La fractura en el corazón del justicialismo bonaerense
Mientras la Argentina sigue debatiéndose entre proyectos políticos antagónicos, adentro del peronismo bonaerense germinan tensiones que exponen las dificultades de una fuerza que históricamente se proclamó como movimiento multisectorial. Hace pocos días, en la Quinta 17 de Octubre ubicada en San Vicente —donde descansan los restos de Juan Domingo Perón—, se desarrolló una ceremonia de conmemoración que lejos de proyectar unidad, evidenció grietas profundas dentro de la estructura del Partido Justicialista provincial. El gobernador Axel Kicillof presidió un acto de características modestas, rodeado de funcionarios y alcaldes cuidadosamente seleccionados, en un contexto donde la ausencia de ciertas figuras resultó tan elocuente como cualquier discurso pronunciado.
La nota más llamativa de la jornada fue la de Máximo Kirchner, quien no solo no asistió al homenaje sino que ni siquiera fue invitado. El diputado nacional que encabeza La Cámpora, el espacio político más dinámico del kirchnerismo, quedó afuera de un evento que debería congregar a lo más selecto de la tradición peronista bonaerense. Según trascendió, la última comunicación entre ambos dirigentes ocurrió cuando se coordinaron los detalles de la despedida del músico Carlos "Indio" Solari, hace algunas semanas. Desde entonces, el silencio. Un silencio que en política tiene un peso que rivaliza con las palabras más duras.
Kicillof, quien asumió la presidencia del Partido Justicialista bonaerense hace menos de un año —reemplazando justamente a Máximo Kirchner—, utilizó el espacio para lanzar una reflexión sobre el presente político nacional. "Vamos a seguir honrando el legado de Perón de la única forma que podemos hacerlo: trabajando para darle dignidad a nuestro pueblo y para construir una alternativa que vuelva a levantar en la Argentina las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía", expresó ante los asistentes. El mensaje, aunque revestido en el lenguaje clásico del peronismo, funciona como declaración de intenciones sobre cómo concibe el gobernador la reconfiguración política de cara a los próximos comicios presidenciales.
El acto cerrado y la estrategia política del gobernador
Resulta particularmente significativo que el acto haya sido deliberadamente reducido en escala. Inicialmente se consideró la posibilidad de convocar a los titulares del Partido Justicialista de los 135 municipios bonaerenses, una fotografía masiva que hubiera proyectado una imagen de fortaleza y cohesión. Sin embargo, en la práctica prevaleció una prudencia calculada. Fuentes internas del peronismo bonaerense revelan que existía temor genuino respecto de cómo evolucionaría un encuentro de esas características. ¿Hasta dónde llegarían las divisiones visibles? ¿Cuánta tensión podría exponerse ante las cámaras? Finalmente, se optó por una estrategia minimalista: apenas se cursaron invitaciones a los intendentes de la tercera sección del conurbano profundo, aquellos que mantienen canales de comunicación directa y fluida con el gobierno provincial.
Entre los asistentes figuraban Gastón Granados, intendente de Ezeiza, quien encabeza una fracción de alcaldes que explora candidaturas propias para disputar la gobernación en 2027; Federico Otermín, de Lomas de Zamora, uno de los pocos referentes con vínculos cercanos a Máximo Kirchner que decidió presentarse; Marisa Fassi, de Cañuelas; Blanca Cantero, de Presidente Perón; Andrés Watson, de Florencio Varela; Fernando Espinoza, de La Matanza; y David Angueira, de Punta Indio. Además, Kicillof contó con el acompañamiento de su vicegobernadora Verónica Magario y varios de sus ministros: Carlos Bianco (Gobierno), Andrés Larroque (Desarrollo de la Comunidad), Javier Rodríguez (Desarrollo Agrario) y Javier Alonso (Seguridad).
En San Vicente, donde la Quinta histórica permanece bajo custodia de dirigentes que alguna vez respondieron a Martín Insaurralde, Kicillof buscó proyectar un giro de timón hacia una conducción de corte federal. Para ello, invitó a dos referentes del Partido Justicialista de provincias del interior: delegados de Misiones y de Chaco. El mensaje implícito resulta cristalino: el gobernador quiere ampliar su base de apoyo más allá de la puja tradicional entre Kicillof y el kirchnerismo puro, construyendo una coalición que integre al peronismo territorial del resto de la República Argentina. Es una apuesta política deliberada, diseñada para fragmentar cualquier unidad que pudiera lograrse entre sus adversarios internos.
Las movidas de ajedrez rumbo a 2027
Mientras tanto, en espacios cercanos al kirchnerismo y a La Cámpora circulan propuestas que desafían directamente la estrategia gubernamental. Intendentes como Iván Villagrán, de Carmen de Areco, comienzan a resonar públicamente con la idea de que Máximo Kirchner se perfila como candidato presidencial. El diputado nacional, desde su propia trinchera, sostiene además que Cristina Kirchner debe ser candidata pese a su actual situación legal. Estos movimientos no son casuales: representan un intento de competir por la canción de sirena que todo espacio político desea escuchar en sus bases militantes.
