Una sangría que no cesa
El espacio político que llevó a Javier Milei a la presidencia se debate en una crisis territorial silenciosa pero persistente. Mientras la administración nacional intenta contener los daños por escándalos vinculados a su funcionamiento, las provincias viven una realidad distinta: una fuga constante de dirigentes que encuentran en La Libertad Avanza un proyecto cada vez menos compatible con sus necesidades locales y sus convicciones políticas originales. No se trata de un fenómeno aislado o de casos excepcionales. Desde hace meses, concejales, legisladores provinciales y autoridades intermedias del sello violeta toman la decisión de buscar alternativas, dejando expuesta una grieta que va más allá de simples diferencias tácticas.
El patrón es inequívoco: los dirigentes locales que se marchan denuncian lo mismo una y otra vez. Dicen que sus voces no son escuchadas. Señalan que las decisiones importantes se toman en Buenos Aires, sin considerar las particularidades de cada territorio. Critican que el partido ha abandonado sus promesas fundacionales de representación genuina y, en algunos casos, sospechan que ha establecido acuerdos espurios con fuerzas políticas tradicionales. Karina Milei, en su rol de secretaria de Presidencia y conductora nacional del partido, encabeza una estructura que aparentemente no logra retener ni contener a sus propias bases territoriales.
Los casos que revelan una pauta
Hace poco más de un mes, Luis Vivas, concejal de Villa Gesell, anunció públicamente su ruptura con La Libertad Avanza. La motivación que expresó fue directa: consideraba que su responsabilidad electoral le exigía defender los intereses de los vecinos gesellinos, algo que entendía incompatible con la estructura vertical impuesta por el partido. Vivas no sólo se fue; fundó un monobloque denominado Consolidación Argentina-Unidad Vecinal Gesellina (UVG), iniciativa que ganó visibilidad cuando la concejal de Mar Chiquita, Patricia Heltner, también se sumó al proyecto. Aunque desde la conducción bonaerense de La Libertad Avanza sostienen que Heltner ya había sido desvinculada con anterioridad por su participación en listas de otra fuerza, lo cierto es que ambos movimientos configuran un mismo fenómeno: la búsqueda de espacios alternativos.
En sus manifestaciones públicas, Vivas fue contundente. Explicó que cuando la responsabilidad de representar choca con la imposibilidad de expresar pensamiento propio, la única salida honorable es apartarse. Esa frase resuena en otros rincones del país. Saúl Lucero, concejal en Azul, expresó una frustración similar en declaraciones a medios locales: describió su situación y la de compañeros como la de "leones de circo, obligados a actuar según guiones ajenos". Para Lucero, el verdadero deber no reside en alinearse automáticamente con las prioridades nacionales, sino en traducir las demandas vecinales en acciones concretas. Incluso contempló la posibilidad de escindirse del bloque libertario.
La geografía de estas deserciones abarca el país de norte a sur. En Misiones, Sofía Balmaceda, quien integraba el concejo de Puerto Leoni, renunció a La Libertad Avanza el mes anterior para incorporarse al Frente Renovador de la Concordia. Su explicación apuntó directamente a lo que denomina centralismo de la estructura nacional: las decisiones provienen de la capital federal sin considerar particularidades territoriales, y las propuestas locales encuentran resistencia o indiferencia en la cúpula partidaria. En Formosa, Esteban López Tozzi renunció a su posición como presidente partidario provincial tras detectar, según reportes locales, vínculos entre sectores de La Libertad Avanza con el oficialismo peronista provincial liderado por Gildo Insfrán. Para López Tozzi, esa clase de alianzas socavan la credibilidad de un proyecto que debería mantener distancia de lo que denomina la "casta" política tradicional.
Rupturas más antiguas, un problema sistémico
La sangría no comenzó recientemente. El año anterior, Gerardo González, diputado nacional por Formosa, ya había abandonado las filas libertarias para conformar un bloque independiente en el Congreso de la Nación. Junto a él partieron Marcela Pagano, Lourdes Arrieta (de Mendoza) y Carlos D'Alessandro (proveniente de San Luis). Aquella ruptura fue antecedida de acusaciones contundentes: González y D'Alessandro denunciaron que La Libertad Avanza había pactado con los mismos sectores políticos que decía combatir, que había implementado mecanismos centralistas de selección de candidatos excluyendo a quienes trabajaban en terreno, y que priorizaba a figuras impuestas desde la capital por sobre los dirigentes locales con trayectoria en sus distritos. D'Alessandro fue particularmente explícito: sus planteos sobre que había trabajado más de un año en San Luis expandiendo la doctrina libertaria, sólo para ser marginado cuando llegó el momento de las candidaturas, evidencian un sistema de selección que no responde a mérito territorial sino a criterios que escapan del control local.
