La paradoja de estar juntos sin estarlo
En la política argentina existe un arte particular: reunirse en espacios públicos, ser fotografiado junto a adversarios declarados, y luego negar categóricamente que aquello haya significado algo. Exactamente eso ocurrió durante el primer acto de homenaje a José Manuel de la Sota realizado fuera de Córdoba, cuando una confluencia de personalidades de distintas corrientes peronistas se encontró bajo el mismo techo. Lo interesante del episodio no radica únicamente en quiénes asistieron, sino en la urgencia de todos por explicar que su presencia fue meramente circunstancial. La pregunta que flota en el ambiente político argentino es elemental: ¿por qué apresurarse tanto en negar algo que, teóricamente, no tiene importancia?
El evento convocó a una galería de personajes cuyos nombres resultan significativos cuando se los menciona en conjunto. Martín Llaryora, gobernador de Córdoba; Juan Schiaretti, quien ostentó ese cargo en tres oportunidades; Sergio Massa, quien fuera ministro de Economía; Carlos Bianco, funcionario con trayectoria en gobiernos anteriores; Victoria Tolosa Paz, diputada nacional; Juan Manuel Olmos, Juan Carlos Maqueda y Gerardo Zamora, gobernador de Santiago del Estero. Completaba la nómina Jorge Brito, empresario bancario cuyo nombre ha circulado en especulaciones sobre posibles candidaturas presidenciales ajenas a los esquemas tradicionales. La iniciativa partió de Candelaria De la Sota, hija del fallecido exmandatario cordobés, quien fungió como anfitriona del encuentro. Estos nombres, cuando se los agrupa, dibujan una cartografía política que trasciende las simples coincidencias de agenda.
Las negativas coordinadas y lo que revelan
Aquello que distingue este episodio es la uniformidad de las respuestas. Dirigentes consultados provenientes de distintas facciones se apresuraron a aclarar un punto específico: no existe confluencia orgánica, no hay "suma de partes" en marcha, y definitivamente no están tejiendo ningún armado con vistas a la contienda electoral de 2027. Uno podría preguntarse razonablemente por qué era necesario realizar estas aclaraciones si efectivamente no sucedía nada digno de mencionar. La necesidad de desmentir algo que podría haber permanecido en silencio sugiere que, en los círculos políticos, la foto generó inquietud suficiente como para requerir explicaciones coordinadas.
En el caso de Massa, los allegados al exfuncionario subrayaron que su vínculo con De la Sota era histórico y afectuoso, lo que justificaba su concurrencia sin necesidad de interpretar alianzas subyacentes. Aclararon además que el Frente Renovador continúa desarrollando tareas organizativas en Córdoba —evidenciado por un reciente triunfo electoral en Marcos Juárez—, pero enfatizaron que esta actividad no incluye a Natalia de la Sota, diputada nacional e hija del homenajeado. Aquí emerge un dato relevante: los interlocutores massistas fueron categóricos en afirmar que, en caso de que Natalia decidiera participar en una eventual competencia provincial, no respaldarían su candidatura si esto entraba en tensión con una posible reelección de Llaryora. La aclaración resulta sintomática. ¿Por qué era necesario descartar algo que supuestamente no estaba siendo considerado?
Desde la estructura schiarettista, las respuestas adquirieron tonalidades distintas aunque igualmente defensivas. Dirigentes asociados a esta corriente sostuvieron, sin mayor especificidad, que están convencidos de que los electores rechazarían cualquier "rejunte" político, palabras que utilizaron para caracterizar los esfuerzos de Massa por reconstruir unidad peronista. Estos sectores continuaron referenciando al exministro de Economía mediante la etiqueta de "exfuncionario del kirchnerismo", una caracterización que busca establecar una distancia identitaria. Cabe recordar que en 2023, cuando Schiaretti fue candidato presidencial del peronismo cordobés, deliberadamente optó por no acompañar a Massa en la segunda vuelta frente a Javier Milei, decisión que dejó cicatrices políticas significativas. Los schiarettistas, según sus voceros, están persuadidos de que cualquier propuesta alternativa de centro debe ser "estructurada" y "pensada", no simplemente ensamblada. El énfasis en esta distinción revela cierta angustia respecto de cómo podría interpretarse públicamente una eventual asociación.
