El relato de un insider que denuncia una trama de presiones y represalias

Hace pocos días, un profesional de reconocida trayectoria dentro de la estructura estatal decidió romper el silencio. Manuel Rodríguez, un contador que acumula más de tres décadas trabajando en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA, anteriormente conocida como AFIP), se presentó ante la justicia federal de Mar del Plata para exponer una acusación tan grave como precisa: que sus superiores jerárquicos ejercieron presiones sistemáticas sobre su equipo de trabajo y realizaron cambios de personal cuya única finalidad habría sido obstaculizar investigaciones sobre supuestos desvíos económicos en el Hotel 15 de Diciembre, propiedad del Sindicato de Camioneros. Rodríguez no es un funcionario cualquiera. Su carrera dentro del organismo lo llevó a ocupar la posición de director de la delegación marplatense, posteriormente ascendido a la categoría de asesor de nivel superior. Su presentación ante el Ministerio Público Fiscal constituye un documento de consideración que detalla, con precisión quirúrgica, cómo operaría una presunta operación de blindaje de investigaciones desde los niveles ejecutivos más altos de ARCA durante la actual gestión presidencial.

De acuerdo a lo que Rodríguez expone en su denuncia, el monto envuelto en las irregularidades sería descomunal. Se habla de al menos 13 mil millones de pesos que habrían circulado de forma cuestionable a través de proveedores que funcionarían como pantalla. Si se aplican los parámetros tributarios correspondientes, particularmente la alícuota del 35 por ciento en materia de impuesto a las Ganancias, estaríamos ante la posible evasión de aproximadamente 4.550 millones de pesos. No se trata, entonces, de un asunto menor o marginal dentro de la estructura contable del sindicato. Los números sugieren una operatoria sofisticada orientada a licuar patrimonio y eludir obligaciones fiscales de envergadura considerable.

La cadena de mando y las órdenes que buscaban detener la investigación

Según la reconstrucción que realiza Rodríguez en su denuncia, las órdenes para frenar la pesquisa habrían emanado de Carlos García Pastrana, contador que se desempeña como subdirector general de Operaciones Impositivas del Interior en ARCA. García Pastrana, a su vez, reportaría a Mariano Mengochea, quien encabeza la Dirección General Impositiva de la agencia. Este último sería un hombre de confianza del mismísimo Andrés Vázquez, titular actual de ARCA. Es decir, estamos hablando de una línea jerárquica que conecta directamente con la cúpula del organismo. Rodríguez afirma que García Pastrana impartió instrucciones directas por vía telefónica a Luis Tymkiw, quien en ese momento conducía la Regional Mar del Plata, y a Gustavo Capdeville, uno de los responsables de las labores de fiscalización abocados a investigar las anomalías. El mensaje era diáfano: se debía poner fin a la investigación. Ambos funcionarios, sin embargo, consideraron que acceder a esa solicitud violaría principios legales fundamentales y se negaron a hacerlo. La consecuencia fue predecible: acabaron fuera de sus cargos.

Lo llamativo no es solamente que hayan sido removidos, sino el método mediante el cual se consumó el desplazamiento. Para reemplazar a Tymkiw en la conducción de la delegación marplatense, se envió desde la capital federal a Pablo Catracchia, un contador que no tenía vínculos previos con esa jurisdicción. Una vez en el cargo, Catracchia habría ejercido presión sobre Diego González, jefe de otra división de fiscalización. Rodríguez transcribe de forma literal la supuesta amenaza que González habría recibido: "Vos sabés que si apretás la tecla para descargar la fiscalización me obligás a sacarte del cargo". González habría respondido con una frase que habla por sí sola: "Hacé lo que creas conveniente". Una respuesta que, en el contexto descrito, adquiere connotaciones preocupantes respecto de la independencia y autonomía de la función fiscalizadora.

