La política misionera escribió en las últimas semanas uno de sus capítulos más inesperados: la caída estrepitosa de quien fue considerado durante más de dos décadas como el arquitecto de la provincia. Carlos Rovira, el ingeniero químico que gobernó entre 1999 y 2007 y consolidó un poder sin precedentes en la región, quedó reducido a la condición de diputado sin influencia real, mientras que Hugo Passalacqua, el exdocente universitario de 68 años, formalizaba su dominio político al presentar un bloque de 17 legisladores que responden exclusivamente a su liderazgo. Todo sucedió en menos de tres meses, en un movimiento que pareció impensable apenas hace unos meses atrás, cuando Rovira aún ejercía su autoridad casi sin cuestionamientos. Lo que ocurrió en Misiones trasciende los límites provinciales: representa un fenómeno político excepcional en el país, donde la transferencia de poder solía ser lenta, negociada y ritualisticamente respetuosa con la jerarquía establecida.

El hecho concreto que marcó el punto de quiebre fue presentado públicamente hace apenas días en la Legislatura misionera. El bloque "Movimiento por lo que Viene" fue formalizado bajo la conducción de Juan José Szychowski, quien pronunció palabras que hace pocos meses hubieran resultado impensables: "Vamos a darle gobernabilidad a Hugo Passalacqua". Con esta conformación de 17 diputados sobre un total de 40, más las alianzas parlamentarias disponibles, el gobernador asegura las mayorías necesarias para impulsar su agenda legislativa, empezando por el Presupuesto provincial para 2027, cuyo debate comenzará en apenas dos semanas. La importancia de este momento no radica solamente en los números legislativos, sino en lo que representa simbólicamente: la formalización del cierre de una era que comenzó cuando Argentina transitaba sus primeros años de la década de 1999, cuando Rovira asumió la gobernación.

El factor tiempo: cómo se aceleró el colapso de una estructura de poder

Para comprender la magnitud de lo ocurrido, es necesario reconstruir la velocidad con la que se desmoronó la estructura política que Rovira había construido durante más de veinticinco años. La interna que separa a ambos dirigentes comenzó semanas antes del inicio del Mundial de Fútbol entre Estados Unidos, México y Canadá, en un momento en el cual Rovira todavía contaba con la lealtad prácticamente total de sus colaboradores políticos. Ninguno de los diputados que hoy integran el bloque passalacquista se hubiera atrevido entonces a cuestionar al hasta entonces todopoderoso jefe político. Sin embargo, entre junio y agosto de 2026, la ecuación política se invirtió por completo. Szychowski, quien ahora encabeza el nuevo espacio legislativo, fue particularmente enfático al marcar esta transformación: "Rovira es apenas un diputado más", afirmó, en palabras que hace poco menos de tres meses hubieran significado el fin de la carrera política de cualquiera que las pronunciara.

¿Cómo fue posible que una estructura política que parecía monolítica se quebrara tan rápidamente? La respuesta no está solamente en las decisiones políticas de Passalacqua, sino en un conjunto de factores que confluyeron en el momento preciso. En primer lugar, el deterioro del liderazgo de Rovira era más profundo de lo que los observadores superficiales podían advertir. Años de ejercicio del poder, de decisiones cuestionadas y de una manera de gobernar que algunos opositores comparaban con autoritarismo, habían dejado sedimentos de descontento en amplios sectores de la clase política provincial. La provincia vio cómo Rovira llegó a ser calificado públicamente de "dictador" por sus adversarios políticos y de "rey sin corona" por analistas políticos que reconocían su poder de facto. Sin embargo, existía una diferencia crucial: mientras que Gildo Insfrán, su par en Formosa, mantiene un control más centralizado de su provincia desde 1995, Rovira había comenzado a cometer errores de cálculo que erosionaban su legitimidad.