Hoy, D'Alessandro se desempeña como legislador en la provincia de San Luis y ha comunicado su intención de sumarse al proyecto liderado por Dante Gebel, el pastor evangélico y comunicador que concentra esfuerzos de figuras que se fueron de La Libertad Avanza. Aunque Gebel aún no ha confirmado formalmente su candidatura presidencial para próximas elecciones, diversos actores (exlibertarios, sindicalistas, personalidades del deporte) impulsan esa posibilidad con operativos mediáticos. La magnitud de estos movimientos sugiere que el descontento no es superficial.
Las respuestas desde la cúpula
Ante el cuestionamiento, la conducción bonaerense de La Libertad Avanza, liderada por Sebastián Pareja, ha intentado minimizar el fenómeno. Aseguran que la provincia conserva aproximadamente 400 concejales alineados con la estructura, y que mantienen reuniones periódicas con dirigentes distritales. Más aún, anunciaron la creación de dos nuevas estructuras: el Foro Provincial de Concejales y la Red Provincial de Consejeros Escolares. Según la dirección bonaerense, estos espacios funcionarían como canales de debate sobre iniciativas locales.
Sin embargo, estas medidas enfrentan un interrogante evidente: si el espacio contaba con mecanismos para debatir agendas locales, ¿por qué tantos referentes sienten que sus voces no son oídas? La creación de nuevas instancias puede interpretarse de dos formas distintas. Para algunos, representa un reconocimiento tardío del problema y un intento genuino de corrección. Para otros, expresa el carácter cosmético de respuestas que no abordan la raíz de la desconexión: una estructura partidaria que prioriza instrucciones verticales sobre diálogos horizontales con la base.
Un diagnóstico compartido: distancia ideológica y operativa
Los reclamos que articula la dirigencia que se va trascienden simples desacuerdos administrativos. Algunos denuncian lo que califican como alejamiento progresivo de los ideales originales del espacio. Otros subrayan diferencias con autoridades provinciales o locales. Y hay quienes, como López Tozzi en Formosa, advierten sobre lo que interpretan como contaminación ideológica: acuerdos no confesados con fuerzas políticas que el libertarianismo supuestamente rechaza. La acusación de D'Alessandro sobre pactos con "la casta" resuena con una crítica más amplia: que La Libertad Avanza, en su afán de gobernar, ha dejado de lado los principios que lo diferenciaban, adoptando prácticas de negociación política tradicional.
Este diagnóstico compartido por dirigentes de distintas provincias (Buenos Aires, Misiones, Formosa, San Luis, Mendoza) sugiere que no se trata de conflictos personales o territoriales aislados. Existe un patrón común: la percepción de un proyecto que concentra poder en la capital, que no escucha propuestas regionales, que sustituye la deliberación por imposiciones, y que ha traicionado promesas vinculadas a una representación más auténtica y menos mediatizada por los mecanismos tradicionales de la política.
Las implicancias de una fragmentación en expansión
La relevancia de estos movimientos reside en lo que presagian para el futuro político argentino. La Libertad Avanza llegó al gobierno con un discurso de ruptura y transformación. Parte de su atractivo residía en la promesa de una política diferente, más cercana, menos corrupta y menos centralista. Si sus propias estructuras territoriales replican los esquemas que decía combatir, la credibilidad del proyecto sufre un daño significativo. Además, la existencia de alternativas como la que podría representar Dante Gebel o iniciativas locales como Consolidación Argentina fragmenta un espacio que, aunque heterogéneo, mantenía cierta cohesión electoral.
Las consecuencias pueden desarrollarse en múltiples direcciones. Por un lado, una restructuración genuina de La Libertad Avanza que, reconociendo los errores, implemente cambios reales en cómo se toman decisiones y se consulta a la base territorial. Por otro, una profundización de la fuga, con más dirigentes migrando hacia proyectos alternativos, lo cual debilitaría la posición electoral del oficialismo en elecciones venideras. También existe la posibilidad de que estas nuevas estructuras (Consolidación Argentina, el proyecto de Gebel) se consoliden como ofertas viables para electores descontentos tanto con La Libertad Avanza como con las fuerzas tradicionales. Finalmente, estos procesos podrían acelerar una reorganización más amplia del mapa político nacional, donde la polarización actual entre el oficialismo y la oposición deje espacio a terceras fuerzas que capitalicen el descontento con ambos polos. Los hechos, en cualquier caso, muestran que la coalición que llegó al poder no goza de la solidez que aparentaba, y que las grietas territoriales son profundas y, por ahora, irreversibles.



