Cuando el consumo cae, las empresas que mueven mercadería lo sienten antes que casi nadie. Andreani, una de las compañías logísticas más grandes del país, está en ese exacto punto de inflexión: el mercado interno se contrajo, algunos de sus clientes históricos redujeron operaciones, y sin embargo la firma no frenó. Al contrario, aceleró. La clave de esa decisión está en un replanteo estratégico que pone en el centro a dos sectores que hoy traccionan con fuerza en la economía argentina —la minería y el petróleo y gas— y en la apertura de un nuevo frente geográfico: Miami. Lo que está en juego no es solo la salud financiera de una compañía, sino el modelo de negocios que seguirán las grandes operadoras logísticas en un país donde las reglas del comercio están cambiando a un ritmo acelerado.

Una planta renovada y un mercado que se transforma

La apuesta más visible de Andreani en este período es la automatización integral de su planta ubicada en Pacheco, provincia de Buenos Aires, donde volcó 30 millones de dólares en tecnología que le permitirá procesar hasta 26.000 paquetes por hora. La inversión, que se puso en marcha hace dos años, no responde a un pico de demanda sino a una lectura de mediano plazo: el volumen de transacciones comerciales —tanto del mercado local como del internacional— tiene margen para crecer, y quien no tenga la infraestructura lista cuando eso suceda quedará afuera de la carrera. Esta lógica de anticipación al ciclo, más que de reacción a él, define el estilo con el que la empresa está navegando un contexto económico que no le es del todo favorable.

Según explicó Carlos Cirimelo, CEO de la compañía, los últimos dos años dejaron marcas concretas: la baja del consumo impactó en rubros como retail, tecnología, comercio electrónico local y servicios bancarios. En ese último caso, el mecanismo fue específico: la suba de tasas de interés generó un aumento en los índices de mora, lo que frenó drásticamente la emisión de tarjetas de crédito. Menos tarjetas significa menos compras, y menos compras significa menos paquetes transportados y almacenados. La cadena es directa. En retail, en cambio, la explicación es más llana: la gente simplemente compró menos. Estos dos vectores combinados produjeron una contracción que, por el momento, no logró ser compensada en su totalidad por los segmentos en expansión, aunque Cirimelo proyecta que durante 2025 se alcanzará ese equilibrio.

El volumen actual de operaciones de Andreani ronda los 4,5 a 5 millones de envíos mensuales. El año pasado la performance quedó apenas por debajo de los números de 2024, y la expectativa para 2026 es terminar en niveles similares a los actuales. No es un crecimiento explosivo, pero en un contexto recesivo mantener el volumen ya es una señal de resiliencia operativa.

El courier importado y la apuesta por Miami

Uno de los cambios estructurales más relevantes que está procesando el sector logístico argentino tiene que ver con el flujo de importaciones. Los cambios normativos impulsados por el gobierno nacional en materia de courier internacional abrieron la canilla: productos del exterior, liderados hoy en volumen por China, empezaron a llegar con mayor facilidad a manos de consumidores argentinos. Andreani está posicionada para capturar ese flujo y, de hecho, apunta a triplicar su servicio de courier en los próximos años. Pero todavía hay terreno por recorrer: actualmente, los envíos que ingresan desde el exterior representan apenas entre el 6 y el 7 por ciento de la facturación total de la empresa, una cifra notablemente baja si se la compara con los estándares internacionales, donde ese porcentaje suele ser considerablemente más alto.

En ese marco, la decisión de abrir un centro de operaciones en Miami antes de que termine el año no es un movimiento cosmético. Estados Unidos se perfila como el próximo gran origen de paquetes hacia Argentina, especialmente con el inminente desembarco de Amazon en el mercado local, plataforma que ya demostró en otros países de la región su capacidad para modificar los patrones de consumo de manera radical. Tener una base operativa en Miami implica poder procesar, consolidar y despachar mercadería desde el principal hub logístico del corredor con América Latina, reduciendo tiempos y costos de manera significativa. Es, en definitiva, una apuesta a estar parado en el lugar correcto cuando la ola llegue.

