La arquitectura judicial que rodea a dos de los expedientes más delicados que enfrenta el Gobierno nacional presenta un hilo conductor inesperado: un mismo abogado litigante que representa intereses potencialmente conflictivos. Matías Ledesma, penalista de trayectoria consolidada, se ha convertido en defensor tanto de Manuel Adorni, jefe de Gabinete investigado por presunto enriquecimiento ilícito, como de Diego Mellino, hijo del jubilado que protagonizó uno de los movimientos monetarios más sospechosos vinculados al caso de la criptomoneda $LIBRA. Esta doble representación establece un puente de facto entre dos causas que, aunque formalmente independientes, comparten actores, dinero e interrogantes sobre la integridad institucional.
Las raíces de una defensa con antecedentes
Para comprender quién es el abogado que ahora lidia con estos expedientes, es necesario retroceder en la historia reciente de Argentina. Ledesma proviene de una dinastía jurídica con protagonismo en los momentos más críticos de la vida democrática del país. Su padre, Guillermo Ledesma, fue uno de los magistrados que integraron el tribunal que juzgó a los integrantes de las Juntas Militares, el histórico proceso que marcó el retorno a la democracia en 1985. Esa herencia pesa en la trayectoria del hijo, quien construyó un perfil de abogado especializado en causas sensibles y de alto impacto público. Una de sus intervenciones más resonantes fue su participación en la defensa del empresario Claudio Glazman durante la causa de los Cuadernos de las Coimas, el expediente que destapó una red de corrupción durante la administración Macri y que generó condenas a funcionarios y empresarios.
Adorni eligió a Ledesma como su defensor en la causa que investiga sus gastos, su patrimonio, sus movimientos financieros y el nivel de vida que mantiene. El jefe de Gabinete optó por un litigante de bajo perfil pero con experiencia en terrenos movedizos. Esta selección, en términos estratégicos, buscaba un equilibrio: alguien que no generara ruido mediático pero que tuviera credibilidad y recursos para enfrentar una investigación que, según los registros, ha identificado operaciones que merecen revisión profunda.
Lo que se investiga contra el jefe de Gabinete
La causa que persigue a Adorni ha permitido a los investigadores acceder a una fotografía detallada de su situación económica. Los fiscales han rastreado cuentas bancarias, tarjetas de crédito, préstamos, desplazamientos, dinero en billeteras virtuales y sumas en efectivo que circularon bajo su control. Lo que emerge de esa indagación genera interrogantes sobre la correspondencia entre sus ingresos formales y el estilo de vida que mantiene. Los registros muestran, por ejemplo, que dos jubiladas y dos policías canalizaron hacia Adorni un total de 300.000 dólares. En otro movimiento que quedó documentado, un contratista declaró bajo juramento haber recibido 245.000 dólares en dinero no declarado del jefe de Gabinete a cambio de trabajos de refacción realizados en una propiedad ubicada en un country. Estos datos, lejos de ser menores, plantean preguntas sobre la procedencia de recursos y la manera en que se canalizan operaciones económicas en la esfera privada de un funcionario público.
La otra cara de Ledesma: Mellino y la criptomoneda
Mientras Ledesma acompaña a Adorni en sus audiencias sin realizar declaraciones públicas y sin haber presentado escritos sustanciales en la causa, el mismo abogado desarrolla una estrategia defensiva completamente distinta en otro expediente. En la causa que investiga un presunto contrabando de 20 millones de dólares, Ledesma representa a Diego Mellino y a Susana Georges, identificada como su madre. Ambos aparecen como representantes de MODO DOMO LLC, una firma radicada en Estados Unidos acusada de actuar como intermediaria en al menos 33 operaciones sospechosas canalizadas a través de la aduana de Campana. En este caso, Ledesma ha sido más activo: buscó levantar el congelamiento de los bienes de sus clientes ofreciendo como sustitución un embargo, proponiendo como garantía un inmueble en Belgrano y una camioneta RAM 4x4 modelo 2020. La Justicia rechazó esa oferta tanto a nivel de primera instancia como en apelación, considerándola insuficiente frente a la magnitud de las operaciones investigadas.
Diego Mellino es hijo de Orlando Mellino, un jubilado de 75 años residente en el Tigre que, el 30 de enero de 2025, recibió más de un millón de dólares en criptomonedas provenientes de Hayden Davis, un norteamericano que horas antes se había reunido con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada. El jubilado, minutos después de recibir esa transferencia digital, giró el dinero hacia una tercera cuenta cuya titularidad permanece desconocida. Los fiscales que trabajan en la causa formulan una hipótesis que resulta central: Orlando Mellino operó como una "rampa de salida", es decir, como un mecanismo para convertir dinero virtual en dinero físico, facilitando así una operatoria que de otra manera sería más difícil de ejecutar.
Una red societaria internacional que atrae la atención
Los investigadores han mapeado una estructura societaria compleja que vincula a Orlando Mellino, Diego Mellino y Susana Georges a través de múltiples entidades comerciales con presencia en Miami, Málaga, Madrid y Argentina. En algunas de estas sociedades figuran como titulares Orlando y Diego; en otras, Diego y Susana; y en al menos una los tres aparecen unidos como socios. Esta arquitectura empresarial, analizada en conjunto con los movimientos de dinero que ha generado, sugiere una operatoria coordinada. Como consecuencia de las medidas cautelares dictadas en las dos causas, todos ellos tienen sus bienes inhibidos. El volumen de dinero que circuló por la cuenta de Orlando Mellino entre marzo de 2024 y febrero de 2025 es particularmente revelador: el fiscal Eduardo Taiano identificó transferencias que sumaron más de 5,8 millones de dólares, un monto que resulta llamativo e inusual para prácticamente cualquier perfil económico vinculado a una persona jubilada.
