La noticia que resuena desde Washington tiene el peso de un acuerdo que pretende detener una de las guerras más complejas de la región. Israel y Líbano acaban de suscribir un cese del fuego, según anunciara la administración estadounidense, en un movimiento que busca romper uno de los principales obstáculos para lograr un arreglo más amplio que permita resolver la confrontación con Irán. El acuerdo firmado entre los gobiernos de Líbano e Israel establece condiciones precisas: la interrupción total de operaciones militares del grupo armado Hezbolá, alineado con Teherán, y el retiro de todos sus combatientes hacia el norte del río Litani, en el territorio sureño libanés. Un comunicado conjunto emitido por Washington, Beirut y Tel Aviv, difundido a través del departamento de Estado estadounidense, formalizó estos términos tras las gestiones diplomáticas realizadas en la capital norteamericana.
El telón de fondo: una negociación sin los actores clave
Lo paradójico del acuerdo radica en su arquitectura política. Aunque el documento aparece suscrito entre los gobiernos de Líbano e Israel, los enfrentamientos reales han ocurrido entre Hezbolá y el ejército israelí. El ejército libanés no ha participado en los combates. No obstante, el gobierno de Beirut decidió negociar directamente con Tel Aviv, sin la participación de Hezbolá, como parte de una estrategia más amplia: recuperar la soberanía nacional y proceder al desarmamento de la organización. Esto refleja un cálculo político delicado donde el Estado libanés intenta recobrar el control territorial que ha perdido durante décadas frente a actores no estatales.
A pesar de la solemnidad del pacto, los combates continuaron hasta la madrugada del jueves. Israel ejecutó múltiples ataques aéreos en la zona de Nabatieh y el valle occidental de la Bekaa, mientras que Hezbolá disparó contra posiciones israelíes en la aldea de Qantara, en el sur libanés. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró que su país mantendría la capacidad de continuar desmantelando lo que definió como "infraestructura terrorista" en el sur del país vecino. Agregó un dato significativo: Israel gozaría de "libertad de acción respaldada por Estados Unidos" para bombardear Beirut en respuesta a ataques contra ciudadanos e instalaciones israelíes. Además, las tropas israelíes permanecerían en territorio libanés para sostener la zona de amortiguamiento que, según Tel Aviv, protege a sus residentes septentrionales. Esa zona controlada por Israel abarca más de 600 kilómetros cuadrados, territorio del cual ha destruido decenas de pueblos fronterizos, impidiendo que cientos de libaneses regresen a sus hogares.
Zonas piloto y la cuestión del retiro militar
El acuerdo también contempla la creación de "zonas piloto" donde las fuerzas armadas libanesas asumirían control exclusivo, excluyendo a actores no estatales. El presidente libanés, Joseph Aoun, sugirió que el primer laboratorio de estas zonas sea instalado en el área del castillo de Beaufort, recientemente capturado por tropas israelíes. El mandatario indicó que el cese del fuego podría requerir veinticuatro horas para entrar en vigor. Sin embargo, el comunicado conjunto evitó mencionar si y cuándo se retirarían las fuerzas israelíes del territorio libanés. Esta omisión resulta crítica: un acuerdo anterior, en 2024, ya había contenido promesas similares que terminaron incumplidas. En esa ocasión, Israel ejecutó más de diez mil operaciones aéreas durante quince meses posteriores, violando continuamente los términos de la tregua establecida.
Todas las partes aguardan la respuesta de Hezbolá a esta última versión del cese de hostilidades. El secretario general de la organización, Naim Qassem, estaba previsto que se pronunciara públicamente. Días antes, un vocero de Hezbolá había manifestado que el grupo "rechazaría un cese de fuego parcial" y que no había participado en las negociaciones. No obstante, en encuentros privados, la organización habría señalado su disposición hacia una interrupción completa de las hostilidades, lo que significaría dejar de atacar si Israel también se abstuviera de operaciones ofensivas. Hezbolá ha dejado claro que no retornará al status quo anterior a la guerra, cuando Israel realizaba frecuentes incursiones aéreas a pesar de que existía un acuerdo de cese de fuego previo.
El factor Irán en las negociaciones globales
El rol de Irán en estos desarrollos refleja la complejidad geopolítica actual. El presidente estadounidense, Donald Trump, expresó públicamente su intención de separar las conversaciones sobre Líbano de aquellas relacionadas con la confrontación con Teherán. Irán, sin embargo, insiste en que ambos conflictos están interconectados. Esta semana, la República Islámica amenazó con suspender sus diálogos con Washington en protesta por la ofensiva israelí contra Líbano. Teherán ha declarado que no abandonará a Hezbolá en sus negociaciones con Estados Unidos, incluso mientras el gobierno libanés sostiene que no permitirá que Irán negocie en su nombre. La realidad sugiere que el destino de Hezbolá en Líbano dependerá del resultado de las conversaciones con Irán y posiblemente de un acuerdo político más amplio en la región.
