Hay una grieta que no aparece en los titulares pero que define buena parte del mapa político argentino: la que separa a quienes viven la recuperación económica en primera persona de quienes la esperan desde lejos. En ese cruce se plantaron esta semana tres mandatarios provinciales durante un foro económico en Buenos Aires. Raúl Jalil (Catamarca), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Juan Pablo Valdés (Corrientes) salieron al ruedo con un mensaje que mezcla respaldo al rumbo nacional y advertencias concretas: el ajuste está bien, pero el interior no puede quedar a la intemperie mientras se espera que la inversión privada reemplace lo que el Estado dejó de hacer.
El encuentro, celebrado en el marco de ExpoEFI, funcionó como un termómetro del estado de ánimo de los gobernadores que mantienen canales abiertos con la administración de Javier Milei. Ninguno de los tres cuestionó la orientación general de la política económica. Al contrario: todos la reivindicaron. Pero tampoco se guardaron las preocupaciones. El tono fue el de aliados que piden no ser ignorados, no el de opositores que resisten. Una distinción que, en la política argentina, no es menor.
El litio, el campo y la promesa de un nuevo ciclo exportador
Jalil fue el primero en tomar la palabra y lo hizo con números en la mano. El gobernador catamarqueño destacó que su provincia duplicó las exportaciones en el último trimestre, con cifras que rondan entre los 8.000 y 9.000 millones de dólares, traccionadas principalmente por la extracción de litio. La minería, en su provincia, no es una promesa sino una realidad en marcha. Pero Jalil no se quedó ahí: también mencionó el desarrollo de un clúster semillero para fortalecer la actividad agrícola y apuntó al turismo como un tercer pilar de diversificación económica. Lo que describió fue, en esencia, el modelo que el Gobierno nacional pregona: exportaciones, sector privado, apertura. El problema, sugirió, es que ese modelo necesita infraestructura para funcionar, y ahí es donde empieza el cortocircuito.
Catamarca no es un caso aislado. La minería del litio viene expandiéndose en el noroeste argentino desde hace más de una década, pero recién en los últimos años empezó a consolidarse como motor exportador. Argentina forma parte del llamado "triángulo del litio" junto a Chile y Bolivia, una zona que concentra más de la mitad de las reservas mundiales del mineral clave para la fabricación de baterías eléctricas. El auge global de la electromovilidad convirtió al litio en uno de los commodities más cotizados del mundo, y provincias como Catamarca, Jujuy y Salta se posicionaron para capitalizar esa demanda. Sin embargo, la falta de conectividad vial y energética en las zonas de extracción sigue siendo un cuello de botella que ningún gobierno logró resolver del todo.
Reforma fiscal, crédito para pymes y el mapa desigual del crecimiento
Cornejo, gobernador de Mendoza y referente de la Unión Cívica Radical, desplegó el análisis más estructural de los tres. Celebró que la Argentina esté transitando hacia la estabilidad macroeconómica, reconoció como un avance la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional y pidió que el siguiente paso sea una reforma fiscal integral. No se limitó a señalar a los impuestos provinciales, como Ingresos Brutos, que suelen ser el blanco favorito del debate económico. Apuntó también hacia tributos nacionales que, en su visión, distorsionan la actividad productiva: el impuesto al cheque y los gravámenes sobre los combustibles fueron dos de los que mencionó explícitamente. Para Cornejo, la coherencia exige que el ajuste no sea selectivo: si hay que eliminar lo que traba, hay que hacerlo en todos los niveles.
