representa, al menos en teoría, una apuesta por la profesionalización. Que Santilli haya invertido dos meses en buscar "un perfil técnico pero con experiencia en organismos públicos", según uno de sus colaboradores, sugiere que la decisión no fue impulsiva sino deliberadamente construida.
Las modificaciones en el sector de comunicaciones no se circunscriben al Enacom. Santilli ya había realizado cambios en la dirección del Correo Argentino semanas antes, y se esperaban más ajustes en los próximos días. Este patrón de reorganización sugiere una estrategia integral de revisión de organismos que, bajo la anterior administración, operaban en zonas grises de la definición de funciones. El hecho de que el jefe de Gabinete anuncie que "va a seguir habiendo cambios en otras áreas" indica que nos encontramos ante el primer tercio de un proceso de reconfiguracion más amplio. Cuál será la lógica subyacente —si es puramente técnica, eminentemente política o una combinación de ambas— será uno de los indicadores clave para evaluar la dirección que Santilli imprime a la administración en sus primeros meses de mandato.
Implicancias y perspectivas hacia adelante
La designación de Michelazzo y el patrón de cambios que la acompañan abren varios escenarios posibles. Para algunos observadores, esta ola de renovaciones refleja simplemente un jefe de Gabinete que ejerce sus atribuciones para construir un equipo alineado con su visión de gestión, independientemente de las lealtades previas. Desde esta perspectiva, los cambios son funcionales y esperables en una administración que acaba de recibir control ejecutivo sobre estas áreas. Para otros, las rotaciones constituyen evidencia de que la lucha por la definición de prioridades dentro del Gobierno sigue viva, apenas modulada en términos de visibilidad pública. El hecho de que Caputo haya avalado o propuesto a Michelazzo podría interpretarse como una concesión estratégica, una manera de mantener influencia en cuestiones que importan sin resistirse a cambios de gestos menor. Terceras lecturas sugieren que el perfil técnico y la experiencia internacional de Michelazzo responden a una apuesta deliberada por trasladar decisiones sobre telecomunicaciones a manos que no tengan arraigo en las redes de poder tradicionales, lo que podría producir reglas de juego más predecibles y menos permeables a presiones políticas coyunturales. Sea cual fuere la motivación predominante, los próximos meses dirán si Michelazzo logra gobernar desde una posición de independencia o si termina siendo una más de las piezas movidas según los intereses de facciones que compiten dentro de la administración.



