La industria argentina experimentó durante el mes de marzo un repunte que rompe con la tendencia de debilidad que caracterizó buena parte del año anterior. El indicador que mide cuánto están utilizando las fábricas de sus máquinas, equipos e instalaciones alcanzó 59,8%, una cifra que no se veía desde octubre pasado y que supera incluso el desempeño del mismo mes del año previo. Sin embargo, este dato agregado esconde una realidad fragmentada: mientras algunos sectores avanzan con decisión, otros continúan sumidos en una caída que parece sin freno. Los analistas ya advertían sobre esta brecha creciente en el tejido productivo nacional, y los números de marzo vienen a confirmar lo que muchos temían: la recuperación macroeconómica no llega parejo a toda la industria.
Conviene retroceder en el tiempo para entender el contexto de esta recuperación. Hace exactamente un año, en marzo de 2024, el nivel de ocupación de la capacidad instalada había caído estrepitosamente a 53,2%, como resultado directo de los ajustes fiscales y monetarios aplicados en los primeros meses de la gestión que comenzó en diciembre de 2023. Ese impacto, brutal y generalizado, golpeó a la mayoría de los sectores simultáneamente. Pero si se mira aún más atrás, hacia marzo de 2023, el panorama era radicalmente distinto: entonces el indicador se ubicaba en 67,3%, reflejando una industria que funcionaba mucho más cerca de su capacidad máxima. El recorrido desde ese pico hasta hoy representa una contracción profunda de la actividad manufacturera que, aunque ahora muestra signos de recuperación parcial, aún dista de alcanzar los niveles pre-ajuste.
Los ganadores: petróleo y acero lideran la reactivación
Dentro del heterogéneo panorama del mes de marzo, dos sectores se destacan por su desempeño superior. El sector de refinación del petróleo encabeza las estadísticas con 86,0% de utilización de capacidad, demostrando una demanda sostenida que refleja tanto el consumo interno como las dinámicas del comercio internacional. Las industrias metálicas básicas, fundamentalmente la producción de acero, registraron 73,3% en marzo, comparado con 64,3% en el mismo mes del año anterior. Este incremento de casi nueve puntos responde a factores concretos: los productores de acero crudo aumentaron su fabricación 17,1% de manera interanual, lo que sugiere una renovada demanda que probablemente está vinculada a proyectos de construcción e infraestructura que comenzaron a acelerarse durante el primer trimestre.
Detrás de estos números positivos existen explicaciones tangibles. La producción de químicos y sustancias petroquímicas mostró un salto espectacular: 69,5% en marzo comparado con apenas 53,8% en el mismo mes de 2025. Este repunte de 15,7 puntos porcentuales resulta particularmente interesante porque revela un efecto de comparación estadística. En marzo del año anterior, el polo petroquímico de Bahía Blanca había sido devastado por inundaciones que interrumpieron el suministro de gas natural a las principales plantas de producción. Por lo tanto, la cifra de este año, aunque efectivamente representa una mejora genuina en la producción de materias primas plásticas, cauchos sintéticos y químicos básicos, también se beneficia de la baja base de comparación del período previo. El sector de alimentos y bebidas, por su parte, contribuyó con 61,6% de utilización gracias principalmente a una mayor molienda de oleaginosas y un incremento en la fabricación de bebidas, comparado con 57,6% un año atrás.
Las grietas se profundizan: sectores en caída libre
La otra cara de la moneda es brutal. De los doce bloques sectoriales en que se divide la clasificación industrial, apenas cinco superan el promedio nacional, mientras que siete operan por debajo. La metalmecánica excepto automotores, que históricamente ha sido crucial para la manufactura argentina, se ubica en un preocupante 40,0% de utilización, por debajo del 42,8% registrado un año atrás. Dentro de este rubro, la fabricación de maquinaria agropecuaria sufrió una caída interanual de 14,7%, mientras que los aparatos de uso doméstico registraron una contracción aún más severa de 16,2%. Estos números son significativos porque la maquinaria agrícola representa históricamente una fortaleza relativa del sector manufacturero argentino, conocida mundialmente por su calidad y tecnología. Que esta rama esté contrayéndose apunta a dificultades que van más allá de ciclos temporales.
Los textiles constituyen otro desastre silencioso. Con apenas 40,2% de utilización de capacidad, este sector que alguna vez fue fundamental para la economía local continúa sumido en una crisis que parece estructural. Similarmente, la industria automotriz opera en 49,6%, producto de una demanda débil tanto en el mercado interno como en las exportaciones. Los productos de caucho y plástico se ubican en 41,3%, reflejo de una cadena productiva que depende de insumos importados y del poder de compra de sectores que están bajo presión. Los productos minerales no metálicos, aunque muestran un leve avance a 56,6%, continúan evidenciando dificultades en un sector que había mostrado mayor resiliencia en contextos de recuperación anteriores. El sector de edición e impresión, transformado por la digitalización y el cambio en patrones de consumo, apenas llega a 56,0%.
Esta polarización del desempeño industrial no es casual ni coyuntural. Responde a estructuras de demanda global diferenciadas: mientras que petróleo, acero y alimentos están conectados a mercados internacionales con demanda sostenida o creciente, sectores como textiles, metalmecánica de menor escala y productos de consumo doméstico dependen de un mercado interno que atraviesa restricciones de acceso crediticio y poder adquisitivo limitado. El dato de marzo, entonces, más que indicar una recuperación generalizada, fotografía un sector manufacturero que se está polarizando: los segmentos integrados globalmente avanzan, mientras que los orientados principalmente al mercado local se estancan o retroceden.
Las implicancias de una recuperación parcial
La publicación de este indicador llega en un contexto particular: una semana antes de que se difunda la cifra de actividad general del mes de marzo, que integrará todos los sectores de la economía. Ese dato agregado será relevante para confirmar si esta recuperación industrial se generaliza hacia el resto de la economía o permanece confinada a algunos sectores específicos. Históricamente, la industria ha actuado como motor multiplicador del empleo y la inversión, por lo que un repunte selectivo plantea interrogantes sobre la capacidad del crecimiento económico para generar inclusión laboral. Si solo algunos sectores crecen mientras otros se contraen, el resultado neto en términos de empleo podría ser modesto, con destrucción de puestos de trabajo en ramas en caída compensada parcialmente por creación de empleo en ramas en expansión. Además, la heterogeneidad sectorial impacta desigualmente en distintas regiones geográficas: mientras que provincias vinculadas a petróleo, minería y agricultura se benefician, aquellas que dependen de industrias metalmecánicas o textiles enfrentan presiones adicionales sobre sus economías locales.



