La maquinaria electoral que el PRO construyó durante los últimos años comienza a mostrar grietas profundas. A menos de dos años de los comicios presidenciales de 2027, la fuerza política que lidera Mauricio Macra enfrenta un problema que trasciende las habituales diferencias tácticas: una fractura interna que opone al sector más ideológicamente identificado con el fundador del partido contra quienes priorizan mantener la alianza con el gobierno libertario. Y el epicentro de esta pugna es la provincia de Buenos Aires, el territorio más importante del mapa político argentino, donde la disputa sobre quién será el candidato destaca tensiones que podrían redefinir el tablero de cara a los próximos años.

Diego Santilli, actual ministro del Interior, representa hoy la apuesta más visible del PRO en el territorio bonaerense. Su currículum electoral es sólido: encabezó la campaña legislativa del año anterior que le permitió al oficialismo cosechar una victoria resonante en los comicios de medio término. Ese resultado lo posicionaba como el natural candidato a gobernador por la alianza entre el partido amarillo y La Libertad Avanza. Cristian Ritondo, quien comanda la estructura partidaria en la provincia, respalda públicamente al ministro del Interior. Sin embargo, en los pasillos cercanos a Macra existe una irritación creciente con Santilli, basada en una percepción que resuena entre los dirigentes más ortodoxos: la noción de que el funcionario ha transitado gradualmente hacia las filas libertarias, abandonando los principios que el PRO ha defendido históricamente.

La rebelión silenciosa del macrismo puro

El malestar no es explícito ni genera confrontaciones abiertas, pero funciona como una corriente subterránea que condiciona la política cotidiana de la fuerza política. Fuentes con acceso a las deliberaciones internas del PRO expresan sin tapujos la posición de Macra: "Ya no quiere que vuelva". Esta frase, pronunciada por un dirigente cercano a la cúpula partidaria, sintetiza una decisión que aún no se formaliza públicamente pero que estructura las dinámicas detrás de escena. El conflicto radica en cómo el partido amarillo se posiciona en relación con el gobierno de Javier Milei. Existe una facción que aboga por mantener una alianza estratégica con los libertarios, percibiendo en ello la mejor forma de asegurar competitividad electoral en la provincia. Pero hay otro sector, el más conectado con Macra, que considera necesario mantener una mayor autonomía, un cierto "purismo" político que le permita al partido diferenciarse cuando lo crea conveniente.

El detonante de la fricción interna fue la aparición en escena de Sebastián Pareja, presidente de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Santilli estaba persuadido de que su desempeño en las legislativas del año anterior le abriría las puertas automáticas a la candidatura bonaerense con el aval libertario. La realidad, sin embargo, fue más complicada. Pareja emergió como una alternativa, compitiendo en la misma cancha que el ministro del Interior. La situación se tensó aún más cuando se supo que Karina Milei, la hermana del presidente y una figura clave en la estructura de La Libertad Avanza, prefería a Pareja en esa posición. Esto dejó a Santilli en una encrucijada: necesita del PRO para aportar la maquinaria territorial, la capacidad de movilización y el aparato administrativo que el partido amarillo acumuló durante años. Pero simultáneamente enfrenta la resistencia de un sector dentro del PRO que lo ve como un desertor.

Las señales cifradas de la interna

A través de eventos públicos y gestos estratégicos, el partido amarillo ha comenzado a enviar mensajes que funcionan como advertencias. Hace poco, en un acto partidario realizado en Olivos, la sede tradicional donde Macra concentra poder político, uno de los mensajes clave fue que el candidato provincial debería surgir del círculo de dirigentes presentes en ese encuentro. Era una señal inequívoca, tácita pero clara, apuntada directamente a Santilli, quien deliberadamente no asistió. El ministro del Interior conoce el escenario: entiende que su viabilidad electoral depende de que el PRO le otorgue su respaldo, su bandera y su estructura territorial. Por eso, días antes, se fotografió junto a intendentes amarillos, buscando demostrar que aún mantenía conexiones sólidas con la base partidaria. Cuando habló en esa oportunidad, Santilli enfatizó la necesidad de avanzar sin retrocesos: "Los que pensamos de una manera tenemos que sostener un camino. No tenemos que volver atrás".

