Las elecciones presidenciales de 2027 se asoman en el horizonte político argentino y las recetas para que el actual gobierno no sea arrastrado por una ola de cambio ya se debaten en los círculos de poder económico. Domingo Cavallo, quien fuera artífice de la convertibilidad durante los años noventa y ministro de Economía en dos gestiones presidenciales distintas, plantea un diagnóstico contundente: sin crecimiento económico visible en los bolsillos de los ciudadanos, sin reactivación industrial y sin una reorganización profunda del sistema monetario y cambiario, el proyecto liberal de Javier Milei corre serio riesgo de ser revertido. No se trata de una predicción catastrófica, sino de un análisis que toma en cuenta la volatilidad histórica del votante argentino y su dependencia respecto de los resultados tangibles que ve reflejados en su nivel de vida.

El dilema entre la inflación y el crecimiento real

Cavallo sostiene que existe una confusión conceptual en la priorización de objetivos macroeconómicos. Mientras el Gobierno ha centrado su esfuerzo en la reducción de la inflación mediante políticas de contención monetaria y fiscal severa, el ex ministro argumenta que este enfoque, aunque válido, resulta incompleto sin acompañamiento de expansión productiva. La tesis que defiende es que más importante que llevar la inflación a dígitos bajos es lograr que la economía crezca entre el 6% y el 8% anual, lejos de las tasas de entre el 3% y el 4% que actualmente se proyectan. Esta diferencia no es menor: representa la brecha entre una recuperación genuina y una mera estabilización que puede experimentarse como recesión sectorial.

El razonamiento detrás de esta priorización tiene raíces profundas en la experiencia histórica argentina. Durante la década de 1990, cuando se implementó el régimen de convertibilidad que Cavallo encabezó, la economía vivió períodos de crecimiento simultáneo con estabilidad de precios. Aunque luego ese modelo colapsó en 2001, la lectura que Cavallo extrae de esa experiencia es que el crecimiento es compatible con estabilidad si se implementan las reformas estructurales adecuadas. El problema actual, según su diagnóstico, radica en que se han adoptado solo parcialmente las transformaciones necesarias. La reducción del gasto público y la disciplina fiscal se realizaron, pero falta la apertura completa de los mercados de capitales y la organización de un sistema financiero que permita el flujo libre de recursos hacia la inversión productiva.

El cepo como obstáculo para la reactivación

El punto central de la crítica de Cavallo converge en el régimen de restricciones al movimiento de capitales que permanece vigente bajo el gobierno de Milei. Aunque Milei llegó a la presidencia con una promesa explícita de dolarización y desmantelamiento total del cepo cambiario, en la práctica el sistema de controles persiste con variantes. Cavallo señala que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) otorga a ciertos sectores privilegios cambiarios que no se extienden al resto de la economía, lo cual contradice los principios de economía de mercado que pregona el mandatario. Esta selectividad, afirma, convierte al RIGI en una forma de política industrial proteccionista disfrazada, exactamente lo opuesto a lo que Milei propugnaba durante su campaña electoral.

La liberalización del mercado cambiario, en la visión de Cavallo, es requisito fundamental para que se desencadenen los mecanismos virtuosos de inversión, reconversión productiva y acceso a financiamiento externo más barato. Cuando existe control sobre el movimiento de divisas, las empresas medianas y pequeñas que desean acceder a créditos en moneda extranjera enfrentan tasas de interés elevadas y acceso limitado, mientras que quienes tienen acceso al RIGI pueden libremente disponer de dólares sin restricciones. Esta asimetría genera distorsiones que impiden que el beneficio de la estabilización se propague por toda la economía.

Cavallo también critica la arquitectura tributaria que grava los préstamos y la intermediación financiera. Señala que los impuestos al Valor Agregado, ingresos brutos, aranceles y otros gravámenes que recaen sobre las operaciones de crédito duplican o casi triplican su costo real. Un empresario que busca financiamiento para reconvertir su producción hacia mercados de exportación se enfrenta con un costo financiero que, sumados todos los impuestos, puede resultar prohibitivo. Eliminar estas cargas sobre las operaciones financieras, acción que el Congreso no ha concretado, liberaría recursos para que fluyan hacia inversiones productivas y hacia consumo de las familias.

