La carrera militar del mayor Gonzalo Domine experimenta un giro inesperado en estas semanas finales del año. Su desvinculación anticipada del Regimiento de Caballería de Exploración 3, ubicado en Esquel, marca un precedente incómodo en la estructura del Ejército argentino: un oficial que apenas ha cumplido doce meses en su destino —cuando la regulación institucional contempla permanencias de veinticuatro meses— abandona su puesto de segundo jefe antes de que termine diciembre. Los canales internos de la institución castrense circulan una interpretación que trasciende lo administrativo: el relevo sería una consecuencia tardía del protocolo que Domine cumplió el 12 de enero pasado, cuando recibió a la vicepresidenta de la Nación en la base durante una jornada de emergencia climática. Lo que en apariencia fue un acto protocolar rutinario habría generado fricciones que ahora se materializan en una decisión de carrera.
Durante los primeros días de 2024, la Patagonia argentina enfrentó una de sus crisis ambientales más severas en años recientes. El Parque Nacional Los Alerces, situada en territorio chubutense, se convirtió en epicentro de incendios que demandaron despliegue de recursos estatales, efectivos militares y coordinación de emergencia. La vicepresidenta Victoria Villarruel se trasladó hasta la zona para verificar la magnitud del desastre y constatar acciones de contención. En ese contexto de crisis, la visita incluyó un recorrido por el regimiento de Esquel, donde Domine cumplía funciones de mando. El encuentro fue breve, enmarcado en el protocolo que exige todo oficial al recibir a una autoridad nacional de esa envergadura. Ninguno de los presentes imaginaba que ese acto de cumplimiento de obligaciones institucionales se convertiría, meses después, en el punto de inflexión de la trayectoria de Domine dentro de la corporación militar.
Las capas ocultas del conflicto
La interpretación que circula entre círculos castrenses agrega otro componente a la ecuación. Junto con la visita protocolizada, los registros internos indican que un helicóptero militar fue utilizado para que Villarruel sobrevolara los sectores más afectados por las llamas. Este despliegue aeronáutico, que en su momento no fue publicitado con material audiovisual destinado a difusión masiva para evitar excesiva exposición mediática, habría dejado rastros administrativos dentro de la institución. Las fuentes militares consultadas sugieren que Domine, en su condición de segundo jefe del regimiento, no solo recibió a la vicepresidenta sino que también estuvo involucrado en la coordinación de ese uso de medios aéreos. Ambos elementos —la recepción y la logística del helicóptero— conformarían el expediente informal que ahora se cobra en su carrera. Se trata de una lectura que remite a procedimientos de otras épocas, donde ciertos gestos hacia funcionarios específicos quedaban registrados de manera implícita en los historiales administrativos, generando consecuencias diferidas en el tiempo.
El contexto de sucesión también adquiere relevancia interpretativa. El nombre de quien ocupará el puesto dejado por Domine ya está definido: el mayor Mateo Zabala, quien actualmente cumple funciones en Casa Militar, la dependencia encargada de la custodia presidencial y la seguridad de Javier Milei y su familia. Este destino lo ubica bajo la órbita de Karina Milei, hermana del presidente y figura de centralidad en la estructura de poder. El traslado de Zabala desde esa zona de influencia hacia Esquel genera una lectura política entre los analistas del ambiente castrense: la instalación de un oficial de mayor proximidad al círculo presidencial en un regimiento de importancia estratégica en la Patagonia. Este cambio de personal no sería, entonces, una mera rotación administrativa, sino un ajuste en la composición del mando que refuerza los vínculos entre la institución militar y la estructura de poder actual.
