La maquinaria judicial que intenta esclarecer uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia judicial argentina arrancó este martes con un testimonio de envergadura. Diego Cabot, el periodista que investigó durante meses los cuadernos del chofer Oscar Centeno, pasó más de once horas respondiendo preguntas ante los magistrados en la sala de audiencias de Comodoro Py. Su declaración marcó el inicio de una etapa crucial: el desfile de cerca de ochocientos testigos que la fiscalía tiene previsto convocar para fundamentar una acusación que apunta a funcionarios, empresarios y ex autoridades del gobierno kirchnerista. Lo que sucedió en esa sala durante toda una jornada no fue un simple trámite. Fue, en cambio, el relato de cómo una investigación periodística sin precedentes terminó transformándose en la base de una causa penal que mantiene en vilo a sectores políticos y económicos del país.
El hallazgo fortuito que cambió todo
Cabot comenzó su declaración presentándose ante el tribunal con la sencillez de quien sabe que sus palabras serán escrutadas al detalle. Luego, desplegó el relato de cómo llegó a sus manos el material que originaría la investigación que ocuparía meses de su vida profesional. La historia arrancó con un vecino, Jorge Bacigalupo, quien le confió una caja que contenía ocho cuadernos manuscritos. Esos apuntes provenían de Oscar Centeno, ex chofer del Ministerio de Planificación, quien durante una década había anotado meticulosamente cada uno de sus desplazamientos. Los registros cubrían el período que va desde 2005 hasta 2015, años cruciales durante los cuales se habrían ejecutado numerosos viajes vinculados a operaciones de recaudación de fondos entre funcionarios y empresarios.
No era una caja cualquiera. Junto a los cuadernos originales, había facturas, discos compactos y dispositivos digitales que contenían información adicional. Cabot describió el contenido con la minuciosidad que caracteriza al trabajo periodístico riguroso. Los cuadernos funcionaban como una suerte de bitácora exhaustiva: en sus páginas figuraban orígenes, destinos y los propósitos de cada viaje realizado. Era, en resumidas cuentas, el registro casi obsesivo de alguien que necesitaba documentar absolutamente todo su accionar laboral. "La abrí y empecé a trabajar sobre el material que había ahí", expresó el periodista durante su intervención ante los magistrados.
Por qué Centeno decidió desprenderse de sus anotaciones
Una de las cuestiones que la fiscal Fabiana León buscó elucidar fue el móvil por el cual el chofer había decidido desprenderse de documentación que potencialmente lo incriminaba. La respuesta llegó a través del relato que Bacigalupo le había transmitido a Cabot: Centeno experimentaba temor por el avance de una investigación ya en curso, denominada "Gas Natural Licuado", que lo inquietaba lo suficiente como para querer sacar esos registros de su domicilio. El riesgo de un allanamiento judicial lo impulsó a buscar un lugar seguro donde depositar las pruebas de sus movimientos. De alguna manera, al entregar esos cuadernos, Centeno estaba buscando protegerse a sí mismo, aunque quizá sin dimensionar completamente las consecuencias que desencadenaría su gesto.
Pero la historia no terminó ahí. Cuando Cabot avanzaba en su trabajo de investigación —un proceso que se extendió durante los primeros cuatro meses de 2018—, decidió devolver los cuadernos a Bacigalupo porque el mismo Centeno estaba reclamándolos. El periodista desplegó entonces una estrategia cuidadosa: tomó precauciones para que nadie sospechara que esos documentos habían salido de las manos de su intermediario. "Puse absolutamente todo para que nadie sospeche de que eso había salido de las manos del amigo. Puse todo como estaba y se lo llevé a la casa un mediodía", narró durante su declaración. Era una maniobra que buscaba mantener en la sombra la cadena de custodia de esos papeles tan sensibles.
De notas manuscritas a base de datos ordenada
Lo que sucedió a continuación fue un ejemplo de cómo el trabajo periodístico puede transformar información bruta en un relato coherente y verificable. Cabot no abordó la investigación en soledad. Necesitaba colaboradores que lo ayudaran a organizar miles de datos dispersos en una estructura comprensible. Por eso reclutó a Candela Ini y Santiago Nasra, dos colegas que se sumaron al proyecto para convertir los apuntes del chofer en una "base de datos" funcional. El trabajo no era menor: requería horas de dedicación más allá de los horarios convencionales de redacción, lo que implicaba que los periodistas invirtieran tiempo personal en su investigación. "El trabajo pesado lo hacíamos por fuera del horario de redacción", explicó Cabot sin dramatismo, pero con la claridad de quien entiende que ese esfuerzo había sido decisivo para transformar un montón de papeles en una acusación documentada.
El periodista también explicó ante el tribunal cómo había metodológicamente verificado la información contenida en esos cuadernos. Su investigación se centró en determinar si el contenido de los registros era o no "veraz", un trabajo de validación que lo llevó a reunirse con empresarios y otros informantes. Cuando fue consultado sobre la identidad de esos empresarios, Cabot se amparó en su derecho a no revelar sus fuentes periodísticas, un principio fundamental de la profesión que genera tensiones recurrentes con la justicia. La defensa de uno de los acusados, Roberto Baratta, se opuso a esa reserva y pidió al tribunal que obligara al periodista a responder. Después de una hora de deliberación, los magistrados resolvieron reconocer el derecho de Cabot a mantener la confidencialidad de sus fuentes, una decisión que validó un principio crucial para el funcionamiento de la prensa.
