La figura administrativa de una licencia —ese mecanismo que permite ausentarse sin perder formalmente el cargo— se convirtió en la pieza clave de una estrategia política que acaba de cristalizarse en Mar del Plata. Guillermo Montenegro regresará a la intendencia municipal después de diez meses desempeñándose como senador provincial, un movimiento que cierra un capítulo de transiciones y abre interrogantes sobre cómo gobernará una ciudad con problemas acumulados. La importancia de este retorno radica no solo en el cambio de autoridades, sino en lo que representa: un municipio que enfrentará simultáneamente una crisis de seguridad que escaló recientemente, un sistema financiero municipal que acumula déficits consecutivos, y la proximidad de la temporada veraniega. Lo que cambia es la conducción política de una ciudad de casi 600.000 habitantes en un momento de vulnerabilidad institucional.

La precisión semántica que Montenegro mantuvo durante estos meses —insistiendo en que era "intendente en uso de licencia" y no "exintendente"— resultó ser mucho más que un detalle técnico. Cuando asumió en la Legislatura provincial el 10 de diciembre pasado, optó deliberadamente por no renunciar a su cargo ejecutivo. Esta decisión guardaba la puerta abierta para un eventual retorno. Mientras tanto, Agustín Neme, su vice, asumió interinamente la administración municipal. Durante meses, esa puerta permaneció abierta, convertida en una variable política constante. Ahora, Montenegro decidió cruzarla. La maniobra refleja un cálculo político complejo: mantener opciones estratégicas mientras exploraba su rol en el Senado bonaerense, en el marco del acercamiento entre el Pro y la administración nacional de La Libertad Avanza.

Una ausencia que dejó huellas profundas

El regreso no será hacia la misma ciudad que Montenegro dejó hace diez meses. Los indicadores financieros pintan un panorama que se deterioró sostenidamente. En 2025, el resultado financiero consolidado de la administración central y los entes descentralizados arrojó un déficit superior a los 16.000 millones de pesos. Pero esta situación no es responsabilidad exclusiva de Neme. Los últimos tres ejercicios consecutivos cerraron en números rojos, un deterioro que comenzó durante la propia gestión de Montenegro y se profundizó posteriormente en un contexto de reducción en las transferencias de fondos provinciales y limitaciones para financiar el funcionamiento cotidiano de la administración municipal. Las arcas municipales atraviesan una crisis estructural que no será fácil de revertir en el corto plazo.

Paralela a esta crisis fiscal emerge otra, más visible y presente en la vida cotidiana de los marplatenses. La inseguridad escaló dramáticamente en los últimos meses, con cinco homicidios registrados en un período breve que encendieron las alarmas en distintos sectores de la ciudad. Empresarios, comerciantes y múltiples organizaciones comunitarias elevaron sus reclamos por respuestas concretas. El tema fue tan relevante que llegó a los debates del 62° Coloquio de IDEA, donde Patricia Bullrich abordó la problemática y mencionó conversaciones mantenidas con Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad nacional. El Gobierno nacional prepara un despliegue de fuerzas federales adicionales con miras a la temporada estival. Esta fue precisamente una de las banderas con las que Montenegro construyó su identidad política: la seguridad. Ahora, esa agenda lo espera nuevamente en su despacho.

El contraste que define a Mar del Plata hoy

Durante los tres días del encuentro empresario en el Sheraton, donde ejecutivos discutían inversiones y reformas para impulsar el crecimiento económico del país, la ciudad presentaba un rostro mucho más complejo. En la avenida de los Trabajadores, sobre las calles poco iluminadas del puerto, los trapitos se movían entre autos estacionados mientras adentro de los restaurantes se conversaba sobre oportunidades de negocio y expansión. Este contraste —el que existe entre la Mar del Plata que entra en los programas de coloquios empresarios y la Mar del Plata que transcurre en las calles oscuras del puerto— ilustra perfectamente el desafío que Montenegro deberá enfrentar. A pocos kilómetros del Sheraton, mientras se debatían los requisitos para que la Argentina retorne a un ciclo de expansión, la ciudad genuina discutía seguridad, recursos escasos y la necesidad de una conducción política que resuelva sus problemas inmediatos.

La transición entre Neme y Montenegro no resultó tan ordenada como se imaginó inicialmente. A medida que transcurrieron los meses, comenzaron a evidenciarse diferencias sobre cómo administrar el municipio y qué estrategias adoptar frente a los problemas emergentes. La relación entre ambos dirigentes se deterioró, transformando lo que parecía un relevo administrativo fluido en un proceso más tenso. Sin embargo, la licencia de Montenegro conservaba su funcionalidad política: era una herramienta que le permitía mantener varias opciones sobre la mesa. ¿Continuar en el Senado o regresar al municipio? La pregunta se transformó en materia de especulación permanente en los círculos políticos marplatenses. El factor temporal también pesó: con su mandato como intendente extendiéndose hasta 2027, la sucesión ya comenzó a entrecruzarse con el armado electoral para 2025, añadiendo capas adicionales de complejidad política.

Ahora que la decisión está tomada, emergen desafíos inmediatos. Montenegro deberá reconstruir el funcionamiento político de una administración municipal que funcionó bajo otra conducción durante diez meses, en momentos en que la ciudad experimenta simultáneamente una crisis de seguridad que requiere respuestas rápidas, una temporada veraniega a semanas de iniciarse, y un sistema financiero municipal que acumula problemas de mediano plazo. En el Coloquio de IDEA, antes de confirmar su regreso, Montenegro circuló en conversaciones privadas sin realizar definiciones públicas. Sabía que la pregunta central en Mar del Plata era si volvería. Ahora, la pregunta que importa es cómo gobernará.

El retorno de Montenegro genera un reordenamiento de variables políticas con implicancias que se desplegarán en los próximos meses. Quienes ven en su decisión un acto de responsabilidad ante una ciudad en crisis enfatizan que recuperará el timón en un momento donde sus habilidades en seguridad podrían resultar necesarias. Otros observan que una ciudad con déficit acumulados y problemas estructurales requiere soluciones que trascienden cambios de conducción. Un tercer grupo se enfoca en las dinámicas electorales: cómo este movimiento posiciona a Montenegro de cara a la sucesión municipal en 2027 y qué señales envía sobre alineamientos políticos provinciales y nacionales. Lo cierto es que los próximos meses determinarán si esta licencia que se transformó en estrategia política termina siendo una apuesta por gobernar o simplemente un cambio de tablero en tiempos turbulentos.