En las últimas semanas, un exoficial que alguna vez fue figura central en la estructura castrense durante una década de gobiernos progresistas ha regresado al debate público con una batería de cuestionamientos contra las políticas militares del actual mandatario libertario. Sin embargo, su reaparición no viene acompañada de los respaldos que caracterizaron su época de poder. César Milani, quien con 71 años intenta reconstruir su posición política, enfrenta ahora una realidad bastante más inhóspita: un fallo de la Corte que le reabrió una causa por encubrimiento, una ausencia notoria en los espacios clave del peronismo y una soledad que contrasta marcadamente con su pasada influencia. Lo que sucede con este personaje refleja, en definitiva, un cambio de ciclo en la política argentina y una redefinición de alianzas dentro de las estructuras castrenses y partidarias.

El regreso de una voz incómoda

Durante los gobiernos que atravesaron la Argentina entre 2003 y 2015, Milani ocupó posiciones de considerable relevancia tanto en la conducción del Ejército como en estructuras de inteligencia militar. En ese período, fue identificado como figura emblemática de un sector dentro de las Fuerzas Armadas que privilegiaba ciertos posicionamientos sobre cuestiones de soberanía territorial. Su trayectoria lo vinculó históricamente con expresiones de los sectores nacionalistas castrenses, particularmente aquellos nucleados en torno a la causa Malvinas, en contraste con lo que podría caracterizarse como un "ala liberal" más vinculada a otros enfoques doctrinarios.

Ahora, desde una posición donde carece de responsabilidades institucionales formales, ha retomado la actividad pública mediante intervenciones en medios de comunicación en las que cuestiona severamente la gestión de defensa del gobierno que comanda Javier Milei. Su estrategia discursiva resulta particularmente provocativa cuando se enfoca en temas que, paradójicamente, lo vinculan con posiciones que él mismo ha sostenido históricamente. Sobre la cuestión Malvinas, por ejemplo, ha acusado al mandatario actual de incurrir en "oportunismo político, demagógico y berreta" al pronunciarse sobre la disputa con Londres. Milani ha recordado públicamente que Milei, en pronunciamientos anteriores, había reconocido el derecho a la autodeterminación de los habitantes de las islas y había expresado admiración por Margaret Thatcher, la figura histórica que ordenó la reconquista de Malvinas en 1982.

La paradoja de las sanciones y la memoria selectiva

En cuanto a las sanciones que el gobierno libertario ha anunciado contra empresas petrolíferas operando en Malvinas, Milani adoptó una postura que desactivaba su potencial confrontacional. Minimizó la relevancia de tales medidas al recordar que ya en agosto de 2013, durante la administración Cristina Kirchner, se había echado mano a la misma herramienta de política comercial. Esta observación, lejos de tratarse de una crítica consistente a una práctica gubernamental problemática, funciona más bien como un elemento que relativiza la originalidad o la efectividad de las acciones del gobierno actual. La selección estratégica de los datos que Milani elige enfatizar sugiere menos un compromiso ideológico sólido que una búsqueda táctica de diferenciarse sin comprometerse demasiado.

Sobre la viabilidad práctica de recuperar Malvinas mediante operaciones militares, Milani ha adoptado una postura que podría describirse como realista, aunque no por eso menos provocadora. Ha declarado explícitamente que la Argentina carece de la capacidad militar necesaria para contemplar semejante escenario y ha caracterizado la simple promoción de tales ideas como reflejo de "una demencia importante". Esta afirmación, más allá de su tono despectivo, reconoce una realidad geopolítica que ha sido evidente para los analistas estratégicos desde hace décadas: la brecha tecnológica, logística y de recursos entre Buenos Aires y Londres hace que cualquier enfoque bélico sobre el territorio disputado sea, sencillamente, imposible en el mediano plazo.

