La construcción de acuerdos electorales para los comicios de 2027 avanza entre el PRO y La Libertad Avanza en prácticamente todo el territorio nacional, pero existe un territorio que permanece como punto de máxima tensión en esas negociaciones: la Ciudad de Buenos Aires. Mientras ambas fuerzas trazan líneas de cooperación estratégica en diecisiete distritos del país e intentan sumar al radicalismo a esa alianza, la capital federal representa un escenario de fricción permanente donde convergen ambiciones políticas contradictorias, desconfianzas sobre la gestión actual y especulaciones sobre posibles candidaturas que podrían transformar completamente el panorama político porteño.

El conflicto que hoy explota en la esfera pública tiene raíces profundas. La Ciudad de Buenos Aires fue durante décadas el territorio donde el macrismo construyó su poder político e institucional, transformando a esa jurisdicción en su bastión más importante. Cuando Mauricio Macri llegó a la jefatura de gobierno porteño en 2007, inauguró un ciclo de gestión que se extendió durante ocho años consecutivos. Posteriormente, el control de la Capital pasó a Horacio Rodríguez Larreta, quien gobernó hasta 2023. Fue recién en ese año cuando Jorge Macri, hermano del fundador del PRO, asumió la conducción de la Ciudad. Hoy, mientras el partido que lo contiene busca proyectarse nacionalmente en alianza con los libertarios, su propia autoridad en la Capital comienza a tambalearse por las críticas internas que recibe desde el espacio de Javier Milei.

La ruptura silenciosa de una alianza incómoda

Desde las filas de La Libertad Avanza circulan señales contradictorias pero inequívocas: no aceptarán indefinidamente la continuidad de Macri en la jefatura porteña. Legisladores del espacio libertario que dialogan con los equipos cercanos a Karina Milei y Patricia Bullrich dejan trascender sus intenciones con una claridad que roza lo provocador. Juan Pablo Arenaza, diputado porteño de LLA, manifestó de forma directa que su espacio tiene la convicción de poder gobernar la Ciudad con candidato propio, aunque reconoce que podrían abrirse negociaciones puntuales. Sin embargo, esa apertura tiene una condición explícita: la gestión actual debe cambiar radicalmente de rumbo. "No va a haber acuerdo si Jorge Macri sigue gobernando como hasta ahora", expresó un dirigente cercano a Bullrich, cerrando prácticamente cualquier puerta a un arreglo con la continuidad del actual jefe de gobierno.

Las evaluaciones internas sobre la administración porteña en el sector libertario son despiadadas. Dirigentes que transitaban los pasillos de la Casa de Gobierno porteña y legisladores que participan en las comisiones de la Legislatura coinciden en que la gestión de Macri no goza de aprobación social. Cuando recorren barrios y hablan con vecinos, el mensaje que dicen recibir es contundente: existe una disconformidad notable con cómo se están resolviendo los problemas de la Capital. Uno de estos operadores políticos resumió la temperatura social en una frase lapidaria: "El votante del PRO odia la gestión actual". Otro agregó su propia observación del terreno: mientras realiza recorridas territoriales con mayor intensidad en los últimos tiempos, nota que la presencia del jefe de gobierno es prácticamente inexistente en esos espacios, lo que genera una sensación de abandono de la gestión. "Está jodido", fue su diagnóstico sin tapujos.

Los nombres que circulan como alternativa libertaria

En el entorno de Milei y sus colaboradores más cercanos, dos nombres adquieren relevancia como posibles candidatos para competir en la Ciudad en caso de ruptura definitiva con el macrismo. Patricia Bullrich, quien actualmente comanda el bloque de La Libertad Avanza en el Senado nacional y mantiene una estructura territorial consolidada, aparece como una opción manejada en los círculos de poder libertarios. También Pilar Ramírez, funcionaria con llegada a los espacios de toma de decisión, figura entre los nombres que el gobierno nacional analiza como potencial candidato porteño. No obstante, desde las propias filas libertarias reconocen que esta definición no debería precipitarse. Dirigentes del espacio indican que existe una estrategia deliberada de bajar la ansiedad en torno a estos tiempos electorales todavía lejanos. "Hay que bajar la ansiedad, falta mucho", dijeron desde las filas libertarias, sugiriendo que la decisión sobre candidaturas se tomará cuando el escenario político esté más despejado.

Simultáneamente, desde el PRO sostienen una posición que simula certeza pero que en los hechos refleja una defensiva complicada. En el oficialismo porteño descartan cualquier negociación sobre quién encabezará la fórmula y mantienen que Jorge Macri continuará siendo el candidato del PRO a la reelección. "Solo que dejamos en claro que el candidato del PRO en la Ciudad será Jorge Macri, que está trabajando para renovar su mandato y el de la gestión PRO en la Ciudad", afirmaron en los círculos cercanos a la administración porteña. Sin embargo, esta afirmación tiene el tono de quien se defiende ante cuestionamientos cada vez más intensos, más que el de quien tiene una posición dominante en la mesa de negociaciones.