Villarruel y la Patagonia: una historia que precede al cargo
La relación entre Victoria Villarruel y Chubut es anterior a su actual responsabilidad institucional. En 1987, cuando ella tenía doce años, su padre, el coronel Eduardo Villarruel, cumplía funciones como segundo jefe del Regimiento de Infantería 31 desplegado en Río Mayo, una localidad cordillerana de la provincia. Durante ese período, la ahora vicepresidenta completó su séptimo grado en la Escuela N° 148 del mismo municipio, forjando vivencias que permanecieron en su biografía personal. Décadas después, al asumir su cargo en la administración Milei, Villarruel ha reiterado públicamente que "Chubut es mi provincia en el mundo", expresión que denota una conexión emocional con territorio que va más allá de lo meramente político. Ese vínculo histórico se tradujo en acciones concretas durante 2024.
La agenda de Villarruel en Chubut durante este año incluyó tres intentos de desplazamiento hacia la región. El primero, programado para comienzos de enero, debió postergarse debido a la magnitud de los incendios que azotaban la Comarca Andina. El segundo se concretó el 12 de enero, precisamente durante la emergencia ambiental, cuando visitó Esquel y el regimiento donde Domine prestaba servicios. El tercero llegó a realizarse en agosto, cuando Villarruel viajó hacia Río Mayo para participar de los actos conmemorativos del noventa aniversario de la fundación del pueblo. En esa ocasión, el itinerario incluyó desfile municipal, inauguración de nuevo sistema de alumbrado público, concentración en la plaza central y recorrida por el Regimiento de Infantería 31 —el mismo donde su padre fuera oficial— y por la escuela donde ella había estudiado. Los anfitriones fueron el gobernador Ignacio Torres y el intendente Gustavo Loyaute. Significativamente, este viaje de agosto constituyó el primer desplazamiento oficial de Villarruel tras el cierre del cronograma electoral de ese año, lo que subraya la importancia que ella otorga a esta provincia en particular.
La paradoja que emerge de esta secuencia de eventos retrata con precisión el estado actual de la relación entre Villarruel y los centros de poder en Buenos Aires. Por un lado, existe una vicepresidenta que reivindica abiertamente su historia personal en la Patagonia, que retorna regularmente a reencontrarse con lugares y personas de su infancia, que participa en celebraciones locales y que utiliza su tiempo político para fortalecer vínculos con una provincia que declara significativa en términos biográficos. Por el otro lado, opera un sistema de lectura política en el interior de la administración donde cualquier aproximación hacia Villarruel, incluso cuando se trata de cumplimiento de funciones institucionales, comienza a interpretarse como una opción política deliberada. El oficial que recibe a la vicepresidenta en una base militar durante una emergencia nacional no está, desde esa óptica, simplemente respetando protocolos inherentes a su cargo: está eligiendo un bando, tomando una posición, manifestando una preferencia dentro de dinámicas que trascienden lo castrense.
Implicancias y proyecciones del cambio de mando
La destitución anticipada de Domine y su reemplazo por Zabala, procedente del núcleo de seguridad presidencial, genera múltiples ecos en distintos sectores del Estado. Para el ambiente castrense, el precedente resulta preocupante: sugiere que decisiones de carrera pueden estar subordinadas a alineamientos políticos imperceptibles al ojo público. Para el círculo de Villarruel, el movimiento constituye una muestra de las limitaciones que enfrenta al interior de la estructura gubernamental, donde incluso su poder como vicepresidenta no la resguarda de estos reajustes que afectan a quienes la reciben. Para la administración Milei en su conjunto, el cambio refuerza canales de control sobre instituciones de importancia estratégica como el Ejército, garantizando que figuras de lealtad comprobada ocupen posiciones clave en territorios significativos. Para observadores de la política institucional, el caso evidencia cómo las tensiones internas de cualquier gobierno se proyectan sobre estructuras que, teóricamente, deberían permanecer al margen de estas fluctuaciones: las Fuerzas Armadas. Las consecuencias de este patrón pueden variar significativamente según la perspectiva desde la cual se examine: unos verán garantías de orden y coherencia en la cadena de mando, mientras que otros percibirán síntomas de politización de instituciones que históricamente han requerido autonomía relativa para cumplir sus funciones.



