Las fracturas internas del espacio libertario volvieron a salir a la superficie esta semana, pero esta vez con un detalle particularmente incómodo para la Casa Rosada: uno de sus propios propagandistas más visibles se atrevió a contradecir públicamente la versión que sostuvo el Presidente sobre un polémico episodio en las redes sociales. Lo que comenzó como un escándalo de perfiles falsos derivó en un cruce de narrativas que expone las tensiones no resueltas dentro de la coalición gobernante y plantea interrogantes sobre quién realmente controla la información que circula desde el entorno presidencial.

El sábado pasado, una cuenta de Instagram supuestamente vinculada a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, compartió contenido crítico hacia la administración Milei. El perfil fue rápidamente eliminado, pero no antes de generar capturas de pantalla que circularon ampliamente. Lo que sucedió después reveló algo más profundo que una simple filtración: mostró que existen visiones irreconciliables sobre qué pasó realmente, incluso entre los actores más cercanos al poder.

Dos versiones enfrentadas sobre lo mismo

Javier Milei optó por desestimar el asunto, calificándolo de "prefabricado" durante una intervención pública. Según su interpretación, alguien armó toda la operación para perjudicar tanto al Gobierno como al propio Menem, quien ya había explicado que la cuenta correspondería a un error de algún miembro de su equipo de comunicación. Fue en ese contexto que Santiago Oría, realizador audiovisual cercano al mandatario, presentó un video en el que fundamentaría esta tesis de la "operación implantada".

Pero aquí está el punto de quiebre: Daniel Parisini, conocido como "Gordo Dan", figura central en la difusión de contenido oficial a través de su plataforma de streaming, rechazó frontalmente esta narrativa. Durante su programa en Carajo, Parisini expresó que posee información que lo convence de que la cuenta sí pertenecía a Menem, contradiciendo así la versión presidencial. "Creo que le mintieron al Presidente", fue la sentencia que lanzó, añadiendo que percibe cambios constantes en las explicaciones oficiales. La afirmación de Parisini, lejos de ser un comentario marginal, constituye un desafío directo a la credibilidad de la información que maneja el círculo íntimo de Milei.

Lo que amplifica la tensión es que Parisini fue más allá de la simple contraposición de versiones. Demandó públicamente que Oría publique el video que supuestamente demuestra la "prefabricación" de la controversia, argumentando que los ciudadanos tienen derecho a verlo. Incluso ofreció disculpas públicas si el contenido resultaba convincente, un gesto que suena democrático en la superficie pero que, en realidad, constituye una apuesta a que el video no será liberado. Al cerrar su intervención, Parisini utilizó un lenguaje que sugiere que la verdad ya está expuesta: "la gente ya sabe quién es quién".

Antecedentes de conflictividad dentro de La Libertad Avanza

Este episodio no emerge de la nada. Hace poco más de un mes, una decisión judicial que citó a indagatoria a once tuiteros por supuestas amenazas contra Sebastián Pareja, cercano a Karina Milei, abrió una brecha evidente en el seno del movimiento. Ello sugiere que la tensión entre el sector encabezado por Santiago Caputo y aquellos vinculados a la hermana del Presidente no es nueva ni superficial. Los cruces en redes sociales entre ambas facciones se repiten y, cada vez que lo hacen, revelan disputas por recursos, influencia y acceso directo a Milei.

En el presente conflicto, Caputo reaccionó de manera agresiva en redes sociales, cuestionando la viralización del contenido crítico y mostrando capturas de pantalla que supuestamente probaban conexiones técnicas entre dispositivos. Horas después, emitió un mensaje que muchos interpretaron como un ultimátum velado: "Llegué acá con el Presidente, me iré con el Presidente o cuando él disponga", afirmó, en un posteo que suena a renovación de lealtad pero que, en el contexto de la disputa, funciona como una advertencia a potenciales adversarios dentro del gobierno.

Paralelamente, Lilia Lemoine, diputada libertaria que respondería al ala de Karina Milei, salió en defensa de Menem cuando Parisini lo cuestionaba. Su respuesta incluyó críticas veladas al grupo de Caputo, sugiriendo que la manera en que se estaba manejando el tema era contraproducente. La diputada llegó a cuestionar si valía la pena armar un escándalo mediático en torno a un supuesto error operativo, un argumento que implícitamente reconocía que algo ocurrió, más allá de las explicaciones oficiales posteriores.

Las implicancias de una contradicción interna tan explícita

Que Parisini, alguien cuya función es precisamente amplificar narrativas favorables al Gobierno, se levante contra la versión presidencial indica un quiebre importante en el control de mensajes que una administración necesita mantener. En contextos donde la comunicación digital es central para construir poder político, las fracturas en torno a qué versión de los hechos se sostiene públicamente erosionan la capacidad de persuasión general. Si los propios propagandistas no creen en las explicaciones que ofrece el Presidente, ¿por qué los ciudadanos deberían hacerlo?

El pedido de Parisini de que se publique el video de Oría adquiere entonces una carga simbólica mayor. No se trata simplemente de pedir transparencia, sino de exponer que dentro del círculo libertario hay quienes dudan de los relatos circulantes. La promesa de Parisini de disculparse públicamente si el video es convincente funciona como una trampa dialéctica: si se publica y no convence, Parisini queda como alguien que pidió honestidad; si no se publica, la ausencia del video se convierte en evidencia de que no existe tal prueba contundente.

Histórica y comparativamente, los gobiernos que enfrentan fracturas públicas en sus estructuras de comunicación suelen sufrir erosiones en su capacidad de establecer narrativas dominantes. Las últimas décadas han mostrado que cuando los voceros oficiales se contradicen entre sí, el espacio público tiende a llenarse con especulaciones y análisis alternativos que el gobierno es cada vez más difícil de controlar. En la era de las redes sociales, donde la viralización ocurre en cuestión de horas, estas grietas se multiplican exponencialmente.

Lo que quedará por verse es si este episodio representa un punto de inflexión en las relaciones de poder dentro de La Libertad Avanza o si simplemente constituye un cruce más en una serie de conflictividades ya establecidas. Las dinámicas políticas internas de cualquier gobierno están atravesadas por tensiones entre sectores que compiten por influencia y recursos, y el actual no es la excepción. Sin embargo, la particularidad de este caso radica en que esas tensiones se expresan de manera tan directa y pública, sin los filtros que tradicionalmente las gobiernos utilizan para mantener una apariencia de cohesión hacia afuera. Las consecuencias de esta exposición abierta de desacuerdos entre funcionarios y propagandistas oficiales podrían variar: desde una simple reafirmación de lealtades con algunos ajustes en los equipos de comunicación, hasta una reorganización más profunda de los círculos cercanos al Presidente. Lo cierto es que la confianza en la información que emana de la Casa Rosada, al menos en lo que respecta a este grupo de actores políticos, ha quedado públicamente cuestionada.