La ventana de oportunidad internacional y los riesgos domésticos

En su análisis, Cavallo reconoce que Argentina goza actualmente de circunstancias internacionales favorables. El país cuenta con un superávit comercial excepcional de casi 25.000 millones de dólares, una situación que contrasta radicalmente con los déficits gemelos que caracterizaron a gobiernos anteriores. Además, los precios de las commodities principales en las que Argentina tiene ventajas comparativas mantienen niveles relativamente robustos. Sin embargo, alerta que estas condiciones externas positivas no son suficientes por sí solas si no se acompañan con decisiones de política doméstica correctas.

El riesgo de reversión que Cavallo identifica es multifacético. No se trata simplemente de que un gobierno de signo opuesto llegue al poder en 2027 y revierta las políticas. Incluso si eso sucediera, argumenta Cavallo, las restricciones internacionales impuestas por los compromisos de deuda externa y la necesidad de mantener equilibrio fiscal obligarían a cualquier gobierno a preservar lo esencial del programa de estabilización. Sin embargo, la tentación de retornar a políticas populistas y redistributivas podría generar oscilaciones perjudiciales para la economía. Lo que realmente preocupa a Cavallo es que si el votante medio no percibe mejora en sus condiciones de vida antes de 2027, estará más predispuesto a apostar por opciones que prometan cambios más drásticos.

Para ilustrar este punto, Cavallo recurre a ejemplos históricos de líderes de izquierda que, pese a sus raíces ideológicas, actuaron como estadistas pragmáticos cuando asumieron responsabilidades gubernamentales. Menciona al español Felipe González, quien a pesar de ser socialista y de haber bebido de las fuentes del marxismo, supo entender el contexto internacional de su época e integró a España a la Unión Europea como una economía abierta. También cita al brasileño Fernando Henrique Cardoso. La lección que extrae es que el pragmatismo y el realismo de un líder importan más que su etiqueta ideológica para gobernar exitosamente. Pero ello no elimina la volatilidad implícita en un cambio de administración.

El dilema de las reservas y la emisión monetaria

Cavallo critica también lo que considera es una restricción autoimpuesta por el Banco Central respecto de la acumulación de reservas. Aunque durante 2024 se compraron casi 15.000 millones de dólares en reservas internacionales y la cotización del dólar superó la barrera de los 1.500 pesos, Cavallo sostiene que debieron haberse adquirido muchas más reservas. El argumento es que existe abundancia relativa de divisas en el mercado debido al superávit comercial, y que el temor a emitir pesos para comprar esas divisas carece de fundamento en el contexto actual.

Según Cavallo, existe cierta confusión técnica en el debate sobre cómo contabilizar e interpretar las compras de reservas. Señala que cuando el Banco Central compra dólares en un mercado donde los operadores están obligados por decreto a venderle, eso no es lo mismo que una acumulación genuina de activos externos que genere confianza a los acreedores internacionales. Cavallo propone que el Banco Central debe comprar reservas de manera explícita, sin temor a emitir pesos para hacerlo, siempre que esa emisión se corresponda con la adquisición de activos que fortalezcan la posición externa del país. A cambio, el Tesoro debe asegurar que tiene divisas suficientes para atender los pagos de deuda que no logre refinanciar con los acreedores.

Esta dinámica, argumenta, reduciría el riesgo país de manera más rápida que la situación actual. Es paradójico, afirma, que con todas las posibilidades futuras que crean las inversiones que se anuncian en sectores como litio, energía y petróleo, Argentina aún mantenga un riesgo país cercano a los 500 puntos básicos. Una mejor organización del sistema monetario y financiero, en su opinión, disminuiría ese indicador de manera significativa y reduciría los costos de endeudamiento externo.

Soberanía territorial y crecimiento económico como pilares complementarios

Cavallo también considera positivo que Milei haya realizado declaraciones reafirmando el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. Según su perspectiva, esto revierte una imagen anterior que podría haberse interpretado como desinterés en la cuestión. Sin embargo, deja claro que esta reafirmación simbólica de soberanía no es sustituto de buenos resultados económicos a la hora de evaluar el desempeño del Gobierno en 2027. Los ciudadanos, en última instancia, castigan o premian a las administraciones según si sienten que sus condiciones de vida mejoran o empeoran. Las declaraciones sobre soberanía territorial, aunque bienvenidas, no inciden directamente sobre el ingreso de las familias ni sobre las oportunidades de empleo.