El momento del quiebre: cuando los gestos políticos se convirtieron en declaración de guerra

El verdadero punto de ruptura ocurrió el 1º de mayo de 2026, durante la apertura del período ordinario de sesiones en la Legislatura. Passalacqua compareció para pronunciar su discurso de gobernador, buscando en todo momento la mirada cómplice de Rovira, esperando gestos de distensión que permitieran un eventual acercamiento. Pero Rovira, sentado a tres hileras de distancia, mantuvo una postura impenetrable. Su expresión adusta no varió ante cada anuncio del gobernador. El detalle más significativo ocurrió después: mientras que en ocasiones anteriores Rovira salía a saludar a la militancia de la Renovación en la explanada del edificio legislativo junto al gobernador, esta vez lo dejó solo y desairado. Fue un mensaje político claro: no había espacio para negociaciones ni reconciliaciones. Dos semanas antes de esto, Rovira había lanzado su propio sello político, "Encuentro Misionero", en la misma Legislatura, excluyendo deliberadamente a Passalacqua de la invitación y criticándolo abiertamente en los encuentros iniciales. Lo que Rovira quizás no calculó fue que Passalacqua estaba atravesando su propia transformación personal.

En diciembre de 2024, el gobernador fue sometido a una cirugía de colon que lo obligó a transitar un período de convalecencia de varios meses, durante el cual se mantuvo alejado de la vida pública. Cuando regresó, sus colaboradores cercanos notaron cambios profundos: un Passalacqua más delgado físicamente, pero también más decidido y serio en sus propósitos políticos. La operación parecía haber marcado un punto de inflexión psicológico. El exdocente universitario, licenciado en Comunicación Social (profesional que completó sus estudios en El Salvador tras iniciarlos en la Universidad de Buenos Aires), que había sido intendente de Oberá y ya había sido gobernador una vez entre 2015 y 2019, entendía que tenía una segunda oportunidad. Más importante aún: contaba con un apoyo que resultaría crucial en los meses siguientes. Su esposa, Viviana Rovira, prima hermana de Carlos Rovira, se convirtió en su principal consejera y en una de las primeras voces en hablar públicamente de la ruptura. El 2 de julio pasado, ella fue directa: "Nosotros estamos donde siempre estuvimos, el que se movió fue nuestro exconductor".

Apenas tres semanas después del desaire del 1º de mayo, Passalacqua ejecutó un movimiento político de una precisión quirúrgica. Convocó a una reunión en Ruiz de Montoya a la que asistieron 67 de los 78 intendentes de Misiones, quienes firmaron una carta abierta reconociendo a Passalacqua como el "máximo jefe político" provincial. Ese 19 de mayo marcó el inicio de lo que sería una "guerra" política, pero una guerra corta y unilateral. Passalacqua había identificado correctamente dónde radicaba el verdadero poder en Misiones: no en Posadas, la capital, donde residían los dirigentes desgastados acostumbrados a jugar al juego de la obsecuencia con Rovira, sino en el interior de la provincia, donde los intendentes controlaban recursos, territorios y máquinas electorales. Esa fue la clave estratégica que Rovira nunca vio venir, o que al menos subestimó en su capacidad destructiva.

La construcción de un nuevo poder: intendentes, ministerios y cajas del Estado

A partir de ese momento, Passalacqua ejecutó una estrategia de consolidación que funcionó como una máquina bien aceitada. Primero, incorporó a su gabinete a Carlos "Kako" Sartori, jefe comunal de Campo Grande y titular de la Codeim, la Comisión de Desarrollo Estratégico e Integral de Municipios que agrupa a prácticamente la totalidad de los intendentes provinciales. Con esta incorporación, Passalacqua controlaba directamente el espacio que nucleaba a los gobiernos locales. Dos semanas después, completó su armado político con otros movimientos decisivos: Julio "Chun" Barreto, intendente de Montecarlo, pidió licencia de su cargo para hacerse cargo de Energía de Misiones SA, una de las principales fuentes de ingresos y poder del Estado provincial. La empresa también recibió a José Luis Garay, exintendente, y a Matías Vilchez, intendente de San Javier. Cada uno de estos movimientos tenía una lógica clara: trasladar el control de recursos y cajas estatales desde la órbita de Rovira hacia la órbita de Passalacqua. El gobernador comenzó a viajar al interior casi a diario, buscando la cercanía física con los jefes comunales de localidades pequeñas y grandes: Eldorado, Alem, Oberá, Iguazú. Mientras esto ocurría, la sangría política de Rovira aceleraba su ritmo.

