La provincia de Buenos Aires abre las puertas a uno de los procesos disciplinarios más graves que ha enfrentado la magistratura local en años recientes. El 26 de agosto quedó fijado como la fecha en que se llevará a cabo una audiencia determinante para decidir si un camarista permanece o no en sus funciones mientras se tramita su remoción definitiva. Detrás de esta convocatoria subyace un expediente cargado de acusaciones que trascienden los límites de las disputas administrativas corrientes: acoso sistemático, intimidación con armas de fuego y un arsenal decomisado en el domicilio del acusado. Lo que ocurra en esa jornada no será solo un trámite burocrático, sino un momento bisagra que podría marcar un precedente sobre cómo la justicia bonaerense lidia con casos de esta envergadura en el interior de sus propias filas.
El protagonista de esta crisis institucional es Ernesto García Maañón, magistrado integrante de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal con asiento en San Isidro. Su trayectoria como juez llega a un punto de quiebre después de que la denuncia presentada por una auxiliar letrada de su propio despacho revelara un cuadro de conducta considerado incompatible con el ejercicio de la función judicial. No se trata de una acusación aislada o de interpretaciones subjetivas, sino de un relato documentado mediante más de 150 audios y mensajes que conforman un registro sustancial del comportamiento denunciado. El contenido de estas pruebas resultó lo suficientemente inquietante como para que la autoridad máxima del ministerio público provincial tomara cartas en el asunto de manera formal.
El impulso oficial y el mecanismo del enjuiciamiento
Julio Conte Grand, Procurador General de la provincia, fue quien presentó el pedido de juicio político contra el camarista. Su decisión se fundamentó en considerar que los hechos atribuidos al juez resultan absolutamente incompatibles con la permanencia de una persona en la magistratura. Este movimiento no fue impulsado por querellantes privados ni por actores secundarios, sino por la máxima autoridad del organismo que custodia la legalidad en el territorio bonaerense. Ello le confiere un peso institucional particular al trámite que se avecina. El objetivo inmediato de la audiencia del 26 de agosto no es resolver el fondo de la cuestión de manera definitiva, sino determinar si García Maañón debe ser separado de forma preventiva de sus funciones mientras continúa el proceso que buscará su destitución permanente.
Para conducir este procedimiento, se conformó una estructura colegiada que incluye diversas representaciones del sistema institucional bonaerense. Sergio Torres, en su carácter de presidente de la Corte de Justicia provincial, encabezará el tribunal que juzgará al magistrado. Acompañarlo, además, una nómina de conjueces designados por la Cámara de Diputados y el Senado, entre los que figuran Diego Raúl Garciarena, Gustavo Sergio Cuervo, Juan José EsperZamar, Florencia Arietti y Natalia Miriam Blanco. La representación del estamento abogadil también tendrá presencia, a través de cinco profesionales del derecho designados desde distintos departamentos judiciales de la provincia: Mercedes, Quilmes, Morón y Junín. Esta distribución geográfica busca garantizar una composición que trascienda los ámbitos locales y refleje una multiplicidad de perspectivas territoriales.
Los detalles perturbadores que movilizaron el proceso
Lo que distingue este caso de otros procedimientos de enjuiciamiento es la naturaleza cruda de las denuncias y la documentación que las acompaña. La auxiliar letrada que trabajaba en el despacho de García Maañón relató ante la Justicia episodios de acoso laboral y sexual que se extendieron en el tiempo. Sin embargo, fue un incidente específico el que elevó exponencialmente la gravedad percibida: durante una confrontación ocurrida en el interior del despacho judicial, la denunciante aseguró que el magistrado le aproximó el cañón de una pistola al rostro como forma de intimidación. Este relato provocó que las autoridades decidieran allanar el domicilio del camarista, donde personal policial incautó un arsenal que incluía armas semiautomáticas tipo Glock guardadas en una caja fuerte.
La confluencia de estos elementos —el acoso documentado, la amenaza con armas y el hallazgo del arsenal— configura un cuadro que fue interpretado por las autoridades como suficientemente grave para activar el mecanismo de enjuiciamiento. El expediente penal que se tramita en paralelo añade complejidad al escenario, ya que mientras se dilucida la responsabilidad penal del magistrado, también avanza el proceso administrativo-disciplinario que busca su remoción del cargo. En un intento por contener el daño provocado por las revelaciones públicas del caso, García Maañón presentó su renuncia; sin embargo, esto no detuvo el avance del procedimiento. El Jurado de Enjuiciamiento, tal como quedó evidenciado en la reunión del 12 de agosto a cargo de Ulises Giménez, decidió continuar con el trámite hacia su culminación institucional.
Las implicancias de lo que suceda en las próximas semanas van más allá de la suerte personal del magistrado involucrado. Un veredicto que confirme la necesidad de su apartamiento y posterior destitución enviaría un mensaje sobre los estándares que la provincia espera de quienes integran su poder judicial. Simultáneamente, si el tribunal considerara que no existen elementos suficientes para suspenderlo preventivamente, estaría permitiendo que una persona acusada de estas conductas continúe en funciones durante el trámite, lo que sin duda generaría cuestionamientos sobre la capacidad institucional de proteger a los servidores judiciales que trabajan bajo su supervisión. La resolución que se adopte, en cualquier dirección, será observada por diversos sectores —desde abogados y magistrados hasta sectores de defensa de derechos laborales y organizaciones de género— como un indicador de cuán serio es el compromiso de la justicia bonaerense con la rendición de cuentas interna y con la erradicación de conductas que atentan contra la dignidad y la seguridad de quienes trabajan en sus instituciones.


