Después de meses de relativa calma cambiaria, el lunes 27 de abril dejó en claro que el mercado de divisas argentino volvió a moverse con fuerza. El dólar oficial cerró la jornada a $1.440 para la venta en el Banco Nación, mientras que el paralelo —el llamado dólar blue— terminó a $1.430, con una suba acumulada de $20 en una sola rueda. Lo que importa no es solo el número final: es la velocidad con la que se produjo el movimiento y el contexto en el que ocurrió. La combinación de un paro gremial en el Banco Central, un pago inminente al Fondo Monetario Internacional y una brecha cambiaria que volvió a ensancharse configura un escenario que merece atención.

Una jornada con varios frentes abiertos

El arranque de la semana estuvo lejos de ser tranquilo. El dólar minorista, que había terminado el viernes previo a $1.420, fue escalando posiciones durante toda la rueda del lunes. Primero subió $5, luego otros $5, luego $10 más, hasta cerrar en $1.440 para la venta y $1.390 para la compra en la ventanilla oficial. En el segmento mayorista, la divisa estadounidense avanzó un 0,96%, hasta los $1.415,50 para la venta. El dato no es menor: el mayorista había operado por debajo de los $1.400 durante varios días, y perforar ese techo al alza tiene implicancias para toda la cadena de formación de precios en la economía real.

En los bancos privados, las diferencias fueron mínimas pero ilustrativas del estado general del sistema: el Santander y el BBVA ofrecieron el billete a $1.440 para la venta y $1.390 para la compra, mientras que el ICBC lo hizo a $1.435 y $1.375 respectivamente, y el Supervielle a $1.440 y $1.390. Por su parte, el dólar MEP —el que surge de operar con bonos en pesos y cobrar en dólares— cerró a $1.461, es decir, $23 por encima del oficial. El contado con liquidación (CCL), el instrumento que utilizan las empresas para girar divisas al exterior, llegó a $1.512, lo que implica una brecha de aproximadamente el 7% respecto al tipo de cambio oficial. Hace apenas semanas, esa distancia era casi inexistente.

En el mercado informal, el movimiento fue igualmente significativo. El blue arrancó la semana sin cambios, en los mismos $1.420 con los que había cerrado el viernes. Pero durante la jornada fue ganando terreno de a $5 por vez, y terminó en $1.430 para la venta. En el mercado cripto, el dólar cotizó a $1.483,65, en un contexto donde el bitcoin retrocedía más del 1% y se ubicaba en torno a los US$77.820.

El fin del "veranito cambiario" y la presión sobre las reservas

El movimiento del lunes no surgió de la nada. En las cinco ruedas previas, el tipo de cambio ya había dado señales de querer recuperar terreno, acumulando una suba de $35 desde el jueves de la semana anterior. Analistas del mercado señalaron que este repunte se produce en un entorno paradójico: el Banco Central acumuló US$745 millones solo en la última semana, llevando el total del mes a más de US$2.300 millones, y el agro también había acelerado su liquidación de divisas. Aun así, el dólar subió. Eso refleja que hay fuerzas de demanda —o expectativas— que están presionando por encima de la oferta disponible.

Un factor clave para entender esta dinámica es el peso real del peso. En lo que va de 2026, la moneda argentina acumuló una apreciación en términos reales de más del 12%, lo que significa que el peso se había vuelto relativamente caro en comparación con otras monedas de la región. Ese proceso de apreciación fue posible gracias a la estabilidad del tipo de cambio oficial y a una inflación que, aunque elevada, fue cediendo terreno. De hecho, según proyecciones privadas y del propio Gobierno, abril marcaría la primera desaceleración del Índice de Precios al Consumidor desde mayo de 2025. En aquel mes, la inflación mensual había tocado un piso del 1,5%, y desde entonces fue escalando hasta el 3,4% de marzo, el punto más alto del ciclo. Si las estimaciones se confirman, ese pico habría quedado atrás.

