La estrategia legal de Edgardo Kueider acaba de tomar un giro que profundiza su confinamiento judicial en territorio paraguayo. El exfuncionario entrerriano anunció su decisión de cuestionar ante instancias superiores la sentencia que lo declaró culpable de intentar traspasar clandestinamente más de 200 mil dólares sin registro aduanero. Esta movida judicial, lejos de acelerar su regreso a territorio argentino, garantiza que permanecerá bajo vigilancia electrónica en Asunción durante meses adicionales mientras aguarda los pronunciamientos de tribunales superiores. Lo que comenzó como un caso de contrabando simple se ha transformado en una madeja de procedimientos penales simultáneos que lo mantiene atrapado entre dos jurisdicciones, sin opciones claras de salida inmediata.

Los magistrados paraguayos impusieron una condena que, en principio, podría parecer leve: dos años de cárcel en suspenso para Kueider por la tentativa de ingreso ilegal de divisas. Su pareja, Iara Guinsel, recibió una sanción algo menor —un año y diez meses bajo las mismas modalidades de ejecución condicional—. Sin embargo, la apelación anunciada por los abogados defensores significa que ambos continuarán bajo arresto domiciliario con dispositivos de seguimiento electrónico en un inmueble asunceno. Los tribunales superiores deberán revisar los argumentos presentados antes de que cualquier movimiento sea posible. Este recurso, aunque es un derecho reconocido en toda democracia, dilata significativamente los tiempos procesales en un país que ya ha demostrado tener un sistema judicial con ritmos propios.

Un segundo frente en el vecino país

Pero la apelación por contrabando es apenas la punta del iceberg procesal que aguarda a Kueider en Paraguay. Existe una segunda causa penal, potencialmente mucho más grave, donde tanto él como Guinsel fueron imputados por operaciones de lavado de activos. El expediente investiga la adquisición de seis departamentos y unidades de cochera dentro del complejo residencial Las Mercedes, ubicado en la capital paraguaya. Las transacciones fueron realizadas, según la acusación, a través de intermediarios —supuestos testaferros locales— que habrían actuado como pantalla para ocultar el origen real de los fondos. Las autoridades judiciales ya han embargado todas estas propiedades como medida de aseguramiento, reconociendo el alto riesgo de que los bienes sean trasladados o disimulados.

Las penas asociadas a este delito oscilan en un rango mucho más severo que el de contrabando: entre cinco y diez años de encarcelamiento efectivo, sin posibilidad de suspensión. Este segundo proceso aún se encuentra en fase de investigación, pendiente de que se llegue a la audiencia oral donde se desahogarían pruebas. Dado que Kueider todavía no resuelve la apelación de la primera condena, los plazos para avanzar en el segundo expediente se modifican continuamente. La Fiscalía paraguaya, en su momento, indicó que estaría dispuesta a permitir la extradición del exsenador hacia Argentina, pero únicamente después de que agotara todos los recursos y procesos legales pendientes en territorio paraguayo. Esta condicionante establece un orden de prioridades que mantiene a Kueider fijo en Asunción por tiempo indefinido.

La trampa de la doble persecución penal

Mientras tanto, al otro lado del río Paraná, en Argentina, lo aguardan procedimientos judiciales igualmente graves. La jueza federal Sandra Arroyo Salgado solicitó formalmente su extradición hace casi un año en el marco de una investigación por enriquecimiento ilícito y operaciones de lavado de dinero. El tribunal federal competente ya rechazó los pedidos de la defensa para que se le otorgue libertad bajo fianza o bajo otras medidas menos restrictivas. Esto significa que en el momento en que Kueider pise suelo argentino —algo que la Fiscalía paraguaya permite únicamente después de resolver sus causas locales—, sería inmediatamente detenido y trasladado a dependencias carcelarias. No hay zona gris ni opciones intermedias: la detención sería automática.

Complicando aún más este panorama, existe un conflicto de competencia pendiente de resolución ante la Corte Suprema argentina. Hay dos órbitas judiciales reclamando jurisdicción: una causa radicada en el fuero federal de San Martín y otra tramitada en Concordia, provincia de Entre Ríos, donde el exsenador mantuvo residencia y desempeñó funciones. El máximo tribunal de justicia argentino debe dirimir cuál de las dos instancias tiene prioridad procesal, algo que también dilata cualquier resolución definitiva. Las medidas cautelares impuestas incluyen fianzas de considerable magnitud: 300 mil dólares en relación con el caso de contrabando y un terreno evaluado en aproximadamente 83 mil dólares vinculado al expediente de extradición. Estos resguardos económicos, aunque no impiden que Kueider permanezca bajo arresto domiciliario, subrayan la seriedad con que ambas jurisdicciones perciben el riesgo de fuga.

La situación de Kueider ejemplifica un escenario poco frecuente pero no único en la jurisprudencia latinoamericana: un individuo procesado simultáneamente en dos países diferentes, con sistemas legales independientes, tiempos procesales descoordinados y condiciones que se retroalimentan mutuamente. Su permanencia forzada en Asunción bajo vigilancia electrónica se extiende por tiempo indefinido. La apelación de la condena de contrabando podría tomar meses en resolverse. El juicio oral por lavado de activos está pendiente de programación. Y en Argentina, los procedimientos federales avanzan sin él, generando antecedentes que también incidirán en las penas finales. Todo esto plantea interrogantes sobre cómo los ordenamientos legales manejan los casos que trascienden fronteras, sobre los derechos de los imputados en contextos de múltiples jurisdicciones y sobre la capacidad efectiva de los sistemas de justicia para resolver estas complejidades con celeridad y equidad. Las semanas transcurren en un departamento asunceno, con tobillera electrónica, en espera de sentencias que aún no se escriben.