No es solo una carrera. Es la posibilidad de escribir una página más en la historia del automovilismo mundial. Carlos Sainz padre, el madrileño que ya levantó dos títulos del Mundo de Rally en los años 90, tiene hoy frente a sí una oportunidad concreta de sumar una tercera corona internacional, esta vez en una disciplina distinta, más dura, más brutal y más impredecible: el Campeonato del Mundo de Rally-Raid. Lo que cambia con esta posibilidad no es solo un número en su palmarés, sino la confirmación de que a cualquier edad, en cualquier formato, Sainz sigue siendo una amenaza real para cualquier rival sobre cualquier tipo de terreno. El campeonato todavía no está definido, pero la ventaja existe, el calendario tiene carreras por disputarse, y el español lidera.

Un campeonato joven, un piloto veterano

El Campeonato del Mundo de Rally-Raid es una competencia relativamente nueva bajo el paraguas de la Federación Internacional del Automóvil (FIA). Apenas hace dos temporadas obtuvo ese reconocimiento oficial, lo que transformó su título en algo equivalente, en términos de legitimidad institucional, a cualquier otro campeonato del mundo que otorga la federación. Antes de ese reconocimiento, las victorias en el circuito de rally-raid tenían peso simbólico, pero no el sello formal de la máxima autoridad del automovilismo. Desde que la FIA tomó las riendas, el campeonato lo ganó en ambas ediciones el qatarí Nasser Al Attiyah, considerado durante años el dominador absoluto de esta especialidad. Ahora, en 2024, ese dominio está siendo desafiado de frente.

Sainz arrancó la temporada de la mejor manera posible: ganando el Rally Dakar, la prueba más exigente, más larga y más valorada del calendario. No es un detalle menor. El Dakar no solo reparte la mayor cantidad de puntos del campeonato, sino que define jerarquías, rompe autos, agota equipos y pone a prueba la resistencia mental de los pilotos durante semanas. Que el español se haya llevado esa carrera no es una casualidad estadística: es el resultado de experiencia acumulada, inteligencia táctica y una capacidad para gestionar el riesgo en condiciones extremas que pocos tienen. Como consecuencia directa de esa victoria, hoy encabeza la tabla general con nueve puntos de ventaja sobre Al Attiyah, quien no estuvo presente en la Abu Dhabi Desert Challenge, segunda cita del año.

Cómo funciona el sistema de puntos

Para entender las posibilidades reales de Sainz, hay que conocer la lógica de puntuación de este campeonato, que tiene características particulares. El sistema distingue claramente entre lo que vale el Dakar y lo que valen el resto de las carreras. En la prueba reina, el ganador se lleva 50 puntos, lo que la convierte en la cita con mayor peso específico del calendario. Esos puntos, además, son intocables: una vez obtenidos, quedan registrados sin importar lo que suceda en las etapas subsiguientes del año. Para el resto de las pruebas, el vencedor suma 30 unidades, pero con una condición que cambia todo: hay que terminar la carrera. Si un piloto abandona, esos puntos se esfuman por completo. Esta regla genera una tensión permanente entre atacar para ganar y ser conservador para terminar.

A eso se suma que en cada etapa especial de todas las carreras del calendario, incluyendo el Dakar, los primeros cinco clasificados reciben puntos adicionales: 5, 4, 3, 2 y 1, en ese orden. Estos puntos de etapa no desaparecen si se abandona la general: se conservan siempre. Son pequeños, pero en un campeonato ajustado pueden definir el título. Haciendo los cálculos con lo que queda por disputar, en la temporada 2024 todavía están en juego alrededor de 165 puntos, sumando los tres triunfos posibles en las carreras restantes más los puntos de etapa estimados. Es decir, el campeonato no solo está abierto: está completamente en disputa.

Los rivales y el tablero que se viene

Las tres carreras que restan en el calendario son determinantes. Sainz participará en el BP Ultimate Rally-Raid, que se desarrolla entre Portugal y España, pilotando un vehículo de MINI. El hecho de que corra en suelo ibérico no es un dato menor desde lo emocional y lo simbólico, aunque en el rally-raid el terreno familiar no garantiza ventaja: cada carrera tiene su propia topografía, sus propias trampas y sus propias variables. Para la última cita del año, el Rally de Marruecos, lo más probable es que el español use el mismo auto con el que competirá en el próximo Dakar, convirtiendo esa carrera en una doble apuesta: sumar puntos al campeonato y preparar la maquinaria para la gran prueba de 2025.

Del otro lado, Al Attiyah no se queda quieto. El qatarí, dos veces campeón de la categoría desde su reconocimiento por la FIA y con un historial que incluye múltiples victorias en el Dakar a lo largo de su carrera, competirá con su propia estructura usando un Hunter de Prodrive. Pero lo más llamativo de su temporada es lo que viene al final: para el Rally de Marruecos, Al Attiyah tiene previsto subirse al Sandriver, el vehículo que Dacia tiene en pleno desarrollo para competir en el desierto. Con ese mismo auto también estarán en pista dos pilotos de enorme trayectoria: el francés Sébastien Loeb, histórico del rally mundial, y la española Cristina Gutiérrez, una de las figuras más destacadas del rally-raid femenino en los últimos años. La presencia de ese trío en el Sandriver convierte a Dacia en un factor a monitorear de cara al cierre del año.

Contexto y peso histórico de lo que está en juego

Sainz ganó sus dos títulos del Campeonato del Mundo de Rally en 1990 y 1992, compitiendo para Toyota. Fueron años en los que el rally de carretera era el escenario natural de su talento. Desde entonces, su carrera tuvo de todo: victorias en el Dakar, participaciones en Fórmula 1 junto a figuras de la talla de Ayrton Senna, y una persistencia en la competición que lo convierte en una anomalía estadística del deporte motor mundial. Pocos pilotos de élite han mantenido un nivel competitivo tan alto durante tanto tiempo en disciplinas tan diferentes. Si el madrileño logra el título en 2024, sería su tercer campeonato del mundo oficial, pero esta vez en una disciplina completamente distinta a donde empezó. Ese dato, por sí solo, da la dimensión de lo que estaría logrando.

Las consecuencias de lo que suceda en las próximas tres carreras serán múltiples y con lecturas diversas. Para Sainz, una victoria en el campeonato reforzaría su posición como uno de los pilotos más versátiles y longevos de la historia del automovilismo. Para Al Attiyah, retener el título significaría consolidar su supremacía en la disciplina que lo vio dominar desde hace años. Para Dacia y el Sandriver, el Rally de Marruecos será una prueba de fuego que dirá mucho sobre sus ambiciones reales para el Dakar 2025. Y para el Campeonato del Mundo de Rally-Raid en sí, todavía joven como competencia reconocida por la FIA, el hecho de que figuras de esta magnitud peleen por su corona no hace más que elevar su perfil internacional. Los 165 puntos que quedan en disputa no son solo números: son el argumento central de una historia que todavía no tiene desenlace.