Las prioridades declaradas y las ausencias significativas
Dirigentes vinculados a Llaryora insistieron en que la prioridad gubernamental radica en los asuntos provinciales, incluso cuando se trata de negociaciones con la administración nacional. Este énfasis repetido en lo local podría interpretarse de múltiples formas: como una genuina concentración de esfuerzos en la provincia, o bien como una forma de justificar la ausencia de movidas nacionales de mayor envergadura. Manifestaron que no existe participación activa en contactos destinados a conformar alianzas de alcance nacional. La referencias a "negociaciones con la Nación" aparentemente remite a cuestiones específicas como la reforma política que impulsan sectores libertarios en el Congreso, temas que requieren de interlocución sin necesariamente implicar acuerdos electorales de mediano plazo.
Persiste, no obstante, una fricción entre Schiaretti y Massa que ninguna declaración pública ha logrado cicatrizar. Los cercanos al exgobernador cordobés, según versiones que circulan en los pasillos políticos provinciales, sostienen que Massa responsabiliza a Schiaretti por su derrota presidencial en 2023. El razonamiento es elemental: en la primera vuelta, Massa, compitiendo bajo la boleta de Unión por la Patria, obtuvo 42,86% de los votos, quedando apenas a dos puntos porcentuales de la presidencia. En ese mismo acto electoral, Schiaretti alcanzó 7% de los sufragios. La lógica implícita en los reclamos masistas sería que esos votos cordobeses dispersos en la candidatura schiarettista hubieran podido marcar la diferencia. Esta narrativa, aunque especulativa en términos contrafácticos, expresa una realidad política: la desconfianza profunda entre estos dos sectores del peronismo.
Existe además un dato que completa el panorama: Natalia de la Sota, hija del exgobernador homenajeado y diputada nacional, renovó su banca parlamentaria el año anterior compitiendo con un sello propio, alejándose explícitamente de las estructuras peronistas cordobesas tradicionales. Candelaria de la Sota, otra de las descendientes del tres veces gobernador, ha elevado su perfil público en los últimos tiempos mediante su labor periodística, y círculos políticos especulan con la posibilidad de que también incursione en la política electoral. De esta manera, la familia De la Sota aparece fragmentada en distintas orientaciones políticas, lo cual añade complejidad a la interpretación de un homenaje que, formalmente, debería ser un acto de unidad familiar.
Lo que el silencio coordinado revela sobre el peronismo
Más allá de las explicaciones ofrecidas, el episodio permite ciertos análisis sobre el estado del peronismo a nivel nacional. Massa sigue persiguiendo, según las fuentes consultadas, una reconstrucción unitaria de la fuerza política, fundada en la convicción de que solo mediante la confluencia es posible enfrentar electoralmente a La Libertad Avanza. Esta perspectiva implica, en términos estratégicos, que fragmentación equivale a derrota. Por el contrario, Schiaretti y su círculo cercano parecen convencidos de que un peronismo federal, diferenciado del kirchnerismo, posee opciones viables de futuro. Ambas visiones coexisten sin resolverse, generando una tensión que se expresa mediante negativas públicas a cualquier acercamiento formal.
El contexto de la política argentina actual, marcado por la gestión de Milei desde diciembre de 2023 y su agenda de transformación institucional, ha generado presiones sobre distintas facciones políticas para evaluar sus posicionamientos. La reforma política impulsada por los libertarios en el Congreso, con sus propuestas de eliminación de la reelección y otras medidas, exige de la oposición respuestas coordinadas, aunque sea de manera táctica. Esto explica por qué voceros de Llaryora mencionaban "negociaciones con la Nación" como algo separado de cualquier alianza electoral futura. Sin embargo, la frontera entre defensa de intereses institucionales y construcción política siempre resulta borrosa en contextos de polarización.
Considerando estos elementos, las posibilidades que se abren hacia 2027 admiten múltiples escenarios. Por un lado, la confluencia peronista podría materializarse si las tensiones actuales se resuelven mediante acuerdos sobre candidaturas y espacios de poder. Por otro, la fragmentación podría profundizarse, reproduciendo el esquema de 2023 cuando compitieron múltiples candidatos en la primera vuelta. Un tercer escenario, menos explorado pero posible, sería la emergencia de figuras externas al peronismo tradicional, como aquellas que circulan en torno a Jorge Brito, que podrían capitalizarse como opciones alternativas. Las dinámicas provinciales, particularmente la de Córdoba como distrito de magnitud electoral considerable, jugarán un papel decisivo en cualquiera de estos desenvolvimientos. Lo que permanece invariable es la realidad objetiva de que, hace apenas días, estas personalidades se encontraban compartiendo espacio público, independientemente de cuánto se esfuercen en negar la significación política de ese hecho.



