La tradicional celebración religiosa que marca el aniversario de la Revolución de Mayo se convirtió nuevamente en escenario de una reflexión crítica sobre el estado del debate público argentino. Durante la liturgia en la Catedral Metropolitana, la máxima autoridad eclesiástica de la Ciudad de Buenos Aires formuló una serie de cuestionamientos contundentes respecto de la degradación del diálogo político y social en el país. Su intervención, pronunciada ante la presencia del jefe de Estado y miembros del gabinete nacional, trasciende los límites de una simple exhortación religiosa para adentrarse en un diagnóstico sobre las dinámicas que caracterizan el presente argentino.
El contenido del mensaje fue particularmente directo: Jorge García Cuerva señaló que existe una carencia fundamental de liderazgos dispuestos a avanzar hacia el encuentro y la reconstrucción de vínculos sociales fracturados. La expresión utilizada —"basta de arengar la división y la polarización"— resuma una preocupación que la jerarquía católica viene manifestando con mayor insistencia en los últimos años, en consonancia con la prédica del Papa Francisco respecto de la urgencia de superar dinámicas que fragmentan el tejido comunitario. El arzobispo no limitó su análisis a generalizaciones abstractas, sino que ancló sus palabras en la realidad concreta de sectores que experimentan vulnerabilidad creciente: desocupados, estudiantes sin acceso a educación de calidad, ciudadanos atrapados en ciclos de precariedad económica.
Las heridas del lenguaje y la virulencia digital
Un aspecto central del discurso giró en torno al fenómeno del odio expresado a través de plataformas de comunicación digital. García Cuerva estableció un paralelismo histórico audaz: comparó a los detractores contemporáneos con los escribas que, según la narrativa evangélica, buscaban obstaculizar los actos de sanación de Jesús. La modernización de esta analogía resulta significativa: mientras aquellos escribas operaban en espacios públicos físicos, los nuevos "odiadores" —tal como los denominó— actúan desde ámbitos privados, resguardados tras pantallas, multiplicando su capacidad de difusión mediante algoritmos que amplifican mensajes cargados de agresividad.
La referencia específica al "terrorismo de las redes" adquiere especial relevancia dado el contexto inmediato en que fue pronunciada. Días antes de la ceremonia, había escalado públicamente una confrontación entre dos figuras relevantes del oficialismo nacional: el titular de la Cámara de Diputados y un asesor presidencial intercambiaban mensajes de tono beligerante a través de X, plataforma que se ha convertido en espacio privilegiado para este tipo de enfrentamientos. García Cuerva reiteró un llamado del Papa León a abstenerse de utilizar expresiones que "afecten y lastimen" al prójimo, sugiriendo así que la degradación del lenguaje trasciende fronteras ideológicas y afecta de manera transversal el funcionamiento de instituciones públicas.
La convocatoria a reconstruir puentes
El arzobispo estructuró su reclamo en términos que buscan ser inclusivos: no atacó a un bando político específico sino que apuntó a una característica compartida por múltiples actores del espectro político. Su propuesta consistió en lo que denominó "desarmado del lenguaje", entendido como un proceso de depuración vocabular que comprende la renuncia a palabras hirientes, al prejuzgamiento automático, a la maledicencia de ausentes y a la calumnia. Paralelamente, García Cuerva propuso la cultivo activo de "amabilidad" en los espacios donde se entablan intercambios: nucleares familiares, círculos de amistad, ambientes laborales, espacios virtuales, debates de naturaleza política, medios de información masiva y comunidades religiosas.
Lo que subyace en estas enunciaciones es una evaluación sobre la capacidad institucional argentina de sostenerse como comunidad política. Los efectos de la fragmentación extrema no son únicamente simbólicos o morales: generan parálisis en la construcción de consensos mínimos necesarios para abordar cuestiones urgentes de naturaleza estructural. La mención específica a personas que "perdieron las ganas de seguir" y que "sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades" vincula el debate sobre el lenguaje y la polarización con sus consecuencias materiales concretas en la vida de millones de argentinos.
La ceremonia del 25 de Mayo, con su carga simbólica vinculada a los orígenes de la independencia nacional, ofrecía el contexto apropiado para una reflexión de este tipo. Históricamente, estas celebraciones han servido como ocasiones para que actores institucionales relevanates expresen visiones sobre el proyecto nacional. En esta oportunidad, García Cuerva utilizó el espacio para plantear que la viabilidad de cualquier proyecto común requiere de un cambio sustantivo en las formas de interacción política y social. Su énfasis en aquellos que actúan "con esfuerzo silencioso y paciente, sin estridencias, sin cámaras" constituye una interpelación a un tipo de liderazgo diferente: menos espectacular, más orientado hacia la construcción colaborativa, ajeno a la búsqueda de visibilidad permanente.
Las implicaciones de este tipo de mensajes pronunciados desde la estructura eclesiástica son múltiples. Por un lado, generan presión moral sobre actores políticos respecto de sus responsabilidades en la calidad del debate público. Por otro, reconocen implícitamente los límites de la capacidad regulatoria estatal para modificar dinámicas que se despliegan en espacios digitales de difícil regulación. Existe, además, una apuesta a que transformaciones en el plano del lenguaje y la actitud podrían catalizar cambios en el plano político-institucional. Sin embargo, la experiencia histórica sugiere que la relación entre estos planos es compleja: cambios en el lenguaje pueden ser sintomáticos de transformaciones más profundas, pero difícilmente son causa suficiente de ellas. Lo que resta por observarse es si este tipo de interpelaciones desde espacios institucionales como la jerarquía católica tendrán capacidad de modular dinámicas que, en años recientes, han mostrado tendencias hacia mayor volatilidad y confrontación.