Un carrusel de cambios que marca el tiempo de la represión

La cronología de los movimientos de personal en la Regional Mar del Plata es ilustrativa. En menos de siete meses, una cantidad inusual de funcionarios experimentó cambios en sus cargos. José Visca, quien se desempeñaba como responsable de la División Jurídica y había llegado a ese puesto mediante un concurso público, fue separado el 22 de octubre del año anterior. Un mes y medio después, específicamente el 22 de enero de este año, fue removida Mariela Álvarez, quien acumulaba una década completa en la jefatura de la sección de Dictámenes y Sumarios. El miércoles anterior a la denuncia, corrieron a Capdeville y González, ambos veteranos con catorce y doce años en sus respectivos roles de jefes de Fiscalización. Tymkiw, por su parte, había presentado su dimisión semanas antes, tras recibir notificación de su desplazamiento. Y el propio Rodríguez fue reasignado al área de Capacitación en enero de este año. Todos estos funcionarios comparten características comunes: tienen una trayectoria extensa, conocimiento profundo de sus áreas, y al parecer, demostraron voluntad de investigar los desvíos en el hotel del sindicato.

Es importante entender qué significa esta movilización desde la perspectiva de un investigador. Estos no son cambios menores de personal administrativo. Son desplazamientos de figuras con poder de decisión, con acceso a información sensible y con la capacidad de impulsar o frenar investigaciones. Rodríguez subraya en su denuncia que en sus treinta y cinco años de carrera dentro de ARCA jamás había presenciado semejante concentración de cambios en un lapso tan breve. Con mayor énfasis aún, afirma que en sus diecisiete años como jefe de fiscalización nunca había experimentado personalmente, ni había visto experimentar a colegas, el tipo de "sugerencias" que González y Capdeville recibieron. Esas sugerencias, dicho sin ambigüedades, son presiones orientadas a condicionar las decisiones técnicas que estos profesionales debieron tomar en materia de investigación tributaria.

Las claves del escándalo: financiamiento oscuro y represalias dentro del sindicato

Es fundamental comprender que la investigación que se pretendería frenar no versa únicamente sobre el Sindicato de Camioneros en sí, sino sobre los proveedores que operaban de manera irregular para el Hotel 15 de Diciembre. Este hotel funciona como establecimiento del gremio y, según los hallazgos de ARCA, habría utilizado facturas apócrifas para realizar pagos que en realidad constituirían desviaciones de recursos. La trama tiene raíces más profundas. El escándalo que motivó la denuncia del gremio surgió en agosto del año pasado cuando un empleado del hotel se negó a validar un conjunto de irregularidades contables. Fue entonces cuando Hugo Moyano y sus cercanos, mediante un aliado dentro de la dirigencia del sindicato, decidieron radicar una denuncia. Esa iniciativa, empero, trajo consigo costos políticos internos: Moyano procedió a desplazar a dos dirigentes de confianza que ocupaban posiciones clave. Claudio Omar Balazic, secretario Administrativo, y Paulo Hector Villegas, secretario Tesorero, fueron removidos de sus cargos. Ambos se encuentran ahora imputados en la causa que tramita ante los tribunales bonaerenses. Esto sugiere que el esquema fraudulento contaba con responsabilidades compartidas en los niveles superiores de la estructura sindical.

Más aún, fuentes con acceso al expediente judicial indicaron que la operatoria de fraude y el ocultamiento de gastos que no pueden ser debidamente justificados tendría origen en la Capital Federal, no en Mar del Plata. Es decir, estaríamos ante un plan coordinado desde Buenos Aires que involucraba tanto a estructuras sindicales como a funcionarios públicos en diferentes jurisdicciones. Las motivaciones, según las indagaciones de medios especializados, serían de carácter político. Una fuente al tanto de los pormenores y que pidió reserva de identidad comentó: "En Buenos Aires no quieren problemas con Camioneros; en estos momentos, Moyano no protesta por los porcentajes de aumento en las paritarias". Esta frase sintetiza lo que habría ocurrido: una especie de acuerdo tácito en el cual el Gobierno, a través de sus funcionarios en ARCA, permitiría que ciertos aspectos de la investigación fueran sofocados, presumiblemente a cambio de que el sindicato moderara sus demandas salariales.

