Hay momentos que deberían estar por encima de la política y, sin embargo, la política los atraviesa igual. La muerte del Papa Francisco convocó a la Argentina entera a un duelo que excedía ideologías y colores partidarios, pero incluso en ese marco sagrado, las tensiones internas del gobierno de Javier Milei encontraron la manera de imponerse. Lo que ocurrió en la Basílica de Luján durante el homenaje al Sumo Pontífice no fue un detalle de protocolo: fue la expresión más concreta, más visible y más incómoda de una fractura que ya no admite disimulo. El jefe de gabinete Manuel Adorni y la vicepresidenta Victoria Villarruel no pudieron compartir ni el mismo espacio físico para rendir tributo al hombre que nació en Buenos Aires y se convirtió en el líder espiritual de más de mil millones de personas en el mundo. Lo que debería haber sido una foto de unidad terminó siendo la confirmación de todo lo contrario.
Un juego de sillas que nadie ganó
El conflicto se desató antes de que comenzara el acto. El personal de ceremonial de la Jefatura de Gabinete y los colaboradores de Villarruel entraron en una disputa que los organizadores del evento, pertenecientes al Episcopado argentino, intentaron resolver sin éxito. La distribución de asientos colocaba a la vicepresidenta demasiado cerca de Adorni, con apenas uno o dos dirigentes de por medio —entre ellos el senador libertario puntano Bartolomé Abdala, que se encontró de pronto en el medio de un campo minado—. Esa proximidad fue rechazada desde el entorno de Villarruel. La respuesta del lado de Adorni no fue menos tensa: le ofrecieron a la vice un asiento en las filas más alejadas del altar, una propuesta que fue descartada de plano.
La Conferencia Episcopal intentó una solución salomónica: un sillón individual para Villarruel, ubicado en uno de los pasillos laterales, en primera fila pero separado del resto de la comitiva oficial. No era una idea sin antecedentes: ese mismo esquema fue utilizado en más de un Tedeum en la Catedral Metropolitana para acomodar a figuras como Cristina Kirchner cuando era presidenta y Mauricio Macri en su etapa como jefe de gobierno porteño. Pero ni eso funcionó. Ninguno de los dos bandos aceptó la fórmula. Para los hombres de Adorni, que Villarruel tuviera un lugar preferencial resultaba inaceptable. Para los de ella, la propuesta olía a segregación. El resultado final fue el que todos vieron: Villarruel eligió participar de otro homenaje al Papa, lejos del equipo de gobierno, mientras que en sus redes sociales dejó entrever que sus ex compañeros de ruta son parte de aquello que el espacio libertario dice combatir. La grieta ya no está entre el kirchnerismo y el macrismo. Está adentro.
Vale recordar que Francisco —nacido Jorge Mario Bergoglio el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires— fue el primer papa latinoamericano de la historia y el primero en asumir ese nombre en honor a San Francisco de Asís. Su pontificado, que comenzó en marzo de 2013, estuvo marcado por una prédica constante de unidad, diálogo y encuentro. La ironía de que su homenaje en Argentina se convirtiera en escenario de división política no pasó inadvertida para nadie que estuvo presente ese día en Luján.
Moria, el massismo colado y el Palacio Libertad
Días antes del episodio en Luján, el Palacio Libertad fue escenario de un evento de otra naturaleza. El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, organizó un homenaje a Moria Casán que no dejó lugar a medias tintas: sala llena en el Auditorio Nacional, producción audiovisual de alto vuelo y la presencia en vivo de la homenajeada. Entre los detalles del espectáculo se destacó la inclusión de la boleta con la que Casán participó como candidata en las elecciones legislativas porteñas de 2005, cuando compitió bajo las siglas del entonces emergente peronismo kirchnerista. El homenaje rozó lo cultural y lo político a la vez, como suele ocurrir con cualquier cosa que involucre a "La One".
Lo que generó más comentarios fue la presencia de Sebastián Galmarini, diputado nacional de Unión por Todos y figura del massismo con aspiraciones a competir por la gobernación bonaerense el año próximo. Galmarini llegó acompañando a su padre, Fernando "Pato" Galmarini, pareja de Casán, y quienes lo conocen explicaron que fue el propio padre quien lo invitó. Ni Sergio Massa ni Malena Galmarini estuvieron presentes. Aun así, la imagen de un referente del massismo en un acto organizado por el gobierno libertario le dio letra a más de uno. La mezcla de familias políticas en el lugar fue notable: desde el auditor peronista Juan Manuel Olmos hasta la legisladora libertaria Pilar Ramírez, pasando por el radical angelicista Cristian Gribaudo, la legisladora larretista Guadalupe Tagliaferri y el ministro macrista Gabino Tapia. Una foto que en otro contexto sería impensable.
