Hace pocas semanas, un jurista español con una biografía de aristas bien marcadas asumió la defensa de Cristina Kirchner en una batalla que se libra ahora en escenarios globales. Javier Borrego no llega a este rol por casualidad: fue convocado por Rafael Valim, quien en su momento defendió a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, y su incorporación al equipo de abogados de la expresidenta marca un giro significativo en la estrategia legal. Lo que cambia con su llegada es el terreno donde se discute la condena: ya no se trata de tribunales argentinos, sino de organismos internacionales de protección de derechos humanos. El recorrido de Borrego por espacios políticos y religiosos europeos, sin embargo, genera preguntas sobre cómo un abogado con sus conexiones termina defendiendo a una figura de la izquierda latinoamericana.

Una condena bajo la lupa internacional

El punto de partida de esta nueva fase defensiva es la condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua que pesa sobre Kirchner desde hace meses. Borrego ha puesto el acento en elementos procesales que, según su perspectiva, comprometen la validez del veredicto. En sus primeras intervenciones públicas, el letrado español no se detiene en argumentos sobre la inocencia o la culpabilidad de la expresidenta, sino que direcciona su crítica hacia el procedimiento mismo. Esto es relevante porque, en su concepción, un Estado democrático puede discrepar sobre los hechos de un caso, pero lo indispensable es que exista un proceso justo. Su referencia al pensador francés Jean-François Revel condensaba esta idea: cada persona ve una causa según su propia visión, pero lo que debe garantizarse es la calidad del procedimiento. En Vialidad, desde su punto de vista, esa garantía no existió.

Las críticas de Borrego apuntan a aspectos muy específicos del expediente. Cuestionó los peritajes realizados sobre las obras públicas adjudicadas al empresario Lázaro Báez, que mantenía lazos comerciales documentados con la expresidenta. También señaló una desproporción en el análisis judicial: la Cámara de Casación dedicó extensiones muy variadas a cada tema según el asunto de que se tratase, sin criterio uniforme. Pero quizás su preocupación más explícita apuntó a un vacío que le resultó significativo: la ausencia total de mujeres en las instancias decisivas del proceso. Se trata de una observación que trasciende lo anecdótico y toca aspectos de representación y diversidad en la administración de justicia.

El interrogante de la inhabilitación como objetivo central

Hay un elemento de la sentencia que concentra la estrategia inmediata de la defensa: la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Borrego expresó su convicción de que este aspecto fue el verdadero objetivo del proceso desde sus orígenes. La pena accesoria de inhabilitación quedó relegada, en su lectura, a apenas una página y media en un expediente de más de 1500 fojas, lo que le pareció revelador de una desproporción deliberada. Este señalamiento tiene peso dentro del peronismo, donde la capacidad de Kirchner para participar en procesos electorales se ha convertido en una cuestión central. Si se lograra revertir esa inhabilitación, aunque la condena de prisión se mantuviera, el cambio político sería considerable en una Argentina atravesada por realineamientos constantes.

La estrategia de Borrego y su equipo decidió no acudir al sistema interamericano de derechos humanos, sino al Comité de Derechos Humanos de la ONU, después de que la Corte Suprema argentina rechazara los últimos recursos. Esta opción responde a la percepción de que el organismo de Naciones Unidas podría ser más expeditivo, aunque el propio Borrego no dejó pasar la oportunidad de señalar que ese comité ha enfrentado recortes presupuestarios que redujeron sus encuentros anuales y limitaron su capacidad operativa. Incluso en la elección de foros internacionales, el abogado identifica obstáculos sistémicos.

Un abogado entre la Iglesia y la política europea radical

La trayectoria de Javier Borrego presenta un mosaico que resulta difícil de clasificar dentro de un espectro político lineal. Nacido en Sevilla, ha acumulado más de cinco décadas de ejercicio legal en España. Fue jefe del área de Derechos Humanos en los años noventa, representó a España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se desempeñó como juez en ese tribunal durante cinco años, y ocupó cargos en el aparato judicial español de máxima importancia. Su currículum institucional es sólido y sus conexiones con estructuras internacionales de justicia son amplias.

Lo que añade complejidad a su perfil es su relación con otros espacios. En 2018, el papa Francisco lo designó miembro consultor del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el organismo vaticano responsable de políticas eclesiales sobre cuestiones de laicado, familia, juventud y protección de la vida. Esta designación lo conecta con la estructura institucional de la Iglesia católica en un momento en que el Vaticano redefine sus posicionamientos sobre temas seculares. Simultáneamente, Borrego ha participado en congresos organizados por Vox, el partido de extrema derecha español, con intervenciones que han dejado huellas en redes sociales. Una de estas participaciones lo mostró simulando ser una mujer llamada "Francisca Javiera" en un congreso sobre "Ideología de género y denuncias falsas", lo que generó repercusiones en línea. Borrego sostiene que ese fragmento fue sacado de contexto: buscaba hacer un punto jurídico específico sobre una ley canaria de 2019 que permite usar baños de acuerdo con la identidad de género autopercibida en cada momento.