Las defensas del organismo y el contraargumento de Rodríguez

ARCA, mediante sus voceros, ha negado categóricamente cualquier irregularidad. El organismo sostiene que la fiscalización sobre el Sindicato de Camioneros "no se lleva a cabo en Mar del Plata, sino en su jurisdicción natural, la Subdirección de Operaciones Impositivas Metropolitanas, que es donde el sindicato está inscripto". Argumentan también que el gremio se encuentra bajo revisión desde junio de 2025 "a partir de un desvío detectado por ARCA, en el marco de tareas habituales de control". Respecto de los desplazamientos, la agencia afirma que se tratan de "movimientos de personal" que carecen de excepcionalidad, planteando que desde enero de 2024 se movilizaron mil 883 jefes, de los cuales 163 no fueron reemplazados. Aseguran que estos cambios "responden a criterios de mérito, oportunidad y conveniencia" y que los proveedores investigados fueron incorporados a la base de contribuyentes no confiables "a partir del nombramiento de la actual conducción, en el marco de tareas ordinarias de fiscalización y dejando atrás demoras injustificadas".

Pero Rodríguez, en su denuncia, rechaza frontalmente estos argumentos. Primero, aclara que su presentación no versa sobre la fiscalización del sindicato en sí—que efectivamente tramita en la órbita metropolitana—sino sobre las investigaciones a los proveedores apócrifos del hotel, que sí estaban bajo responsabilidad de la Regional Mar del Plata. Segundo, desestima el argumento de que se trate de un asunto "entre privados", recordando que la facturación apócrifa detectada superaría los 13 mil millones de pesos y que la aplicación de la alícuota de Ganancias correspondiente implicaría "un posible monto evadido de aproximadamente 4.550 millones de pesos", además de constituir el delito de evasión tributaria. Rodríguez escribe en su denuncia: "Va de suyo que no estamos en presencia de una situación exclusivamente entre particulares". Añade, con ironía contenida, que tal comprensión "solo puede darse desde una profunda ignorancia del sistema tributario argentino o con la intencionalidad de 'influenciar' a quienes realizan las fiscalizaciones".

Las acusaciones finales y la solicitud de investigación penal

Rodríguez enfatiza en su denuncia la anomalía de todo lo ocurrido desde su perspectiva de profesional de carrera estatal. Resalta que durante sus treinta y cinco años dentro de ARCA, habiendo transitado distintos roles desde inspector hasta asesor de dirección regional, "jamás he observado semejantes irregularidades en el desarrollo de la función". Subraya con particular énfasis: "Jamás en 35 años se reemplazaron en un espacio de tiempo menor a siete meses a tantos funcionarios de jerarquía y conocimiento en su función. Jamás en el transcurso de mis 17 años de jefe de fiscalización sufrí algún tipo de 'sugerencia' como las que han sufrido los contadores González y Capdeville". Esta declaración, proveniente de alguien con décadas de experiencia en la administración tributaria, constituye un testimonio de peso sobre cómo se alejan estos hechos de los procedimientos normales y esperables.

Rodríguez también advierte sobre represalias de naturaleza más sutil pero igualmente perniciosa. Todos los funcionarios afectados, señala, han sido históricamente calificados "con las máximas puntuaciones" a lo largo de los años, calificaciones que inciden directamente en sus remuneraciones. El desplazamiento, entonces, podría traer aparejado un impacto económico tangible. En ese contexto, Rodríguez solicita a la justicia federal que evalúe abrir una investigación formal por la presunta comisión de varios delitos: coerción, incumplimiento de los deberes de funcionario público, abuso de autoridad, encubrimiento y peculado. Estos cargos representan un abanico amplio de imputaciones que buscan capturar la complejidad de lo que alega como una operación coordinada desde los niveles superiores del Estado para obstruir investigaciones tributarias de relevancia pública. La denuncia está radiada y ahora corresponde que la justicia federal evalúe si existen elementos suficientes para iniciar una causa penal que esclarezca lo ocurrido.