Pero hay otro elemento que pone presión sobre el frente cambiario: el vencimiento de US$800 millones en concepto de intereses con el Fondo Monetario Internacional, previsto para el viernes siguiente. El pago corresponde al préstamo original que el organismo multilateral otorgó a la Argentina en 2018 por US$44.000 millones, durante la gestión de Mauricio Macri. Ese crédito fue luego renegociado durante la presidencia de Alberto Fernández y ampliado en abril de 2025 por la administración de Javier Milei con un nuevo desembolso de US$20.000 millones. Entre 2018 y febrero de 2026, la Argentina ya pagó al FMI un total de US$15.149 millones solo en intereses, cifra que equivale al 30% del monto original del préstamo. Para cubrir el vencimiento del viernes, el Banco Central deberá utilizar reservas propias, a menos que el directorio del organismo apruebe antes un desembolso pendiente de US$1.000 millones.

El paro en el Banco Central y las acciones argentinas en Wall Street

En medio de este escenario, el lunes también estuvo marcado por una medida de fuerza interna del sistema financiero. La Bancaria, el sindicato que conduce Sergio Palazzo, declaró un paro de 24 horas en el Banco Central en protesta por el cierre de 12 de las 21 tesorerías regionales que operaban en distintos puntos del país. La reestructuración afectó directamente a 32 trabajadores. El gremio advirtió que no habría operaciones en esas dependencias, incluyendo el abastecimiento de efectivo a entidades financieras. Sin embargo, desde la conducción del BCRA, encabezada por Santiago Bausili, se aclaró que los servicios al público en general —transferencias, pagos electrónicos y cajeros automáticos— funcionarían con normalidad, como si se tratara de un fin de semana extendido. El conflicto, de todas formas, pone en evidencia tensiones internas dentro del sistema regulatorio que no suelen quedar expuestas en la superficie.

Mientras tanto, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street arrancaron la semana con signo negativo. Los papeles que más retrocedieron fueron los de Loma Negra, con una caída del 2,9%, seguidos por los de Banco Supervielle (-1,7%) y Edenor (-1,6%). En el mercado de deuda soberana, los títulos denominados en dólares también operaron a la baja: el AE38 cayó un 1,1%, el AL41 un 1% y el GD30 un 0,9%. En este contexto, el riesgo país se ubicó en 573 puntos, un nivel que sigue siendo alto en términos históricos pero que representa una mejora significativa respecto a los valores que supo registrar la Argentina en años recientes, cuando llegó a superar los 2.000 puntos. A modo de referencia, un riesgo país por debajo de los 300 puntos se considera el umbral mínimo para que un país acceda a financiamiento internacional en condiciones normales.

En el mercado internacional de materias primas, el petróleo tuvo una jornada alcista que también dejó su huella. El barril Brent del Mar del Norte avanzó un 2,75% hasta los US$108,23, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) ganó un 2,09% y se ubicó en US$96,37. La razón del alza fue la falta de acuerdos en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, lo que reavivó el temor a una prolongación del bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo que se comercializa a nivel global. Para la Argentina, productora de crudo desde sus cuencas patagónicas y con exportaciones en expansión, un precio del petróleo elevado es una variable con efectos positivos en el ingreso de divisas.

Qué puede pasar a partir de aquí

El cuadro que dejó el lunes 27 de abril abre interrogantes que van más allá de los números del día. Si la brecha entre el dólar oficial y los financieros sigue ensanchándose, el sistema de incentivos para liquidar exportaciones puede comenzar a deteriorarse: los productores podrían preferir esperar una mejora del tipo de cambio antes de vender. Al mismo tiempo, una inflación que empieza a desacelerarse podría dar margen para que la política monetaria acompañe el proceso sin grandes sobresaltos. Sin embargo, el vencimiento del FMI del viernes es una variable de peso que podría tensar las reservas del Banco Central en un momento en que el mercado ya tiene los ojos bien abiertos. Para quienes miran el escenario desde una perspectiva optimista, la acumulación de reservas de las últimas semanas ofrece un colchón suficiente. Para quienes priorizan los riesgos, la combinación de brecha cambiaria creciente, conflicto gremial interno y presión sobre el sistema financiero internacional es una señal de que la calma de los meses anteriores puede no ser la norma hacia adelante. Como siempre en la economía argentina, los próximos días dirán más que cualquier proyección.