El movimiento desde las provincias

A través de canales privados de comunicación entre los mandatarios provinciales, toma forma una estrategia electoral que podría redefinir el mapa político nacional durante 2025. La iniciativa no surge de una sola trinchera ideológica, sino que nuclea a funcionarios de espacios diversos −desde peronistas hasta radicales y libertarios moderados− en torno a una idea común: adelantar sus propias contiendas electorales respecto de la pelea presidencial que se disputará en octubre. Este movimiento representa un cambio táctico significativo en la política argentina, donde históricamente los gobiernos nacionales intentaban sincronizar los calendarios electorales para maximizar su influencia sobre los procesos subnacionales.

La cohesión entre los veinticuatro gobernadores (incluyendo el jefe de gobierno porteño) se sustenta en una realidad compartida: la necesidad de gestionar sus propias supervivencias políticas en contextos de tensión económica y volatilidad institucional. El escenario nacional presenta variables que complican los cálculos electorales tradicionales. El gobierno libertario transita una crisis política que se extiende ya más de dos meses, desencadenada por revelaciones sobre los gastos, desplazamientos y patrimonio del titular de la jefatura de gabinete. Esta situación crea incertidumbre respecto de las dinámicas que prevalecerán en octubre próximo, lo que empuja a los gobernadores a buscar márgenes de autonomía en sus decisiones electorales.

Cálculos divergentes según la geografía y la afinidad política

Los gobernadores que integran el bloque denominado Provincias Unidas, junto a otros pertenecientes a la estructura de Pro y a la Unión Cívica Radical, ya intercambian propuestas preliminares para alinear las fechas de sus elecciones. Incluso existe la posibilidad de que algunos mandatarios kirchneristas, posicionados en las antípodas del ejecutivo nacional, se sumen a esta sincronización. La lógica detrás de esta iniciativa combina consideraciones de eficiencia administrativa con cálculos políticos sofisticados. Tal como lo expresan funcionarios provinciales consultados, la realización de siete u ocho comicios simultáneamente impondría una carga operativa considerable al gobierno nacional, fragmentando su capacidad de influencia en cada uno de los territorios.

Sin embargo, los cálculos varía según la posición de cada mandatario frente a la administración libertaria. Para los gobernadores que mantienen relaciones más tensas con la Casa Rosada, el desdoblamiento representa una oportunidad táctica: anticipar una contienda donde podrían castigar al oficialismo antes de la competencia presidencial. En el caso de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, el titular provincial kirchnerista ya había utilizado esta herramienta durante los comicios legislativos del año previo, cuando separó su calendario del nacional. Los intendentes de su espacio político presionan activamente para replicar esta estrategia en 2027, aunque funcionarios de ese gobierno reconocen que el deterioro de la imagen presidencial podría alterar estas preferencias. Por el contrario, en la Ciudad de Buenos Aires, el jefe de gobierno de Pro evalúa el desdoblamiento como "una posibilidad cierta", aunque sus decisiones dependerán de las negociaciones que mantiene con los libertarios en múltiples niveles, involucrando tanto a la secretaria general de la Presidencia como al expresidente que continúa ejerciendo influencia en la coalición gobernante.

En provincias como Córdoba y Santa Fe, donde gobiernan mandatarios afiliados a Provincias Unidas, la tendencia apunta hacia elecciones adelantadas respecto de octubre. El gobernador cordobés y su homólogo santafesino han coordinado reclamos comunes al gobierno nacional sobre política fiscal agraria, lo que evidencia un nivel de articulación provincial que trasciende el mero cálculo electoral. En Mendoza, el gobernador radical, aunque no puede repostularse, también contempla el desdoblamiento, pero desde una óptica completamente opuesta: para él, separar las contiendas podría beneficiar al gobierno nacional al permitirle acumular victorias electorales previas a la competencia presidencial. Esta divergencia de motivaciones −algunas destinadas a debilitar al oficialismo, otras a fortalecerlo− demuestra que el desdoblamiento no es una estrategia unidireccional, sino un instrumento que cada actor recalibra según sus circunstancias particulares.

