Un entramado de vehículos de alta gama y operaciones comerciales cuestionables se convirtió en el foco de nuevas pesquisas judiciales que se despliegan en el interior de una causa que trasciende los muros del inmueble emblemático donde reside la expresidenta. La investigación, bajo la dirección de un magistrado del Juzgado Federal 10, ordena ahora precisar el dominio de automóviles de marcas premium vinculados a Soledad Calle, una dirigente sindical de la Unión Obrera Metalúrgica, quien habita en el mismo edificio donde la exmandataria se encuentra cumpliendo arresto domiciliario. Los vehículos que concentran la atención de los investigadores son un Peugeot 3008 GT Pack y un BMW M135 xDrive, dos modelos que rondan entre los precios más elevados dentro de sus respectivas categorías en el mercado automotor local.

Lo que comenzó como un análisis pormenorizado sobre un contrato de prestación de servicios evolucionó hacia una investigación más expansiva que toca aspectos patrimoniales de actores vinculados al universo sindical. El contrato en cuestión fue suscripto entre la UOM y USEM S.A., una empresa constituida en 2022 que contaría con la participación de Calle como fundadora junto a otro socio. Bajo este acuerdo comercial, la firma se comprometía a la administración y creación de cuentas corrientes asociadas a un fideicomiso perteneciente al sindicato metalúrgico, percibiendo a cambio una comisión equivalente al 0,50% de las operaciones. Tales antecedentes sirvieron de catalizador para que la magistratura profundizara el escrutinio sobre la trama relacional y patrimonial que rodea a estos actores sindicales.

Una flota heterogénea bajo lupa judicial

El alcance de la indagación se amplió considerablemente cuando la investigación advirtió sobre la existencia de una colección más extensa de vehículos de gama media-alta presuntamente vinculados a la estructura sindical. Más allá de los dos automóviles que motivaron los requerimientos iniciales, los expedientes dan cuenta de una serie adicional de unidades: un Jeep Compass, un Peugeot 2008, dos Renault Kangoo, un Toyota Corolla Cross, un Fiat Fastback, una Ford Territory y una Volkswagen Taos Highline. Este conjunto de rodados, considerado en su totalidad, refleja una inversión significativa en parque automotor, lo que despertó interrogantes sobre los orígenes y justificativos de tales adquisiciones dentro de una estructura sindical.

Un análisis exhaustivo de los registros de infracciones de tránsito reveló que la mayoría de estas unidades acumula multas por diversas violaciones a las normas viales. Las sanciones incluyen estacionamientos prohibidos, excesos de velocidad, circular sin documentación apropiada y otras transgresiones administrativas. No obstante, dos de los vehículos catalogados —específicamente la Volkswagen Taos Highline y la Ford Territory— no presentan antecedentes de infraccionamiento. Este patrón de multas distribuidas de manera desigual entre la flotilla generó mayor interés en los investigadores, quienes subrayan que tales irregularidades podrían indicar patrones de uso sin supervisión adecuada o gestión deficiente del patrimonio vehicular.

Nuevas medidas para profundizar la pesquisa

En una jornada reciente, la Justicia Federal dispuso un conjunto novedoso de medidas tendientes a esclarecer la compleja red de relaciones entre los protagonistas de esta trama. Los requerimientos incluyen la obtención del historial completo de dominio del primer piso del edificio de San José 1111, el inmueble que alberga simultáneamente a la expresidenta bajo detención domiciliaria y a la sindicalista investigada. Paralelamente, se solicitó a los organismos recaudadores que desplieguen información sobre la totalidad de las declaraciones juradas impositivas radicadas por Calle en períodos anteriores. Adicionalmente, se requirió el desagregado de toda la facturación que USEM registró en sus vínculos comerciales con la estructura de la UOM, con el propósito de verificar la consistencia entre los montos facturados y las operaciones efectivamente realizadas.

La conducción de la UOM, encabezada por Abel Furlán, también fue incorporada como parte de la estructura investigativa, ya que sus decisiones respecto a las contrataciones y la administración patrimonial del sindicato resultan centrales para determinar si se produjeron irregularidades en la asignación de recursos. La convergencia entre la residencia de la expresidenta y la de una dirigente sindical en el mismo complejo arquitectónico añade una capa adicional de complejidad, en tanto plantea interrogantes sobre vínculos personales que podrían haber facilitado ciertos acuerdos o transacciones. En este contexto, las investigaciones judiciales procuran establecer si existieron canales de comunicación o coordinación que expliquen la estructura de negocios revelada hasta el momento.

Este episodio refleja cómo las pesquisas que originalmente se enfocaban en asuntos específicos de gobernanza corporativa tienden a expandirse cuando emergen indicios de operaciones complementarias que involucraron despliegue de recursos económicos en forma simultánea. La existencia de una flota automotriz de valor considerable vinculada a actores sindicales, la celebración de contratos que permitían la sustracción de comisiones, y la convergencia residencial de personajes centrales en narrativas políticas recientes conforman un escenario que justifica el nivel de escrutinio judicial desatado. Los investigadores persiguen determinar si el entramado comercial y patrimonial descubierto operó dentro de los márgenes de legalidad o si en cambio facilitó la desviación de recursos sindicales hacia beneficiarios particulares, una cuestión que permanece abierta a medida que las pruebas se recopilan y analizan dentro de la estructura formal del proceso judicial.

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