La Argentina atraviesa un período de incertidumbre económica que comienza a erosionar las bases políticas sobre las que el Gobierno construye su estrategia de continuidad. Hace apenas días, mientras el equipo económico celebraba cifras de desempeño, los organismos oficiales de estadística revelaban datos que contradecían el relato de recuperación. El producto interno bruto registró una contracción de 0,6% en el segundo trimestre, con caídas significativas tanto en el consumo privado como en la inversión, que lleva más de un año en retroceso. Simultáneamente, la tasa de desempleo experimentó un aumento de tres décimas, mientras que la morosidad crediticia de las familias continuaba su ascenso en julio, según reportes del Banco Central. Estos números no son simples estadísticas: representan el punto de quiebre donde el discurso oficial choca con la realidad que viven millones de argentinos, y donde las fracturas internas de la coalición gobernante comienzan a hacerse visibles.

El termómetro que mide la salud política

Patricia Bullrich funciona como un instrumento de medición de la temperatura política del gobierno libertario. Su comportamiento público combina de manera deliberada elementos de espontaneidad y cálculo estratégico, alternando entre momentos de indignación genuina y expresiones de ironía burlona. Esta semana protagonizó un episodio que sintetiza la tensión interna: se enfureció por no haber sido notificada de recortes adicionales en el área de Discapacidad incluidos en el proyecto de presupuesto 2025. Su reacción no fue incidental, sino que coronó una semana particularmente incómoda para Javier Milei, quien enfrentó simultáneamente desorden interno y la publicación de indicadores que desmentían los discursos de éxito económico que había estado promocionando.

El lunes de esa semana turbulenta, el Presidente convocó a sus ministros y legisladores para una sesión de cinco horas destinada a reafirmar la viabilidad de su programa. Utilizó la ocasión para subrayar lo que considera resultados históricos de sus políticas y para predecir un crecimiento sostenido si se mantienen el superávit fiscal y la restricción monetaria. Tres jornadas después, el panorama cambió dramáticamente cuando los organismos estadísticos oficiales difundieron números que contradecían ese diagnóstico optimista. Los indicadores adelantados del tercer trimestre mostraban un desempeño flojo en sectores clave como la industria, la construcción y hasta la minería durante julio. La proyección para agosto y septiembre varía según distintas fuentes de análisis, pero en los círculos del oficialismo crece el temor de que se produzca otro período de caída que técnicamente significaría entrar en recesión.

El dilema del ajuste sin horizonte

La hipótesis de una recesión constituye lo que en los pasillos del Gobierno denominan "una hipótesis maldita" que buscan evitar a toda costa, justamente en el momento en que aceleran la ejecución de su plan para la reelección. Milei rechaza categóricamente cualquier demanda de modificación en el rumbo económico, argumentando que cambiar la política monetaria equivaldría a "pegarnos un tiro en los pies". Su postura es inflexible: considera que cualquier presión para emitir dinero o acelerar el gasto constituye una tentación que lo alejaría de su objetivo de preservar la desinflación y la estabilidad cambiaria, que caracteriza como los dos tesoros de su gestión.

Sin embargo, existe una contradicción fundamental en la estrategia económica. El ministro Luis Caputo había manifestado en junio que la clave del futuro pasaría por aumentar la recaudación tributaria, reconociendo que "seguir generando superávit vía ajuste fiscal ya es muy difícil". A pesar de esa evaluación, el presupuesto mantiene la impronta de recorte continuo sin límites aparentes. Los ingresos impositivos siguen cayendo según las últimas cifras oficiales, mientras que el superávit se sostiene fundamentalmente mediante una estrategia de contención del gasto. El Gobierno se apoya en la esperanza de que el récord de exportaciones, alimentado por la cosecha agrícola y el boom petrolero, genere suficientes recursos para sostener el modelo. La estrategia de Casa Rosada apuesta también a una paulatina recuperación de los salarios reales como efecto de la inflación descendente y a la reactivación del consumo popular antes de fin de año mediante la reducción de tasas de interés. Nada de esto configura lo que podría denominarse una "fiesta" económica.