La conexión que Cavallo establece entre estos temas tiene que ver con la visión de un país de largo plazo. Así como es importante defender la soberanía territorial, es igualmente fundamental que Argentina se inserte en la economía global de manera competitiva, desarrolle sus recursos naturales abundantes y organice su estructura institucional y económica de forma tal que atraiga inversión, genere empleo de calidad y permita que la población acceda a niveles de bienestar comparables a países desarrollados. Cavallo menciona a Australia y Canadá como modelos posibles para Argentina: países ricos en recursos naturales, bien administrados e insertos activamente en la economía mundial.

Recursos disponibles y el factor organización institucional

En su evaluación de las potencialidades argentinas, Cavallo no duda en afirmar que el país dispone de recursos naturales y humanos excepcionales. Posee minerales litíferos, hidrocarburos, tierras aptas para agricultura y ganadería, y además cuenta con una población educada, emprendedora y creativa. Sin embargo, reconoce que ha habido deterioro en indicadores de educación y salud pública en años recientes. A pesar de ello, observa que estudiantes argentinos en universidades del exterior se destacan y que el nivel del periodismo local sigue siendo de primera línea. El problema, entonces, no es la carencia de recursos sino la organización. Argentina necesita instituciones sólidas, reglas de juego claras, administración eficiente y una economía que funcione según principios de mercado con seguridad jurídica.

Cavallo rinde tributo intelectual a Juan Bautista Alberbi, pensador del siglo XIX que enfatizaba la importancia de la organización institucional. En este sentido, critica algunos aspectos de cómo se ha ejecutado el ajuste fiscal durante el gobierno de Milei. Aunque reconoce que los cortes en gasto público fueron necesarios, observa que se concentraron desproporcionadamente en áreas sensibles como el PAMI y programas para personas con discapacidad. Considera que debió haber búsqueda más creativa de eficiencias en otras áreas, evitando que grupos vulnerables cargaran con el peso más visible del ajuste.

Perspectivas futuras y los posibles escenarios post-2027

De cara a las próximas elecciones, Cavallo ve que existen múltiples futuros posibles. El escenario más favorable para Milei y sus aliados sería que la economía comience a crecer de manera visible, que se reduzca la inflación sin sacrificar demasiado empleo e inversión, y que la población perciba mejora en su calidad de vida. En tal caso, la reelección o la continuidad de las políticas de libre mercado sería probable. El escenario más riesgoso es que, sin reactivación clara, surja una alternativa política que prometa mayor intervención estatal, mayores transferencias y mayor protección de sectores específicos. Aunque Cavallo apunta que incluso en ese caso, la realidad internacional y las restricciones de deuda obligarían a mantener ciertos equilibrios, lo cierto es que oscilaciones en la política podrían resultar costosas.

Existe un escenario intermedio donde se logra algo de crecimiento pero insuficiente, generando descontento parcial. En ese caso, la política se fragmentaría aún más, con diversos bloques compitiendo pero sin que ninguno tenga mandato claro para transformar la economía en direcciones opuestas. Lo que Cavallo enfatiza es que el Gobierno tiene una ventana de tiempo para implementar las reformas pendientes: liberalización total del mercado cambiario, reorganización del sistema financiero, reducción de impuestos sobre operaciones de crédito, y mejora en la provisión de servicios públicos en provincias. Cada mes que pasa sin estos cambios reduce la probabilidad de que la reactivación sea lo suficientemente robusta para cimentar apoyo electoral en 2027.

En última instancia, el diagnóstico de Cavallo refleja una preocupación por la sostenibilidad política de cualquier proyecto de transformación económica en Argentina. El país ha experimentado ciclos repetitivos de reforma y reversión, de apertura y proteccionismo, de estabilización y crisis. Cavallo, como alguien que protagonizó tanto momentos de bonanza como de colapso, ofrece una lectura que subraya la importancia de que los resultados económicos sean perceptibles para la población, que las instituciones ganen legitimidad mediante su desempeño, y que no se pierda el horizonte de largo plazo aun cuando se requieran decisiones de corto plazo. Los próximos meses determinarán si el Gobierno está dispuesto a av