La compleja geometría de un posible acuerdo

En medio de estas tensiones, ambas fuerzas coinciden en un punto: la elección de 2027 en la Ciudad debería realizarse en forma unificada con los comicios nacionales, no desdoblada como ocurrió con las elecciones legislativas de 2024. Esta coincidencia, sin embargo, no resuelve la cuestión fundamental: bajo qué términos se estructuraría esa alianza electoral. Desde La Libertad Avanza existen reservas significativas respecto de ocupar la vicejefatura de Gobierno, cargo que históricamente ha sido secundario pero que en una negociación de poder adquiere valor simbólico importante. Los libertarios prefieren garantizarse otras formas de control sobre la gestión: una representación parlamentaria propia con legisladores elegidos, presencia en ministerios clave y capacidad de veto sobre decisiones ejecutivas. "Podemos tener un control parlamentario, con legisladores propios. También ministros, es algo que se podría hablar", plantearon desde el espacio. Esa enumeración de posibilidades refleja la intención de ejercer influencia real sin exponerse a la responsabilidad directa de comandar la ciudad.

El dilema que enfrenta el PRO en esta negociación es complejo. Si acepta otorgarle espacios significativos a La Libertad Avanza dentro de su gobierno, erosiona la idea de que el macrismo mantiene el control político de su bastión histórico. Si rechaza cualquier concesión, corre el riesgo de que los libertarios presenten una candidatura competitiva que divida el voto de la oposición peronista y afecte la continuidad de su gestión. En este contexto, dirigentes de ambas fuerzas reconocen que la definición de esos detalles requiere tiempo y que apurarse podría generara más fricciones. "Para cerrar una alianza falta mucho para ver los detalles", dijeron desde el PRO, admitiendo implícitamente que existen obstáculos sustanciales aún no resueltos.

Las variables económicas que condicionarán todo

Existe, no obstante, un factor externo que podría modificar completamente esta ecuación política. Desde ambos espacios reconocen que el futuro electoral dependerá en buena medida de cómo evolucione la economía en los próximos años. Un dirigente de amplia trayectoria en la política nacional sintetizó así el escenario: "Estamos ganando por 3 votos", una expresión que resume la percepción de que el resultado es prácticamente impredecible en función de cómo se resuelvan cuestiones macroeconómicas. Otro interlocutor que ha recorrido durante décadas los pasillos de la gestión y la legislación nacional agregó que el gobierno tiene posibilidades si la economía mejora o al menos mantiene cierta estabilidad. Estas evaluaciones reconocen que más allá de las alianzas políticas y las estructuras territoriales, será el desempeño económico general el que condicionará la receptividad del electorado porteño a cualquier propuesta electoral.

A ello se suma una variable de comunicación política que genera tensión en el espacio libertario. Desde sectores cercanos a la conducción nacional se advierte que las manifestaciones públicas del presidente hacia otros actores políticos podrían afectar la capacidad de consolidar alianzas. Un dirigente lo expresó de manera directa: "El presidente tiene que colaborar, no lo hace si putea a todo el mundo". Esa crítica encubierta refleja que existen actores dentro del propio oficialismo libertario que consideran que ciertos comportamientos comunicacionales erosionan la posibilidad de mantener consensos políticos amplios, inclusive dentro de sus propias filas de aliados.

El fantasma del kirchnerismo como pegamento político

Pese a todas las tensiones internas, en ambas organizaciones persiste un elemento unificador: la caracterización de lo que ocurriría si ganara la oposición peronista. Desde el PRO señalan que el objetivo central de cualquier acuerdo es "blindar el cambio", un lenguaje que resume la intención de impedir lo que denominan "la vuelta del kirchnerismo". En sus evaluaciones, sostienen que "enfrente está lo peor de lo peor", una expresión que sintetiza su percepción de amenaza respecto del regreso al poder de fuerzas que consideran han dejado un saldo negativo en sus gestiones pasadas. Este diagnóstico compartido funciona como un colchón que absorbe parte de las frictions entre el PRO y La Libertad Avanza, creando incentivos para mantener conversaciones aunque existan desacuerdos profundos sobre cómo gobernar específicamente la Capital.

Desde la perspectiva de los dirigentes del PRO, la relación actual con La Libertad Avanza en la Legislatura porteña funciona con cierta armonía operativa. Afirman que "la relación permite que salgan buenos proyectos en la Legislatura", sugiriendo que existe una colaboración pragmática en términos de agenda legislativa. Esta cooperación táctica contrasta con las tensiones estratégicas sobre candidaturas y poder ejecutivo, generando un escenario donde coexisten acuerdos puntuales con desconfianzas profundas sobre las intenciones de mediano y largo plazo.

El panorama que se despliega hacia 2027 en la Ciudad de Buenos Aires sugiere que las negociaciones serán tensas, probablemente extensas y con múltiples puntos de quiebre potencial. La forma en que se resuelvan estos conflictos incidirá no solo en el resultado electoral porteño, sino también en cómo se estructura el vínculo nacional entre ambas fuerzas políticas. Si La Libertad Avanza logra competir de forma competitiva con candidato propio, podría modificar radicalmente los equilibrios que el PRO ha mantenido históricamente en su bastión. Si el macrismo logra integrar al espacio libertario dentro de su estructura sin perder poder de decisión, demostraría que su capacidad de negociación sigue siendo superior. Si ambas fuerzas finalmente logran acordar una fórmula conjunta, ese resultado podría servir como modelo de cooperación que se replica en otros distritos. Cada uno de estos escenarios contiene implicancias distintas no solo para la política porteña, sino para la configuración del mapa político nacional en los años venideros.