Más allá de estas controversias, Borrego también redactó un escrito en defensa de Marine Le Pen, la política francesa de la Agrupación Nacional, cuando fue condenada por malversación de fondos. En el marco de su apelación, los tribunales franceses redujeron la inhabilitación electoral a año y medio, permitiéndole presentarse a las presidenciales de 2027. La defensa de Le Pen revela otra capa de la actividad legal de Borrego, quien parece cómodo navegando espacios que otros abogados progresistas evitarían.

Un pensador incómodo sobre temas sensibles

En conversaciones públicas, Borrego se presenta como alguien que no rehuye los tópicos divisivos. Habla de aborto, identidad de género y otros asuntos que generan polarización sin el cuidado retórico típico de los funcionarios públicos. Su defensa de Lula en territorio argentino, sin embargo, contrasta con sus posiciones en espacios europeos de derecha. Cuando se le consulta sobre casos complejos de derechos humanos, sus respuestas son largas y eruditas, frecuentemente salpicadas de referencias al medioevo, la filosofía o anécdotas de su experiencia judicial. Relata, por ejemplo, un caso que llegó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre un hombre trans que luchaba sin éxito para que figurara como "madre" en el registro civil de su hijo. El tribunal de Estrasburgo, según su narración, consideró el asunto lo suficientemente importante como para llevarlo a una Gran Sala con diecisiete jueces, aunque finalmente determinó que el Convenio Europeo no obliga a tal inscripción.

Borrego afirma que su lucha es a favor de los derechos humanos, pero contra lo que llama "textos buenistas", aquellos que presuponen una imagen del ser humano demasiado ligera sin considerar la complejidad de la realidad. "No se puede legislar como si no hubiera sinvergüenzas en la vida", es una de sus frases frecuentes. Este enfoque pragmático, combinado con su disposición a participar en espacios ideológicamente variados, genera una imagen de abogado que prioriza la lógica jurídica por encima de alineamientos políticos claros.

El dilema de la Corte Suprema argentina en el foco

En sus análisis sobre el sistema judicial argentino, Borrego también ha puesto énfasis en la composición actual de la Corte Suprema. Señaló que funcionar con solo tres miembros es algo inusual en términos comparativos globales, y que cuando ese tribunal despacha aproximadamente veinte mil asuntos anuales, la capacidad operativa se vuelve cuestionable. Una de las medidas que la defensa solicita es la recomposición de la Corte, un tema que toca nervios políticos importantes en la Argentina. La conclusión de su análisis es que un tribunal supremo con esa estructura y volumen de trabajo no puede garantizar la debida consideración de cada caso.

Cuando la Corte rechazó el último recurso de la defensa de Kirchner hace meses, se cerraron las vías internas disponibles. Eso abrió la puerta a acudir a organismos internacionales, una estrategia que Borrego y su equipo han elegido ejecutar. La presentación ante la ONU marca un punto de inflexión: la batalla legal se desplaza de Buenos Aires a Nueva York, del sistema judicial argentino a un escenario donde los criterios internacionales de derechos humanos ocupan una posición central.

Las implicancias de un proceso a nivel global

La incorporación de Borrego y la presentación internacional representan un cambio de táctica que puede tener consecuencias múltiples. Por un lado, lleva el debate sobre la validez del proceso de Vialidad a un escenario donde los criterios de evaluación son diferentes: no se trata ya de reinterpretar la ley penal argentina o los códigos procesales locales, sino de evaluar si el procedimiento cumplió con estándares internacionales de debido proceso. Por otro, la llegada de un abogado con vínculos con espacios conservadores y religiosos europeos genera interpretaciones encontradas. Algunos pueden ver en ello una demostración de que la defensa de Kirchner tiene capacidad para convocar a juristas de alcance internacional, independientemente de sus alineamientos políticos. Otros pueden cuestionarse si un abogado que ha participado en congresos de la extrema derecha española y que defiende a Marine Le Pen es el más idóneo para representar a una figura de la izquierda peronista ante organismos de derechos humanos de Naciones Unidas. Lo cierto es que el proceso se internacionaliza, que los plazos se alargan considerablemente, y que las probabilidades de revertir la condena en su totalidad parecen lejanas, aunque la inhabilitación electoral emerge como un objetivo más tangible a mediano plazo. El escenario político argentino, en tanto, continuará en estado de suspenso respecto de qué sucederá con una figura como Kirchner en contextos electorales futuros.