El proyecto de presupuesto 2025 volvió a realizar podas significativas en las partidas destinadas a Discapacidad, decisión que fue validada personalmente por Milei a pesar de que sus legisladores negociaban paralelamente con otros bloques parlamentarios buscar algún tipo de alivio para ese sector. Simultáneamente, se redujeron los fondos destinados a universidades y se eliminó la actualización automática de la Asignación Universal por Hijo. El ministro Caputo comunicó estas reducciones por escrito sin avisar previamente a los integrantes de la mesa política con los que se había reunido el martes. El impacto fue inmediato: Bullrich estalló públicamente con una frase que resumía su irritación: "Me toman por tonta". La reacción de Martín Menem, diputado libertario leal a Karina Milei, fue diferente: actuó con sigilo en lugar de visibilizar su disgusto, logrando obtener autorización para continuar contactos con sectores opositores dialoguistas con el objetivo de no profundizar el ajuste en Discapacidad. Mientras tanto, se anunciaba un proyecto sobre Malvinas que incluía artículos penalizando "la manipulación de la opinión pública" a partir de noticias falsas, lo que en la práctica esboza los contornos de una ley mordaza justificada en nombre de la patria y la soberanía.

La ministra de Capital Humano bajo presión

Los cambios en los subsidios dirigidos a los sectores más pobres generaron un enfoque de atención sobre el ministerio de Capital Humano, cuya titular, Sandra Pettovello, ha promocionado una gestión que presuntamente ha erigido una barrera eficiente de contención social mediante los planes asistenciales. A través de un comunicado el viernes, la ministra escribió: "No discutí con nadie, no me peleé con nadie", una declaración defensiva que buscaba desligarse de la polémica sin confrontar directamente. En los círculos gubernamentales sostienen que, con o sin movilidad automática de la AUH, la asistencia se mantendrá actualizada en función del valor de la canasta básica. No obstante, integrantes del ala económica del Gobierno creen que esas partidas deberían ser ajustadas, señalando que en los años de gestión libertaria han crecido por encima de la inflación acumulada. Milei mismo expresó en una entrevista concedida a The Economist que "hay mucho más gasto para recortar y muchos más impuestos para bajar". El Presidente se preocupó personalmente por destacar esa declaración mediante un tuit durante el torbellino oficialista, acompañándola de la muletilla irónica que utiliza para alardear de su alcance internacional: "Fenómeno barrial". Aparentemente no advirtió o no le importó que esa misma publicación incluyera una apreciación editorial concluyendo que con su índice de aprobación neta personal "profundamente negativo, el experimento de libre mercado de Javier Milei pende de un hilo".

Las mediciones de opinión pública más recientes, según el estudio de Poliarquía, muestran que sus niveles de imagen no repuntan después de una caída fuerte que se extendió de enero a junio. El informe destaca especialmente una pérdida de apoyo en el segmento que había votado por Bullrich en 2023: entre ese público la imagen del Presidente se redujo 8 puntos en un mes y 18 puntos en lo que va del año. Igualmente, se acentuó su deterioro entre los sectores de mayor poder adquisitivo, históricamente considerados como la base más sólida del apoyo libertario. Es precisamente a ese público al que Bullrich se dirige cuando reclama "cercanía" con quienes sufren los efectos del ajuste, deliberadamente evitando utilizar el término "empatía" porque Milei ha prohibido esa palabra en la jerga oficialista. Bullrich quiere posicionarse como la dueña del "sí, pero" dentro de un movimiento político que sacraliza el culto a su líder fundador.

El juego de ajedrez entre el Presidente y su ministra

Con Bullrich, Milei juega un ajedrez retorcido y de reglas poco convencionales. Ella es la única persona a la cual le permite públicamente una crítica sin que ello genere una ruptura evidente. El Presidente se preocupa por aclarar cada vez que esto ocurre que no le molesta, como si esa negación de irritación neutralizara el potencial desestabilizador de la rebeldía. Este viernes, Bullrich lo toreó de manera deliberada mediante un video musicalizado con una canción de Lali Espósito, la misma intérprete a la que Milei había realizado críticas muy duras en el pasado. Ahora, en un giro notable, el Presidente comentó que escuchó algunos temas de la artista y que le habían gustado. Un operador del oficialismo explicó la estrategia: "Hoy no podemos plantearnos un quiebre con Patricia. Ella tensa la cuerda, pero si rompe pierde. Hay que ser estratégicos". La evaluación captura una realidad incómoda para la Casa Rosada: Bullrich sigue siendo una figura política de peso con capacidad de movilización propia, pero también representa un factor de incertidumbre que el Gobierno prefiere mantener controlado antes que permitir que se transforme en abiertamente hostil.