Uno de los damnificados que actúa como querellante en la causa, Martín Romeo, ha presentado escritos solicitando que se indague a Orlando Mellino. En su presentación, realizada a través de su abogado Nicolás Oszust, caracteriza al jubilado no como un actor secundario sino como alguien que "operó como la mula financiera del más alto nivel". La querella ha presentado solicitudes para más de una docena de indagatorias y ha incluido en sus pedidos al presidente Milei, a su hermana Karina, y también a Adorni. Respecto de este último, la querella argumenta que su participación como orador en el Tech Forum, un evento celebrado en octubre de 2024 que reunió empresarios del mundo cripto con círculos cercanos al Gobierno, constituyó un "aporte prestado durante la etapa preparatoria" que facilitó las operaciones investigadas. Esa acusación se sostiene en chats extraídos del teléfono de Mauricio Novelli donde, según la querella, se coordinaba la participación de Adorni como conferenciante en condiciones que sugerían una operación publicitaria pautada.
El perfil del defensor y sus movimientos estratégicos
Ledesma se ha mantenido en un perfil bajo durante todo el proceso. Ha asistido a las audiencias relacionadas con la defensa de Adorni pero ha evitado realizar declaraciones públicas. Hasta la fecha, no ha presentado escritos sustanciales en esa causa, y el único movimiento registrado ha sido la presentación de un perito para la apertura del teléfono de Matías Tabar, el contratista que aparece en los registros económicos del jefe de Gabinete. Cuando fue contactado para ampliar información sobre su trabajo en la defensa de Diego Mellino, el abogado optó por no responder preguntas. Esta selectividad en la visibilidad, aunque común en la práctica penal, cobra aquí dimensiones particulares dado el entrecruzamiento de sus representaciones.
Las implicancias de una doble representación
La situación en la que se encuentra Ledesma plantea dilemas que trascienden lo meramente técnico o profesional. Aunque formalmente un abogado puede representar a múltiples clientes en causas distintas, cuando esos clientes se hallan vinculados a través de investigaciones que comparten elementos (dinero, operatorias, actores), emergen tensiones. Si en el curso de sus gestiones en favor de Adorni accediera a información sensible, ¿esa información podría eventualmente beneficiar o perjudicar a sus otros clientes? ¿Existen puntos de convergencia estratégica entre las defensas que pudiera estar coordinando? La naturaleza cerrada de ambos expedientes hace imposible responder estas preguntas desde la información pública disponible.
Lo que sí es verificable es que Ledesma se ha convertido en un nexo entre dos realidades que el Gobierno preferiría mantener separadas. Adorni es una figura de primer nivel en la estructura ejecutiva, responsable de la comunicación oficial y de la coordinación administrativa. Los Mellino y Georges, aunque menos visibles, operan en los márgenes de una red internacional que genera movimientos de dinero sospechosos. Que un mismo profesional les brinde representación legal enlaza ambos mundos de una manera que, al menos en términos de percepción pública, resulta incómoda para la administración.
En términos de antecedentes históricos, Argentina ha conocido situaciones donde operadores jurídicos ocuparon posiciones centrales en tramas de corrupción o facilitación de operatorias dudosas. La especificidad del presente caso radica en que la conexión no se establece a través de ilicitudes cometidas por el abogado mismo, sino a través del simple hecho de que sus clientes están investigados por conductas que las fiscalías consideran reprochables. Sin embargo, ese contexto no anula las preguntas que surgen de manera natural: ¿cuál es la extensión real de los conocimientos que Ledesma posee sobre cada una de las investigaciones? ¿Cómo gestiona potenciales conflictos de intereses? ¿Su estrategia defensiva en una causa podría estar informada por información privilegiada que obtiene en la otra?
Desde una perspectiva institucional, los movimientos de dinero investigados en la causa $LIBRA sugieren la existencia de canales de financiamiento que operan al margen de los circuitos tradicionales. El Tech Forum de octubre de 2024, si fue utilizado de la manera que la querella sugiere, constituiría un espacio donde se legitimó una actividad que posteriormente resultaría objeto de investigación penal. En ese contexto, la participación de Adorni adquiere un relieve especial: un funcionario del más alto nivel prestando su prestigio institucional a un evento que, según los investigadores, facilitó una operatoria financiera cuestionable.
Las consecuencias de todo esto se desplegarán en los próximos meses. Si las investigaciones avanzan, es posible que los fiscales soliciten indicios más profundos sobre los vínculos que conectan a los distintos investigados. Ello podría llevar a que Ledesma sea citado a declarar sobre el contenido de conversaciones mantenidas con sus clientes, sus estrategias defensivas, o la naturaleza de la información que manejó en paralelo. También es posible que la defensa de Adorni solicite un cambio de abogado si considera que la representación se ve comprometida por la simultaneidad de sus funciones. Desde otra perspectiva, las investigaciones podrían arribar a conclusiones que cierren los expedientes sin hallazgos definitivos, lo que restaría relevancia a los interrogantes actuales. La Justicia federal, en su paso inexorable por estos expedientes, determinará finalmente qué peso tiene la proximidad de Ledesma con ambos lados de una ecuación que hoy luce desequilibrada.



