No muchos pilotos que ya saben lo que es ganar en el automovilismo de primer nivel deciden dar un paso aparente hacia atrás para llegar más lejos. Eso es exactamente lo que está haciendo Colton Herta, el joven estadounidense de 25 años que en 2026 abandonará la IndyCar Series para competir en la Fórmula 2 con el equipo Hitech TGR. La movida no es un retroceso: es una apuesta calculada, una inversión en su propio futuro como piloto de Fórmula 1. Y lo que llama la atención no es solo la decisión en sí, sino la madurez con la que Herta la explica y la asume.
En un mundo donde los egos de los pilotos de carreras suelen correr más rápido que los autos que manejan, la autocrítica de Herta resulta refrescante. Reconocer públicamente que no va a ganar de entrada, que todos sus rivales serán veloces y que el proceso de adaptación llevará tiempo, habla de alguien que entiende perfectamente en qué se está metiendo. No es ingenuidad ni falsa modestia: es pragmatismo puro. Y esa es, quizás, la mejor carta de presentación que puede tener un piloto que aspira a competir en la categoría más exigente del automovilismo mundial.
Un historial que respalda la ambición
Para entender el peso de esta decisión, hay que conocer de dónde viene Herta. Con nueve victorias en IndyCar, el californiano es uno de los pilotos más destacados de esa categoría en los últimos años. Su primer triunfo llegó en 2019, cuando tenía apenas 19 años, convirtiéndose en el ganador más joven en la historia de la IndyCar Series. Esa precocidad lo puso en el radar de varios equipos de Fórmula 1, y en 2022 su nombre estuvo muy cerca de concretarse en una butaca dentro del paddock europeo cuando se especuló intensamente con su llegada a AlphaTauri. Sin embargo, las exigencias reglamentarias en materia de Superlicencia —el documento que habilita a un piloto a competir en F1— frustraron ese intento. La FIA requiere un mínimo de puntos acumulados en categorías con representación internacional, y el sistema de IndyCar no otorgaba los suficientes según los criterios vigentes en ese momento. Ese episodio dejó en claro que el camino a la F1 desde el automovilismo norteamericano no es directo ni sencillo.
Ahora, con más experiencia encima y una estrategia bien trazada junto a Cadillac —la nueva escudería que ingresará a la Fórmula 1 también en 2026 y para quien Herta ya desempeña funciones como piloto de pruebas—, el plan es transitar la F2 para acumular los puntos de Superlicencia que abran la puerta grande. No es el camino más corto, pero sí el más sólido. Y Herta lo sabe.
Por qué Hitech y no otro equipo
La elección del equipo no fue casual ni apresurada. Según el propio piloto, el criterio de selección fue claro desde el principio: resultados comprobables. Hitech TGR no es un recién llegado al ecosistema del automovilismo de formación europeo. El equipo tiene presencia activa en Fórmula 2, Fórmula 3 y Fórmula 4, y ha demostrado capacidad competitiva en todas esas categorías. Para Herta y el equipo de Cadillac que lo respalda, eso no era un detalle menor: necesitaban una estructura que pudiera maximizar el aprendizaje del piloto en el menor tiempo posible, dado que los márgenes para equivocarse son escasos. "Tras las primeras conversaciones, la decisión fue rápida", reconoció Herta, destacando el profesionalismo de la organización y su capacidad para prepararlo de cara al salto definitivo.
Este tipo de alianzas estratégicas entre pilotos y equipos no son nuevas en el automovilismo de formación, pero cobran especial relevancia cuando el objetivo final está tan claramente definido. Herta no va a la F2 a hacer un par de temporadas y ver qué pasa: va con una hoja de ruta, con un equipo que conoce sus tiempos y con una marca —Cadillac— que tiene todo el interés en que ese proceso salga bien, porque de eso depende también el rendimiento del piloto cuando llegue el momento de vestir los colores del equipo norteamericano en la grilla de la F1.
El simulador, los consejos y la humildad del que sabe que no sabe
Mientras los calendarios se definen y el debut en pista todavía queda a meses de distancia, Herta ya está trabajando. La preparación comenzó en el simulador, herramienta clave en el automovilismo moderno para familiarizarse con los autos y los circuitos antes de siquiera abrochar el casco. El piloto valoró especialmente que el equipo, a pesar de estar compitiendo activamente por el campeonato, encontró tiempo para incorporarlo al proceso de trabajo. "El invierno en la F2 es mucho más corto que en la IndyCar, así que el margen de preparación es menor y es bueno haber empezado con tiempo", reconoció.
Pero no todo el aprendizaje viene del simulador. Herta también buscó la experiencia de pilotos de IndyCar que ya habían competido en la F2 anteriormente, para entender de primera mano qué diferencias técnicas y de conducción implica el cambio. Esas charlas, según describió, fueron valiosas no para darle recetas mágicas, sino para ayudarlo a dimensionar lo que se viene. La F2 utiliza un monoplaza único para todos los equipos, lo que elimina las ventajas de desarrollo técnico y pone todo el peso en el talento y la adaptación del piloto. Eso, para alguien que viene de una categoría donde la preparación del auto tiene una incidencia enorme en el resultado, representa un cambio de paradigma significativo.
Las implicancias de este movimiento van más allá de la carrera individual de Herta. Si el piloto logra adaptarse rápidamente a la F2 y mostrar resultados sólidos, el camino hacia la Fórmula 1 con Cadillac se allanará de manera considerable. Si, en cambio, el proceso de adaptación es más lento de lo esperado, el margen temporal se achica y los interrogantes sobre si ese fue el camino correcto comenzarán a aparecer. Para Cadillac, que ingresa a la F1 en una categoría históricamente dominada por equipos europeos con décadas de historia, contar con un piloto americano identificable y competitivo sería un activo enorme, tanto deportivo como comercial. Para la propia F2, la llegada de un piloto con el perfil y la trayectoria de Herta agrega visibilidad e interés en mercados donde esa categoría tiene poca penetración. Los próximos meses, y especialmente el arranque de la temporada 2026, dirán mucho sobre si este experimento —porque de algún modo lo es— tiene el final que todos esperan.



