La semana que comienza en la Capital Federal trae consigo un pulso político de magnitud considerable. En el corazón de la disputa se encuentra un decreto que desencadenó una cascada de reacciones contradictorias: la derogación de la normativa que regulaba la venta de terrenos rurales a inversores extranjeros. Lo que suceda en los próximos días en el recinto legislativo no es simplemente un intercambio de argumentos parlamentarios. Se trata, fundamentalmente, de una pugna sobre quién controla el rumbo de decisiones que impactan directamente en la propiedad de activos estratégicos para la producción agropecuaria nacional. El escenario que se despliega evidencia el nivel de fractura que atraviesa las dinámicas internas del Congreso y la complejidad que enfrenta el Ejecutivo para sostener sus políticas sin perder legitimidad legislativa.
El detonante de esta confrontación es el Decreto de Necesidad y Urgencia número 70/2023, firmado por el presidente Javier Milei en sus primeros días de gestión. Entre sus múltiples artículos, esta norma incluyó la eliminación de la normativa que limitaba la adquisición de tierras rurales por parte de capitales foráneos. Esta medida generó resistencia inmediata desde distintos espacios del arco parlamentario, quienes convocaron a una sesión especial para debatir su derogación. Sin embargo, el panorama se tornó más intrincado cuando la Corte Suprema decidió suspender provisionalmente los efectos del artículo 154 del decreto, que era precisamente el que derogaba la Ley de Tierras Rurales. Esta intervención judicial inyectó incertidumbre en el tablero legislativo, ya que ahora el Gobierno enfrenta simultáneamente presiones desde el Poder Judicial y desde el Congreso, mientras que la oposición ve complicado su horizonte para lograr los números que necesita.
El juego táctico: maniobras para neutralizar la sesión
El Gobierno no se queda pasivo. Desde el bloque oficialista, comandado por Gabriel Bornoroni, se despliegan diversas estrategias para evitar que se concrete la sesión plenaria de debate que amenaza con poner en votación la derogación del decreto presidencial. Una de estas maniobras consiste en convocar a distintas comisiones legislativas sobre temas que, aparentemente, guardan relación con la cuestión de fondo. El oficialismo ha citado a sesión especial para el próximo 21 de octubre, incluyendo en su orden del día asuntos como Propiedad Privada, atención a la Discapacidad y Desendeudamiento Familiar. Precisamente estos últimos dos temas forman parte de los ejes que la oposición pretendía debatir en su propia convocatoria. La estrategia es evidente: si el Gobierno logra tratar estos temas en su propia sesión, reduce el poder de atracción de la sesión opositora y, de paso, corta la posibilidad de que se vote la derogación del DNU.
En paralelo, el Ejecutivo anunció también una doble convocatoria a comisiones para el próximo miércoles, específicamente en las mesas de Asuntos Constitucionales y Legislación General. El propósito declarado es debatir un proyecto vinculado con la Inviolabilidad de la Propiedad Privada, pero con un giro relevante: se buscaría reincorporar capítulos relacionados con la Ley de Tierras que fue derogada. Este movimiento abre un nuevo flanco de tensión incluso dentro del mismo espacio oficialista. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había impulsado un proyecto con características distintas al que ahora propone la bancada mayoritaria, lo que evidencia que las fracturas no son solo hacia afuera sino también hacia adentro de la coalición de Gobierno.
El Presupuesto 2027 como telón de fondo y arena de conflicto
Simultáneamente con estas maniobras sobre tierras y propiedad, el Congreso enfrenta otro debate de envergadura: la aprobación del Presupuesto para el año 2027. El secretario de Hacienda, Carlos Guberman, está previsto que presente esta iniciativa ante la comisión de Presupuesto y Hacienda en las próximas horas. Los números que porta este proyecto presupuestario generan preocupación en varios sectores. El Gobierno proyecta una inflación de 18 por ciento para el próximo año, un dólar oficial que alcanzaría los 1.847 pesos y 60 centavos a fin de 2024, con una expectativa de crecimiento económico del 4 por ciento. Estos parámetros, lejos de ser cifras técnicas abstractas, implicarían recortes significativos en rubros de alta sensibilidad política, particularmente en los programas y asignaciones destinadas a personas con discapacidad. Esta circunstancia ha provocado fricciones considerables con legisladores de la oposición, quienes ven en el proyecto presupuestario una profundización de decisiones que consideran regresivas en términos de políticas sociales.
La ausencia del ministro de Economía, Luis Caputo, en los debates parlamentarios ha generado cuestionamientos explícitos. El jefe de bloque de Unión por la Patria en Diputados, Germán Martínez, expresó su crítica hacia esta falta de presencia, señalando que es precisamente el funcionario responsable de la cartera económica quien debe explicar ante los legisladores los fundamentos y proyecciones que sustentan la iniciativa presupuestaria. Martínez también indicó que, desde que se presentó formalmente el Presupuesto 2027 hace semanas, el Gobierno no ha mostrado urgencia por iniciar su tratamiento legislativo, lo que genera dudas sobre cuál es realmente la estrategia temporal del Ejecutivo. La no comparecencia del ministro fue interpretada por sectores opositores como una señal de que el Gobierno prefiere evitar confrontaciones directas en la arena legislativa sobre las bases de sus decisiones económicas.
Lo que emerge de este entramado de movimientos legislativos es un Gobierno que busca mantener el control sobre la agenda parlamentaria mediante una combinación de tácticas: convocar sesiones competidoras que fragmentan la oposición, introducir proyectos alternativos que generan confusión sobre cuál es la verdadera posición oficial, y diferir debates de alto costo político mediante ausencias estratégicas de sus ministros clave. Por su parte, la oposición enfrenta el desafío de coordinar acciones en un contexto donde la fragmentación ideológica es profunda y donde la intervención del Poder Judicial introduce incertidumbre sobre el piso legal sobre el cual construir argumentos. La Ley de Tierras Rurales, que data de décadas atrás y que estableció límites a la propiedad de terrenos productivos por parte de capitales extranjeros, se ha convertido en un símbolo de estas disputas más amplias sobre el modelo de país que se pretende construir. Cada movimiento en el Congreso en los próximos días no es meramente procedimental, sino que representa visiones contrapuestas sobre soberanía, recursos naturales, regulación estatal y apertura de mercados.
Perspectivas e implicancias del conflicto sin resolver
Los próximos pasos que adopte el Congreso en torno a estos temas definirán dinámicas legislativas de largo plazo. Si el Gobierno logra bloquear la sesión de la oposición mediante sus maniobras de convocatorias alternativas, sentaría un precedente sobre la capacidad de la bancada oficialista para controlar la agenda legislativa sin necesidad de contar con mayorías abrumadoras. Contrariamente, si la oposición logra reunir el quórum requerido y votarla derogación del decreto, se abriría un período de conflicto con el Ejecutivo sobre la implementación de esa decisión. La intervención de la Corte Suprema, por su parte, introduce un tercer actor con capacidad de decisión que no puede ser ignorado. Las proyecciones macroeconómicas incorporadas en el Presupuesto 2027, con sus implicancias redistributivas en términos de gasto social, seguirán generando resistencias parlamentarias que probablemente se extiendan más allá de estas semanas iniciales. La ausencia de consensos básicos sobre modelos de regulación económica, política agraria y provisión estatal de servicios seguirá atravesando todas estas discusiones, haciendo que cada decisión particular resuene en esferas más amplias del debate público.