El encuentro nocturno con un desconocido y la entrega de cuadernos recuperados
Otro tramo de su declaración resultó particularmente intrigante. Cabot relató que en octubre de 2019, una persona desconocida se contactó con él para entregarle seis de los ocho cuadernos originales. El encuentro tuvo características de clandestinidad: ocurrió en una esquina cerca del diario, en un intercambio rápido donde alguien le entregó una bolsa con el material y se retiró sin explicaciones. "Eran los mismos; los seis con los que yo había trabajado. No me dijo nada, de dónde habían salido, nada", recordó el periodista en su testimonio. La reaparición de esos cuadernos, casi dos años después de haber iniciado su investigación, planteaba interrogantes sobre su circulación y custodio. Cabot decidió entonces entregarlos también a la justicia, ampliando así el acervo probatorio disponible para la investigación fiscal.
Cuando la fiscal León indagó sobre las circunstancias que lo llevaron a comunicar su hallazgo al fiscal Carlos Stornelli, Cabot ofreció una respuesta que revelaba tanto su conciencia sobre la gravedad de lo que había encontrado como sus temores personales. "Había llegado a una fuerte convicción de que había hecho una enorme investigación y decidí hacer una denuncia y entregar mi trabajo periodístico para que la Justicia [...] lo investigue", expresó. El periodista aclaró además que conocía a Stornelli de trabajos anteriores y que el fiscal ya estaba investigando algunos de los implicados en sus propias notas. Pero la decisión de hacer la denuncia no fue sencilla. En una primera instancia, consideró presentarla bajo identidad reservada. "Pensé mucho en la protección de mis hijos", dijo Cabot, evidenciando que el peso de esa responsabilidad lo había llevado a reflexionar sobre los posibles riesgos. "Conocía la conducta de los políticos investigados, pero no la de los empresarios", agregó, explicando así la incertidumbre que lo acompañaba.
Las presiones y los embates judiciales previos
Durante su testimonio, también surgieron detalles sobre otros procesos judiciales en los cuales Cabot había sido parte. Cuando fue consultado sobre si había sido imputado en alguna causa, respondió negativamente, pero luego matizó: sí había sido impulsor de varias denuncias relacionadas con robos y aprietes que había sufrido en los últimos siete años. "Busqué que se imputara a algunos y nunca lo logré", contó con un tono que dejaba entrever la frustración de quien había enfrentado ilegalidades sin obtener respuestas del sistema judicial. Esos antecedentes contextualizaban su disposición a llevar ante la justicia la investigación sobre los cuadernos: en el camino recorrido como periodista de investigación, Cabot había aprendido que documentar y denunciar era parte de su responsabilidad profesional.
La jornada de declaración fue intensa en términos de cruces con las defensas. Elizabeth Gómez Alcorta, abogada de Baratta y ex ministra, fue particularmente rigurosa en sus preguntas, buscando cuestionar detalles sobre las relaciones de Cabot con Bacigalupo y con el fiscal Stornelli, sobre posibles enmiendas en los cuadernos y sobre reuniones que el periodista hubiera mantenido con colegas y autoridades del medio. Otros defensores se conectaron de manera virtual a través de plataformas digitales para realizar sus propios cuestionamientos. En tanto, Carlos Beraldi, abogado de la ex presidenta Cristina Kirchner, la principal acusada según la fiscalía y señalada como cabeza del mecanismo de recaudación ilegal, estuvo presente en la sala auditorium de la planta baja del edificio de justicia. Muchos de los abogados llevaban consigo el libro que el mismo Cabot había publicado sobre el caso, un volumen titulado "Los cuadernos" que se convirtió en material de consulta durante el debate.
Lo que se abre a partir de hoy
La declaración de Cabot representó apenas el primer paso en lo que se proyecta como un maratón judicial de meses. Con su testimonio, la fiscalía abrió el camino para desfilar a cerca de ochocientos testigos que completarán el cuadro acusatorio. Inicialmente, Fabiana León había requerido la comparecencia de casi novecientos personas, pero este martes desistió de convocar a un grupo de aproximadamente cien. Los periodistas Ini y Nasra, colegas de Cabot que participaron en la construcción de la base de datos, estaban programados para declarar el jueves siguiente, continuando así la cadena de testimonios que sostiene el andamiaje probatorio de la acusación.
Lo que sucedió en esa sala de audiencias durante más de once horas marca un punto de inflexión en la causa. La decisión de Cabot de investigar, de documentar, de entregar su trabajo a la justicia y de comparecer para ratificar cada paso de su pesquisa configura un modelo de responsabilidad periodística que tiene implicancias para el conjunto del sistema judicial. Al mismo tiempo, la forma en que el tribunal resolvió mantener protegidas las fuentes periodísticas del investigador establece un precedente sobre el equilibrio entre la búsqueda de verdad en un proceso penal y la preservación de principios fundamentales del ejercicio de la prensa. Las próximas semanas traerán nuevos testimonios, nuevas preguntas y nuevas perspectivas sobre los hechos que, según la acusación, configuraron un mecanismo sistemático de extracción de dinero de empresarios hacia funcionarios durante una década. El juicio apenas comienza, pero su fundamento probatorio ya está siendo construido, ladrillo a ladrillo, a partir de historias como la de quién encontró unos cuadernos y decidió que el público y la justicia tenían derecho a conocer su contenido.



