Ganarle a las mejores tenistas del planeta en una cancha dura parece, a esta altura, algo rutinario para Aryna Sabalenka. Pero subirse a un escenario rodeada de las figuras más icónicas del deporte mundial y pronunciar un discurso con coherencia resultó ser, según sus propias palabras, una experiencia que casi la hizo querer evaporarse. La bielorrusa, actual número uno del ranking femenino de la WTA, reveló en Madrid que la ceremonia de los Premios Laureus 2026 la dejó en un estado de nerviosismo que pocas veces experimenta, ni siquiera en los momentos decisivos de un Grand Slam. El episodio pone en evidencia que, incluso quienes dominan su disciplina con autoridad, tienen zonas de vulnerabilidad auténtica. Y que esa humanidad, lejos de restarle valor, suma.

Una sala llena de leyendas que la dejó sin palabras

Los Premios Laureus World Sport Awards son, en el universo del deporte internacional, algo parecido a los Óscar del cine o los Grammy de la música. Desde su creación en el año 2000, la ceremonia reúne cada año a deportistas de élite de los más variados rubros —atletismo, natación, gimnasia, automovilismo, básquet— y distingue a quienes marcaron el año con sus actuaciones. Ser nominada ya es un reconocimiento enorme. Ganar, directamente, es otra categoría. Sabalenka se llevó el galardón como Mejor Deportista Femenina del Año en la edición 2026, compartiendo la noche de gloria con su compatriota del circuito masculino, el español Carlos Alcaraz, quien se alzó con el premio al Mejor Deportista Masculino. Fue la primera vez desde 2021 que el tenis monopolizó ambas categorías principales, cuando Rafael Nadal y Naomi Osaka se llevaron los laureles en aquella edición.

Pero el dato que más llamó la atención no fue el premio en sí, sino la reacción de Sabalenka al recibirlo. La tenista, conocida por su carácter frontal, su intensidad en la pista y su capacidad para imponer condiciones contra cualquier rival, confesó haberse paralizado completamente sobre el escenario. "Entré pensando en lo que iba a decir, lo tenía más o menos armado en la cabeza. Pero cuando llegué arriba y miré hacia la platea, vi leyendas por todos lados. Pensé que iban a estar hablando entre ellos, que no me prestarían atención. Y no: todos miraban. Ahí se me fue todo. No sabía qué decir", relató con una mezcla de risa y genuina vergüenza. Y agregó algo que resume la experiencia de manera perfecta: "Quería desaparecer apenas terminé el discurso. Pero eso soy yo, totalmente yo".

Entre las figuras presentes en la sala estaba Simone Biles, la gimnasta estadounidense considerada por muchos como la mejor atleta de todos los tiempos en su deporte. Compartir espacio con alguien de ese calibre —y con decenas de otros campeones olímpicos y mundiales— generó en Sabalenka una emoción que ella misma describió como desbordante. "Me puse a llorar viendo los videos de sus historias. La sala entera emanaba una energía muy especial. Fue una noche de esas que no se olvidan", reconoció.

Trece victorias seguidas y la defensa del título en Madrid

El contexto deportivo de Sabalenka en este momento de la temporada es extraordinario. La tenista llegó a la ceremonia Laureus —y luego a Madrid— en medio de una racha de trece victorias consecutivas, que incluyen los títulos del BNP Paribas Open en Indian Wells y el Miami Open, los dos torneos más importantes del circuito fuera de los Grand Slams. Ese doblete, conocido informalmente como el "Sunshine Double", fue uno de los logros más resonantes de la temporada pasada y la que empieza a configurarse como la presente. Sabalenka llega a Madrid como campeona defensora en la Caja Mágica, lo que agrega una presión adicional a su participación.

En su debut en el torneo madrileño, la bielorrusa se midió con la estadounidense Peyton Stearns y, aunque el partido no fue sencillo, logró imponerse por 7-5 y 6-3. Lo interesante del desarrollo del juego es que Sabalenka perdió el servicio en ambos sets, pero cada vez supo reaccionar y revertir la situación. Esa capacidad de respuesta bajo presión es justamente una de las marcas registradas de su juego. Su próxima rival en el cuadro será la rumana Jaqueline Cristian, sembrada número 29, en el partido correspondiente a la tercera ronda del torneo.

El inglés, el español y el humor como segunda naturaleza

Más allá de la cancha y de los premios, Sabalenka ofreció en Madrid una faceta completamente diferente: la de la mujer con sentido del humor afilado y capacidad de reírse de sí misma sin filtros. Cuando le preguntaron si pensaba aprender español para conectar mejor con el público de Madrid, la respuesta fue una carcajada. "¡Todavía estoy lidiando con el inglés y me piden que hable español!", exclamó. Y con una lógica muy propia añadió: "Hay días en que siento que le meto con todo al inglés, y hay otros en que es un desastre total. Cuando me pasa eso, le digo a Georgios —su prometido— que aproveche su día libre porque yo no estoy disponible para darle trabajo".

La referencia a Georgios, su pareja y prometido, apareció de manera natural en la conversación, como sucede habitualmente cuando Sabalenka habla fuera de la cancha. La tenista, que ha atravesado momentos personales muy difíciles en los últimos años —incluyendo la pérdida de su padre en 2019— construyó una imagen pública que combina la ferocidad competitiva con una transparencia emocional poco común en el deporte de alto rendimiento. Eso, en parte, explica por qué tiene una base de seguidores tan amplia más allá del mundo del tenis estrictamente.

El premio Laureus, en ese sentido, no es solo un reconocimiento a los resultados: es también una validación de una trayectoria que incluye caídas, reconstrucción y una evolución muy visible tanto en lo técnico como en lo mental. Ganar el US Open en 2023 y revalidarlo en 2024, alcanzar el número uno del mundo, sumar el doblete de Indian Wells y Miami en 2026: los números respaldan con creces cualquier distinción que se le otorgue.

Lo que viene y lo que está en juego

El torneo de Madrid es, dentro del calendario del tenis femenino, uno de los eventos más exigentes de la temporada de tierra batida europea. Con el Roland Garros en el horizonte, los resultados en Madrid y en Roma tienen un peso específico importante no solo en términos de puntos, sino también de confianza y ritmo de juego sobre la arcilla. Sabalenka ha demostrado en los últimos años que es capaz de competir al máximo nivel en todas las superficies, algo que no era tan evidente al inicio de su carrera cuando se la consideraba fundamentalmente una especialista de pista dura.

Las posibles derivaciones de este momento —una racha de trece victorias, un Laureus ganado, la defensa del título en Madrid— apuntan en varias direcciones. Para quienes siguen el circuito femenino, la pregunta obvia es si Sabalenka puede sostener este nivel hasta París y competir seriamente por un título en Roland Garros que todavía no figura en su palmarés. Para otros, lo más llamativo es el fenómeno que representa una atleta capaz de paralizar ante Simone Biles pero de reponerse de un quiebre de saque ante Stearns: la grandeza, en el deporte, siempre tiene zonas de sombra y de luz. Lo que suceda en las próximas semanas dirá mucho sobre si este es el mejor momento de su carrera, o si todavía hay un nivel superior al que puede aspirar.