El fracaso en la reconexión peronista

Pese a sus esfuerzos por recuperar protagonismo político, Milani enfrenta obstáculos considerables en su intento de reposicionarse dentro del peronismo. Aunque expresó públicamente su intención de "hacer pie" en el partido identificado históricamente con Juan Domingo Perón, la realidad institucional desmiente cualquier peso real en la estructura: no participa en la Comisión de Defensa del PJ, espacio que conduce el exministro Agustín Rossi. Esto constituye una exclusión particularmente elocuente, considerando que en cualquier proceso de rearmado de un partido que aspire a reconstruirse después de una derrota electoral, los espacios temáticos son generalmente reservados a figuras con algún grado de capital político o de respeto entre los correligionarios.

Este vacío de participación contrasta de manera notoria con el protagonismo que Milani tuvo durante el ciclo kirchnerista. En aquellos años, no solo ocupaba cargos de responsabilidad en la estructura militar, sino que además cultivaba una imagen pública que lo mostraba cercano a movimientos de derechos humanos. En diciembre de 2013, por ejemplo, fue captado en una entrevista con Hebe de Bonafini, la histórica dirigente de Madres de Plaza de Mayo, encuentro que tuvo amplia cobertura en la revista de la organización de derechos humanos. Esa aproximación estratégica contrasta con sus antecedentes judiciales, que incluyen causas por presunta responsabilidad en violaciones de derechos humanos durante el período dictatorial. Incluso el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), organización que en su momento había avalado sus ascensos en la carrera militar, cuestionó posteriormente su designación como jefe del Ejército mientras pendieran investigaciones sobre su responsabilidad en tales violaciones.

Los litigios como telón de fondo

El contexto judicial en el que se desarrolla este intento de reposicionamiento político no es menor. Recientemente, la Corte Suprema decidió reabrirle a Milani una causa por el presunto encubrimiento del crimen del conscripto Alberto Ledo, ocurrido en Tucumán en 1976, durante el gobierno militar. Esta decisión revierte una absolución que había sido dictada en instancias anteriores. Adicionalmente, persisten en su contra otras imputaciones, como la relacionada con el secuestro y torturas contra Pedro y Ramón Olivera en La Rioja, una causa que sigue vigente. La reapertura de estos procesos genera un marco de presión legal sobre su persona que no puede ser ignorado al analizar sus movimientos políticos actuales.

Entre aquienes lo acompañan, Milani ha insistido en reivindicar aquellas absoluciones judiciales que luego fueron revocadas. Este patrón de comportamiento sugiere una estrategia de mantener viva la narrativa de su inocencia, independientemente de lo que determinen los tribunales. Tales afirmaciones funcionan, en cierto sentido, como un recordatorio público de que su situación legal permanece en disputa y que cualquier reposicionamiento político debe gestionar simultáneamente esta carga institucional.

El argumento de la vulnerabilidad castrense

En sus intervenciones públicas recientes, Milani ha enfatizado de manera repetida la situación económica de los efectivos de las Fuerzas Armadas bajo la administración actual. Ha sostenido que un alto porcentaje de integrantes de las Fuerzas Armadas se encuentra por debajo de la línea de pobreza y ha criticado tanto los bajos ingresos del personal militar como lo que caracteriza como la "caótica situación" de la obra social. En una emisora radial, sintetizó su posición con una frase que evoca el lenguaje de la década kirchnerista: "El relato es uno y los hechos son otros".

Este argumento, aunque basado presumiblemente en datos verificables sobre remuneraciones y condiciones laborales, funciona como una herramienta política para diferenciar su posición de la del gobierno libertario. Sin embargo, es relevante notar que durante los años en que Milani ejerció influencia directa en la estructura castrense, tales cuestiones de remuneración y beneficios también fueron objeto de conflictividad, aunque con menor visibilidad mediática. Su énfasis actual en estas problemáticas, por lo tanto, debe leerse tanto como un comentario genuino sobre la realidad presente como un posicionamiento táctico dirigido a ganar legitimidad ante sectores vulnerables.

