La industria de los combustibles atraviesa un momento de inflexión. Después de cuatro meses consecutivos de contracción, mayo trajo aire fresco al sector: los despachos de nafta y gasoil apenas cayeron 0,2% respecto al mismo período del año anterior, según informó la Secretaría de Energía. Este guarismo representa la desaceleración más significativa registrada en lo que va de 2026, una señal tenue pero mensurable de que el consumo podría estar tocando piso. Lo que suceda en los próximos treinta días resultará decisivo para anticipar si esta mejora es apenas un respiro o el comienzo de una reversión de la tendencia. El mercado de los combustibles, como espejo de la actividad económica general, concentra todas las miradas de analistas y empresas del ramo que buscan leer entre líneas los primeros signos de recuperación.
Durante abril, la contracción interanual había alcanzado 2,4%, una caída prácticamente doce veces superior. La diferencia numérica entre ambos meses parece modesta en números absolutos —tan solo 2.799 metros cúbicos en términos de variación—, pero en el contexto de un mercado que movimentó aproximadamente 1,4 millones de metros cúbicos mensuales, esa estabilización adquiere relevancia estratégica. Mes a mes, las ventas se expandieron 3,03% en comparación con abril, lo que evidencia un resurgimiento de la demanda entre los consumidores finales. Sin embargo, este repunte debe enmarcarse en un panorama más amplio: el volumen total despachado sigue distante de los picos históricos. Durante los períodos de máximo consumo, hace algunos años atrás, la industria rondaba regularmente los 1,5 millones de metros cúbicos mensuales. En la actualidad, la oferta se ubica entre 5% y 8% por debajo de esos récords, una brecha que revela la profundidad de la crisis de consumo que atravesó el país durante los primeros meses del año.
El pulso de las grandes corporaciones
En el mapa de actores corporativos, la foto es clara: YPF continúa siendo el faro del mercado nacional de combustibles. La empresa estatal controlaba en mayo 55,9% de todas las ventas minoristas y logró crecer 3,3% respecto a mayo del año previo, demostrando que su estrategia comercial y de precios le permitió capturar parte de la demanda que otros competidores perdieron. Shell, en tanto, concentraba 22,3% del mercado pero acusó un retroceso de 1,9% interanual, evidenciando una pérdida de posicionamiento relativo. Axion Energy, tercera en el podio, explicaba 11,8% de los despachos totales pero con una caída de 1,8%. El panorama se complica para el resto de los actores menores: agrupados en un residual 10% del mercado, estas compañías acumulaban juntas una contracción de 11,6%, lo que sugiere una concentración creciente del negocio en pocas manos y el cierre o reducción operativa de estaciones de servicio de menor tamaño en diversos puntos del país.
Los especialistas del sector descifran estos números como indicios concretos de que la actividad económica ha dejado atrás su peor momento. La mayor dinámica observada en las estaciones de servicio durante mayo confirmaría esta hipótesis. Aunque los analistas se mantienen prudentes respecto a proyecciones para junio, en los círculos industriales circula una expectativa optimista: la tendencia positiva habría continuado durante el mes siguiente, sostenida principalmente por la decisión de YPF de implementar un mecanismo estabilizador de precios desde inicios de abril. Esta medida, concebida para amortiguar las fluctuaciones derivadas de la volatilidad petrolera internacional —particularmente por los conflictos armados en Oriente Medio—, funcionó como un amortiguador que evitó trasladar al consumidor la totalidad de las variaciones del barril en las góndolas de las estaciones.
Geografía de la desigualdad: provincias ganadores y perdedores
Cuando el análisis se desagrega por jurisdicción, emerge un mapa de recuperación altamente despareja. Solo ocho provincias lograron registrar crecimientos interanuales en sus ventas de combustibles. Chaco encabezaba la lista con un salto de 12,1%, seguido por Santiago del Estero con 9,9%, La Pampa con 5%, mientras que Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba se ubicaban en la franja del 3,2% a 3,4%. Tierra del Fuego y Buenos Aires cerraban el club de los ganadores con crecimientos apenas superiores al medio punto porcentual: 0,8% y 0,6% respectivamente. La distribución geográfica de estas mejoras sugiere que el crecimiento se concentró principalmente en regiones del norte y litoral, mientras que el conglomerado pampeano apenas mostró señales de recuperación. Los dieciséis distritos restantes navegaban aguas turbias. Misiones y Chubut lideraban la lista negra con caídas superiores a 10%: 12,1% y 11,4% respectivamente. Jujuy, Santa Cruz, Río Negro y Mendoza completaban el ranking de las peor paradas, con contracciones que oscilaban entre 7,5% y 4,5%.
La divergencia provincial refleja realidades económicas territoriales muy distintas. Mientras algunas zonas del norte lograron dinamismo gracias a actividades vinculadas al agro o la minería, las regiones patagónicas enfrentaban presiones estructurales por la caída de la actividad petrolera y turística. En el caso de las naftas específicamente, la radiografía es aún más severa: apenas dos provincias, Neuquén y Tierra del Fuego, mostraron crecimientos de 2% y 1% respectivamente. Chubut y Misiones encabezaban nuevamente los desplomes, con caídas de 10,3% y 11,9%, lo que indica que la contracción en la demanda de combustibles de mayor octanaje fue particularmente intensa en esas jurisdicciones. Este comportamiento sugiere que los agentes económicos en esas regiones enfrentaban restricciones de liquidez que les impedía mantener sus patrones de consumo previos.
De cara al futuro próximo, el sector energético enfrenta una incertidumbre crítica centrada en la trayectoria de los precios internacionales. Tras el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, la cotización del petróleo Brent —referencia obligada para calcular los valores de venta en Argentina— volvió a superar la barrera de US$ 90 por barril, nivel que había logrado mantener a raya mediante intervenciones de mercado semanas atrás. Esta escalada internacional aleja sustancialmente la posibilidad de que se produzca una rebaja de precios en los surtidores nacionales en el mediano plazo. La industria, en consonancia, anticipa que la evolución de la demanda dependerá en buena medida de la capacidad de los consumidores para absorber incrementos sin reducir sus desplazamientos. Algunos sectores económicos podrían beneficiarse de una estabilidad de precios, mientras que otros —transporte, logística, comercio minorista con alta dependencia de combustibles— podrían ver comprometida su rentabilidad si los valores continúan en alza. El dato de mayo, entonces, no debe interpretarse como una garantía de recuperación sostenida, sino como una pausa en la caída que abre múltiples escenarios posibles según cómo evolucionen tanto los precios internacionales como la capacidad de gasto de los hogares argentinos en los próximos meses.



