Con la confianza de quien domina los números pero atraviesa turbulencias políticas, Federico Sturzenegger se presentó ante empresarios y funcionarios en el Consejo de las Américas para defender el rumbo del Gobierno y proyectar una victoria arrolladora de Javier Milei en los comicios de 2027. El titular de Desregulación y Reforma del Estado reconoció que algunas iniciativas legislativas llegaron al Congreso mutiladas, pero insistió en que los logros macroeconómicos superan con amplitud lo realizado por gobiernos anteriores. Su intervención ocurre en un momento donde ha enfrentado críticas internas y externas, particularmente tras el retroceso parlamentario de la ley que buscaba flexibilizar las restricciones para que extranjeros adquieran tierras en el territorio nacional.

Sturzenegger comenzó su presentación con un tono descontracturado, recordando un episodio del año anterior cuando sostuvo una discusión pública con el titular de la Cámara de Comercio, Natalio Grinman, sobre cuestiones vinculadas a capacitación de personal. "Pensé que no me iban a invitar", bromeó, sugiriendo que los roces previos no habían dejado heridas abiertas. El ministro se autoproclamó como un "plomero" de las transformaciones: alguien que ingresa en las entrañas de la maquinaria estatal para desatorar los conductos obstruidos por décadas de regulaciones. La metáfora, que arrancó sonrisas entre el auditorio, pretendía distanciarlo de cualquier etiqueta de intelectual desconectado de la realidad operativa.

El balance macroeconómico y sus matices

En el corazón de su argumentación, Sturzenegger desplegó cifras macroeconómicas que el Gobierno utiliza para validar su gestión. Destacó que la administración libertaria logró consolidar un superávit fiscal —un objetivo que gobiernos anteriores intentaron alcanzar con resultados limitados— lo que supuestamente permitió reducir los índices de pobreza hasta ubicarlos en 28 por ciento. Aunque no profundizó en las metodologías de medición ni en los efectos heterogéneos de esa baja, presentó la cifra como evidencia de un impacto redistributivo positivo. Según su interpretación, la estabilización de precios y la eliminación del "impuesto inflacionario" —mecanismo mediante el cual la inflación licúa el poder de compra de sectores de menores ingresos— habría beneficiado directamente a poblaciones vulnerables.

En cuanto a indicadores de mercado, mencionó que el riesgo país se ubicaba en 80 puntos básicos según mediciones de JP Morgan, un nivel que —según su lógica— podría mejorar aún más tras la eventual reelección presidencial. Proyectó además un crecimiento económico de 13 puntos porcentuales para el cierre del ciclo de Milei, comparándolo favorablemente con las tasas de expansión registradas bajo administraciones previas. Lo novedoso, según Sturzenegger, radica en que este crecimiento estaría liderado por las exportaciones en lugar de por la demanda interna, un fenómeno que caracterizó como "inédito" en la historia reciente argentina.

Sin embargo, el ministro debió enfrentar una realidad incómoda: la expansión económica no se distribuye de manera uniforme entre regiones y sectores. Sturzenegger justificó esta disparidad argumentando que "en ningún lugar del mundo todo crece a la misma velocidad", frase que suena más como una resignación que como un análisis profundo. Mencionó específicamente diferencias de crecimiento por regiones y proyectó que Neuquén recibiría una migración de dos millones de personas en tres décadas, probablemente en referencia a los potenciales beneficios de la explotación de recursos energéticos en esa provincia. La promesa de prosperidad futura para algunas zonas geográficas contrasta con la realidad presente de regiones que atraviesan dificultades económicas agudas.

El retroceso legislativo y su interpretación política

El aspecto más delicado de la intervención de Sturzenegger giró alrededor de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, iniciativa estrella del Gobierno que llegó al Congreso con amputaciones significativas. La normativa obtuvo media sanción en Diputados, pero el oficialismo debió resignar dos capítulos fundamentales: uno que modificaba la regulación sobre manejo del fuego en territorios con restricciones ambientales, y otro que habilitaba específicamente la venta de tierras a ciudadanos y empresas extranjeros. Sturzenegger admitió que "no la sacamos como hubiésemos querido", reconocimiento que contrasta con la combatividad que el Gobierno mostraba semanas antes al impulsar la iniciativa original.

Este retroceso parlamentario generó tensiones internas en el seno del Gobierno. Informaciones de circulación pública indicaban que Karina Milei y sectores del Gabinete habían responsabilizado al ministro por la derrota legislativa. La respuesta del Gobierno fue doble: por un lado, el Presidente le ofreció una demostración de respaldo público al abrazarlo durante un acto oficial en homenaje al general San Martín, realizado en la plaza que lleva su nombre en el barrio porteño de Retiro. Por otro lado, Sturzenegger fue convocado a una reunión política donde se le pidió que "explicara" los proyectos venideros, con el propósito implícito de evitar nuevas derrotas legislativas. Días después, el ministro celebró públicamente el avance en la privatización del ferrocarril Belgrano Cargas, lo que parecía ser un intento de demostrar actividad y capacidad de gestión.

La aprobación en el Congreso de otras normativas completó el panorama que Sturzenegger presentó como positivo. Mencionó la sanción de una ley laboral —tema que ha generado controversias sobre sus efectos reales en términos de empleo— y la aprobación de una ley de glaciares, norma que Sturzenegger utilizó como ejemplo de oportunidades perdidas. Su comparación con Chile —que exporta sesenta mil millones de dólares anuales en minería— sugería implícitamente que Argentina podría haber alcanzado volúmenes similares de extracción mineral si hubiese contado con regulaciones más permisivas. La aprobación de un tratado con Estados Unidos fue presentada como un avance que obligaría al país a ratificar acuerdos internacionales de carácter comercial.

Finalmente, Sturzenegger cerró su intervención reiterando que el Gobierno "terminará ganando por goleada en el crecimiento" y caracterizó al Presidente como "un buen director de un equipo muy diverso". Proyectó que mantener el rumbo actual permitiría consolidar "muchas décadas de prosperidad" para el país. Su discurso de veinte minutos fue interrumpido por los organizadores del evento, ansiosos por dar paso a la presentación presidencial, lo que sugiere que su intervención fue considerada como introducción a un acto de mayor relevancia simbólica.

Perspectivas de mediano y largo plazo

Las declaraciones y proyecciones de Sturzenegger plantean interrogantes sobre la trayectoria que seguirá la administración Milei en los próximos años. Su pronóstico de reelección presidencial con márgenes amplios presupone una consolidación de los resultados macroeconómicos actuales y una resolución satisfactoria de tensiones políticas que subsisten. La disparidad regional en el crecimiento económico, aunque minimizada discursivamente, representa un desafío potencial para la cohesión política del territorio nacional. Los retrocesos legislativos —como el de la ley de tierras— evidencian que existen límites al poder del Ejecutivo para impulsar su agenda, límites que podrían multiplicarse si las condiciones económicas se deterioran o si los sectores perjudicados por las transformaciones ganan capacidad de presión política. La estrategia de presentarse como "técnico" o "plomero" permite a Sturzenegger distanciarse de decisiones políticas controvertidas, atribuyéndolas a necesidades objetivas del sistema. Sin embargo, esta narrativa también lo expone a ser responsabilizado nuevamente si los resultados esperados no se materializan o si nuevos proyectos legislativos encuentran resistencias en el Congreso. El apoyo presidencial demostrado públicamente mitiga temporalmente estas presiones, pero no resuelve la cuestión de fondo: si las transformaciones impulsadas lograrán producir los efectos distributivos y de crecimiento que se prometen, o si por el contrario profundizarán desigualdades territoriales y sectoriales.