Hay decisiones políticas que se anuncian sin anunciarse, que se van construyendo con declaraciones cuidadas y datos concretos sobre la mesa. El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, dejó en claro este fin de semana cuáles son sus prioridades de cara al horizonte electoral de 2027: una eventual alianza con La Libertad Avanza que, según él, ya tiene un antecedente exitoso en las urnas, y una pelea abierta con la provincia de Buenos Aires por el financiamiento de los servicios sociales que la Ciudad presta a personas que viven en la calle pero residen en el conurbano bonaerense. Dos frentes simultáneos que definen tanto su posicionamiento político como su gestión cotidiana.

El argumento electoral: juntos ganamos, separados perdemos

La lógica que expuso Macri para defender una convergencia con el espacio de Javier Milei no es ideológica sino aritmética. Los resultados electorales de octubre de 2023, cuando ambas fuerzas actuaron de manera coordinada, fueron significativamente superiores a los que obtuvieron cuando cada una compitió por su cuenta. Esa diferencia en los guarismos es la base sobre la que el mandatario porteño construye su argumento: "Nos fue muy bien en octubre cuando estuvimos juntos, la gente nos premió. No nos fue bien cuando fuimos separados. El tiempo dirá", expresó durante una entrevista televisiva el domingo por la noche.

El dirigente fue cauto en no cerrar ninguna puerta ni firmar ningún cheque en blanco. Reconoció que el proceso está abierto, que falta mucho tiempo y que las definiciones llegarán más adelante. Sin embargo, el tono general de sus declaraciones apunta en una dirección bastante nítida: Pro y La Libertad Avanza tienen más para ganar juntos que separados. Esta postura no es nueva en el universo del PRO, partido que en los últimos años ha sido escenario de debates internos intensos sobre si acompañar al gobierno de Milei o diferenciarse de él. La corriente más cercana al expresidente Mauricio Macri ha sostenido consistentemente que la colaboración resulta más conveniente que el enfrentamiento.

Precisamente, el rol del exmandatario fue destacado por Jorge Macri como un factor clave en la reorganización interna del partido. "Es importante lo que hace Mauricio, que es revitalizar al Pro, reunirnos", sostuvo, en una señal que apunta a consolidar las filas antes de cualquier negociación con terceros. La idea es que un Pro unificado internamente tiene más peso en la mesa de discusión con La Libertad Avanza que un espacio fragmentado. En ese marco, también subrayó que el objetivo es que la administración nacional funcione bien: "Queremos que al Gobierno le vaya bien", afirmó, alineándose con la gestión de Milei sin formalizarla como una fusión definitiva.

El reclamo millonario a la provincia: 27 mil millones en juego

Pero la agenda del jefe de Gobierno porteño no se agota en la política electoral. Hay un conflicto concreto y con números precisos que viene escalando con el gobierno de Axel Kicillof: la Ciudad reclama una transferencia de $27.066.151.450 en concepto de compensación por la asistencia que brinda a personas en situación de calle que tienen domicilio legal en el conurbano bonaerense. El planteo tiene respaldo en datos que el propio gobierno porteño sistematizó: entre los asistidos en los 61 Centros de Inclusión Social (CIS) que funcionan las 24 horas durante los 365 días del año, al menos 2.327 personas son residentes de la provincia. El costo mensual por persona asciende a $1.163.135, lo que genera esa cifra total que la Ciudad exige que sea reconocida como deuda.

A principios de abril, el gobierno porteño formalizó este reclamo mediante un documento dirigido al Ministerio de Economía bonaerense, en el que se hizo referencia explícita a una "deuda histórica". Macri fue directo al respecto durante la entrevista: "Mi responsabilidad es acogerlos, pero reclamarle al gobierno de la provincia de Buenos Aires lo que corresponde". Y fue más lejos al interpelar directamente a Kicillof: "¿Por qué los porteños tienen que pagar lo que Axel no hace?", disparó, sin eufemismos. El tono combativo no fue accidental. El jefe de Gobierno enmarcó el reclamo en su mandato político: "Tengo un mandato de los porteños que es defenderlos. Voy a defender un estilo de vida que está en riesgo por lo que no hace la provincia de Buenos Aires".

Este conflicto no es aislado ni novedoso en la historia de las relaciones entre la Ciudad y la provincia. Históricamente, la distribución de responsabilidades en materia de asistencia social ha generado tensiones entre jurisdicciones con lógicas políticas y presupuestarias distintas. La creación del sistema de CIS porteño fue una respuesta a una realidad que desbordaba las capacidades de atención del Estado nacional durante la crisis de 2001, y desde entonces la Ciudad sostiene una red de contención que atiende a personas provenientes de diferentes puntos del país y del área metropolitana. El problema de quién paga por esa asistencia cuando el residente es de otra jurisdicción nunca tuvo una resolución formal.

El contexto más amplio: polarización, violencia y llamado a la calma

En el mismo espacio televisivo, Macri también se refirió al intento de ataque contra el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y utilizó el hecho para reflexionar sobre el clima general del debate público. Su lectura fue que episodios de este tipo deben funcionar como señales de alerta sobre cómo se construye el discurso político en épocas de alta crispación. "Tiene que llamarnos un poco a la reflexión sobre cómo ejercemos el tono y la palabra. Hay que tratar de llevar más tranquilidad que enojo a la sociedad", dijo, en un llamado a moderar las formas más allá de los contenidos ideológicos.

El cruce de estas tres dimensiones —alianza electoral, reclamo fiscal a la provincia y reflexión sobre la violencia política— configura un perfil de dirigente que busca posicionarse como moderado y gestor al mismo tiempo. La apuesta de Jorge Macri parece ser construir capital político desde la gestión cotidiana, acumulando conflictos que le permitan mostrar a su electorado que defiende sus intereses concretos, mientras mantiene abiertas las negociaciones para 2027 sin comprometerse antes de tiempo. Si esa estrategia funciona dependerá de muchos factores que aún están en movimiento: el desempeño económico del gobierno nacional, la evolución interna del PRO y la capacidad de Kicillof para responder o ignorar el reclamo porteño sin que eso le genere un costo político. Los próximos meses definirán si estos movimientos fueron el inicio de algo mayor o simplemente ruido de temporada.