Existen sospechas en los círculos cercanos a Karina Milei de que Bullrich insiste en revisar el plan de reforma electoral no por una preocupación genuina por la viabilidad del proyecto, sino porque considera que mantener las primarias abiertas le permitiría desafiar desde adentro al Presidente en caso de que la parálisis económica devalue su figura política. Ella lo niega categóricamente. La reforma electoral se ha convertido en un objetivo estratégico para Casa Rosada: requiere suspender las primarias abiertas y obligatorias, lo que busca retacearle al peronismo una herramienta de ordenamiento durante su crisis política irresuelta. Pero también constituye una demostración dirigida a los mercados financieros de que el gobierno libertario posee una red de soporte partidista y territorial suficientemente potente como para aspirar a un mandato adicional. Por ahora, los votos legislativos necesarios no existen. Siendo una reforma legal electoral, se requiere una mayoría agravada de 37 senadores y 129 diputados, cifras que están lejos de alcanzarse en las votaciones actuales.

El frente de gobernadores y los cálculos aliancistas

Los gobernadores que visitaron la Casa Rosada esta semana permanecen distantes respecto de brindar su apoyo a la reforma. La persistencia del ajuste económico en las provincias no facilita precisamente el ablandamiento de sus posiciones. El gobernador salteño Gustavo Sáenz, del peronismo, expresó luego de su reunión con el jefe de Gabinete Diego Santilli que "el equilibrio fiscal tiene que estar acompañado por equilibrio social", una frase que sintetiza la resistencia de los gobernadores dialoguistas frente a lo que perciben como un ajuste permanente. La novela parlamentaria alrededor del presupuesto y de la ley de seguridad nacional, con sus intentos de legislar sobre "manipulación de la opinión pública", ha profundizado la desconfianza de los sectores opositores que de todas formas mantienen algún grado de disposición al diálogo.

El avance más claro en materia de alianzas ha sido con el Pro, particularmente desde que Karina Milei dispuso un deshielo en la relación con Mauricio Macri. En la Casa Rosada admiten abiertamente que existe voluntad de despejarle el camino a Jorge Macri para su reelección, algo que hace apenas seis meses parecía completamente impensable. Los libertarios esperan como gesto recíproco que el partido amarillo confirme su apoyo a la cancelación de las PASO y que desactive cualquier intención de presentar una candidatura disidente, como la que personifica el economista Hernán Lacunza. El macrismo se deja seducir por las posibilidades que se abren, pero mantiene la guardia elevada, sin ceder completamente en sus posiciones de negociación. Los radicales considerados amigables, como los que gobiernan Mendoza, Chaco y Corrientes, son imaginados por el comando libertario como parte de una coalición amplia. Aunque Milei continúa provocando incomodidad cuando lanza críticas frontales, como la que expresó el miércoles respecto de Raúl Alfonsín, afirmando que "se fue del gobierno como una rata con 5000% de inflación".

Los asesores cercanos a Karina confían en que fluirán alianzas con gobernadores de provincias vinculadas a sectores ganadores del modelo económico libertario, como el neuquino Rolando Figueroa o el sanjuanino Marcelo Orrego. También cuentan con el apoyo del chubutense Ignacio Torres, del entrerriano Rogelio Frigerio y del peronista catamarqueño Raúl Jalil. Sáenz sigue siendo escurridizo en sus definiciones, y respecto del tucumano Osvaldo Jaldo esperan competir a nivel local antes de pactar para los comicios nacionales. Diferente es la evaluación sobre Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, respecto del cual uno de los integrantes del comando de campaña libertaria sintetizó: "Ahí vamos a competir para ganar". En Santa Fe trabajan para acercar posiciones con el radical Maximiliano Pullaro, aunque la relación sigue siendo trabajosa y compleja. Un Milei en baja en las encuestas resulta menos atractivo como socio político para una clase dirigente preocupada prioritariamente por retener sus posiciones de poder provincial. ¿Por qué eliminar una herramienta de competencia electoral, como son las PASO, si quien lo solicita no puede garantizar el triunfo en las urnas?

El colapso del relato exitista

A Milei y Caputo ya no les funciona la varita mágica de los pronósticos optimistas que caracterizó sus primeros meses de gestión. El ministro había anunciado en términos grandiloc