El panorama político porteño se retuerce bajo una tensión que define la coyuntura nacional: mientras los principales referentes de la derecha argentina mantienen canales de diálogo abiertos, cada uno avanza con su propio proyecto de poder para disputarse el control de la ciudad de Buenos Aires en las elecciones de 2027. Lo que aparenta ser una convivencia armoniosa entre Jorge Macri, Patricia Bullrich y los libertarios nucleados alrededor de Karina Milei esconde un tablero electoral que se reconfigura constantemente, donde las alianzas de hoy podrían convertirse en enfrentamientos directos mañana. Este escenario, cargado de incertidumbre, sufrió un quiebre significativo con la desaparición de Manuel Adorni del circuito de candidaturas viables, lo que abre interrogantes sobre quién ocupará los espacios que quedaron vacantes en la contienda.

La reciente paternidad de Jorge Macri, quien hace pocas semanas recibió a su hijo Vito, no ha interrumpido sus encuentros regulares con Bullrich, su antigua compañera de filas dentro del partido Pro. Estos contactos, lejos de ser meros intercambios de cortesía, reflejan la complejidad de una relación que oscila entre la cooperación táctica y la competencia estratégica. Por su parte, la senadora libertaria mantiene vínculos fluidos con Pilar Ramírez, legisladora porteña identificada con la línea de Karina Milei, quien a pesar de ejercer la oposición local nunca cerró completamente las puertas al diálogo con el jefe de gobierno. Estos canales de comunicación, que parecería deberían fortalecer la unidad del espacio anti-kirchnerista, funcionan más bien como espacios de sondeo mutuo donde cada actor evalúa sus propias posibilidades de triunfo.

Adorni: la baja que remece el tablero

La caída de Manuel Adorni del mapa electoral porteño marca un punto de inflexión en las negociaciones. Los escándalos vinculados a su patrimonio lo alejaron de manera definitiva de cualquier aspiración a ocupar la jefatura de gobierno. Esta salida, que parecería favorecer la consolidación de Bullrich como candidata de consenso, en realidad abrió interrogantes sobre cuál será el perfil del postulante libertario. Desde el entorno de la senadora, circula una frase que ilustra su posición: "No hice cincuenta años de política con el objetivo de ser jefa de gobierno". La expresión, deslizada en charlas con sus colaboradores más cercanos, sugiere que Bullrich mantiene sus miras en objetivos de mayor envergadura, aunque simultáneamente deja la puerta entreabierta para disputar la magistratura porteña si las circunstancias lo ameritan.

Lo paradójico de la situación radica en que Bullrich disfruta de una posición de fortaleza electoral inesperada. En tiempos de turbulencia política nacional y retroceso en la aprobación presidencial, la ex ministra de Seguridad aparece con niveles de imagen positiva superiores incluso a los del propio Javier Milei. Colaboradores de la senadora sostienen que posee un núcleo electoral sólido, estimado entre 10 y 12 por ciento del electorado porteño, que la respalda más allá de identificaciones partidarias tradicionales. Estos números no pasan desapercibidos en los búnkeres libertarios, donde se lee con fruición la misma data electoral. Allegados a Bullrich aseguran que la circulación de versiones sobre su eventual retiro de la contienda responde a maniobras destinadas a evitar que los votantes se decidan por ella, en una lógica donde la mejor estrategia es desacreditarla como viable. Según esta lectura, el acercamiento inicial de Milei y su hermana hacia Bullrich en enero y febrero fue precisamente una respuesta al impacto del escándalo que hundió a Adorni.

Bullrich se prepara: equipo de campaña y movidas en territorio

Mientras negocia públicamente alianzas, Bullrich mantiene un aparato de campaña permanente que capitaliza el legislador porteño Juan Pablo Arenaza. El equipo incluye también al diputado nacional Damián Arabia y al legislador bonaerense Diego Valenzuela, todos dedicados a revisar encuestas, calibrar mensajes y analizar la coyuntura electoral. La foto de Bullrich y Ramírez recorriendo el barrio porteño de Lugano contó con el respaldo de Karina Milei, pero la posterior ofensiva de la senadora exigiendo que Adorni presentara su declaración jurada volvió a tensar los vínculos con el núcleo duro libertario. Esta dinámica de aproximación y distanciamiento refleja las complejidades de una alianza que se sostiene más en la conveniencia táctica que en la identidad programática. El equipo de Bullrich está convencido de que Adorni está políticamente "muerto" en la ciudad, argumento que surge de conversaciones cotidianas donde "la gente está muy enojada". La estrategia contempla la producción de material de campaña con tono porteño, inspirada incluso en visitas que la senadora hizo a sistemas de transporte en el exterior, que podrían replicarse próximamente en la capital.

