Cuando el calendario del automovilismo de aventura llega a su recta final, el mundo del Rally-Raid tiene una cita ineludible con el desierto del norte de África. No es casualidad: Marruecos se convirtió en el escenario elegido para que el Campeonato Mundial W2RC 2024 reparta sus últimas coronas. La arena del Sahara, las rutas diseñadas para quebrar voluntades y la presión de un título en juego transforman esta prueba en algo más que una carrera. Es el momento en que los meses de esfuerzo se miden en segundos, en decisiones de navegación y en la capacidad de sobrevivir al terreno más traicionero del planeta. Y como si fuera poco, esta misma competencia funciona como el ensayo general más exigente posible para el Rally Dakar 2025, que en enero próximo tomará las pistas de Arabia Saudí.
Un formato que replica al Dakar y pone a prueba a los mejores
La edición 2024 del Rally de Marruecos no es una prueba más del calendario: es la quinta y última, y carga con todo el peso de una temporada entera. David Castera, director de la carrera, diseñó un trazado de cinco especiales disputadas en una semana que replica en buena medida lo que los pilotos encontrarán en el Dakar. Hay dunas en abundancia, navegación compleja y, como decisión de seguridad que también genera su propio desafío mental, motos y coches corren por rutas diferenciadas. Esa separación no es menor: en la arena, quien va detrás no puede seguir las marcas que deja el vehículo anterior, lo que obliga a cada piloto a leer el terreno con sus propios ojos y su propio criterio. El margen de error se achica, y la presión sube.
El inicio de la acción administrativa y técnica arranca los días 4, 5 y 6 de octubre en Marrakech, ciudad que actúa como puerta de entrada a la aventura. El prólogo matutino del último de esos días se realizará cerca de la ciudad, pero ya por la tarde el convoy entero pondrá rumbo a Zagora, cruzando el imponente Alto Atlas por el célebre paso de Tichka, para bajar luego hacia el valle del Drâa. Son 372 kilómetros de traslado que ya son en sí mismos una declaración de intenciones sobre la escala de lo que viene.
Uno de los datos históricos que regala esta edición tiene que ver con los números puros del deporte: en la categoría de cuatro ruedas, la etapa de llegada a Zagora será la especial número cien en toda la historia del Rally de Marruecos. Para las motos, ese centenario llegará al día siguiente, contando también los prólogos. Es un hito que habla de la longevidad de una prueba que lleva décadas siendo parte del circuito de rally-raid y que tiene raíces profundas en la cultura del motorsport de aventura africano.
Dunas, tecnología y la disputa por el trono mundial
Después del inicio, la competencia se moverá hacia los bucles del Erg Chegaga, uno de los mares de arena más emblemáticos del desierto marroquí. Es en ese escenario donde se hace más evidente la separación de rutas entre coches y motos, y donde la navegación pasa a ser la variable determinante. A esto se le suma una novedad tecnológica que agrega otra capa de complejidad: la tableta electrónica será obligatoria para todas las categorías Rally1. Los pilotos deberán manejar la lectura del roadbook digital mientras mantienen el control del vehículo en terreno suelto. Para los más experimentados es un desafío de adaptación; para los que vienen de formatos más tradicionales, puede ser la diferencia entre ganar y perderse.
La tercera especial lleva a la caravana hasta las célebres dunas de Merzouga, otro nombre que resuena en el imaginario del Rally-Raid mundial. El vivac de esa noche fue diseñado específicamente para la ocasión, y el propio director de la prueba destacó que el objetivo fue eliminar los inconvenientes logísticos que suelen complicar el descanso de los equipos en locaciones tan remotas. No es un detalle menor: cuando se compite al límite, las horas de recuperación importan tanto como los kilómetros recorridos. Las dos últimas etapas transcurren entre Mengoub y Buarfa, en terrenos pensados para poner a prueba la navegación con un diseño que ya anticipa el espíritu del Dakar.
En motos, la lucha por el título es un triángulo de tensión entre tres nombres de peso mundial. Ross Branch, el botsuanés que se convirtió en uno de los pilotos más consistentes del circuito; Ricky Brabec, el estadounidense de Honda que ya sabe lo que es ganar el Dakar; y Adrien Van Beveren, el francés con la experiencia de años compitiendo al más alto nivel. Los tres llegan a Marruecos con chances reales, y cualquiera de los tres puede terminar la semana con el título en las manos. En la categoría de coches, el drama es igualmente intenso. Nasser Al Attiyah, el catarí que acumula más victorias en el Dakar que casi cualquier otro piloto en la historia de la prueba, se mide contra Yazeed Al Rajhi y el francés Lucas Moraes, quien en los últimos tiempos demostró que tiene madera de campeón. La arena de Marruecos decidirá quién se lleva la gloria.
Por qué esta carrera importa más allá del campeonato
Desde una perspectiva más amplia, el Rally de Marruecos ocupa un lugar estratégico en el ecosistema del Rally-Raid que va mucho más allá de los puntos del campeonato. Históricamente, esta prueba fue siempre el último gran banco de pruebas antes del Dakar, y los equipos la usan conscientemente para testear preparaciones, ajustar navegadores, probar mecánicas y afinar estrategias. No es raro ver a pilotos que ya no tienen opciones matemáticas en el campeonato corriendo igual con la misma intensidad, porque lo que aprenden en Marruecos vale oro cuando en enero el contador vuelve a cero en Arabia Saudí.
Para el seguidor argentino de este deporte, la conexión con el Dakar es inevitable. Durante años, la Argentina fue sede de etapas del Rally Dakar, y ese vínculo dejó una base de aficionados que sigue el rally-raid con una pasión que pocos países fuera del circuito europeo pueden igualar. Ver cómo se define un campeonato mundial en el desierto africano es también una manera de anticipar el espectáculo de enero. Y en un deporte donde los márgenes son mínimos y los errores se pagan caro, el Rally de Marruecos 2024 promete entregar exactamente eso: adrenalina, estrategia y la incertidumbre de no saber hasta el último kilómetro quién se lleva todo.
Lo que viene en los próximos días en el norte de África no es solo el cierre de una temporada. Es la demostración de que el Rally-Raid sigue siendo una de las disciplinas más exigentes y apasionantes del automovilismo mundial, donde la tecnología, la resistencia física y la inteligencia de navegación se combinan en un cóctel único. Quien gane en Marruecos no solo levantará una copa: habrá demostrado que puede con todo lo que el desierto tiene para ofrecer. Y eso, en este deporte, vale más que cualquier trofeo.