Bullrich en Montevideo: narcotráfico de fondo, política de costado
Mientras en Buenos Aires el debate interno del oficialismo consumía energías, Patricia Bullrich aprovechó para cruzar el Río de la Plata. La jefa del bloque de senadores libertarios viajó a Montevideo de manera discreta y participó en el World Trade Center de una conferencia organizada por la Fundación Manantiales, dedicada al debate sobre narcotráfico y adicciones. En sus redes sociales, Bullrich destacó ese encuentro y subrayó que Argentina y Uruguay comparten la responsabilidad de dar esa batalla juntos. Lo que no mencionó públicamente fue el componente político de la visita: también se reunió con dirigentes del Partido Nacional uruguayo, entre ellos el ex candidato presidencial Álvaro Delgado, quien fue derrotado hace un año por el actual presidente Yamandú Orsi. El Partido Nacional es el principal partido opositor del Uruguay de hoy, lo que da al encuentro una dimensión que va más allá de lo temático. La política regional tiene sus propios circuitos, y Bullrich parece moverse en ellos con comodidad.
La Fundación Policial y el nombre que nadie quiso dejar de mencionar
Otro evento que reunió a figuras de distintos espacios fue el reconocimiento que la Legislatura porteña le otorgó a la Fundación de la Familia Policial, declarada de Interés Social por su trabajo en la asistencia y contención de integrantes de las fuerzas de seguridad y sus familias. La presidenta de la fundación, la abogada Genoveva Ferrero, fue el verdadero eje de la convocatoria. Ferrero ocupa el cargo de Secretaria General de Administración y Presupuesto del Poder Judicial de la Ciudad y durante largo tiempo fue pareja del juez federal Ariel Lijo, magistrado que tiene en su escritorio causas que complican al gobierno nacional, entre ellas la vinculada a la ANDIS y el presunto enriquecimiento ilícito del propio jefe de gabinete Manuel Adorni. Desde el entorno de Ferrero se encargaron de aclarar que la relación con Lijo terminó hace tiempo. Pero en política, las aclaraciones también hablan.
Brandoni y el último adiós que unió a todos
Si hubo un momento en estos días donde la política argentina bajó la guardia y mostró algo parecido a la humanidad, fue en la despedida del actor y militante radical Luis Brandoni. La Legislatura porteña se convirtió en el escenario de un velatorio al que llegaron figuras de todos los espacios, unidas por el afecto y el respeto hacia un hombre que dedicó décadas tanto a las tablas como a la militancia en la Unión Cívica Radical. Hernán Lombardi, dirigente de Pro y ministro de Desarrollo Económico porteño, cumplió el rol de organizador informal del acto. Gastón Manes, de la UCR bonaerense y hermano del neurocientífico y ex diputado Facundo Manes, llegó poco después del mediodía. También estuvieron Ricardo Gil Lavedra y Maxi Abad. El histórico Enrique "Coti" Nosiglia ingresó con su estilo austero, sin efusividades, y casi sin cruzarse con Leandro Santoro, ex joven radical y hoy diputado por Unión por la Patria en la Ciudad, quien también rindió homenaje al actor ante los medios. Por unas horas, las diferencias quedaron en pausa.
Lo que dejaron estos episodios, vistos en conjunto, es un retrato de la política argentina en un momento de transición y tensión simultáneas. La fractura entre Adorni y Villarruel puede profundizarse o encontrar algún tipo de tregua instrumental de cara a los desafíos electorales de 2025; la presencia del massismo en actos del oficialismo puede leerse como señal de acercamiento o simplemente como oportunismo coyuntural; el viaje de Bullrich a Uruguay puede ser el inicio de una proyección regional o un movimiento aislado. Y la unidad que se vio en el velatorio de Brandoni puede ser un destello genuino o la excepción que confirma la regla. En política, cada imagen tiene al menos dos lecturas posibles. Los hechos están sobre la mesa; el tiempo dirá qué significan.