El quiebre se hizo irreversible cuando Kako Sartori fue el primero en repudiar públicamente a "Encuentro Misionero" y denunció que sus fichas partidarias habían sido utilizadas sin su consentimiento. Este gesto marcó el camino para otros. Desde ese momento, casi a diario, dirigentes de distinto peso político anunciaban su renuncia al espacio de Rovira y su adhesión al bloque de Passalacqua. La mecánica se volvió inexorable: mientras más gente se pasaba, menos sentido tenía quedarse con Rovira. Los que optaban por mantenerse leales corrían el riesgo de quedar aislados, sin poder, sin influencia. Rovira, por su parte, envió primero señales de debilidad. Suspendió las "Previas", esas reuniones políticas semanales que se realizaban antes de cada sesión legislativa, porque "ya no tenía nada para anunciar que fuera creíble", según crónicas de quienes asistían a aquellos encuentros. Desesperado, envió al intendente de Posadas, Lalo Stelatto, a intentar fumar "la pipa de la paz" con Passalacqua. Pero para ese momento, la balanza se había inclinado definitivamente del otro lado. Passalacqua no necesitaba negociar; solamente acelerar el proceso que ya estaba en marcha.

Una vez que quedó claro para todos quién mandaba realmente en Misiones, la transformación completó un ciclo notable. Funcionarios comenzaron a criticar abiertamente a Rovira, algo que hubiera sido impensable meses atrás. Lo acusaban de no tomar decisiones consensuadas, de estar alejado de la realidad política provincial. Pero había un tema que concentraba buena parte de estos cuestionamientos: el fallido intento de perpetuar su influencia a través de la siguiente generación. Rovira había construido alrededor de su hijo Ramiro, de apenas 30 años, un equipo de dirigentes jóvenes sin experiencia ni trayectoria política establecida. Entre ellos figuraba el vicegobernador Lucas Romero Spinelli, de 34 años, y la diputada provincial Paula Franco, describida en los círculos políticos como la novia del joven Rovira. Para muchos observadores, este intento de transmisión dinástica representaba una decisión de soberbia política: el convencimiento de que la estructura de poder que había construido podía ser simplemente heredada como si fuera una empresa familiar. Passalacqua, por el contrario, optó por construir coaliciones amplias basadas en el reconocimiento del poder de los gobernadores locales.

El factor singular de una carrera política recuperada

Hay un elemento que merece consideración especial en esta reconstrucción de los hechos: Passalacqua es, potencialmente, el primer gobernador misionero en la historia en poder acceder a tres mandatos en la gobernación provincial. Ya lo fue entre 2015 y 2019, fue sucedido por Óscar Herrera Ahuad (2019-2023), quien se caracterizó por una extrema cautela política, sin hacer ningún movimiento que pudiera irritar a su "jefe político" Rovira. Passalacqua regresó a la "Rosadita" (como se conoce popularmente a la Casa de Gobierno de Misiones) el 10 de diciembre de 2023, lo que implica que en su regreso inicial, la relación con Rovira parecía funcional, al menos sobre el papel. Pero la operación de colon, la convalecencia, el retorno transformado, todo esto ocurrió de manera que Passalacqua pudo replantear sus propias ambiciones políticas. Desde el entorno cercano al gobernador, se filtra la información de que Passalacqua tiene la intención de presentarse a la reelección en 2027, algo que la Constitución provincial le permitiría. Esto es algo que Rovira simplemente no puede tolerar: la idea de que alguien diferente a él pueda ocupar la gobernación por tercera vez representa una amenaza existencial para su legado político.

La transición de poder en Misiones, vista desde esta perspectiva, no es meramente un cambio de equilibrios dentro de un mismo sistema político. Representa una reformulación de cómo se ejerce la autoridad política en la provincia. Mientras Rovira gobernaba desde una posición de control centralizado, basado en la obediencia casi religiosa de sus colaboradores, Passalacqua está construyendo un modelo más distribuido, donde los intendentes tienen un papel protagónico, donde los recursos están menos concentrados, donde el diálogo con los gobiernos locales es constante. Como bromeaba un funcionario cercano al gobernador, "los intendentes son la base de su equipo, son su Scaloneta", haciendo referencia al seleccionado argentino de fútbol y jugando con el parecido físico entre Matías Vilchez y Lionel Scaloni, el director técnico que llevó a la Argentina a ganar el Mundial 2022. Esta observación, aunque jocosa, captura algo real: el equipo de Passalacqua está estructurado de manera fundamentalmente distinta al que Rovira construyó durante