Las negociaciones abiertas y sus condicionantes

Los mandatarios que mantienen acuerdos formales o pactos de no agresión con La Libertad Avanza −como los que gobiernan Entre Ríos, Chaco y San Luis− operan dentro de parámetros negociados. En estos casos, la decisión sobre el calendario electoral forma parte de un intercambio más amplio que incluye cuestiones de financiamiento, reconocimiento político y apoyo legislativo en el Congreso Nacional. Funcionarios cercanos a estos gobernadores señalan que para los mandatarios que practican una política de diálogo pragmático con el oficialismo, el desdoblamiento adquiere un carácter estratégico diferente: se trata de anticipar triunfos que luego puedan capitalizarse durante la pelea presidencial, reforzando la narrativa de éxito electoral de la coalición gobernante.

Los dos mandatarios peronistas que actuaron como aliados cercanos del gobierno −en Catamarca y Tucumán− también se encuentran en momentos de inflexión. El gobernador catamarqueño, que anticipa no aspirar a un tercer mandato, baraja fechas alternativas para sus comicios, oscilando entre marzo u octubre. Su par tucumano, por su parte, afronta el desafío de un competidor opositor de peso que cuenta con trayectoria nacional. En ambos casos, el desdoblamiento representa una salida táctica frente a incertidumbres que exceden sus territorios. Las actuales iniciativas del gobierno nacional en materia electoral −particularmente la supresión de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias− encuentran resistencias en el Congreso, donde los gobernadores han ganado una influencia creciente gracias precisamente a estas negociaciones sobre calendarios electorales. Esto genera una paradoja: mientras el ejecutivo intenta reformar las reglas de juego electoral, los gobernadores utilizan sus capacidades legislativas para mantener márgenes de autonomía sobre sus propios procesos electorales.

La definición de estas estrategias provinciales no se producirá antes de finales de año, según indican funcionarios especializados. La trayectoria económica y política del gobierno nacional durante los próximos meses resultará determinante para las decisiones que tomen los mandatarios. La opinión predominante entre los gobernadores tiende hacia un calendario con múltiples estaciones electorales previas a la cita presidencial de octubre. Sin embargo, variables como los anuncios de recortes presupuestarios −que esta semana alcanzaron cifras cercanas a los dos billones y medio de pesos− y la evolución de la crisis política en la capital federal pueden modificar rápidamente estas preferencias. El juego de negociación permanece abierto, con diferentes actores realizando apuestas divergentes sobre cuál será el escenario electoral más conveniente para sus intereses particulares.

Las implicancias de una fragmentación electoral estratégica

La posibilidad de que casi todos los gobernadores opten por desdoblar sus elecciones representa un quiebre respecto de dinámicas históricas en la política argentina. Durante décadas, los gobiernos nacionales buscaron alinear los calendarios electorales para potenciar su influencia territorial. Un escenario donde cada provincia avance con sus propias contiendas antes de octubre redistribuiría significativamente el poder político entre la nación y las provincias. Esto podría fortalecer los liderazgos subnacionales, reduciendo la capacidad del gobierno nacional de imponer agenda mediante coaliciones electorales nacionales. Alternativamente, si ciertos gobernadores aliados logran victorias electorales anticipadas, esas triunfos podrían ser movilizados para mejorar la posición electoral presidencial cuando llegue el momento. La experiencia de hace apenas unos años, cuando la derrota electoral nacional en las legislativas bonaerenses generó el efecto contrario al esperado por la oposición −con una victoria aplastante del gobierno libertario en las presidenciales subsiguientes− señala que los resultados de contiendas anteriores no siempre predicen el resultado final. En cualquier caso, lo que emerge es un sistema electoral más complejo, donde múltiples actores negocian simultáneamente sus propios calendarios, rediseñando la estructura de poder territorial durante los próximos dieciocho meses.