El Tribunal Oral Federal 7 reanudó ayer la declaración de Hilda Horovitz, la expareja de Oscar Centeno, quien debió ser asistida por paramédicos hace apenas días cuando su estado de salud se resquebrajó en plena sala de audiencias. Esta nueva comparecencia marca un punto de inflexión en uno de los expedientes más complejos que tramita actualmente la justicia federal argentina, aquel que desentraña una estructura de movimiento de dinero que habría operado durante la administración kirchnerista. La reanudación del interrogatorio, lejos de ser un mero trámite procesal, constituye un momento decisivo en la búsqueda de esclarecer quién sabía qué, quién ejecutaba qué, y cuál fue exactamente el rol de cada actor en una trama que se despliega como un entramado donde cada hilo conduce a nuevas revelaciones.

El colapso anterior y la determinación de continuar

La sesión anterior, apenas algunos días atrás, derivó en una interrupción inesperada cuando Horovitz sufrió un descompensamiento que obligó a personal del SAME a intervenir dentro de la sala. Los magistrados, considerando tanto la situación de salud de la testigo como sus derechos procedimentales, decidieron suspender la audiencia de manera temporal. Esta decisión no fue menor: en procesos judiciales de esta envergadura, donde la integridad del testimonio es crucial, mantener una continuidad mientras se preserva el bienestar de quien declara representa un equilibrio delicado que el tribunal supo administrar. Ayer, cuando Horovitz regresó a los estrados, su presencia reafirmó la voluntad de avanzar en un caso que, pese a sus complejidades, no cesa en su marcha hacia el esclarecimiento de los hechos.

Durante su reaparición ante los jueces, cuando se le preguntó sobre su expareja, Horovitz fue categórica en una frase que condensa su perspectiva del asunto: señaló que Centeno "hizo todo lo posible para que todos estemos acá hoy". Esta declaración no constituye una exculpación, sino más bien una constatación de causalidad: el remisero, según ella, fue quien puso en movimiento los engranajes que terminaron conduciendo a estos cuestionamientos públicos y procesales. La respuesta emergió después de que se exhibieran ante ella una serie de imágenes que ella reconoció haber enviado en 2017 al teléfono móvil de Roberto Baratta, figura central en la trama investigada. Entre esas fotografías figuraba una que mostraba un bolso junto a un billete de cien dólares, y otra en la que se veían banditas elásticas, elementos todos ellos que apuntan a la metodología del traslado de dinero que caracterizó este esquema.

Los cuadernos, el testaferrato y la cadena de responsabilidades

En su comparecencia anterior, Horovitz ya había realizado afirmaciones de envergadura sobre su rol en el entramado. Ella aseveró que Centeno la utilizó como testaferro para la adquisición de diversos bienes inmuebles y personales, aprovechando su nombre como pantalla legal. Más aún, reveló que el remisero se quejaba constantemente de las "migajas" que recibía de parte de Baratta, lo cual sugiere una jerarquía clara en el esquema y una distribución de dinero que el propio Centeno percibía como insuficiente. Pero quizá el elemento más explosivo de su testimonio fue la revelación sobre los cuadernos mismos, aquellos que dan título a toda esta causa monumental que ha sacudido la política y la justicia argentinas.

Horovitz describió haber encontrado los cuadernos guardados en el armario del dormitorio que compartía con Centeno. Según su relato, allí se encontraba documentada una vastedad de información: "Los cuadernos, las libretas, las carpetas de los autos, las casas, todo", enumeró ella con una precisión que sugiere más que una mirada casual. Sin embargo, su siguiente afirmación introduce una matiz importante: cuando los halló, hizo "como que abría las hojas, pasándolas", pero que no los leyó efectivamente. Esta aclaración es relevante porque marca la diferencia entre tener acceso a la información y procesarla. Lo que sí quedó claro es que una vez que ella los tuvo, los entregó a Miriam Quiroga, quien a su vez los pasó a Baratta, quien finalmente los hizo "desaparecer". Esta cadena de custodia del material probatorio representa no solo una transferencia física de objetos, sino también una asignación implícita de responsabilidades en el ocultamiento de evidencia.

La ausencia estratégica y el calendarios de declarantes

Para la sesión de ayer también estaba convocada Miriam Quiroga, quien se desempeñó como exsecretaria del expresidente Néstor Kirchner y en particular en el área de Ceremonial de la Presidencia. Sin embargo, Quiroga presentó un certificado médico ante el tribunal esgrimiendo razones de salud que le impidieron comparecer. Los magistrados aún no han resuelto si procederán a una nueva citación. Su ausencia es particularmente significativa porque, en los estadios anteriores de la investigación, Quiroga ya había declarado extensamente sobre supuestos traslados de dinero en bolsos durante los años de gobierno kirchnerista, con vinculaciones especiales a figuras como el fallecido exsecretario Daniel Muñoz. Incluso, en 2013, realizó declaraciones públicas en las cuales relataba desplazamientos de fondos que se realizaban mediante aviones oficiales hacia la región patagónica. Su reticencia o imposibilidad presente contrasta notablemente con esa apertura anterior.

El cronograma que el tribunal ha establecido para las próximas semanas indica una intensificación del ritmo de audiencias. El 2 de junio compareceran el exministro de Economía Roberto Lavagna, el financista Leonardo Fariña y la diputada nacional Mariana Zuvic. Días después, el 4 de junio, declararán seis personas entre las que figuran Sergio Oscar Velázquez, Osvaldo Alejandro Caeiro y otros cuyo rol en la trama aún sigue siendo objeto de determinación. El 9 de junio traerá una nueva ronda de testigos, mientras que el 11 de junio continuará con más comparecencias. Este calendario refleja la magnitud de la causa: decenas de personas con algún grado de implicación, dirección o conocimiento de los hechos, lo que evidencia la complejidad de una operatoria que, de confirmarse sus aspectos centrales, habría involucrado a múltiples capas de la administración pública y sectores privados durante años.

Las últimas audiencias programadas ampliarán aún más el espectro de declarantes, con nombres como Gabriel Omar Falaschi, Carlos Martín González, Ángel Alejandro Heit y otros que completarán lo que constituye un fresco exhaustivo de los actores que, de una forma u otra, participaron o tuvieron conocimiento de las transacciones cuestionadas. Este desfile de testimonios no obedece a un afán de espectacularidad, sino a la necesidad procesal de construir, mediante la acumulación sistemática de declaraciones, una arquitectura probatoria que permita a los jueces determinar responsabilidades con claridad y certeza.

Implicancias y perspectivas de un proceso sin término a la vista

A medida que el proceso avanza, emergen tanto confirmaciones como nuevas capas de complejidad. La participación de figuras de primer nivel de la administración anterior, como exministros y exfuncionarios de rango, señala que el alcance de lo investigado trasciende largamente los círculos menores de operadores financieros. Al mismo tiempo, la reticencia de algunos a comparecer, el colapso de salud de testigos clave y la lógica de ocultamiento documentada (como aquella de que documentos fueron "desaparecidos") sugieren que el proceso judicial enfrenta no solo la complejidad técnica de desentrañar flujos financieros, sino también la resistencia derivada de intereses en juego. La sucesión de declarantes que se avecinan determinará, en última instancia, si el cuadro que emerge es coherente y probatorio o si, por el contrario, quedan espacios de ambigüedad que dificulten las conclusiones finales. Lo que sí es incontrovertible es que cada testimonio suma información al expediente, acercando o alejando las respuestas a interrogantes que la sociedad argentina ha estado formulándose durante años.