Desde el entorno de Ramírez, mientras tanto, se reconocen las cualidades de Bullrich pero se insiste en que el espacio libertario cuenta con "muchas variantes" candidatas. La legisladora porteña ha venido levantando su perfil desde la legislatura, combinando apoyo selectivo con un "control" crítico de la gestión de Macri. Las voces de la Casa Rosada sugieren que candidatos de perfil libertario podrían emerger del gabinete nacional: los ministros Federico Sturzenegger (Desregulación), Sandra Pettovello (Capital Humano) y Luis Capito (Economía), todos residentes en la ciudad, constituyen posibles opciones. También se menciona al canciller Pablo Quirno. Estos referentes libertarios caminan cotidianamente por los barrios, visitando comercios y espacios postergados, en un estilo de campaña permanente donde buscan difundir lo que denominan "evangelización libertaria". Señalan logros como la reducción de gastos en comunas y acusan a Macri de copiar su énfasis en seguridad, mientras minimizan las diferencias con Bullrich para apuntar toda su artillería hacia el jefe de gobierno.

La evaluación libertaria sobre el gobierno porteño reconoce una mejora en la gestión de Macri, o al menos una contención de lo que describen como "sangría", pero argumentan que el Pro como espacio político acumula debilidades. El cuestionamiento es frontal: si después de dos décadas en el poder la única opción del partido es un eventual regreso de Mauricio Macri, entonces "algo hicieron mal" en la construcción de liderazgos y propuestas renovadas. Este argumento resuena entre los legisladores porteños libertarios que predicen, además, que cualquier candidato alineado con Milei medirá electoralmente solo lo que mida el presidente nacional, "ni un voto más". La derrota legislativa de mayo del año pasado, cuando los libertarios ganaron las elecciones a diputados locales dejando al Pro en tercer lugar, permanece como referencia constante de que el equilibrio de fuerzas cambió.

Macri y la apuesta por la gestión como escudo electoral

Jorge Macri, mientras tanto, se muestra satisfecho por el acuerdo recientemente sellado con el gobierno nacional que transferirá 800 mil millones de pesos a las arcas porteñas en concepto de bonos por fondos adeudados de la coparticipación. El jefe de gobierno calcula que concentrarse en la administración cotidiana potencia sus posibilidades de reelección. Su análisis incorpora un factor que considera favorable: la creciente hostilidad de la opinión pública hacia el gobierno nacional, que a su juicio lo beneficia de manera directa al posicionar a la ciudad como un refugio de estabilidad relativa. Miembros de su gabinete narran escenas de extrema vulnerabilidad social: en reuniones de vecinos, las personas lloran porque no logran llegar a fin de mes. Este contexto de malestar económico, paradójicamente, podría jugar a favor de Macri si logra proyectar una imagen de administración responsable en contraste con la gestión nacional.

Desde la calle Uspallata, sede del gobierno porteño, descartan la posibilidad de que Karina Milei permita al Pro una competencia pareja en futuras primarias, y sostienen convicción respecto de que Bullrich no terminará siendo la rival directa de Macri. La senadora "irá por el premio mayor" —la presidencia— o a lo sumo aceptará ocupar el segundo lugar de una fórmula presidencial. Este análisis, que puede resultar tranquilizador para los macristas, contrasta con la realidad de que Bullrich mantiene abierta esa puerta de candidatura porteña mientras no se cierre completamente su horizonte presidencial. Los dirigentes macristas no le asignan chances al kirchnerismo en sus distintas manifestaciones para disputar la jefatura de gobierno, tesis que comparten tanto libertarios como bullrichistas. El voto kirchnerista existe, admiten, pero "no les alcanza", además de que la presencia de Myriam Bregman y la izquierda genera un problema electoral adicional que fragmenta ese espacio.

La configuración electoral para 2027 refleja así una paradoja fundamental de la política porteña contemporánea: tres actores que necesitan negociar porque comparten objetivos nacionales, pero que se preparan para competir feroz mente por el control de lo que consideran "la mejor vidriera del país". Los acuerdos de hoy, las charlas regulares y las muestras públicas de coordinación conviven con estructuras de campaña que avanzan de manera paralela, encuestadores que trabajan en múltiples escenarios, y narrativas que van calibrándose según los movimientos de los otros. La ausencia de Adorni del tablero, lejos de resolver la ecuación, la complejizó al abrir un espacio que múltiples actores pretenden ocupar. Es en esa grieta donde fermentan las verdaderas intenciones de cada sector, donde se juega el futuro no solo de Buenos Aires sino también las posibilidades presidenciales que cada uno alberga. Lo que transcurra en los próximos doce meses —en las calles, en los comercios, en las comunas, en los sondeos de opinión y en los encuentros privados— determinará si las alianzas se profundizan o se convierten en batallas abiertas.