Minería y energía: los nuevos pilares del negocio

Mientras el consumo masivo muestra señales de agotamiento, hay dos sectores que van en dirección contraria y que Andreani identificó como motores de crecimiento: la minería y el sector de petróleo y gas. Ambas industrias están en expansión en Argentina. El desarrollo de Vaca Muerta en la Patagonia convirtió al país en uno de los actores emergentes más relevantes del mundo en materia de hidrocarburos no convencionales, con proyecciones de producción que siguen escalando año tras año. En minería, proyectos como los que se desarrollan en San Juan, Jujuy y Catamarca apuntan a posicionar a Argentina como un proveedor global de litio y cobre, minerales estratégicos para la transición energética. Ambos sectores implican operaciones logísticas de alta complejidad: insumos pesados, equipamientos específicos, traslados a zonas remotas, cadenas de frío en algunos casos, y tiempos de entrega que no admiten márgenes de error.

Para estar a la altura de esas exigencias, Andreani también está invirtiendo en su flota. La incorporación de 40 bitrenes —vehículos de carga de mayor longitud que los camiones convencionales, recientemente habilitados en Argentina— le permite aumentar la capacidad de transporte por viaje, lo que se traduce directamente en eficiencia operativa y reducción de costos por unidad transportada. El uso de bitrenes, habitual en países como Australia o Brasil para el transporte de larga distancia, todavía es relativamente nuevo en el mapa logístico argentino, y quienes los adopten primero tendrán una ventaja competitiva tangible.

Infraestructura, incentivos y los límites del sistema

La conversación sobre el futuro logístico del país no puede disociarse de una realidad estructural que el propio Cirimelo señaló con claridad: el estado de la infraestructura vial es un problema serio que arrastra años de postergación. Las rutas en mal estado no son solo un inconveniente operativo; generan ineficiencias en los tiempos de traslado, incrementan los costos de mantenimiento de la flota y elevan los índices de siniestralidad. La disputa entre la Nación y las provincias sobre quién debe financiar y ejecutar las obras no resuelve el problema de fondo: la mercadería sigue circulando por caminos deteriorados independientemente de quién tenga la responsabilidad formal sobre ellos.

En cuanto a los incentivos fiscales a la inversión, la empresa reconoce que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) no le aplica en su formato actual. La lógica del régimen original apuntó a proyectos de escala masiva en sectores extractivos y de infraestructura, mientras que la versión más reciente está orientada a pequeñas y medianas empresas. Andreani, que se financia principalmente con utilidades reinvertidas y crédito local, queda en una franja intermedia que los instrumentos disponibles no alcanzan. No obstante, la empresa valora los efectos indirectos del RIGI: cuando ese esquema atrae inversiones a rutas, puertos o vías navegables, mejora el ecosistema en el que operan todos los actores logísticos. El dragado del puerto, la modernización de los aeropuertos o la concesión privada de corredores viales impactan de manera directa en los costos y tiempos de operación. La empresa también está explorando el potencial de la inteligencia artificial para optimizar procesos internos, desde la planificación de rutas hasta la gestión de inventarios, con el objetivo de ganar eficiencia sin necesariamente aumentar la estructura.

Lo que viene para Andreani y para el sector logístico en general depende de variables que se están moviendo simultáneamente y en distintas direcciones. Si el consumo interno se recupera, los rubros que más cayeron —retail, e-commerce local, servicios financieros— podrían volver a traccionar. Si las importaciones siguen creciendo y Amazon confirma su llegada con fuerza, el negocio de courier internacional puede dar el salto que la empresa proyecta. Si la minería y el petróleo mantienen su ritmo de expansión, habrá demanda logística sostenida desde esos sectores durante años. Pero también hay escenarios menos favorables: una desaceleración en los precios internacionales de los commodities podría enfriar la actividad extractiva, los conflictos en torno a la infraestructura vial pueden demorar mejoras clave, y la competencia en el segmento de courier internacional puede intensificarse con la llegada de nuevos operadores globales. En ese tablero de posibilidades, las decisiones que se toman hoy —dónde invertir, qué sectores priorizar, en qué geografías posicionarse— son las que van a definir quiénes lideran el mapa logístico argentino de la próxima década.