Trump mencionó el lunes que había frenado un ataque israelí inminente contra Beirut y que había conversado tanto con el primer ministro Benjamin Netanyahu como con representantes de Hezbolá, quienes coincidieron en que "todo disparo cesaría". El presidente estadounidense confirmó reportes en los cuales había caracterizado a Netanyahu como "loco", aclarando que estaba "un poco molesto" porque la campaña israelí contra Hezbolá complicaba los esfuerzos liderados por Washington para avanzar en negociaciones de paz con Irán. Según analistas, Tel Aviv busca infligir la mayor cantidad de daño posible a Hezbolá antes de que cualquier acuerdo con Irán ponga fin a su ofensiva. Netanyahu comunicó a una red de televisión estadounidense que él y Trump estaban alineados en el objetivo de desarmrar a Hezbolá para lograr paz entre Israel y Líbano.
Las presiones internas de Washington y el costo humanitario
La administración estadounidense enfrenta presiones domésticas significativas. El aumento de precios energéticos y la incertidumbre económica global amenazan las perspectivas republicanas en elecciones legislativas venideras y obstaculizan el comercio internacional. La Cámara de Representantes estadounidense entregó esta semana un "rechazo sorpresivo" a Trump, con legisladores respaldando una iniciativa para obligarlo a solicitar aprobación al Congreso antes de continuar la guerra o retirar fuerzas militares estadounidenses. Aunque el impacto fue principalmente simbólico, ya que permanece incierto si la resolución tiene fuerza legal incluso si fuera aprobada por el Senado, marca una presión legislativa en tiempos de conflicto regional.
El costo humanitario de la confrontación se manifiesta en cada ronda de negociaciones. Entre los ataques israelíes del miércoles figuró uno en las inmediaciones del hospital público de Tebnine, apenas días después de operaciones contra los hospitales Hiram y Jabal Amel en Tiro. El bombardeo cercano a Jabal Amel el lunes provocó cuatro muertes e hirió a ciento veintisiete personas, la mayoría personal médico. La Agencia Nacional de Noticias libanesa reportó ataques en más de veinte ubicaciones sureñas, algunos tras advertencias israelíes de evacuación a residentes. El ministerio de Salud libanés confirmó que Israel atacó una ambulancia en el sur, matando dos paramédicos de la Asociación Scouts Risala, un servicio de salud civil vinculado al movimiento Amal, aliado de Hezbolá. Organizaciones de derechos humanos han sostenido que los ataques contra trabajadores sanitarios constituyen crímenes de guerra, independientemente de sus afiliaciones políticas.
Simultáneamente, Irán atacó Kuwait, causando una muerte, dañando su aeropuerto e hiriendo a decenas de personas. El ejército estadounidense realizó operaciones aéreas cerca del estrecho de Ormuz. Estos ataques representan las últimas pruebas a un frágil cese de fuego entre Washington, Tel Aviv y Teherán, elevando los precios del petróleo casi dos por ciento, considerando que el estrecho permanece mayormente cerrado más de tres meses después del inicio de la guerra. La Guardia Revolucionaria iraní declaró que no disparó contra el aeropuerto kuwaití y culpó a misiles interceptores estadounidenses fallidos por la destrucción. El ejército estadounidense negó estas afirmaciones, aseverando que drones iraníes apuntaron deliberadamente contra la instalación aeroportuaria.
Las implicancias de un acuerdo frágil y los interrogantes pendientes
Las rondas de negociación directa entre diplomáticos libaneses e israelíes llegaron a su cuarta iteración desde que los combates estallaran el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó ataques contra Israel en apoyo de Irán, que había sido bombardeada por Estados Unidos e Israel. El comunicado conjunto anunció que las conversaciones en Washington continuarían para detallar el cese del fuego e implementar sus fases. Los antecedentes resultan preocupantes: un cese de fuego anterior entre Hezbolá e Israel en 2024 contenía disposiciones similares, con Hezbolá comprometiéndose a replegar sus fuerzas al norte del río Litani para permitir el despliegue del ejército libanés en el sur. El desarmamento completo de Hezbolá nunca se materializó.
Las interrogantes que sobrevuelan estas negociaciones son múltiples. ¿Hezbolá aceptará términos que su líder ha rechazado públicamente? ¿Cumplirá Israel con los compromisos de retiro territorial, como prometió en 2024 sin hacerlo? ¿Conseguirá Estados Unidos deslindar las negociaciones sobre Líbano de aquellas con Irán, o seguirán siendo inseparables? ¿Qué sucederá si Israel continúa con operaciones militares bajo el argumento de que Hezbolá viola el acuerdo, como ocurrió tras el cese de fuego anterior? Las consecuencias potenciales se ramifican en múltiples direcciones. Un colapso de las negociaciones podría profundizar la crisis humanitaria en Líbano y extender la confrontación regional. Una implementación parcial o selectiva del acuerdo perpetuaría la inestabilidad. Por el contrario, un cumplimiento genuino de los términos por todas las partes abriría posibilidades para que Líbano recupere soberanía territorial y que la región transite hacia una estabilidad relativa. Lo cierto es que el próximo movimiento de Hezbolá, la respuesta de Irán y las acciones subsecuentes de Israel determinarán si este acuerdo representa un punto de quiebre hacia la paz o simplemente un paréntesis en una confrontación más prolongada.



