La semana que comenzaba prometía ser el punto de inflexión para recuperar el protagonismo político perdido durante las últimas semanas. El jefe de Gabinete Manuel Adorni había programado su regreso a las conferencias de prensa después de más de cuarenta días sin comparecer ante los periodistas, una estrategia comunicacional que buscaba cerrar un paréntesis incómodo y retomar la narrativa de gestión que define al equipo de Milei. Sin embargo, el lunes por la tarde llegó la noticia que desmoronó esos planes: un contratista había declarado bajo juramento ante los tribunales que recibió 245 mil dólares en efectivo de Adorni por trabajos de remodelación en su vivienda ubicada en el country Indio Cua, localidad de Exaltación de la Cruz. La declaración testimonial de Matías Tabar en Comodoro Py no era un rumor de pasillos políticos ni una filtración malintencionada. Se trataba de una deposición formal que venía a complicar aún más el escenario judicial en el que Adorni se encuentra bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito, una causa que ha consumido energía política del Gobierno durante casi dos meses.
La respuesta desde Balcarce 50
La Casa Rosada reaccionó de manera casi inmediata. Los voceros cercanos al funcionario salieron a desmentir categóricamente los números que había mencionado el contratista. Con tono desafiante, insistieron en que "ese no es el monto" correspondiente a los trabajos realizados. Desde las oficinas de la Jefatura de Gabinete argumentaron que la cantidad declarada por Tabar resulta exagerada y desproporcionada para el tipo de reformas efectuadas. El Gobierno anticipó que solicitaría una pericia técnica que permitiera determinar el valor real de las mejoras introducidas en la propiedad. En ese sentido, anunciaron que posiblemente realizarían una inspección ocular de la vivienda, procedimiento que técnicamente buscaría establecer si el costo real de los trabajos coincide o no con la cifra que el constructor puso sobre la mesa en su declaración judicial.
La estrategia comunicacional adoptada por el círculo íntimo de Adorni incluyó otro argumento. Sostenían que el propio Tabar nunca entregó la documentación que debería respaldar sus gastos. Afirmaban que el arquitecto responsable de la obra se había comprometido a proporcionar facturas detalladas de todos los costos incurridos, pero que jamás las había presentado. Esto, en su lógica, abría la puerta a cuestionar la validez de los números que ahora el contratista exponía ante la Justicia. Sin embargo, cuando se les preguntó por qué no habían exigido formalmente esa documentación en su momento, los voceros gubernamentales evitaron dar respuestas concretas, una evasión que no pasó desapercibida.
Desde Balcarce 50 también circuló una evaluación alternativa del inmueble. Según quienes hablaban en representación del funcionario, la casa del country no tendría un valor superior a 200 mil dólares en el mercado inmobiliario. Si esa tasación fuera correcta, significaría que los 245 mil dólares que supuestamente Adorni pagó en efectivo por reformas resultarían en un producto cuyo valor total excedería considerablemente el de mercado, algo que en términos de lógica económica parecería poco probable. El Gobierno sostuvo que cuenta con "la buena voluntad del arquitecto" para respaldar sus costos, una frase que generó algo de perplejidad dado que esa voluntad no se había materializado en documentación presentada hasta el momento.
Medidas judiciales y la promesa de aclaración
La Casa Rosada anunció que evaluaba tomar acciones legales específicas para rebatir la declaración de Tabar. Señalaron que, en caso de que la deposición del contratista "no corresponda", procederían a formular las denuncias que consideraran necesarias. Este movimiento sugiere que el Gobierno no solo se plantea una defensa pasiva, sino que contempla ir a la ofensiva dentro del proceso judicial. Al mismo tiempo, insistieron en que Adorni "no tiene nada que no pueda justificar", una afirmación de confianza que repetían desde hace semanas sin que hasta el momento hubiera presentado explicaciones públicas detalladas sobre sus activos y gastos.
El funcionario mantiene pendiente la presentación de su declaración jurada ante la Justicia. El vencimiento de ese plazo está fijado para el 31 de mayo, fecha que aparentemente el Gobierno considera estratégica. Desde las distintas terminales del Poder Ejecutivo expresaban convicción de que cuando esa documentación llegara a manos del juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita, ambos a cargo de la investigación, todo quedaría "en claro". Pero nuevamente surgía la pregunta incómoda: si la declaración jurada contiene explicaciones tan claras y contundentes, ¿por qué no adelantarla y cerrar de una vez el tema cuando aún existe oportunidad de controlar la narrativa pública?
El contexto político en el que ocurren estos hechos no es menor. El Gobierno llegaba a esta semana convencido de que el Congreso, donde Adorni pasó casi siete horas declarando la semana anterior, había funcionado como una "bisagra" para cambiar el rumbo de la situación. Cerca de Javier y Karina Milei estaban satisfechos con esa presentación parlamentaria, un evento que internamente catalogaban como estratégico para recuperar iniciativa. Esperaban que la causa judicial entrara en una "meseta" donde solo habría peritajes contables y que las noticias sobre el tema se espaciaran, permitiendo al Gobierno volver a dominar la agenda con sus prioridades de gestión. Pero la declaración de Tabar interrumpió ese cálculo.
Implicancias y perspectivas futuras
Los hechos que emergen en este punto del proceso judicial plantean varios interrogantes que trascenderán la figura de Adorni. Por un lado, está la cuestión de la documentación: si efectivamente se produjeron transacciones de esa magnitud en efectivo, esto abre inquietudes sobre trazabilidad, cumplimiento de normativas sobre transacciones en moneda extranjera y las obligaciones declarativas que existen en Argentina. Por otro lado, permanece abierta la pregunta sobre cómo se concilian los números. Si el contratista declara 245 mil dólares y el Gobierno sostiene que el valor de la obra debería ser considerablemente menor, la pericia técnica que anunciaron será crucial para establecer dónde está la verdad fáctica.
La capacidad del Gobierno de recuperar control de la agenda dependerá de cómo evolucione este caso en los próximos meses. Los funcionarios creen que logrará "meter" gestión y que los temas de Adorni quedarán en segundo plano. Pero cada nueva declaración judicial o movimiento procesal parece tener la capacidad de reavivar la controversia. El 31 de mayo, cuando venza el plazo para la presentación de la declaración jurada, será otro momento crítico. Y luego vendrán los peritajes, los análisis periciales contables y posiblemente nuevas testimoniales. Cada uno de esos eventos tiene potencial para generar nuevos titulares y mantener vivo un debate que el Gobierno quisiera cerrado. Mientras tanto, la pregunta sobre qué pasó exactamente con esos 245 mil dólares, cómo se documentaron, quién autorizó el pago, y si existieron otras transacciones similares sigue sin respuesta clara en el espacio público, dejando la causa abierta a múltiples interpretaciones según el posicionamiento político de cada observador.