Por su lado, Eduardo Wado de Pedro, senador con raíces kirchneristas, optó por un homenaje menos conflictivo, realizado a través de redes sociales. Citó palabras clásicas del imaginario peronista: "En nuestras ambiciones y en nuestras aspiraciones, solamente una bandera debe ir delante de nosotros, la de nuestra patria". De Pedro es considerado como una de las posibles fichas que el kirchnerismo podría jugar en la contienda presidencial de 2027.
Kicillof, por su parte, implementa una estrategia territorial más sofisticada. El Movimiento Derecho al Futuro, que responde al gobernador, no se plegó a los clamores kirchneristas sobre candidaturas alternativas. En cambio, construye cuidadosamente una narrativa donde Kicillof mismo aparece como la opción natural del peronismo para disputarle la presidencia al actual mandatario Javier Milei. El gobernador, sin embargo, se cuida de explicitar públicamente su candidatura. Prefiere trabajar la cancha de manera más discreta: recorre provincias, fortalece acuerdos con gobernadores aliados, se reúne con intendentes de distintas provincias, y teje una trama que aspira a proyectar pluralidad y consenso federal. En los últimos meses estuvo en Corrientes, Tierra del Fuego y Córdoba. Cuenta con invitaciones pendientes a Catamarca, Mendoza, Jujuy, Salta y Santiago del Estero, provincias donde existen agrupaciones peronistas que muestran disposición a sumarse a su armado.
Este enfoque contrasta con el que predominó durante gobiernos anteriores, cuando la estructura partidaria respondía de forma más centralizada a instrucciones emanadas de La Cámpora. Ahora el gobernador busca demostrar que el peronismo bonaerense puede ser un movimiento políglota, capaz de integrar voces y proyectos diversos sin que ello signifique someterse a una dirigencia única. Es, en cierto sentido, un retorno a la idea de Perón como movimiento abierto y heterogéneo, aunque irónicamente construido en competencia directa contra quienes se reclaman como custodios más directos del legado perónista.
El contexto más amplio de la crisis peronista
Es importante contextualizar estos conflictos dentro de un marco más extenso. El peronismo argentino, como movimiento político, ha experimentado ciclos de fragmentación y recomposición a lo largo de su historia de más de siete décadas. Sin embargo, la actual división parece responder a cicatrices más profundas: la salida traumática del gobierno de Alberto Fernández en 2023, las divisiones internas sobre responsabilidades de esa gestión, y la necesidad de proyectar quién será la cara del movimiento en el próximo período electoral. Kicillof ha insistido públicamente en que 2024 debe ser un "año de organización", argumentando que "se viene de un gobierno que no funcionó, el nuestro, y eso nos llevó también a que ahora gobierne Milei". Esta autocrítica es simultáneamente una forma de diferenciarse del kirchnerismo puro, que tiende a negar responsabilidades en los fracasos de la gestión anterior.
El acto de San Vicente, visto desde esta perspectiva, representa mucho más que un simple homenaje a un expresidente fallecido hace cinco décadas. Es un escenario donde se despliegan las contradicciones de un movimiento que intenta, simultáneamente, honrar su pasado, procesar su presente y construir un futuro sin quedar atrapado en las batallas intestinas que lo caracterizan. La Quinta histórica, donde reposan los restos físicos de Perón, terminó siendo un espacio donde la política actual inscribió sus propias tensiones, sus ausencias significativas y sus apuestas por la reconfiguración del poder.
Proyecciones y consecuencias posibles
De cara a los próximos meses, el comportamiento político de estos sectores determinará en buena medida el desempeño electoral que experimente el peronismo en 2025 y 2027. Si la fragmentación se profundiza y ambas alas —la kirchnerista y la kicillofista— deciden competir por separado, el resultado probable sería una debilitación de la capacidad de construir una alternativa unificada frente al gobierno nacional actual. Por el contrario, si logra resolverse algún tipo de acuerdo operativo antes de los próximos comicios, la capacidad de disputa aumentaría significativamente. En cualquier caso, el peronismo bonaerense enfrenta el desafío de redefinir su identidad política sin la gravitación que ejercían estructuras previas, y sin la certeza de cuál será el resultado final de esta competencia interna. Las estrategias desplegadas por Kicillof —su énfasis en federalismo, en construir amplitud territorial, en evitar confrontaciones explícitas— pueden interpretarse como una apuesta a acumular poder institucional y político que le permita negociar desde una posición de mayor fortaleza. Al mismo tiempo, los movimientos del kirchnerismo y La Cámpora representan una resistencia a ser desplazados de la centralidad que ocuparon durante años en el espacio peronista. Lo que suceda en las próximas etapas del debate político bonaerense aportará datos significativos sobre la capacidad de regeneración que conserva el peronismo como fuerza política nacional.



