Después de más de dos décadas al frente del principal gremio docente de la provincia, Roberto Baradel cerró su ciclo como secretario general del Suteba, aunque lo hizo bajo sus propios términos: asegurando que su línea política mantendría el control de la organización. Los números electorales así lo confirman. Con el 76% de los sufragios, María Laura Torre —hasta ahora secretaria adjunta— fue ungida como su sucesora en los comicios que se realizaron el miércoles, consolidando la continuidad de una conducción que ha marcado profundamente el rumbo del sindicato durante más de dos décadas. El resultado representa una victoria de proporciones para el sector baraidelista, pero también revela fracturas internas que merecen atención, particularmente en los bastiones que antes controlaba sin cuestionamientos.

Una transición planificada en la cúpula sindical

La elección de Torre no fue sorpresa ni accidente en la lógica política del Suteba. Se trataba de la candidata oficialista de una máquina electoral que lleva años perfeccionando sus mecanismos de poder. Con 128 de 133 seccionales ganadas, la Lista Celeste-Violeta demostró un dominio territorial casi sin precedentes dentro de la estructura del sindicato, que aglutina aproximadamente 90.000 afiliados en toda la provincia bonaerense. La magnitud de la votación —realizada en 2.023 mesas de votación— muestra la robustez organizativa del aparato que Baradel construyó a lo largo de dos décadas, desde que en 2004 relevara al actual diputado nacional y referente de la Central Argentina de Trabajadores, Hugo Yasky, en la conducción del gremio.

Torre asumiría acompañada en los puestos clave por María Cattaneo y Silvia Almazán, ambas con trayectoria probada dentro de la estructura sindical baraidelista. En sus primeras declaraciones tras la victoria, la nueva secretaria general enfatizó la continuidad: plantear la defensa de los derechos de los trabajadores educativos como eje, frecuentar los establecimientos escolares, pelear por mejoras salariales, y confrontar contra el plan de reducción del gasto público del gobierno nacional. La mención explícita al ajuste del gobierno de Javier Milei no fue casual; en el discurso gremial, la gestión nacional funciona como enemigo común que justifica la cohesión interna.

Grietas en la fortaleza: La Matanza y la recuperación de la izquierda

Sin embargo, bajo este manto de predominio incontestable, el resultado electoral esconde un dato que relativiza la narrativa de una hegemonía total. La Matanza, la seccional más poblada del Suteba con 9.700 afiliados, escapó del control celeste-violeta. En este territorio que Torre consideraba suyo—siendo originaria del distrito—, la coalición entre la Lista Multicolor, identificada con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U), y la Azul y Blanca del Partido Comunista Revolucionario lograron sumar fuerzas para desplazar a los baraidelistas. Con 2.297 votos contra 2.135, una diferencia de apenas 162 sufragios, la izquierda docente volvió a conducir lo que históricamente ha sido uno de sus bastiones de resistencia.

La victoria en La Matanza llevó a Romina Del Plá, diputada nacional del Partido Obrero, a la secretaría general de la seccional local. Del Plá ya había conducido el gremio matancero en el pasado, representando una corriente crítica con respecto a la política de alianzas y negociaciones que caracteriza a la conducción baraidelista. Desde este sector, la victoria fue presentada no solo como un triunfo electoral circunscripto, sino como un posicionamiento político: marcar diferencias en la confrontación contra el ajuste, tanto del gobierno nacional como de la administración provincial encabezada por Axel Kicillof. La ironía de la geografía política no pasó desapercibida: Torre perdía en su propio terruño.

El Suteba de La Matanza representa un caso único de resistencia a la máquina de Baradel. Mientras tanto, en Berazategui, la Azul y Blanca conseguía mantener el control con 449 votos frente a 353 de la Celeste-Violeta, reteniendo así la única seccional que dirige. La Lista Multicolor también preservó sus bastiones históricos en Tigre, Bahía Blanca y Marcos Paz, aunque en esta última se produjo una interna con la Lista Lila de sectores independientes que fragmentó el voto de la izquierda. En Ensenada, el resultado fue tan cerrado que los apoderados de la Multicolor se negaron a convalidar el resultado y anunciaron que apelarían la victoria de Baradel por una diferencia de solo tres votos.

Las antípodas: La historia del vínculo con el gobierno provincial

La configuración política del Suteba no puede entenderse sin considerar su relación institucional con el gobierno provincial. Bajo la administración Kicillof —que ya cuenta con más de seis años en el cargo—, el sindicato ha adoptado una postura que puede caracterizarse como crítica pero colaborativa. En un dato que resulta significativo desde el análisis comparativo, durante la gestión anterior de María Eugenia Vidal (2015-2019), el Suteba protagonizó 62 paros. Con Kicillof, las medidas de fuerza han sido selectivas, generalmente adhiriéndose a convocatorias nacionales coordinadas por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera), como sucedió el 2 de marzo con la huelga contra las políticas de Milei.

Este cambio de patrón de conflictividad refleja una estrategia política más amplia: el Suteba mantiene una alianza de facto con la administración provincial, lo que le permite negociar mejoras o al menos mitigar el deterioro de las condiciones laborales. Sin embargo, la falta de paros provinciales no significa ausencia de reclamos. El sindicato ha cuestionado la capacidad de recursos del gobierno provincial y ha presionado por la reposición del Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid), entre otras demandas estructurales que afectan los salarios docentes.

La corriente de izquierda que ahora controla La Matanza, representada por Del Plá y sus aliados, visualiza esta política como una traición a los intereses de los trabajadores educativos. Desde su perspectiva, la colaboración con administraciones provinciales que también aplican recortes presupuestarios termina beneficiando a la burocracia sindical más que a la base de afiliados. Este contraste ideológico estructura el conflicto interno del Suteba y explica por qué, a pesar de la abrumadora victoria de Torre a nivel provincial, la izquierda logró recuperar territorio significativo en puntos clave como La Matanza.

Implicancias futuras: ¿Continuidad o apertura a cambios?

La asunción de Torre como secretaria general marca un momento de transición que podría interpretarse de múltiples formas. Por un lado, la magnitud de su victoria electoral (tres de cada cuatro votos) sugiere que la estructura baraidelista mantiene un consenso sólido entre la base docente bonaerense respecto de su orientación política general. Esto podría traducirse en una continuidad de políticas: negociaciones sostenidas con el gobierno provincial, campañas por mejoras salariales, participación selectiva en conflictos nacionales, y gestión de la estructura sindical bajo criterios de centralismo democrático.

Por otro lado, los espacios perdidos y las fracturas visibles plantean interrogantes. ¿Logrará Torre consolidar una liderazgo propio, o quedará atrapada en la sombra de dos décadas de baraidelismo? ¿El crecimiento de la izquierda en La Matanza representa un punto de inflexión o una anomalía local? ¿Qué sucederá con las demandas salariales en un contexto de crisis fiscal provincial agudizada por las políticas nacionales? Las respuestas a estas preguntas determinarán la trayectoria del Suteba en los próximos años, y probablemente también la del sindicalismo docente argentino en su conjunto.