La Base Naval y la reconfiguración geopolítica

Un punto particularmente significativo en las críticas de Milani ha sido su referencia a la reactivación de las obras para construir la Base Naval Integrada en Ushuaia, un proyecto que ha generado interés estratégico de potencias como China y Estados Unidos. Frente a este anuncio, Milani advirtió que el gobierno de Milei ha reducido los recursos asignados al Fondo de Financiamiento de la Defensa (Fondef) y ha "planchado" el proyecto, es decir, ha detenido o desacelerado su implementación.

Ushuaia, como ciudad ubicada en el extremo meridional del continente, cobra relevancia geopolítica en el contexto de la competencia por recursos en la región antártica y la zona económica exclusiva del Atlántico Sur. La construcción de infraestructura militar avanzada en ese punto representa, históricamente, una expresión de soberanía estatal y de capacidad de proyección de poder. El argumento de Milani sobre la desaceleración del proyecto, independientemente de su veracidad específica, toca una cuerda sensible en la política de defensa nacional argentina: la necesidad de mantener presencia institucional y capacidad operativa en territorios remotos pero estratégicamente significativos.

La soledad política en un nuevo escenario

Quizá el aspecto más notable del reposicionamiento de Milani sea su carácter de empresa solitaria. En sus críticas al gobierno libertario, no ha sido acompañado por otras voces prominentes del peronismo. Tampoco ha buscado o encontrado alianzas explícitas con sectores militares en actividad que pudieran amplificar sus mensajes. Esta soledad contrasta de manera dramática con la red de apoyo y legitimación que lo rodeaba durante la década anterior, cuando contaba con respaldo desde estructuras partidarias, gobiernos provinciales aliados y sectores de movimientos de derechos humanos.

Durante la administración de Alberto Fernández, que gobernó entre 2019 y 2023, Milani no tuvo acercamientos significativos con el Ministerio de Defensa, cartera que fue conducida primero por Agustín Rossi y posteriormente por Jorge Taiana. Esta ausencia de vinculación con una administración que, al menos en términos partidarios, provenía del mismo espacio político que lo había beneficiado anteriormente, sugiere que su caída de poder fue más profunda y estructural de lo que podría parecer a primera vista. Su intento actual de "hacer pie" en el partido mediante la promoción de un "frente nacional" con vistas a futuras elecciones aparece, en tal contexto, como un proyecto sin anclaje institucional real.

Perspectivas abiertas y redefiniciones futuras

Los movimientos actuales de Milani abren interrogantes sobre la reconfiguración de las fuerzas políticas y castrenses en la Argentina contemporánea. Por una parte, su exclusión de los espacios de poder peronista podría interpretarse como un síntoma de depuración dentro del partido respecto de figuras cuya trayectoria judicial es controvertida. Por otra parte, su persistencia en la arena pública, incluso desde una posición debilitada, refleja la capacidad de ciertos actores de mantener canales de comunicación y presencia mediática incluso después de perder acceso a estructuras de poder formal.

Las implicaciones de estos desarrollos son múltiples. Para el peronismo, la cuestión de cómo procesar figuras del pasado reciente que combinan antecedentes de participación en gobiernos progresistas con responsabilidades judiciales por violaciones de derechos humanos permanece irresuelto. Para las Fuerzas Armadas, la fragmentación política visible en la ausencia de una voz unificada sobre defensa sugiere que los sectores castrenses también se encuentran atravesados por tensiones que reflejan, en cierto sentido, las divisiones más amplias de la sociedad argentina. Para el gobierno libertario, la existencia de críticas desde sectores que podrían haber sido aliados potenciales complica el panorama político en materia de defensa y estrategia territorial.

Los próximos meses y años dirán si el intento de Milani por reconstruir su posición política logra generar adhesiones significativas o si, por el contrario, su reposicionamiento permanece como un ejercicio de presencia mediática sin capacidad de incidencia en las decisiones de las estructuras partidarias y castrenses. Lo que resulta evidente, en cualquier caso, es que la Argentina sigue procesando las consecuencias de ciclos políticos anteriores mientras simultáneamente navega nuevas configuraciones de poder en el presente.