La provincia de Buenos Aires volverá a ser escenario de una demostración pública de desunión dentro de sus estructuras peronistas. En las próximas horas, Axel Kicillof presidirá un encuentro conmemorativo en la Quinta 17 de Octubre de San Vicente, el sitio donde descansan los restos del fundador del movimiento que gobernó la Argentina durante décadas. Sin embargo, lo que debería ser un momento de cohesión política terminará siendo apenas un reflejo más de las tensiones internas que atraviesan al justicialismo bonaerense. La ausencia de Máximo Kirchner, diputado nacional e hijo de la expresidenta Cristina Kirchner, marcará el tono de un acto que promete ser íntimo, reducido a unos pocos dirigentes regionales, muy alejado de la magnitud que caracterizaba estos encuentros en años anteriores.

Desde que Kicillof asumió la presidencia del Partido Justicialista bonaerense en abril pasado, en sustitución de Kirchner, la relación entre ambos ha sido prácticamente nula. Los registros de encuentros entre ambos se limitan a una única coordinación de actividades durante los días en que falleció el músico Carlos "Indio" Solari. Desde entonces, el silencio ha predominado. Ahora, en vísperas de este acto que honra a Juan Domingo Perón —cuyo fallecimiento marcó un quiebre histórico en el país hace 52 años—, Kirchner directamente no fue convocado. Esta decisión no es casual ni accidental: representa el estado actual de un partido que se debate entre liderazgos antagónicos, visiones políticas divergentes y proyecciones electorales incompatibles de cara a 2027.

Un acto acotado que refleja cálculos internos

La convocatoria para mañana a las 16 horas será selectiva. En lugar del ambicioso plan original que contemplaba reunir a los titulares de la estructura justicialista de los 135 municipios bonaerenses, la administración Kicillof optó por un encuentro restringido. Solo algunos intendentes de la región bonaerense, junto a dirigentes del ámbito local, acompañarán al gobernador en la ceremonia. Este cambio de formato no constituye una simple cuestión logística: evidencia la estrategia del mandatario de consolidar una base territorial específica, la de aquellos alcaldes que podrían resultar claves en una eventual interna peronista durante el próximo ciclo electoral.

Los referentes cercanos a La Cámpora, la estructura que responde a Cristina Kirchner, brillarán por su ausencia. Intendentes como Mayra Mendoza, quien encabeza el municipio de Quilmes en uso de licencia y ocupa un lugar en la Legislatura provincial, han hecho saber que tienen compromisos previos. Mendoza, además, ha expresado públicamente su falta de confianza respecto del rumbo que imprime el gobernador. Solo Federico Otermín, intendente de Lomas de Zamora, que mantiene diálogos fluidos tanto con la gobernación como con legisladores, podría eventualmente sumarse al acto.

Mensajes velados y diagnósticos compartidos desde la gobernación

Días atrás, Kicillof participó de encuentros en la provincia de Entre Ríos donde realizó afirmaciones que funcionan simultáneamente como autocrítica y como reprimenda a sus adversarios internos. Habló de la necesidad de dejar atrás "mezquindades y chiquitajes" para enfrentar al presidente Javier Milei. Aunque formuladas en términos que parecen dirigirse a toda la coalición opositora, fuentes del partido sugieren que estos comentarios apuntaban particularmente hacia legisladores vinculados con el círculo kirchnerista. El gobernador también reconoció que el peronismo atravesó un gobierno provincial que "no funcionó", aceptando implícitamente una responsabilidad en el derrumbe institucional que permitió la llegada del libertario a la presidencia.

En la misma línea, Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, ha sostenido que el desafío intrapartidario es ya irreversible. Bianco ha reconocido que el sistema de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias —las PASO— constituiría el mecanismo más apropriado para zanjar la cuestión de candidaturas presidenciales dentro del peronismo. Esta declaración surge en un contexto donde Máximo Kirchner cuestionó la idea de "candidatos por default" e incluso criticó a aquellos dirigentes que apelan a la unidad sin visitar a Cristina Kirchner en su domicilio. A pesar de estos intercambios cargados de tensión, el movimiento político que encabeza Cristina —llamado Derecho al Futuro— mantiene su postura de resistencia y no se ha sumado a estos llamados.

Mientras tanto, Kicillof evita pronunciarse explícitamente sobre una eventual candidatura presidencial para 2027, aunque sus movimientos territoriales sugieren lo contrario. El gobernador ha recorrido provincias como Corrientes, Tierra del Fuego, Córdoba y planifica visitas a Catamarca, Mendoza, Jujuy, Salta y Santiago del Estero. Estos viajes no responden a una lógica de campaña declarada, sino a encuentros presentados como consultas políticas con mandatarios y dirigentes que buscan sumarse a un "armado plural y federal". Es una estrategia de acumulación de apoyos que, aunque implícita, configura una preparación tangible para una postulación presidencial que amplios sectores del peronismo bonaerense rechazan aún de manera explícita.

La grieta territorial como espejo de la crisis programática

A diferencia de 2024, cuando el encuentro de San Vicente contó con la presencia de gobernadores y dirigentes de todo el país, esta nueva edición privilegiará a referentes de la región bonaerense. Esta recalibración no es neutral: busca reforzar la posición de Kicillof entre aquellos intendentes que participarán en la interna peronista del año que viene. Es decir, la estructura del acto mismo funciona como un mecanismo de selección política. Aunque existen planes para incorporar, en último momento, algunos dirigentes del interior del país invitados para imprimir un sello "federal" a la conducción kicillofista, Bianco ha sido claro: "no será un acto masivo".

La semana anterior, desde el Senado bonaerense, un grupo de legisladores nucleados bajo la denominación Fuerza Patria y liderados por Sergio Berni y Mario Ishii expresó críticas públicas al mandatario. Estas voces disidentes refuerzan la idea de que la gobernación enfrenta resistencias múltiples, no únicamente del sector kirchnerista sino también de segmentos que ocupan espacios dentro del peronismo tradicional. El panorama, entonces, es uno de fragmentación creciente: una provincia donde el principal partido de origen nacional y popular se encuentra dividido por líneas que combinan lealtades personales, cálculos electorales y diferencias programáticas sobre cómo proceder frente a la administración libertaria.

Las implicancias de este quiebre van más allá del mero teatro político. Durante estos dos años de gestión kicillofista, La Cámpora ha cuestionado tanto la orientación de las políticas públicas como la disposición del gobernador a construir alianzas amplias dentro del peronismo. Por su parte, el gobernador argumenta que la unidad debe anteceder a cualquier cálculo interno y que las prioridades deben estar centradas en ofrecer una alternativa clara a Milei. Sin embargo, la realidad indica que ambos espacios preparan simultáneamente sus propias estructuras electorales para 2027, dejando de lado momentáneamente las apelaciones retóricas a la cohesión.

El acto de San Vicente, entonces, funcionará como un espejo de esta realidad: una ceremonia donde se honrará la memoria de quien fundó el movimiento peronista, pero donde la ausencia de sus actores principales de hoy evidenciará que las fracturas en la casa del pueblo justicialista bonaerense son profundas, estructurales y probablemente irreconciliables en el corto plazo. Los próximos meses definirán si esta fragmentación logra procesarse institucionalmente a través de mecanismos como las PASO o si, por el contrario, se resolverá mediante enfrentamientos que debiliten aún más las posibilidades electorales del peronismo frente a un gobierno nacional que continúa consolidando su poder.