Sobre el acceso al financiamiento, el gobernador mendocino lanzó una alerta que no suele aparecer en los discursos oficiales: el scoring crediticio para las pequeñas y medianas empresas sigue siendo demasiado exigente, lo que frena la expansión de un sector que es columna vertebral del empleo en el interior del país. Las pymes no tienen la espalda financiera de las grandes corporaciones para absorber tasas altas o condiciones restrictivas, y si el crédito no llega, tampoco llega el crecimiento. Más allá de estos señalamientos, Cornejo fue claro en algo: el crecimiento de la economía nacional en torno al cuatro por ciento es un dato positivo, pero ese número agrega geografías muy distintas. La Pampa húmeda y Vaca Muerta explican buena parte de esa expansión, mientras que regiones como Cuyo ven cómo algunos de sus sectores tradicionales, en particular la vitivinicultura, empiezan a dar señales de tensión. El crecimiento existe, pero no llueve parejo.
Valdés, desde Corrientes, aportó la mirada quizás más pragmática del encuentro. El gobernador correntino planteó sin rodeos que el escenario actual exige un cambio de mentalidad en la gestión provincial: "Ya no tenemos un Estado que viene a solucionar todo", afirmó, y llamó a trabajar con una lógica desarrollista orientada a atraer inversiones privadas. No lo dijo con resignación sino como diagnóstico. El Estado provincial, en su visión, también tiene que volverse más eficiente, no solo el nacional. En ese punto, los tres mandatarios encontraron terreno común: el déficit fiscal fue durante décadas una costumbre que se presentaba como inevitabilidad, y desandarla fue doloroso pero necesario. "Volver para atrás sería un suicidio", sentenció Cornejo, y Jalil y Valdés asintieron con argumentos propios. El catamarqueño lo resumió de forma directa: los gobernadores saben que no se puede gastar más de lo que entra, y esa conciencia hoy es parte del consenso.
El punto de quiebre: quién paga las rutas y las obras que el Estado nacional dejó de hacer
Si hay un punto en el que la coincidencia entre los tres se volvió más tensa y más reveladora, es el de la infraestructura. El gobierno de Milei viene impulsando un esquema en el que la inversión privada reemplace progresivamente al Estado en la financiación de obras de transporte, energía y conectividad. La lógica tiene sustento teórico y algunos antecedentes internacionales, pero en el corto plazo genera un vacío que las provincias están empezando a absorber. Jalil ya lo mencionó: algunas jurisdicciones están usando recursos propios para financiar obras que históricamente correspondían a la Nación. Ese dato no es menor en provincias que, al mismo tiempo, cubren el 90% de los servicios esenciales que reciben los ciudadanos, desde la salud hasta la educación.
Cornejo fue quien encontró la formulación más equilibrada del dilema. Reconoció que la apuesta por la inversión privada en infraestructura energética, vial y gasífera es correcta en el horizonte de mediano y largo plazo. Pero advirtió que la transición no puede ser abrupta. "El Gobierno nacional no puede retirarse de golpe en la primera etapa", dijo. La frase sintetiza la tensión de fondo: hay acuerdo en el destino pero desacuerdo en los tiempos y en quién paga el costo de la transición. Algunos gobernadores ya firmaron convenios con la Nación para asumir el mantenimiento de rutas nacionales que quedaron postergadas. Es un arreglo pragmático, pero también es una transferencia implícita de responsabilidades que no siempre va acompañada de los recursos correspondientes.
Las consecuencias de este debate exceden el plano técnico y se proyectan sobre el equilibrio político del país. Si las provincias logran articular con la Nación esquemas de cofinanciamiento que permitan sostener la inversión en infraestructura durante la transición, el modelo puede consolidarse sin fracturas territoriales profundas. Si, en cambio, la brecha entre regiones que crecen y regiones que esperan se agranda, el descontento social podría canalizarse de maneras que compliquen la gobernabilidad provincial, independientemente del alineamiento de los mandatarios con el gobierno central. La reforma fiscal que pide Cornejo, el crédito que demandan las pymes y las rutas que necesita el interior no son caprichos: son las condiciones materiales sin las cuales el crecimiento macroeconómico no se traduce en bienestar concreto. Que tres gobernadores aliados lo digan en voz alta, en un foro público, es una señal que vale la pena leer con atención.