Esa declaración no era casual. Santilli buscaba posicionarse como el guardián de la continuidad del cambio político que los argentinos votaron hace menos de dos años. Y adelantó además su visión sobre cómo debería construirse electoralmente la provincia: propuso una alianza integrada por el PRO, el radicalismo y La Libertad Avanza para 2027. Era una manera de ratificar su compromiso con la coalición gobernante, sabiendo que esto molestaba a los sectores más críticos dentro del partido amarillo. Desde la estructura del PRO, se reconoce que la métrica electoral será decisiva: "Bancar al que mejor mida" es la máxima que circula entre dirigentes, lo que significa que cualquier candidatura será avalada si demuestra capacidad de ganar votos. La convicción predominante es que Santilli hoy tiene ventajas métricas, pero enfrenta una competencia feroz desde el flanco libertario, donde Pareja reúne respaldos significativos.

El conflicto bonaerense es apenas una expresión de una tensión más amplia que recorre al PRO. En la Ciudad de Buenos Aires, la relación con La Libertad Avanza es considerablemente más complicada y menos cooperativa que en la provincia. Hay sectores del amarillo que se preparan activamente para competir contra los libertarios en el territorio porteño, lo que contrasta con la prioridad puesta en la provincia, donde la alianza que produjo la victoria legislativa se considera imposible de romper. La pregunta sobre si Macra mismo encabezará una candidatura provincial el próximo año sigue abierta, aunque fuentes bonaerenses cercanas a él afirman que no construirá una lista propia si eso le permite al kirchnerismo recuperar territorio. Es decir: el cálculo es eminentemente táctico, basado en probabilidades electorales.

La paradoja de la alianza inevitable

En las conversaciones informales entre funcionarios y dirigentes de ambas fuerzas existe un acuerdo tácitamente reconocido: ninguno puede ganar la provincia sin el otro. Esa certeza, paradójicamente, genera tanto cooperación como fricción. Porque si ambos necesitan del otro, cada uno intenta maximizar su cuota de poder en la negociación. Desde el PRO, se articula un discurso que busca cerrar las heridas internas sin renunciar a las preocupaciones de fondo. Fuentes oficiales del partido explican que la visión que los nuclea es la protección de "la oportunidad de cambio que los argentinos eligieron". Reconocen que pueden existir "matices o distintas miradas" respecto del gobierno, y que cuando identifican errores tienen la responsabilidad de señalarlos. Pero establecen también una línea roja: no pueden hacer el juego a quienes desean que todo se derrumbe para permitir el regreso de fuerzas que el electorado rechazó.

La lógica que sostienen es que la obligación no recae únicamente en el PRO: también pesa sobre La Libertad Avanza y todas las fuerzas que entienden que retroceder significaría desperdiciar "el esfuerzo y la esperanza de millones de argentinos". Es una posición que busca ser pragmática pero que disimula tensiones profundas sobre cuestiones estructurales. ¿Cuál debe ser el grado de autonomía que mantiene el PRO respecto del gobierno libertario? ¿Hasta dónde llega la alianza electoral? ¿Se trata de una coalición de gobierno o simplemente de una coordinación táctica? Estas preguntas, que no encuentran respuestas unívocas, alimentan la conflictividad interna. El caso Santilli es una manifestación concreta de estas interrogantes más abstractas. El ministro del Interior encarna la tensión entre aquellos que creen que la mejor estrategia es integrarse cada vez más profundamente en la dinámica libertaria y quienes consideran que mantener algún margen de diferenciación es crucial para la supervivencia política del partido amarillo en el mediano y largo plazo.

Las próximas elecciones provinciales de 2027 funcionarán como una prueba de fuego para estas dinámicas internas. Los resultados electorales definirán quién tenía razón en esta disputa silenciosa que hoy ocupa a dirigentes y funcionarios. Si la fórmula PRO-Libertad Avanza obtiene una victoria amplia en Buenos Aires, Santilli y sus aliados habrán demostrado que la integración más profunda con el gobierno era la estrategia correcta. Si, por el contrario, los resultados son decepcionantes, el sector más crítico del macrismo podrá argumentar que el error consistió en subordinarse excesivamente a las prioridades libertarias. Mientras tanto, la provincia seguirá siendo el escenario donde se dirimen estas cuestiones, un territorio donde la política nacional se concretiza en decisiones locales y donde el futuro de fuerzas políticas se juega en cada medición de intención de voto.